Fin de semana Partidos políticos

Movilización del Frente Amplio en la rambla de Montevideo (archivo, marzo de 2024).

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Qué aprendió el FA de Brasil: “No hay olas inevitables”, ganar “con propuestas de izquierda” y los límites de la campaña digital

La presidenta de la Comisión de Programa, el secretario político del FA, el director de la Fundación Liber Seregni y el publicista Claudio Invernizzi hacen su balance sobre la izquierda y la reciente victoria de Lula.

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El río de gente que desbordó las calles de San Pablo y Río de Janeiro en los últimos actos de campaña, la conquista del voto a voto en cada rincón de Brasil, el “ejército digital” que dio la pelea en las redes “con las herramientas de la derecha” y un candidato único que se sobrepuso a todas las adversidades configuraron el domingo 25 de octubre una victoria que dio aliento a las maltrechas izquierdas en el mundo. ¿Qué significó en concreto para el Frente Amplio (FA), que atraviesa tiempos difíciles en términos de aprobación de gobierno, pero que sabe de remontadas basadas en la movilización popular?

En primer lugar, “una inyección de ánimo”, responde el secretario político del FA, Daniel Mariño. Por el “tipo de adversarios” que enfrentó Lula –el gobierno de Estados Unidos, una potencia mundial, y las plataformas tecnológicas y su poder comunicacional–, por cómo se paró frente a estos poderes externos, la victoria del reelecto presidente de Brasil “da oxígeno” al FA. Lula se paró desde “convicciones claras” y mostró que “un proyecto puede ganar enfrentándose a poderes tan importantes”, y esa “reafirmación es un golpe anímico muy importante y una inyección de entusiasmo que va a servir mucho”, valoró Mariño. Agregó que no solo será útil pensando en las próximas elecciones, sino también en el desarrollo del gobierno, para “transformar muchos aspectos de la realidad en Uruguay”, lo que requiere “altos niveles de movilización”.

Para Silvia Nane, copresidenta de la Comisión de Programa del FA junto con Ricardo Ehrlich, el triunfo de Lula en Brasil pone a la izquierda “en otro lugar”. Evaluó que desde hace tiempo la izquierda viene “diagnosticando mucho a la derecha” y refiriéndose a sus avances, y lo sucedido el 25 de octubre “empieza a demostrar que no hay olas inevitables y que a la derecha se le gana”. “Y me parece que eso pone a la izquierda en otro modo de acción, en un modo de ofensiva para ganar”, consideró.

Agustín Canzani, director de la Fundación Liber Seregni, señaló que hay “una especie de clima de época” de que “la derecha está ganando en todo el mundo”, pero si se mira lo que sucede en realidad, “el juicio es un poco más matizado”. Marcó que por ejemplo, en América Latina, México y Brasil, que son los países más poblados del continente, tienen gobiernos de izquierda. En este sentido, valoró que el triunfo de Lula “ayuda a cuestionar esa especie de clima global” de que al parecer “la derecha arrasa con todo”.

Nane: “Hay que poder ser claros en las definiciones de un proyecto político de izquierda”

Los referentes frenteamplistas consultados por la diaria coinciden en destacar la movilización popular como una de las claves de la victoria, y en ese punto trazan algunos paralelismos con lo que ha sido el despliegue del FA de cara a las instancias de balotaje, en 2024 pero también en 2019, cuando si bien la izquierda perdió, superó ampliamente la votación de la primera vuelta y quedó a 37.000 votos de la fórmula ganadora.

Mariño señaló que en épocas de “intervención artificial sobre la conversación virtual”, “la participación de gente concreta, de forma virtual y de forma territorial, es el anticuerpo que tienen las democracias para frenar ese tipo de intervenciones” y “los proyectos de izquierda para forjar esa seña de identidad que tienen los proyectos populares, que es la participación de la gente”.

Para Nane, es claro que “cuanto más participación popular en las urnas, más aumenta las chances de que gane la izquierda”, y que la participación “es la herramienta democrática para ganarle a la derecha”. “Hay que salir a buscar a la gente en todos lados, donde la gente esté. Si está en el ámbito digital, la buscás en el ámbito digital; si está en el ámbito sindical, en el ámbito sindical. Pero hay que salir a buscar a la gente, más que las alianzas políticas”, consideró. Agregó que la construcción de “cercanía” es fundamental no solo en términos electorales, sino para “arrimar las políticas públicas y la conversación política de otra manera”.

