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Opinión Posturas

De “hecho en China” a “creado en China”

Según los dirigentes comunistas chinos que lo elaboraron, el XV Plan Quinquenal (2026-2030), aprobado por la Asamblea Nacional Popular de China, marca un hito en la evolución de la economía china a través de la institucionalización de un concepto clave: las fuerzas productivas de nueva calidad, una productividad basada en la innovación científica y tecnológica.

Históricamente, el gobierno de la República Popular ha identificado en su planificación las industrias estratégicas para su modelo de desarrollo y modernización. Así como en planes anteriores se enfatizaba la eficiencia o la capacidad productiva, ahora la prioridad es la transformación estructural de la economía china mediante tecnologías de frontera, tales como la inteligencia artificial generativa, la computación cuántica, la robótica y la tercera generación de semiconductores.

Esta nueva perspectiva refleja cómo las ventajas comparativas de la manufactura china han evolucionado desde los bajos costos y la producción a gran escala hacia fortalezas en el desarrollo verde, la innovación tecnológica y la integración de sistemas.

Los “viejos tres”

El desarrollo económico de China en las últimas décadas revela una clara trayectoria de evolución industrial. Este cambio muestra una transformación en los motores de crecimiento, la estructura de exportaciones y el papel global de China, que ha pasado de ser un actor tardío a un líder tecnológico que abre nuevas fronteras.

Tras el inicio de la reforma y la apertura en 1978, los sectores textil, del mueble y de los electrodomésticos, conocidos como “los viejos tres", se convirtieron en la base de la integración de China en la economía global. Estos sectores, intensivos en mano de obra, dependían de una fuerza laboral abundante, bajos costos de la tierra y energía barata para lograr la producción a gran escala. No solo crearon empleos y acumularon capital, sino que también consolidaron la posición de China en el comercio mundial.

En aquel entonces, China se dedicaba principalmente a la producción y el procesamiento a gran escala dentro de las cadenas industriales globales, desempeñando el papel de “fábrica del mundo”, y esas tres industrias fueron el ícono para Occidente de cómo China comercializaba con el mundo. Esa trilogía llegó a aportar, entre la última década del siglo XX y la primera del XXI, hasta el 15% del PIB total, y significó el 40% de las exportaciones de la República Popular.

Los “nuevos tres”

A medida que la economía se expandía y mejoraban sus capacidades, la estructura de las principales industrias chinas evolucionó. La agudización de la guerra tecnológica desatada por Trump I, y profundizada por su sucesor Joe Biden, y la dinámica de la globalización y los avances en la ejecución del plan tecnológico estratégico “Made in China 2025” implementado por el gobierno desde 2015 fueron determinantes para que en 2023 se lanzaran los llamados “nuevos tres”: vehículos eléctricos (VE), baterías de iones de litio y productos fotovoltaicos, que significaron un cambio decisivo de la manufactura basada en la mano de obra a la impulsada por la tecnología.

A diferencia de los “viejos tres”, los “nuevos tres” requieren una inversión de capital intensiva, tecnología avanzada y cadenas de suministro sólidas. Su competitividad se basó en la innovación y la excelencia en ingeniería. A finales de 2025, China había emitido 57 normas nacionales para estos tres campos: 13 para vehículos de nueva energía, dos para baterías de iones de litio y 42 para energía fotovoltaica. China lidera actualmente el mundo en envíos de baterías para vehículos eléctricos, y su producción de módulos fotovoltaicos ha ocupado el primer lugar a nivel mundial durante 16 años consecutivos. Este terceto de industrias es actualmente un motor decisivo de la economía china y la electromovilidad y en el desarrollo de baterías representan casi el 70% de todo el crecimiento de su PIB.

Los datos muestran que el volumen de exportaciones de los “nuevos tres” alcanzaron los 192.000 millones de dólares en 2025, multiplicándose por 3,5 en comparación con 2020, lo que ha permitido orientar con éxito el comercio exterior de China hacia un desarrollo de alta tecnología, alto valor añadido y bajas emisiones de carbono. El auge de los “nuevos tres” ilustra la evolución del papel de China en la industria global, desde la absorción de tecnología transferida hasta el impulso de la innovación.

