En nuestro país se sabe y se discute muy poco sobre el continente africano. Al haber tenido la suerte de conocer a varios pueblos de África, recién al estar y convivir con las comunidades y los barrios más humildes de distintos países, es que pude tener una idea más global de “África, la desconocida”.
La mayoría de los países africanos se independizaron de los colonialistas recién en la década del 60 del siglo pasado. La primera pregunta que uno se hace es si efectivamente se independizaron, ya que hoy siguen siendo países donde las multinacionales de todo tipo hacen y deshacen. Con el discurso de abrirles las puertas a la inversión privada a través de los gobiernos de turno, las multinacionales tienen todo tipo de prebendas a los efectos de seguir esquilmando a los países.
Países sumamente ricos en recursos naturales, desde el cobre hasta lo que se le ocurra; así, la minería a cielo abierto destroza todo lo que encuentra a su paso en el medioambiente y usufructúa de una mano de obra barata. China, Estados Unidos y Canadá son los países que más inversiones de este tipo tienen en su guerra fratricida por los recursos naturales.
Cuando uno habla de sus gobiernos, debe saber que la cultura ancestral implica un poder que pesa terriblemente en todas las decisiones. Para hacerse una idea, en Zambia, por ejemplo, hay 74 “jefes de tribu” y así los nombra la población. En estos 74 jefes, que, según ellos, tienen el mandato de dios —y así lo dijeron frente a mí exponiendo ante una comunidad campesina—, reposa el 100% de las tierras llamadas ancestrales, que, para tener una idea, representan el 79% de la tierra existente. El resto de la tierra está en manos del llamado Estado.
Cuando uno toma confianza y comienza a hablar con la gente, se entera de que se rinden tributos de los reyes a los jefes y la corrupción de estos a través de regalías de las multinacionales es tremenda. De esta forma, nadie tiene la tenencia segura de la tierra donde habita. Si el jefe la vende a una multinacional, hay que irse o irse, de lo contrario, será desalojado. Por lo tanto, los gobiernos elegidos en elecciones deben consultar frente a cualquier decisión al llamado Congreso de “jefes”.
A cualquier uruguayo le resultaría muy difícil poder comprender, por ejemplo, que toda comunidad está controlada por el poder de dichos jefes. Ello se da a niveles insospechados, al grado de que en cuanta asamblea que realicé con distintas organizaciones, tanto rurales como urbanas, siempre o está el jefe o sus “oídos”, y ello no se oculta.
Sin dudas, existe una burguesía nacional entregada totalmente a la inversión extranjera que, tanto a través de los jefes como de sus gobiernos, entrega a los países diariamente.
Otro aspecto a tener en cuenta es la inmensa ruralidad de estos países, por lo que la urbanización de las ciudades brilla por su ausencia: los servicios más elementales como el agua potable, la energía eléctrica, el saneamiento son para la inmensa mayoría de la población artículos de lujo e inalcanzables.
El mundo, inducido por los grandes medios de comunicación, vive de espaldas a esta realidad en la que África queda retratada a través de sus animales y su selva para el gran turismo. África sigue estando desnuda y con una superexplotación capitalista perversa.
Algo a destacar es que uno puede leer que el idioma “oficial” de los países siempre depende de quién los haya colonizado; en el caso de Zambia, es el inglés. Pero, en realidad, el idioma oficial solo se habla en las clases medias o altas, ya que el pueblo se maneja con sus lenguas ancestrales, sea bemba o nianya. Por lo tanto, para hablar con la gente se necesita contar con un traductor cultural. La mayoría de la gente en las áreas rurales o periurbanas no habla el inglés, salvo las palabras indispensables.
Paralelamente a esta realidad, en los centros de las ciudades se pueden ver grandes hipermercados, locales de Mc Donalds y todas las cadenas de comidas rápidas que se pueda imaginar, lo que demuestra un acelerado y aplastante proceso de penetración y aculturación. Por su parte, muchas de las organizaciones populares más representativas de la gente como sindicatos, cooperativas u organizaciones campesinas están cooptadas por los jefes que ofician de mandaderos del gran capital y van delineando el futuro del país.
El mundo, inducido por los grandes medios de comunicación, vive de espaldas a esta realidad en la que África queda retratada a través de sus animales y su selva para el gran turismo. África sigue estando desnuda y con una superexplotación capitalista perversa.
Gustavo González es senador del Frente Amplio por el Partido Socialista.