En este plano, evaluó que otro aprendizaje es que “la participación de los jóvenes tiene un impacto enorme”. Nane considera que el FA ya entendió “algunas de estas cosas” y eso quedó de manifiesto en el Congreso de mediados de octubre. Allí, entre otros puntos, el FA aprobó la conformación de una Comisión Nacional de Jóvenes Frenteamplistas.

La presidenta de la Comisión de Programa contó también, en esta clave, que ya está diseñado un plan participativo de elaboración “preprogramática” de cara a las próximas elecciones, que se presentará en noviembre en la Mesa Política del FA y se desarrollará durante 2027. “La acción de esta etapa preprogramática la vamos a hacer en los territorios, a lo largo de todo el territorio nacional. Esto no va a ser un programa que se haga desde 18 y Ejido. Vamos a salir, en coordinación con las bases, pero también en coordinación con los compañeros del Poder Ejecutivo, de los legislativos departamentales y del legislativo nacional. La idea es hacer una gran movilización en todo el territorio nacional, yendo a todos los lugares a los que haya que ir para tratar todos los temas que haya que tratar”, contó.

Además, para Nane, Lula reforzó la idea de que es posible “ganarle a la derecha con propuestas de izquierda”, y consideró que eso influirá en la discusión programática que llevará adelante el FA. Remarco que “hay que poder ser claros en las definiciones de un proyecto político de izquierda” y presentar las acciones como “propuestas para sostener un ciclo progresista”.

Mariño: la izquierda debe “entender los códigos y las formas en las que transcurre el debate público”

“En esta segunda vuelta he aprendido la gran lección de mi vida: cuando el gobernante no sabe qué hacer, le pregunta a su pueblo, porque el pueblo sabrá enseñarle lo que tiene que hacer”, dijo Lula en su discurso de victoria el domingo. Aludía de esta forma no solo a la campaña digital que se desplegó en redes, sino también a la movilización descentralizada que fue la tónica rumbo a la segunda vuelta.

El secretario político del FA, señaló que “hay una discusión planteada desde la irrupción de las nuevas tecnologías de la información, a veces en términos dicotómicos entre la territorialidad y la virtualidad”, y consideró que es posible contribuir “desde el entorno virtual a promover la participación popular”. Acotó que la experiencia de Brasil lo muestra, así como también lo hacen experiencias que han desarrollado el propio FA y el movimiento social, como la recolección de firmas contra la ley de urgente consideración (LUC).

Mariño dijo que la tecnología “ha atravesado siempre las formas de participación popular”, y para la izquierda “es una necesidad entender los códigos y las formas en las que transcurre el debate público en las nuevas dinámicas sociales”.

El FA y la Fundación Liber Seregni están desde hace meses organizando cursos de militancia digital, en los que, entre otros contenidos, se enseña a los militantes sobre la economía de la atención, la construcción de tendencias en redes sociales, las herramientas de inteligencia artificial para la producción digital, el guion, el rodaje y la edición digital.

Por otra parte, Mariño destacó como algo “novedoso” de la campaña de Lula el hecho de que se hayan puesto a disposición de la gente “herramientas que posibilitaran de alguna manera no centralizar el proceso de elaboración de contenidos en la campaña”. “Eso que algunos teóricos de la comunicación definen como modelos rizomáticos [en referencia a la obra de Gilles Deleuze y Félix Guattari] que habilitan a que personas en su lugar puedan desarrollar dispositivos comunicacionales con códigos propios, con herramientas propias”, destacó Mariño.

Aseguró que el FA “está trabajando en esto”. Dijo que la idea es que desde la comunicación institucional del partido o desde el comando de las candidaturas se elaboran “vectores discursivos”, pero luego se habilita “el protagonismo popular”, que “siempre es disruptivo, creativo”. “Creo que ahí no hay que tenerle miedo a que las nuevas herramientas posibiliten la irrupción de nuevos actores, por supuesto, dejando claro cuál es el papel de las instituciones. Creo que estamos en un momento en el que es necesario abrirse a formas de expresión, de construcción de alguna manera descentralizada que, lejos de preocuparnos, tienen un potencial enorme de incorporar miradas distintas a la construcción colectiva, democrática”, afirmó.