Contrastando con etapas anteriores, cuando las tecnologías maduraban en otros lugares antes de llegar a China, los “nuevos tres” lograron competitividad global en las primeras etapas de su desarrollo y cambiaron radicalmente la percepción mundial de la manufactura china. La potencia asiática dejó de ser simplemente un vendedor de productos para convertirse en un proveedor de herramientas para la transición energética global. Se ha convertido en un eslabón indispensable en la cadena industrial de la nueva energía y en un actor clave en el dominio de tecnologías esenciales.

Las ventajas comparativas de la manufactura china han evolucionado desde los bajos costos y la producción a gran escala hacia fortalezas en el desarrollo verde, la innovación tecnológica y la integración de sistemas.

Los nuevos “nuevos tres”

Desde 2025, el terceto –robótica, inteligencia artificial y productos farmacéuticos innovadores– ha comenzado a definir los denominados “los nuevos tres nuevos”. El año pasado, el mercado chino de robots industriales se mantuvo como el más grande del mundo por duodécimo año consecutivo. El país concentraba más del 60% de las patentes mundiales relacionadas con la inteligencia artificial. En la primera mitad del año, las exportaciones de robótica del país alcanzaron los 929 millones de dólares, abarcando 141 países y regiones, con un incremento interanual de 3,3 veces en las exportaciones de robots quirúrgicos de alta gama.

En el sector farmacéutico, los acuerdos de licencia en el extranjero para medicamentos chinos innovadores alcanzaron los 137.700 millones de dólares, diez veces más que en 2021. Inversores y corporaciones internacionales, incluidas las principales farmacéuticas, consideran ahora a China como un pilar fundamental de la investigación y el desarrollo globales.

Las últimas estadísticas de la plataforma global de inteligencia artificial OpenRouter muestran que los modelos nacionales grandes registraron 36,11 billones de tokens en la semana del 13 al 19 de julio, lo que supone un aumento mensual del 30,93%, con un crecimiento sostenido durante ocho semanas consecutivas. Por su parte, el sector de la biotecnología farmacéutica innovadora de China ha ganado una fuerte influencia global, con transacciones de licencias tecnológicas al extranjero que alcanzaron los 110.000 millones de dólares en los primeros seis meses del año. Las empresas farmacéuticas chinas representaron ocho de los diez principales acuerdos de licencias farmacéuticas del mundo.

En la década de 1990, los trabajadores chinos en las cadenas de montaje operaban máquinas de coser para producir camisas que se exportaban a todo el mundo. Hoy, los ingenieros chinos en laboratorios perfeccionan modelos de lenguaje complejos, articulaciones robóticas y fármacos contra el cáncer.

Actualmente la aparición del nuevo tras el éxito del “antiguo trío” demuestra que China está acelerando su transición de centro manufacturero global a fuente global de innovación, con una mayor integración de los conceptos “hecho en China” y “creado en China”. China está aportando cada vez más al mundo tecnologías originales, sistemas inteligentes y soluciones, al tiempo que comparte una mayor parte del “dividendo de la inteligencia” y el “dividendo de la innovación” con la comunidad global. La ventaja competitiva de China ya no se mide simplemente por “cuánto puede producir”, sino por su capacidad para definir nuevos productos, abrir nuevas fronteras, establecer nuevos estándares, integrar recursos globales y mejorar continuamente mediante la innovación.

Innovaciones compartidas

Como fuera manifestado en la reciente VIII Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial de Shanghái, las nuevas tecnologías no deben ser un simple objeto de comercialización ni el monopolio de una sola potencia, sino “bienes públicos dentro de una Comunidad de Destino Compartido (...) y centrada en las personas para evitar mayores desigualdades globales”. Según un estudio de la Universidad de Pensilvania y la organización Friends of Cancer Research, publicado el 20 de julio, China ha incrementado de forma masiva su inversión en biotecnología y ensayos clínicos oncológicos, superando a Estados Unidos en volumen de aprobaciones y producción de nuevos fármacos en los últimos años y triplicándolo en 2025.

El último informe de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad entre Estados Unidos y China, designada por el Congreso norteamericano, se preguntaba: “Si se descubriera la cura para el cáncer, ¿no sería motivo de celebración?”. “No si la descubriera China”, se respondía.

“Imaginen que ellos [los chinos] curan el cáncer. Se produciría una conmoción sin precedentes en el sistema; nuestro enfoque habría fracasado”, declaró el comisionado Leland Miller en un foro público a principios de este año.

Daniel Barrios es economista y analista internacional especializado en China, autor del libro Des-cubrir China (Fundación de Cultura Universitaria, 2026).