Ser considerado candidato a decano de la Facultad de Derecho por parte de agrupaciones de distintos órdenes es toda una responsabilidad. Serlo por parte de la mayoría estudiantil que se expresó contundentemente en su plebiscito es, además, motivo de orgullo. Y de agradecimiento, sobre todo a la agrupación estudiantil Frente Zelmar Michelini (Frezelmi), que ha dado sobradas muestras del apoyo que genera entre sus pares.
El vínculo entre docentes y estudiantes debe trascender las miradas condescendientes. Somos docentes gracias a los estudiantes, cierto. Pero, además, el estudiantado universitario no debe ser visto como mero destinatario de nuestro trabajo, sino como actor destacado del proyecto de facultad que impulsamos. He aquí un primer motivo del cambio necesario. Durante años he escuchado decir que los docentes debemos abroquelarnos para evitar que los estudiantes se “apoderen” de la facultad. El resultado de esta mirada miope es un orden estudiantil ninguneado y ajeno a las estructuras de decisión; un orden estudiantil que ve a las autoridades como lejanas a sus planteos. Perdemos con ello no solamente en materia de clima de trabajo, sino también en el sentido más pragmático de la eficacia: ignorar las reivindicaciones de quienes pasan mayor cantidad de horas en la facultad estudiando es coartar las posibilidades de encontrar soluciones adecuadas a nuestros problemas. No hay nada más dañino para un proyecto genuino de cambio.
Un nuevo modelo de gestión, entonces, deberá contar con los estudiantes y deberá involucrarlos en la toma de decisiones, de manera que sus planteos para mejorar las condiciones de estudio sean incorporados o al menos analizados con responsabilidad, dando cuenta de nuevos y mejores espacios de diálogo con el resto de los actores. Generar un proyecto colectivo con fuerte presencia de los diferentes órdenes significa posicionarnos con contundencia en el marco del modelo latinoamericanista de ser universidad, ampliando todo lo posible la participación de estudiantes, docentes y egresados.
Se debe construir un modelo que defienda a ultranza la autonomía universitaria y las libertades académicas. Recordemos que nuestra facultad pasó por momentos difíciles en 2024, cuando se pretendió afectar la actividad forense y la forma en que debía realizarse el trabajo docente en el Consultorio Jurídico de la facultad. El debate es bienvenido; el cercenamiento de las libertades, no.
Apuntamos a un modelo que concibe la universidad no solo como mera organización que forma a los futuros profesionales, sino como un actor decisivo para el desarrollo social y económico, atendiendo sobre todo a los más vulnerables. Con esta mirada, el ingreso de estudiantes de contextos menos favorecidos debe ser leído como uno de los hechos más valiosos acontecidos en los últimos años: que la mitad de nuestros estudiantes sean primera generación universitaria o que una tercera parte resida en el interior del país habla bien del papel que tiene la formación como agente de movilidad social, como agente de democratización y de mayor equidad.
En tal sentido, la extensión universitaria, lejos de entenderse como una línea menor de trabajo, debe ser fiel expresión de ese compromiso que tenemos con toda la comunidad, contribuyendo a fortalecer la sociedad civil y los derechos humanos de todos y de todas.
Apuntamos a un modelo que concibe a la Universidad no solo como mera organización que forma a los futuros profesionales, sino como un actor decisivo para el desarrollo social y económico, atendiendo sobre todo a los más vulnerables.
Respecto a la investigación, nuestra facultad debe repensarse y avanzar. Los proyectos de investigación deben profesionalizarse en el marco de un ecosistema que integre los posgrados y las líneas de publicación. En otro plano, debemos crear nuestro Comité de Ética de Investigación, en acuerdo con lo señalado en el Decreto 158/019.
Parte de esas limitaciones que muestra nuestra facultad en el plano de la investigación se desprende del perfil preponderantemente docente-profesionalizante hoy instalado. Con un agregado: una alta cuota de precarización en los cargos docentes que hoy están sufriendo especialmente 264 colegas con cargos interinos y contratados con pronto vencimiento. El reducido número de profesores en régimen de Dedicación Total y con alta dedicación horaria –algo que deberíamos procurar corregir– atenta contra una mayor profesionalización de la investigación.
Veamos las repercusiones en algunas políticas de fomento de investigaciones de alto nivel en la Universidad de la República (Udelar). La información sobre los proyectos I+D nos indica que, de aproximadamente 500 proyectos recibidos por año, nuestra facultad aporta solamente entre nueve y diez, una muy baja proporción con relación no solo a nuestro tamaño, sino fundamentalmente respecto a nuestra potencialidad. Algo similar ocurre respecto a la extensión universitaria y los espacios de formación integral (EFI). En resumen, la oferta concursable en la universidad algunas veces es nula, otras veces muy baja. Tener muchos docentes con pocas horas y con contratos inestables, para dar algunas clases, no parece ser el modelo de facultad al que aspiramos.
El proyecto de cambio supone, además, volver a colocar los asuntos de género y de cuidados en primera línea. Será necesario, por ejemplo, avanzar hacia el modelo de calidad con equidad de género. Nuestra facultad no se merece estar estancada en estas materias. Respecto a los cuidados, deberemos elaborar protocolos que aseguren que nuestros estudiantes puedan conciliar sus cursadas con sus tareas de cuidados, en orden a lo señalado por la Comisión Central de Cuidados. Será necesario también contar con espacios propios para los cuidados en nuestros edificios.
Una parte vertebral de nuestro compromiso tiene que ver con la mirada integral de la oferta de grado y posgrado. Nuestra facultad ofrece cinco carreras de grado y varias (17) ofertas de posgrado. Somos, claramente, una de las facultades más demandadas por los nuevos estudiantes. Eso es una virtud de la oferta multidisciplinaria que incluye Abogacía, Notariado, Relaciones Internacionales, Relaciones Laborales y Traductorado. Para nosotros, no hay carreras preferenciales. Todas son importantes y todas merecen el mayor compromiso posible. En consecuencia, todos los estudiantes, todos los docentes, todos los institutos son igualmente valiosos.
Finalmente, necesitamos una facultad más comprometida y activa en los diferentes estamentos de la Udelar. Que asuma su rol también en la lucha presupuestal y en el diálogo con el sistema político. Una Udelar con más presupuesto es una universidad con más I+D, con más extensión, con más ofertas académicas y mejores condiciones de estudio. Pero es, sobre todo, una universidad que actúe con más incidencia en la inclusión social y territorial. No se trata solo de crecimiento, sino fundamentalmente de transformación con impacto.
Pablo Guerra es profesor titular del Instituto de Sociología Jurídica de la Facultad de Derecho, candidato a decano impulsado por los estudiantes y egresados de Frezelmi y por las agrupaciones docentes Por los Principios Universitarios y Movimiento Universitario Renovador.