Marcó que más allá del estímulo a la participación, siempre tiene que quedar claro cuál es la orientación política de la campaña, y lo sucedido con Lula es un buen ejemplo de eso: la idea de la soberanía frente a los poderes externos y de la atención a las necesidades materiales de las personas fueron los ejes a partir de los cuales se estructuró la comunicación.

Invernizzi: “Si ser ingenuo supone que no se acepten los engaños”, “prefiero la ingenuidad a la victoria”

El diputado federal del partido ambientalista Rede, André Janones, y su “ejército de Lula” fueron otra de las novedades de la campaña que llevó al actual presidente al triunfo. Janones creó un canal de Whatsapp que superó los diez millones de seguidores y fue distribuyendo “misiones” a sus integrantes, que apuntaban a ganar visibilidad y posicionar mejor a Lula en el mundo digital. También difundió información falsa sobre Flávio Bolsonaro. Janones ocupó un lugar de privilegio al lado de Lula en el discurso de victoria del candidato, y este aludió a él directamente cuando habló de las razones del triunfo.

Para el publicista Claudio Invernizzi, que ha participado en campañas electorales del FA, en el caso de Brasil hubo rumbo a la segunda vuelta “un cambio a nivel comunicacional muy importante”, que en parte se debe al “ejército de Lula que armó Janones”. “Lo que él hizo, y además ha sido lo que ha dicho, es desestimar las habituales conductas de la izquierda en ese mundo de comunicación y tomar los caminos de la propia derecha”, indicó. Agregó que fue “muy exitoso” porque “armó una arquitectura emocional” a través de las redes que “ayudó a la victoria”, aunque “es ingenuo pensar que solo a través de esa arquitectura emocional Lula logró la victoria”.

El publicista llamó a tener especialmente en cuenta el peso de un candidato como Lula, “con una fuerza inusitada, con una épica única” que se construye a partir de “esa evolución heroica que ha tenido la vida de Lula, que conecta con la concepción más arraigada de la heroicidad que hay en las personas: esa máquina de superar obstáculos físicos, emocionales, económicos y de todo tipo para llegar al lugar donde se llega”. Pero también su “lucidez” y su “dialéctica”, además de la “virtud de estar demostrando en forma permanente que él quería ganar las elecciones y que las podía ganar”.

Respecto de Janones y la campaña digital, comentó que le genera “algunos temores” que la izquierda del mundo esté pensando “qué es lo que puede replicar” de este fenómeno. En particular, afirmó que Janones tiene una “ambición descontrolada” que lo lleva a considerarse “el gran artífice de la victoria del PT [Partido de los Trabajadores]” y eso “enciende luces rojas”, porque “para poder lograr este éxito, lo que hizo fue tomar las herramientas que usa la derecha en las redes”. Y esto incluye, puntualizó Invernizzi, “esa falta de límites, esa construcción de falsedades permanente, esa impunidad para expresarse”.

Invernizzi se preguntó cuáles deben ser los límites de la comunicación para un proyecto de izquierda y qué fronteras no debe cruzar “para mantener esos límites éticos indispensables para cualquier fuerza de izquierda, incluso en la comunicación”. “Porque una vez que se atraviesan algunas fronteras, no hay marcha atrás. Y esta es una pregunta que la izquierda debe formularse en cualquier parte del mundo, porque al final puede terminar colaborando con esa suerte de desdibujamiento de los perfiles de la izquierda”, consideró. “Hay formas que son imitables, para la izquierda en el mundo, del éxito obtenido en esta segunda vuelta. Hay contenidos que no son imitables y que no deberían ser imitables por la izquierda”, remarcó.

Consultado sobre cuáles deberían ser estos límites, señaló que puede haber campañas que “exageren verdades”, pero no deberían terminar “cayendo en acciones demagógicas”, porque “la demagogia no es otra cosa que engaño, y la izquierda no puede engañar”. “Si es indispensable para que la izquierda gane una elección, yo prefiero que la izquierda no la gane. Porque esto, en la acumulación que supone esta gestualidad, termina derivando en izquierdas frágiles desde el punto de vista ideológico y de la razón de su existencia en las disputas por una sociedad más justa”, consideró.

