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Creciente del rio Uruguay en la zona de la playa Park, en Paysandú (archivo, julio de 2026).

Foto: Santiago Fleitas

Leonardo Bulanti: Paysandú arrastra un nomenclátor con vacíos y una evidente deuda histórica con las figuras femeninas

El ingeniero agrimensor advierte que encerrar la ciudad tras un muro puede generar una falsa sensación de seguridad, ignorando las consecuencias sanitarias y ambientales, como el desplazamiento de fauna hacia zonas urbanas.

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La protección del patrimonio histórico, el desarrollo urbano sostenible, la convivencia con las inundaciones y la revisión de la identidad plasmada en el nomenclátor forman una agenda de asuntos para Paysandú. En entrevista con la diaria el ingeniero agrimensor Leonardo Bulanti, vicepresidente de la Comisión Departamental de Patrimonio, desglosó una visión técnica y humana sobre los desafíos que enfrenta la ciudad para no perder su esencia mientras proyecta su crecimiento.

Uno de los pilares de la gestión de Bulanti es la actualización del marco normativo. Desde 2018, la Comisión de Patrimonio quedó integrada bajo las directrices del plan urbanístico de la ciudad, un cambio que, paradójicamente, limitó su capacidad de acción. Anteriormente, el organismo tenía una competencia que abarcaba todo el departamento; hoy, esa potestad se ha visto reducida, dejando zonas del interior en una suerte de orfandad regulatoria.

“Estamos trabajando en una propuesta para actualizar la regulación vigente”, explicó Bulanti. El objetivo no es solo burocrático: se busca incorporar nuevas categorías de conservación y dotar a la Comisión de herramientas reales para intervenir antes de que el daño sea irreversible. El proyecto pretende extender la protección al interior departamental, donde el patrimonio rural e industrial a menudo desaparece por desconocimiento o desidia.

Para subsanar la falta de una estructura de fiscalización masiva, Bulanti apuesta por la participación ciudadana. Se han diseñado fichas de relevamiento para que sean los propios vecinos quienes identifiquen y aporten información sobre bienes de valor en sus localidades. “El vecino es el primer custodio de su historia”, subrayó, enfatizando que la identidad no se impone por decreto, sino que se reconoce desde la comunidad.

La nueva regulación que Bulanti impulsa pone el foco en las “intervenciones silenciosas”. A menudo, el patrimonio no se pierde por una demolición total, sino por una degradación paulatina permitida por normas de construcción laxas. “Hay modificaciones que, sin ser estructurales, alteran el alma de un edificio: colores estridentes, cartelería invasiva o cerramientos que rompen la armonía visual”, advirtió.

El desafío planteado es encontrar un equilibrio: que los edificios históricos no se conviertan en museos muertos, sino que sean inmuebles funcionales que respeten su pasado. Para ello, se proponen niveles de protección diferenciados que permitan reformas parciales sin sacrificar los elementos arquitectónicos que otorgan carácter a las calles sanduceras.

La zona costera: entre la ingeniería y la naturaleza

La gestión de la zona costera y el entorno de la avenida Brasil es un tema crítico. Ante las recurrentes crecidas del río Uruguay, han surgido voces que reclaman defensas físicas o sistemas de contención. Sin embargo, Bulanti es tajante: “Al río hay que respetarlo”.

Desde su perspectiva técnica, manifestó serias dudas sobre las obras de defensa tipo “muro” o “dique”. “Yo no creo en ese tipo de obras hasta que no se me demuestre lo contrario”, afirmó. Su preocupación radica en que una inundación es un fenómeno multidimensional. No se trata solo del agua que desborda el cauce, sino de la presión sobre las redes de saneamiento, la saturación de los suelos, la humedad ascendente en cimientos y sótanos, y el aislamiento de infraestructuras críticas.

Bulanti advierte que encerrar la ciudad tras un muro puede generar una falsa sensación de seguridad, ignorando las consecuencias sanitarias y ambientales, como el desplazamiento de fauna hacia zonas urbanas. Como alternativa, propone un cambio de paradigma: ceder espacio al río. En lugar de viviendas permanentes en zonas inundables, sugiere destinar esos sectores a usos recreativos, deportivos y sociales, con infraestructuras “retirables” o diseñadas para convivir con el agua.

También abordó en el diálogo con la diaria un tema que toca la fibra íntima de la identidad local: el nombre de las calles. Paysandú arrastra un nomenclátor con vacíos, nombres repetidos y una evidente deuda histórica con las figuras femeninas. “Es una discusión que despierta susceptibilidades políticas y requiere mayorías especiales, lo que a menudo paraliza los cambios”, señaló.

Mencionó específicamente el legado de la familia Luisi, mujeres pioneras en la educación y los derechos sociales que aún no tienen el reconocimiento proporcional en el mapa de la ciudad. Para evitar que la elección de nombres sea un botín de disputas partidarias, Bulanti propone un procedimiento técnico y participativo.

La idea es conformar un equipo interdisciplinario —historiadores, técnicos, ediles y actores locales— para crear una lista jerarquizada de nombres basada en méritos y representatividad. “El nombre de una calle es parte de la memoria colectiva; no puede depender de un acuerdo de cúpulas, sino de un criterio transparente que refleje quiénes somos”, concluyó.

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