Fin de semana Gobierno nacional

El canciller Mario Lubetkin, y la subsecretaria Valeria Csukasi, en el edificio Mercosur (archivo, mayo de 2026).

Foto: Alessandro Maradei

Los escenarios para Uruguay ante un posible cambio de gobierno en Brasil: flexibilización del Mercosur, Focem y vínculo con EEUU

Orsi afirmó que Uruguay “tiene que tener la mejor relación” con Brasil “cualquiera sea el resultado”, y el canciller Lubetkin dijo que no cree que un cambio de signo político en ese país “afecte para nada al Mercosur”

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El domingo por la tarde, muchas personas en Uruguay estarán siguiendo los resultados de las elecciones en Brasil, que determinarán o bien el triunfo de Flávio Bolsonaro y un cambio de rumbo en ese país, o bien la continuidad del actual presidente Lula da Silva. El interés se explica mayormente porque la conducción del gobierno de Brasil condiciona la geopolítica regional y en particular el vínculo de la región con el Estados Unidos de Donald Trump, a lo que se suma que un eventual triunfo de Bolsonaro dejaría el mapa de América del Sur pintado casi exclusivamente con los colores de la derecha y la extrema derecha, con una única excepción: Uruguay.

Pero hay otro plano de interés en los resultados de las elecciones que tiene que ver con el vínculo bilateral entre Brasil y Uruguay, y en qué medida podría verse afectado por lo que surja de estas elecciones, así como de qué forma impactará en el funcionamiento del Mercosur, ámbito clave para la política exterior de Uruguay.

Jerarcas de gobierno consultados al respecto por la diaria recordaron que ya existe un antecedente que puede evaluarse: el gobierno de Jair Bolsonaro, padre del actual candidato. Tanto durante esa administración como en el gobierno de Lula el diálogo bilateral, en particular “en la línea económica comercial”, fue “muy bueno con los dos”, aseguró una fuente del gobierno a este medio. Claro que el gobierno de Jair Bolsonaro coincidió en gran parte con el de Luis Lacalle Pou, ya que el primero asumió en enero de 2019 y terminó su mandato en diciembre de 2022. Cuando surgían trabas comerciales o problemas aduaneros, había línea directa entre los ministerios de Economía de aquellas administraciones, y lo propio sucede ahora entre los gobiernos de Yamandú Orsi y Lula. Es por eso, marcó la fuente consultada, que en los últimos años no ha sido tan habitual como lo era antes encontrarse con noticias sobre trabas en las fronteras y barreras no arancelarias, o si sucede, la situación se desarticula rápidamente.

Otro plano del vínculo es el de la institucionalidad. Durante las presidencias de José Mujica y Dilma Rousseff, Brasil y Uruguay instalaron una Comisión de Comercio Bilateral para “asegurar la fluidez del intercambio comercial bilateral y promover la ampliación y profundización del comercio de bienes y servicios”, que a los años dejó de funcionar. Hoy lo que existe, según explicó a la diaria la vicecanciller Valeria Csukasi, es una reunión de alto nivel de los subsecretarios de Relaciones Exteriores, que se reactivó a partir de la asunción del gobierno de Orsi.

“Nos reunimos el año pasado después de muchos años de suspensión”, señaló la vicecanciller. También llevaban años sin reunirse ámbitos de niveles inferiores, como, por ejemplo, entre las direcciones de los ministerios o las comisiones de frontera, y eso se reactivó a partir de 2025. “La estructura nunca se modificó, la estructura seguía funcionando, el problema es si la convocabas o no. Nosotros tomamos la decisión desde el 1º de marzo de 2025 de reconvocar esas estructuras, lo hablamos con Brasil y rápidamente nos pusimos de acuerdo”, contó Csukasi.

Consideró que para Uruguay, “con Brasil y con Argentina siempre es bueno que las estructuras formales funcionen, porque te da más capacidad de seguimiento de la agenda y de los temas”. De todos modos, apuntó que es potestad de los gobiernos decidir si convocan a estos ámbitos o si “se recurre a otros métodos más informales”, como el diálogo directo entre ministros o presidentes. “Tampoco es que si no tenés esa herramienta no tenés espacio de diálogo”, “el diálogo puede suceder de todas maneras, no hay que concentrarse tanto en el formato”, indicó, y agregó que cada gobierno va “encontrando siempre cuál es la forma más eficiente”.