Agregó que “si ser ingenuo supone que no se acepten los engaños, que no se asuman las falsedades y que se haga responsable de las falsedades a quienes las promueven, en ese caso la derecha, prefiero la ingenuidad a la victoria”.

Mariño coincidió con que hay “límites éticos” y que “la verdad es una suerte de bien innegociable”. “Yo creo que las campañas de la izquierda tienen que tener un anclaje fuerte en la realidad, en los problemas materiales de la gente, en los principios y valores que estructuran el proyecto político, y desde ese lugar sí recurrir a todas las herramientas tecnológicas, a la adecuación del lenguaje a los nuevos entornos virtuales”, manifestó.

Nane apuntó, en la misma línea, que las herramientas digitales deben usarse “con muchísimo cuidado y con muchísimos límites, para que después, en definitiva, no tengas que tener cuestionamientos sobre un proyecto de izquierda que tendría que ser ante todo respetuoso de la ética”.

Canzani coincidió en que “cualquier acción de comunicación tiene límites éticos” y en que desinformar es uno de ellos. De todos modos, señaló que coincide con Janones en que “el estilo de comunicación digital que a veces usaba la izquierda era “muy polite [amable]” y “muy fuera del estilo que predomina en redes sociales”. “Eso es una cosa, y otra cosa es entrar en el campo de la desinformación, y a eso deberíamos negarnos”, apuntó.

En este sentido, Canzani contó que a principios de diciembre, durante la anunciada visita de Lula a Uruguay, la fundación y otras redes de pensamiento de izquierda en América Latina presentarán un documento con reflexiones y propuestas sobre la desinformación, que incluye iniciativas de regulación de las plataformas, en línea con lo solicitado por los presidentes y expresidentes progresistas que se reunieron en Chile el año pasado. “Ahí el gran asunto es que para que la cancha esté nivelada, vos tenés que desarrollar capacidades regulatorias que impidan eso [la desinformación] a todo el mundo, si no la cancha queda muy desnivelada. Creo que la hipótesis de Janones fue ‘los otros lo hacen, yo lo hago para nivelar la cancha’. Bueno, lo que tenemos que buscar es que no lo haga nadie, porque no se puede hacer”, indicó Canzani. Agregó que la dificultad es que regular las plataformas “requiere acuerdos globales, y eso es relativamente complejo”, pero “hay que hacerlo”.

Canzani: “Hay que estar preparados para construir relatos consistentes”

Para el director de la Fundación Liber Seregni, las elecciones en Brasil mostraron también que las campañas “son escenarios en los que compiten narraciones sobre lo que fue, lo que es y lo que será, y hay que estar preparados para construir relatos consistentes en esos tres planos”. Valoró que una de las confirmaciones que hubo en este terreno es que “los datos duros importan, pero las percepciones importan más”. Señaló, por ejemplo, que la mejora de los indicadores económicos clásicos que logró el gobierno de Lula en Brasil no se reflejaba necesariamente en las percepciones de la gente sobre la economía.

También apuntó que es necesario considerar no solo las “filias”, sino las “fobias”, que a veces son más potentes que las primeras. “Nosotros estamos acostumbrados a pensar que la sintonía con ideas y proyectos y las identificaciones partidarias son definitorias, pero hay componentes afectivos que son relevantes y operan también en el sentido negativo”, advirtió. Apuntó que en este plano “una de las cosas que hicieron ganar a Lula en segunda vuelta fue despertar los miedos sobre el triunfo de Bolsonaro”.

Por otro lado, consideró que el FA debería definir “ejes de discurso” y plantarse en ellos. Puso como ejemplo que no se interpela a la oposición uruguaya cuando defiende al expresidente Jair Bolsonaro, preso por intentar un golpe de Estado y por planear matar a Lula y al vicepresidente Geraldo Alckmin. “Ahí estoy en la de Janones. Alguien tiene que decir: ‘A ver, muchachos, ¿por qué Bolsonaro padre está preso? Porque hizo una intentona de golpe de Estado y quería matar a Lula y a Alckmin. ¿Tenemos claro esto? Bueno, esto es lo que ustedes están defendiendo’. Ahí es donde creo que nos falta esa fortaleza. Me parece que ese sí es un debate más estratégico”, señaló Canzani, y lamentó que el FA no tenga “una discusión, a veces estratégica y a veces táctica, que incluya la forma de comunicar nuestras posturas”.