Cada semana recibo un mensaje de una mujer que dice tener “miedo de ser infértil”. Es, sin duda, el mensaje que más recibo de quienes recién descubren mi trabajo profesional. Imaginando a todas las mujeres que lo dudan en silencio, me animo a hipotetizar que la inmensa mayoría de las mujeres de entre 20 y 45 años en algún momento de su vida dudó o duda sobre su fertilidad.
Lo primero que quiero decir al respecto es que a mí también me pasó. A través de mi conocimiento y experiencia profesional descubrí que no es un miedo personal, sino que es social, colectivo y coherente con el contexto cultural y sanitario actual.
En este artículo me gustaría compartir algunas claves que he descubierto con relación a este miedo y dar mi opinión como terapeuta especializada en fertilidad.
Un callejón sin salida
Con la fertilidad a las mujeres nos pasa algo complejo y desesperante, y es que quedamos atrapadas en un miedo doble que suele sentirse como estar en un callejón sin salida.
Somos la generación del embarazo adolescente como problemática social. Adolecimos con el pánico a un embarazo no deseado, porque quedar embarazada (así, en pasivo) representaba un riesgo concreto y absoluto para el futuro de mujer independiente que nos dijeron que debíamos encarnar. De esta forma, durante esta etapa tan significativa en el desarrollo, nuestra fertilidad significó un riesgo para nosotras mismas.
Pocos años después salimos a las calles como colectivo para exigir la despenalización del aborto. Bajo la proclama “la maternidad será deseada o no será”, militamos por nuestro derecho a interrumpir voluntariamente un embarazo. Quizás no se vea tan claro como con el miedo al embarazo adolescente, pero aquí también nuestra fertilidad representaba un riesgo del cual “cuidarnos”.
Sin anuncio previo, irrumpe dentro nuestro el temor punzante y anticipatorio de, quizás, no poder ser madres. Como veremos más adelante, este miedo no es delirante; tiene su causa directa en la crisis de fertilidad que estamos viviendo a nivel global: cada vez a más personas les está costando lograr un embarazo saludable y nos da miedo que nos pase lo mismo. Algo curioso y que da prueba de lo complejo de este fenómeno es que muchas veces este miedo aparece incluso antes del deseo confirmado de la maternidad. Qué cosa tan humana y desconcertante temer perder algo que todavía no sabemos si queremos.
Con la fertilidad a las mujeres nos pasa algo complejo y desesperante, y es que quedamos atrapadas en un miedo doble que suele sentirse como estar en un callejón sin salida.
Como la fertilidad es algo tan íntimo y trascendental, cada uno de esos miedos por sí solo es suficiente para analizar e intentar desarmar. Sin embargo, se vuelve aún más desgastante por su combinación paradójica: el miedo al embarazo sumado al miedo al no embarazo. Esta tensión es lo que genera esta sensación de callejón sin salida: dos miedos opuestos y muchas veces simultáneos que, en lugar de cancelarse, se amplifican mutuamente.
El desconocimiento no es poder
La primera explicación para el miedo a la (in)fertilidad tiene que ver con el conocimiento que no tenemos. La mayoría de las personas no conocen cómo funciona la fertilidad humana.
Ojalá fuera un saber más compartido que solamente podemos embarazarnos durante seis días cada ciclo y que hay una forma sencilla de distinguir cuándo es posible embarazarse y cuándo no. Ni que hablar de lo valioso que sería que todo el mundo supiera que hay formas seguras de evitar un embarazo sin tener que padecer los efectos “secundarios” de los anticonceptivos farmacológicos.
Y habría mucho menos temor a la posibilidad de infertilidad si se enseñara a distinguir un ciclo sano de un desequilibrio hormonal y a cuidar y nutrir nuestra salud ovulatoria en lugar de intoxicarla diariamente.
Como consecuencia de todo esto, habría muchas más búsquedas de embarazo sencillas y disfrutables si se nos enseñara a reconocer la ventana fértil con la naturalidad con la que nos lavamos los dientes. La analogía no es broma ni exagerada: el registro de biomarcadores de fertilidad es igual de sencillo e importante para la salud integral que el cepillado dental.
El conocimiento es poder, y agrego: el autoconocimiento es soberanía.