Lubetkin: “Disposición plena a tener una gran relación”

El presidente Orsi y el canciller Mario Lubetkin se refirieron el viernes, en sendas ruedas de prensa, a las elecciones en Brasil. “Yo pensé que no, pero aparentemente está parejo”, comentó el presidente sobre las encuestas previas. Aseguró que “cualquiera sea el resultado, Uruguay tiene que tener la mejor relación con ese gigante, que más que un país es casi un continente”.

En el mismo sentido, Lubetkin afirmó que quien triunfe el domingo tendrá la “disposición plena” de Uruguay a tener “una gran relación para el futuro, porque lo necesita Brasil y lo necesita Uruguay”.

Respecto del potencial impacto de un eventual cambio de signo político en Brasil con relación al vínculo con Uruguay, Csukasi señaló que “la relación de Uruguay con Brasil es esencial” y por lo tanto “la prioridad para nosotros es que el acto eleccionario transcurra de la forma que debe, con garantías, con tranquilidad, que los resultados sean reconocidos”. “Sea quien sea el ganador, Uruguay trabajará para tener una buena relación y tener una agenda para los temas que son de interés. Esa es la posición de la cancillería”, remarcó la vicecanciller.

La discutida flexibilización del Mercosur

Ya desde el primer ciclo de gobiernos del Frente Amplio, Uruguay viene abogando en los ámbitos del Mercosur por la “flexibilización” del bloque, que supone en términos prácticos la habilitación a cada socio a negociar con terceros países de manera independiente o a distintas velocidades respecto al resto de los integrantes del Mercosur. La posición de Uruguay no se modificó con los cambios de gobierno en 2020 y 2025, y lo propio sucedió con la postura de la cancillería brasileña, Itamaraty: para los diplomáticos brasileños, la negociación comercial con terceros países o bloques debe ser conjunta. En cambio, el Ministerio de Hacienda del gobierno de Bolsonaro se alineaba, en términos discursivos, con el pedido de flexibilización de Uruguay, mientras el de Lula no lo hace.

Sin embargo, en términos prácticos, esto no tuvo ningún impacto. “Durante el período de Bolsonaro padre Uruguay siguió planteando la flexibilización del Mercosur y del lado brasileño no hubo particular interés en avanzar en ese camino”, recordó Csukasi.

Por otra parte, señaló que ni en el gobierno de Jair Bolsonaro ni en los discursos de campaña y planes de gobierno de Flávio Bolsonaro se planteó la voluntad de que Brasil salga del Mercosur. “No estuvo planteado en el gobierno Bolsonaro ni en el período de gobierno de [Michel] Temer, eso es una opción que si bien podrá haber quienes la comenten, en los hechos nunca se ha formalizado en la historia del bloque”, subrayó.

En el plan de gobierno de Flávio Bolsonaro no hay ninguna mención al Mercosur. En el capítulo sobre política exterior, que tiene dos páginas, se habla de la necesidad de una “diplomacia guiada por el profesionalismo y por el pragmatismo, no por la ideología”. “Itamaraty volverá a ser conducido por la competencia técnica que siempre marcó a sus cuadros, y Brasil volverá a privilegiar a los socios interesados en obtener beneficios mutuos del comercio, sin elegir amigos por afinidad ideológica”, señala el documento. Y añade: “No trataremos como adversarios a nuestros socios más importantes y tradicionales. En los últimos años, las relaciones con países como Argentina, Estados Unidos e Israel se llevaron al límite de la ruptura. Vamos a revertir ese escenario con profesionalismo y foco en los intereses de Brasil. Negociaremos con todos los que se interesan en Brasil, desde China a la Unión Europea, desde Estados Unidos a los mercados asiáticos, porque lo que orienta a nuestra diplomacia es el interés del productor y del trabajador brasileño, no la simpatía o antipatía por este o por aquel gobierno”.

