El neuropediatra Pablo Suárez y la psiquiatra pediátrica Virginia Ourthe-Cabalé participaron en sesión especial de la Junta Departamental para abordar los avances en el conocimiento del trastorno del espectro autista (TEA), la importancia del diagnóstico precoz y los desafíos que enfrenta el sistema de atención.
Suárez advirtió sobre la falta de especialistas en el interior del país y señaló que en Bella Unión existen más de 500 niños esperando atención neuropediátrica, reflejando la desigualdad territorial en el acceso a la salud.
También explicó que el TEA es una condición del neurodesarrollo de origen biológico, que modifica la forma en que una persona procesa el mundo y repercute en la comunicación, la interacción social y la conducta.
“No es una enfermedad, sino una condición del desarrollo. Cada persona dentro del espectro tiene un perfil único”, afirmó.
Indicó que el desarrollo del sistema nervioso central durante los primeros tres meses del embarazo es una etapa clave y recomendó evitar el consumo de alcohol, drogas y medicamentos no indicados durante ese período.
Asimismo, recordó que el diagnóstico es exclusivamente clínico y observacional. “No existe un análisis de sangre ni un estudio de imagen que determine si un niño tiene autismo”, precisó.
Un espectro con múltiples manifestaciones
El especialista destacó que no existen dos personas con TEA iguales. Las diferencias pueden observarse en el desarrollo del lenguaje, la autonomía, la sensibilidad a estímulos y los intereses específicos.
También aclaró que presentar alteraciones sensoriales, como rechazo a determinadas texturas, olores o alimentos, no implica necesariamente un diagnóstico de autismo, ya que existen otros trastornos con características similares.
Según explicó Suárez, en Uruguay la prevalencia estimada es de una persona cada 143 habitantes, equivalente al 0,7 % de la población, unas 24.000 a 25.000 personas.
Añadió que el TEA es más frecuente en varones aunque considera que existe un importante subdiagnóstico en niñas.
Respecto a las causas, señaló que intervienen factores genéticos, neurobiológicos y ambientales, sin una causa única identificada. Uno de los aspectos que más preocupación genera entre los especialistas es la sobreexposición de los niños a las pantallas.
Sostuvo que el uso excesivo puede afectar el desarrollo del lenguaje, disminuir la interacción social, alterar la atención y provocar trastornos del sueño e irritabilidad.
También recordó que el cerebro comienza a producir melatonina al caer la tarde para preparar el descanso, por lo que recomendó evitar actividades intensas y la exposición a pantallas durante ese período.
Sensibilización e inclusión
Por su parte, Ourthe-Cabalé explicó que el TEA se caracteriza por dos grandes áreas: las dificultades en la comunicación social y los patrones restringidos o repetitivos de comportamiento e intereses.
Subrayó que el espectro es muy amplio y que cada persona presenta una combinación distinta de fortalezas y dificultades. “El TEA desafía las generalizaciones”, resumió.
La especialista explicó que algunas personas pueden sufrir crisis sensoriales en ambientes con exceso de estímulos, como terminales de ómnibus, centros comerciales o grandes eventos, lo que fundamenta la creación de espacios más amigables e inclusivos.
También destacó la importancia de la detección temprana, el trabajo coordinado entre familia, sistema educativo y equipos de salud y la necesidad de reducir el estigma.
En ese sentido, valoró el uso del collar de girasoles, un distintivo internacional para personas con discapacidades no visibles, que ayuda a que la comunidad comprenda determinadas situaciones y responda con mayor empatía.
Atención especializada
Ambos profesionales coincidieron en que Paysandú cuenta con una red de atención más desarrollada que otros departamentos, aunque aún persisten dificultades importantes.
Suárez señaló que continúa realizando consultas por telemedicina para Bella Unión, debido a la ausencia de neuropediatras, mientras que Ourthe-Cabalé informó que las solicitudes de acompañantes terapéuticos a través del Ministerio de Desarrollo Social presentan demoras superiores a un año.
Finalmente, ambos remarcaron el papel fundamental de los maestros, educadores de los CAIF, pediatras y asociaciones de padres en la detección precoz y el acompañamiento de los niños con TEA, insistiendo en que el tratamiento debe ser siempre individualizado y orientado a potenciar las capacidades de cada persona.