Francisco José Debali es ampliamente conocido en Paysandú por su extensa trayectoria en el periodismo deportivo y la radiodifusión. En diálogo con la diaria, repasó el origen de la investigación, cuestionó la escasa presencia femenina en el nomenclátor y planteó la necesidad de seguir reconociendo a figuras fundamentales de la historia departamental.
El popular Pancho presentó su obra Calles de mi ciudad, un trabajo que recopila el origen de la nomenclatura sanducera, las biografías de quienes dan nombre a las calles y numerosas historias desconocidas.
Durante décadas, Debali formó parte de históricas transmisiones radiales en el equipo de la Panorámica deportiva, caracterizadas por una rigurosa planificación y una metodología de trabajo poco habitual en el medio.
Sin embargo, detrás del hombre de radio siempre existió un profundo investigador de la historia sanducera. Esa pasión terminó cristalizándose en el libro Calles de mi ciudad, una obra que documenta el origen del nomenclátor de Paysandú, quiénes fueron las personas homenajeadas con una calle y cuál es la historia detrás de cada denominación.
Explicó cómo nació una investigación que comenzó hace varias décadas y que hoy constituye una referencia para historiadores, docentes, estudiantes y para la propia comunidad.
Un problema cotidiano que terminó convirtiéndose en una investigación histórica
Debali contó que el interés por las calles surgió de una experiencia absolutamente cotidiana. Mientras trabajaba realizando cobranzas, debía recorrer distintos barrios de la ciudad y se encontraba permanentemente con dificultades para ubicar domicilios.
“Había calles con el mismo nombre o con la misma denominación numérica. Por ejemplo, existía la calle número 1 y también la calle Uno escrita con letras. Muchas veces era prácticamente imposible encontrar una dirección y había que volver a preguntarle a la gente dónde vivía”, recordó.
Aquella situación lo llevó a prestar atención al nomenclátor y posteriormente al cambio realizado en 1972 durante la administración del entonces intendente Garrasino, cuando decenas de calles comenzaron a recibir nombres propios.
Fue entonces cuando empezó a preguntarse quiénes habían sido esas personas. “Empecé a buscar información sobre cada una de ellas. Fui reuniendo documentación durante muchos años hasta formar un archivo realmente muy importante.”
Ese trabajo terminó transformándose primero en un programa radial, luego en espacios semanales en el Semanario 20once y posteriormente en el libro Calles de mi ciudad.
Para Debali, las calles son mucho más que una referencia geográfica. Los nombres de las calles expresan el reconocimiento a personas, acontecimientos históricos, ciudades hermanas o lugares importantes. Generalmente, son homenajes a quienes hicieron aportes significativos para Paysandú.”
Incluso recordó que el primer nomenclátor sanducero, aprobado en 1831, ya reflejaba esa intención.
“Una de las primeras calles llevaba el nombre del general Rivera y otra el de Lavalleja. Ya desde entonces existía la idea de reconocer figuras relevantes.”
Cómo se decide el nombre de una calle
La Ley Orgánica Municipal exige una mayoría especial de dos tercios de la Junta Departamental para aprobar un nuevo nombre.
Desde la década del 70 existe una disposición departamental que establece que, salvo excepciones, solamente pueden homenajearse personas fallecidas hace al menos cinco años.
Debali recordó como caso excepcional el reconocimiento realizado durante la administración de Guillermo Caraballo al paseo costero denominado Juan Antonio Rodríguez, aprobado cuando el histórico dirigente deportivo aún vivía.
A su juicio, aquella decisión fue válida, aunque entiende que el decreto debió dejar expresamente establecido que se trataba de una excepción.
Cambiar nombres, una práctica que no comparte
Consultado sobre la posibilidad de modificar nombres históricos de calles o plazas, Debali manifestó su desacuerdo.
Considera que las denominaciones terminan formando parte de la identidad colectiva y que, aun cuando oficialmente cambien, los vecinos continúan utilizando durante décadas los nombres anteriores.
“Hay personas que siguen llamando Gran Bretaña a Baltasar Brum o México a Zelmar Michelini. Los nombres quedan incorporados en la memoria colectiva.”
Uno de los aspectos que más llamó la atención durante la conversación fue el análisis sobre la representación femenina dentro del nomenclátor sanducero.
Debali señaló que el número de mujeres homenajeadas es extremadamente reducido. Según contó, dentro del casco urbano existen 112 calles con nombres propios y solamente una lleva el nombre completo de una mujer: Manuela Marote de Raña.
La otra referencia femenina corresponde a China María, aunque aclaró que en ese caso se trata de un sobrenombre y no del nombre completo de la protagonista.
Para el investigador, existe una clara deuda histórica que debería comenzar a corregirse mediante futuros reconocimientos.
A lo largo de la entrevista recordó varias historias que permanecen vivas precisamente porque una calle conserva el nombre de sus protagonistas.
Una de ellas es la de Ricardo Romeo Falcone, joven piloto sanducero que perdió la vida en 1951 mientras realizaba un vuelo sanitario para trasladar a una adolescente enferma desde una estancia del interior del departamento.
El avión ambulancia cayó cuando regresaba a Paysandú en medio de una fuerte tormenta, provocando la muerte del piloto, la paciente y su madre.
En reconocimiento a ese acto de servicio, una calle que conduce hacia el aeropuerto lleva hoy su nombre y, además, existe un monolito frente a la UTU recordando su figura.
También recordó al capitán Tydeo Larre Borges, otro aviador sanducero homenajeado con una calle en la misma zona.
La historia detrás de la Escuela 11
Actualmente, Debali integra como referente la Comisión de Nomenclátor de la Junta Departamental, donde suele ser consultado cuando aparecen nuevos proyectos de denominación.
En ese ámbito presentó recientemente una propuesta para que la actual Diagonal 300 pase a llamarse Idalia Nardini de Rolla.
La iniciativa busca reconocer a quien hizo posible la construcción de la Escuela 11.
Durante la entrevista relató una historia poco conocida. Contó que la inspectora Idalia Nardini logró convencer al empresario español Roger Ballet de construir una escuela en Paysandú.
Ballet había prometido donar un centro educativo en cada departamento del Uruguay como agradecimiento al país, luego de haber recibido ayuda de un maestro uruguayo cuando llegó accidentalmente a Montevideo creyendo que desembarcaba en Buenos Aires.
Tras visitar Paysandú, el empresario eligió el predio ubicado en República Argentina y Enrique Chaplin y, en apenas seis meses, la Escuela 11 quedó construida.
Para Debali, resulta justo que quien impulsó esa gestión tenga finalmente una calle con su nombre.
Un libro para preservar la memoria
También explicó que Calles de mi ciudad tuvo inicialmente una edición muy reducida destinada principalmente a obsequios institucionales. Actualmente, ya cuenta con el registro ISBN correspondiente, lo que permitirá su comercialización en el futuro, aunque por el momento los ejemplares disponibles permanecen en poder del propio autor.
Su intención es que el libro continúe creciendo con nuevos aportes e investigaciones. Debali resume que detrás de cada esquina de Paysandú existe una historia. Y conocer quiénes dieron nombre a sus calles es también una forma de comprender cómo se fue construyendo la identidad de la ciudad a lo largo de casi dos siglos.