En julio de 2026, en campaña electoral, Flávio Bolsonaro habló de “liberar” a Brasil de las “amarras” del Mercosur, en referencia a la posibilidad de negociar por su cuenta acuerdos comerciales con terceros países, como Estados Unidos. En una nota enviada a la Oficina del representante comercial de Estados Unidos, en la que se quejaba de los aranceles impuestos por Trump, Flávio Bolsonaro indicó que “Brasil busca formas para liberarse de las amarras del Mercosur, que han impedido a anteriores gobiernos tener este tipo de negociaciones con Estados Unidos”. 

Ya hay un antecedente reciente de esto: el gobierno argentino de Javier Milei suscribió en noviembre de 2025 un acuerdo sobre comercio e inversión con Estados Unidos que incluyó el otorgamiento de preferencias arancelarias en medicamentos, productos químicos, vehículos y productos agrícolas, entre otros rubros. “El camino tomado por la Argentina de Milei ofrece un precedente útil que yo me comprometo a examinar y seguir”, afirmó Bolsonaro.

Csukasi señaló que “cada gobierno electo democráticamente tiene derecho a plantearse las prioridades en el proceso de integración, ya sea la integración más desde lo comercial, la agenda interna y algunas de las dificultades que el bloque todavía no supera, ya sea la agenda de negociaciones con terceros, la agenda social, la agenda de infraestructura, la agenda de ciudadanía”. “Entonces, es lógico imaginar que con un cambio de gobierno en Brasil puede haber también cambios en los énfasis que se le van a poner al Mercosur”, añadió.

La vicecanciller advirtió de todos modos que no hay una relación lineal entre la orientación ideológica de los gobiernos y los posicionamientos en política exterior. Puso como ejemplo que las negociaciones para un acuerdo de comercio entre el Mercosur y la Unión Europea se cerraron con gobiernos de signo ideológico distinto: Mauricio Macri en Argentina, Bolsonaro en Brasil y Tabaré Vázquez en Uruguay. Y que en la actual discusión sobre las cuotas en el marco de ese mismo acuerdo Argentina y Brasil están en la misma posición pese a tener gobiernos de signo ideológico distinto. “Así que ese antecedente lo tenemos. Y creo que por ahora tenemos que agarrarnos de esas experiencias que ya hemos vivido para ver si va a ser un poco la misma lógica”, apuntó, si bien reconoció que “el mundo de hoy es distinto”, tanto en términos de comercio internacional como con relación a la agenda externa del Mercosur. “Entonces, va a haber que conversar para ver cuál es la prioridad que va a elegir el gobierno que gane el domingo, sea cual sea”, apuntó.

El 6 de octubre, en entrevista con la diaria Radio, el embajador de Uruguay en Brasil y exvicepresidente, Rodolfo Nin Novoa, evaluó que “hay cosas que están por encima, más allá de la ideología radical de algunos gobiernos”. “¿Nos van a poner trabas arancelarias? Hay acuerdos firmados por todos lados, no es tan fácil hacer las cosas que uno quiere en el mundo de hoy”, afirmó. Apuntó que “si se juntan el presidente Bolsonaro con el presidente Milei, que no quieren el Mercosur, puede haber algún movimiento, pero bueno, eso tiene también sus consecuencias” en los acuerdos ya firmados por el bloque, advirtió.

Lubetkin dijo el viernes que no cree “sinceramente que afecte para nada al Mercosur” un eventual cambio de signo político en Brasil, mientras Orsi recordó que “más allá de las posiciones y los perfiles” de los gobiernos de los países que integran el bloque, “a la hora de acordar temas gruesos, se acordó”.

Los fondos para el Focem

El Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (Focem) se creó en 2004 con el objetivo de reducir las asimetrías entre los países del bloque. Por este motivo, apunta a que los mayores contribuyentes sean las economías mayores del Mercosur –Argentina y Brasil– y los mayores beneficiarios, los países de economías pequeñas –Paraguay y Uruguay, y más recientemente, Bolivia–. Por este motivo, por ejemplo, si bien Brasil contribuye con el 70% de los fondos, solo recibe el 10% de los recursos, mientras Uruguay, que contribuye con el 2%, recibe el 32%.

