El abogado y ahora senador Andrés Ojeda mantiene una deuda política con la nación. Si bien se ganó su espacio en forma legítima como abogado –y bastante más– de uno de los sindicatos de trabajadores policiales, ha dejado de aclarar quién financió su más que potente campaña mediática hasta llegar a transformarse en el primero dentro del Partido Colorado.
Desconfiaría de la pulcritud de su iniciativa para que la próxima intervención del presidente de la República, Yamandú Orsi, en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sea resultado de una posición mediada por un debate interpartidario que no existe, incluido el Parlamento que Ojeda integra. Es otra rareza, por llamarla de alguna manera, que los parlamentarios, el Parlamento, no debatan ni se pronuncien sobre la situación internacional, latinoamericana, regional.
Durante la jornada del Día del Comité de Base, algunos nos hemos sentido identificados con algunas posiciones políticas de la subsecretaria del Ministerio de Relaciones Exteriores, Valeria Csukasi. No dio un salto al vacío, sino que vino a cubrir un espacio desierto desde la institucionalidad, cuando nada menos que los integrantes de uno de los poderes del Estado huyen de definiciones que sí tiene el Frente Amplio (FA) en política exterior.
El presidente y su equipo, del que formamos parte como integrantes invitados de la Mesa Política Nacional del FA, deberíamos realizar un análisis pormenorizado, crítico, posiblemente hasta autocrítico, del discurso de Orsi en la sesión de la Asamblea General de la ONU del año pasado. El 23 de setiembre de 2025 afirmó: “La histórica solidez institucional y política ha permitido que Uruguay aún se destaque en la región por su alto nivel de desarrollo humano o sus políticas de distribución del ingreso. Todo el sistema político de mi país se enorgullece de contribuir decisivamente en tareas globales, como el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, la consolidación y el desarrollo del derecho internacional mediante la participación en ámbitos de elaboración normativa y cortes internacionales, el apoyo al desarme, la seguridad alimentaria, la salud global y el compromiso con el cambio climático".
La voz de Uruguay en la ONU en ningún caso debería ser el término medio de la consulta interpartidaria que promueve Presidencia de la República.
En mi opinión, necesitamos dar cuenta de cuánto hemos –o no– avanzado en el nivel de desarrollo humano y en la política de distribución del ingreso. Sobre todo, creemos que será coherente analizar la respuesta objetiva obtenida al declarado propósito de que Uruguay está en condiciones inmejorables de ofrecerse al mundo como un anfitrión de negociaciones, como promotor de redes de diálogo y mediación que conduzcan a la construcción de la paz y prevención de conflictos, como propuso el presidente sobre el final de su intervención.
No hubo negociación, diálogo ni nada que se parezca a la paz ni en América ni en Medio Oriente o Venezuela, o Cuba; por el contrario, sí existieron crímenes en el Caribe, bombardeos reiterados a Irán, captura y expulsiones masivas de migrantes en Estados Unidos, suba arbitraria de aranceles, amenazas de colonizar naciones, intervención en procesos electorales, etcétera.
La voz de Uruguay en la ONU en ningún caso debería ser el término medio de la consulta interpartidaria que promueve Presidencia de la República. Necesitamos máxima objetividad, integridad y una audacia política capaz de analizar críticamente lo que ayer dijimos en un espacio tan representativo, como la ONU, ignorado no precisamente por naciones integrantes del BRICS.
Raúl Campanella representa al Partido Obrero Revolucionario en la Mesa Política y el Plenario Nacional del Frente Amplio.