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Opinión Posturas
Foto principal del artículo 'La cooperativa cuesta y vale' · Ilustración: Federico Murro

Ilustración: Federico Murro

La cooperativa cuesta y vale

Ayer votamos en la cooperativa la diaria. Elegimos a cinco integrantes de la Comisión Directiva, tres de la Comisión Fiscal y tres de la Electoral. No fue novedoso, porque hace algo más de 16 años que lo hacemos de esta manera, y antes de ser cooperativa la diaria fue siempre un proyecto colectivo, en el que las resoluciones más importantes se adoptan en asamblea de trabajadores, la propiedad de la empresa les corresponde a quienes integran esa asamblea, y las autoridades son elegidas con voto secreto. Todo eso, que se ha vuelto una rutina de nuestra vida laboral, es al mismo tiempo insólito. Son pocos en el mundo los medios de comunicación autogestionados, y menos aún los que ocupan una posición de relativa importancia en sus países.

En nuestro caso, las ediciones impresas de la diaria, las revistas Lento, Gigantes y Agropecuaria, la versión uruguaya de Le Monde Diplomatique y otras publicaciones ocasionales en papel, las ediciones locales en Colonia, Maldonado, Paysandú y Salto, el portal en internet, tres emisoras en FM con streaming, el café la diaria, El Día del Futuro, el Media Lab, las producciones audiovisuales como El facilitador y la estructura de gestión empresarial, que sostiene e impulsa todas esas tareas y varias otras, tienen como referencia común a organismos elegidos en forma democrática. Es la institucionalidad que construimos para trabajar con independencia y vincularnos con una comunidad que constituye, a la vez, el origen y la finalidad de nuestras actividades.

Durante más de dos décadas, junto con los éxitos hubo fracasos y momentos críticos. En el marco de un cambio de época mundial, vivimos un período de transformación constante y acelerada para los medios, lleno de incertidumbres. Un tiempo de soluciones transitorias, rápidamente jaqueadas por nuevos desafíos. Pero los errores son tan nuestros como los aciertos, sin subordinación a mandos superiores o externos.

Costos

A esta altura sabemos que habrá que imaginar y abrir caminos imprevistos por muchos años, quizá siempre, pero la agenda inmediata basta para mantenernos ocupados. La creciente precarización laboral y el multiempleo en los medios no solo atentan contra la calidad del trabajo y del producto que se ofrece al público. Se han ido naturalizando y esto hace más difícil la decisión de comprometerse con un colectivo más allá de lo remunerado y con una perspectiva estratégica de largo plazo.

Cuando las personas empleadas pueden beneficiarse de un buen ambiente, con posibilidades de participación y de crecimiento creativo, sin las responsabilidades adicionales que implica ingresar en la cooperativa, esa decisión no parece urgente ni crucial. Sobre todo si, como sucede felizmente ahora en la diaria, la situación económica es más estable y promisoria que la de varios otros medios, y el compromiso con la autogestión no se impone para salvar la fuente de trabajo.

A la vez, una cooperativa formada en la prensa debe adecuarse a la expansión hacia nuevos territorios como el de la radio, donde hay una tradición de cambios frecuentes en la programación y contrataciones a término, en la modalidad de empresas unipersonales.

Quienes desempeñan tareas periodísticas tienen que familiarizarse con las de gestión empresarial, y viceversa, para poder evaluar lo que hacen otras personas y aportar algo sobre el rumbo de sus áreas. De los dos lados hay nuevas tareas básicas, muchas de ellas relacionadas con cambios tecnológicos recientes, y además de aprender a manejar herramientas es preciso abordar discusiones éticas acerca de su uso. Estas no conducen al mismo resultado con un enfoque centrado en los dividendos que con preocupaciones sobre la responsabilidad social, y cada ausencia de la cooperativa aumenta el riesgo de que las decisiones no sean las mejores. Hay muchos más ejemplos, y cada uno de ellos abre un área donde la participación democrática es relevante.

Beneficios

El cooperativismo no es una forma de atornillarse al empleo ni una protección contra las exigencias laborales. Es una decisión de vida orientada hacia la libertad responsable, pero no la del liberalismo individualista, sino la de la construcción solidaria. También es una prueba de que esa construcción enriquece tanto a las personas como a la sociedad.

En nuestra área de trabajo, la autogestión es una clave de la independencia periodística, que no es prescindencia ni un sustituto de la ideología. Cualquier cooperativa contribuye al progresismo en un sentido no partidario, como lo hace el periodismo bien hecho en cualquier medio, más allá de su línea editorial. Ojalá hubiera muchos más medios controlados por quienes trabajan en ellos, cada uno con su contribución propia a la diversidad.

Por eso importa comunicar la experiencia de la diaria, para que otras personas puedan aprovechar lo que tiene de positivo, evitar nuestras equivocaciones e inventar relaciones sociales más libres. Esta nota no es autobombo, sino rendición de cuentas e invitación.