Los aportes comenzaron en 2006 a razón de 100 millones de dólares anuales. Con el ingreso de Venezuela en 2012 –país que en 2017 fue suspendido del bloque por tiempo indefinido por no cumplir con la cláusula democrática del Protocolo de Ushuaia–, el aporte subió a 127 millones de dólares anuales. El 91% de los proyectos financiados fueron de infraestructura, y en el caso de Uruguay, se le han financiado 21 proyectos, entre otros, para rehabilitación de las rutas 30, 8 y 6, para saneamiento e interconexión eléctrica. Los recursos son donaciones, no deben ser reembolsados, y pueden financiar hasta el 85% del valor de los proyectos.

En estos momentos se está negociando una nueva capitalización del Focem, el llamado “Focem 2”, que implica rediscutir los porcentajes que aporta y recibe cada país, y además sumar a Bolivia en ese reparto. En junio de este año, durante la última cumbre del Mercosur, Lula anunció la voluntad de su gobierno de aumentar la contribución de Brasil al Focem y llevarla a 100 millones de dólares anuales. En el gobierno uruguayo hay serias dudas sobre si esta voluntad se mantendrá si se concreta el triunfo de Bolsonaro, apuntaron las fuentes consultadas. Esta podría ser una de las áreas en las que un eventual cambio de gobierno que surja de las elecciones del domingo impacte directamente en Uruguay.

“Obviamente, si hay un cambio, el domingo va a haber que volver a sentarse a discutir, a ver si el gobierno Bolsonaro trae la misma idea de aportes que había manifestado el gobierno de Lula”, se limitó a señalar Csukasi.

Uruguay en el medio y el vínculo con Estados Unidos

“Si gana Bolsonaro, sin duda se reactiva el bilateralismo Argentina–Brasil y a nosotros nos van a comunicar lo que decidieron. Nos plegaremos o no”, sintetizó una fuente de gobierno a la diaria. Pero acotó que esto también pasaba con gobiernos de otros signos ideológicos, y mencionó la sintonía que existía entre Lula y la entonces presidenta argentina Cristina Fernández durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez. “Eso nunca es bueno para Uruguay, pero Uruguay ya sabe jugar con esos escenarios”, aseguró la fuente.

En cambio, para Csukasi, “el rol de Uruguay de pivot sigue existiendo incluso cuando hay gobiernos que ideológicamente son iguales” en Argentina y Brasil, “para la derecha o para la izquierda”. “Siempre va a haber temas en los que Uruguay es necesario y siempre va a haber temas que distancien a los socios grandes”, valoró.

Además, un eventual triunfo de Bolsonaro estrecharía los lazos de Brasil con Estados Unidos, que a su vez ya los ha estrechado con la Argentina de Milei. Brasil podría llegar a suscribir un acuerdo similar de rebaja de aranceles. En ese escenario, el gobierno uruguayo se prepara para que recrudezcan los reclamos internos de la oposición para que la administración de Orsi haga lo propio con Estados Unidos. Pero tiene planeado seguir por el mismo rumbo transitado hasta ahora.

“Este tipo de acuerdos que está haciendo Estados Unidos no los queremos, son muy asimétricos, no obtenés nada. Lo que sí refuerza es la estrategia de Uruguay de tratar de buscar acuerdos con otras regiones del mundo que piensen más parecido a nosotros: el acuerdo Transpacífico, eventualmente la OCDE [Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos]..., ir a clubes de buenas prácticas, alineadas con la democracia y el respeto de los derechos humanos”, apuntó la fuente de gobierno consultada.

Csukasi afirmó que la agenda de inserción económica de Uruguay “está planteada desde el 1º de marzo muy claramente y venimos transitándola, desde los acuerdos que se dan en el ámbito del Mercosur a los que estamos intentando por nuestra parte, como el Transpacífico o el RCEP [Asociación Económica Integral Regional, que nuclea a países de Asia y Oceanía, mayormente], o los acuerdos bilaterales como el que estamos negociando con Perú”.

Consultada sobre un eventual cambio de estrategia del gobierno uruguayo en materia de política exterior, y en particular en su vínculo con Estados Unidos, teniendo en cuenta la coyuntura regional, Csukasi afirmó que “no es un escenario que nos estemos planteando”.