Crisis de fertilidad
En 2023, la Organización Mundial de la Salud declaró oficialmente lo que muchos científicos vienen estudiando desde mucho antes: la fertilidad está en crisis a nivel global. Las investigaciones de la epidemióloga Shanna Swan, por ejemplo, muestran que hombres y mujeres somos 50% menos fértiles que nuestros abuelos y abuelas. Entre 1970 y 2000 el declive general en nuestra fertilidad sucedía en 1% por año; a partir del 2000, está sucediendo en 2,6% anual. Esta aceleración llevó a Swan a estimar que hacia 2045 la mayoría de las parejas tendrán que acudir a tratamientos de reproducción asistida para procrear.
El miedo a la infertilidad no es una paranoia; la crisis es real y global. Por eso es tan necesario dejar atrás nuestro estilo de vida basado en azúcar, cortisol y dopamina, y comenzar a construir hábitos que cuiden y nutran realmente nuestra salud integral. Es posible, pero requiere más que un par de clics.
Por último y por supuesto: patriarcado
Sin necesidad de entrar en grandes conspiraciones, y a riesgo de recibir el premio de feminazi, me interesa explicitar cómo el miedo a la (in)fertilidad contribuye al sometimiento de las mujeres.
Dudar de y temerle a nuestra fertilidad como capacidad de crear vida es una excelente forma de instaurar el enemigo dentro nuestro. Si yo desconfío de mi cuerpo, si considero que mi potencial de creación es un riesgo para mi propia vida, si me convenzo de que el problema está dentro mío, entonces, no tengo tiempo, energía ni intención de mirar qué está pasando afuera.
Por lo tanto, si del otro lado del miedo está la confianza y del otro lado del sometimiento está la soberanía, creo que vale la incomodidad revisar y reformular el concepto de fertilidad: ¿qué significa ser (in)fértil? ¿Tiene que ver solamente con la posibilidad de gestar? ¿Quién determina si sos o no fértil?, ¿un examen de sangre?, ¿un señor de túnica blanca? ¿Qué pasa con el resto de los aspectos de tu vida? ¿No cuentan como parte de la fertilidad en tu vida?
Falsas herramientas
Una vez que entendemos cómo se construye este fenómeno, es posible identificar pistas para desarmarlo.
Honestamente, no creo que sea con el examen de antimulleriana. Si bien es prácticamente la única herramienta que se propone para conocer el estado actual de la fertilidad de una mujer, deja mucho que desear. El examen de antimulleriana (o reserva ovárica) da información sobre la cantidad de óvulos disponibles en un momento concreto. Pero no dice nada sobre la calidad de esos óvulos, ni sobre la posibilidad más amplia de ser mamá, mucho menos sobre la fertilidad en un sentido integral.
El miedo a la (in)fertilidad tampoco se desarma “probando a ver qué pasa”, como le han dicho irresponsablemente a varias de mis consultantes.
Una salida posible
En cambio, existe una forma amable, interesante y accesible de conocer la salud de nuestra fertilidad: una herramienta autogestiva que no implica intervenciones médicas, ni da diagnósticos incomprensibles.
El registro de temperatura basal y fluido cervical (reconocidos como biomarcadores primarios de fertilidad desde 1938 y 1983, respectivamente) permite entender visualmente y de forma autogestiva distintos aspectos de la salud ovulatoria: cuándo es posible concebir, cuándo no, cómo se ve un ciclo saludable y cómo se ve un ciclo con indicadores de desorden hormonal.
Registrar el ciclo es una invitación a observar nuestra fertilidad sin pretender controlarla (sin buscar controlar-nos). Una forma de conocernos y cuidarnos desde la confianza, en lugar del riesgo. Por eso, es una herramienta para salir del doble miedo, independientemente de si querés ser madre, si no querés, o si todavía no sabés qué querés. Conocer tu fertilidad es una inversión en tu salud y tu fuerza vital, y eso es enormemente valioso de por sí.
Una respuesta honesta
Si en este momento estás dudando sobre tu fertilidad: sí, claro que sos fértil. Sos fértil porque estás viva. Y no, tu fertilidad no es un riesgo para tu vida. Es parte de vos, parte de tu salud, parte de tu riqueza para crear la vida que querés vivir.
Lucía Ruggia es magíster en Sociología de la Cultura y la Comunicación, y terapeuta gestalt especializada en la relación con la fertilidad.