Parte del poder de la religión se concentra en su capacidad simbólica de explicar el pasado, el presente y el futuro. Estamos en un contexto global en el que la religión y sus símbolos son herramientas planificadas de propaganda de las derechas, en especial de las más extremas, como en el caso de Brasil. Sus estrategias incluyen algunas innovaciones políticas y narrativas, pero otras metodologías, como el lobby religioso en el Parlamento, se repiten.
El campo de disputa simbólica tiene larga data: solo para referirnos a la historia reciente, en el contexto de la Guerra Fría se incorpora la dimensión religiosa como parte de la confrontación entre un modelo civilizatorio occidental y cristiano, defendido y representado por la hegemonía norteamericana, y el de la Unión Soviética, como configuración del comunismo y el ateísmo.
En este contexto se establecen redes anticomunistas regionales, como los Congresos Anti Comunistas Latinoamericanos, con amplia participación de actores militares, políticos y religiosos, como la Iglesia de la Unificación del Reverendo Moon. Desde otras filas religiosas, el anticomunismo católico y evangélico desarrollaba su propia lucha en el interior del cristianismo, contra la teología de la liberación y enmarcada en el Plan Banzer, que incluía la persecución, difamación y represión sistemática a estos sectores progresistas de las iglesias, en particular a sacerdotes, pastores y laicos asociados a la izquierda.
El modelo que se buscaba implantar apuntaba a la defensa de la propiedad privada y las bases del modelo neoliberal en lo económico, una concepción autoritaria en lo político y la defensa de la familia tradicional en lo moral. Son banderas que levantan el grupo Tradición, Familia y Propiedad en el contexto católico, y grupos de lobby estadounidense como The Family en el campo evangélico comenzaban a crecer, con Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Juan Pablo II como referentes anticomunistas y cristianos a nivel global.
Durante la dictadura cívico-militar que se extendió de 1973 a 1985 en Uruguay se desarrollaron mecanismos de propaganda desde medios laicos y religiosos, que configuraban el comunismo como un demonio, un cáncer, una serpiente, recurriendo a referencias arcaicas y arquetípicas de los miedos humanos. Se construyó un enemigo interno común que se debía extirpar de las instituciones educativas, políticas y religiosas, para lo cual el gobierno dictatorial dedicó recursos de propaganda y de control, destinados a “depurar filas” de los elementos considerados subversivos.
Esta evocación religiosa en la política refiere directamente a los comicios que se llevan adelante en Brasil, pero también a lo que sucedió en las últimas disputas electorales en toda la región. En ningún caso ha estado ausente de la disputa la mezcla de la batalla cultural y política, elevada a un plano de guerra espiritual.
Desde finales de la década de 1970 hasta la actualidad, las redes religiosas muchas veces fueron vehículos que facilitaron la circulación de ideas políticas, más allá de las barreras confesionales. En movimientos como Vox, en las redes hispanistas y católicas de España, las bancadas parlamentarias de la derecha evangélica en Brasil, ministerios evangélicos como Parlamento y Fe o reuniones de batalla cultural como La Derecha Fest, solo por visualizar algunos espacios, se da esta confluencia de actores políticos y religiosos de las derechas.
La mirada historiográfica y de las ciencias sociales aplicadas a la religión nos permite leer estos fenómenos contemporáneos en los que religión y política se entrelazan. Navegar en las estructuras simbólicas, narrativas y de redes que se han ido configurando durante estos últimos siglos nos permite comprender la profundidad de la propuesta.
Analizar el uso político de símbolos religiosos, las ideas sobre el futuro –especialmente la imaginación apocalíptica–, la noción de salvación reservada a un grupo de elegidos (reproducida hoy en lenguajes de meritocracia moral o espiritual), así como la construcción de figuras mesiánicas y liderazgos autoritarios, exige recuperar la profundidad histórica de esas categorías. La religión, lejos de ser un fenómeno circunscrito a fronteras nacionales, desborda el Estado-nación y se articula en redes transnacionales de circulación de ideas, financiamiento, formación y legitimación simbólica. Comprender estas tramas internacionales –desde la Guerra Fría hasta el presente– y dar cuenta de las matrices escatológicas, los imaginarios de restauración y las alianzas religiosas-políticas se proyectan en el tiempo largo y se reconfiguran en distintos contextos geográficos, ayudando a explicar las resonancias contemporáneas del discurso apocalíptico en Brasil y más allá.
Evangelizar desde arriba
A partir de la investigación para el documental Apocalipsis en los trópicos, de la directora Petra Costa, con los archivos del Billy Graham Center, en Wheaton College (una de las universidades evangélicas conservadoras más grandes del mundo), accedí a documentos de diversas misiones evangélicas estadounidenses y, especialmente, del grupo conocido como Consejo Internacional de Liderazgo Cristiano –también denominado The Family–, fundado en 1935 por el pastor Abraham Vereide en Seattle.
The Family nació en el contexto de la Gran Depresión estadounidense. Vereide comenzó organizando círculos de oración entre empresarios y líderes políticos, con la convicción de que la crisis económica debía enfrentarse también como crisis moral. Desde sus orígenes, el proyecto no estuvo orientado a la evangelización masiva, sino a la influencia en círculos de poder. La premisa era clara: transformar la nación mediante la conversión o el discipulado de quienes ocupaban posiciones estratégicas.
Durante la década de 1940 la red se consolidó en Washington DC. Hacia 1953, bajo la presidencia de Dwight D Eisenhower, adquirió visibilidad institucional con la formalización del National Prayer Breakfast. En plena Guerra Fría, el evento fue presentado como espacio de comunión espiritual por encima de divisiones partidarias, pero también operó como instancia informal de diplomacia religiosa y articulación política. Desde entonces, todos los presidentes estadounidenses (demócratas y republicanos) han participado en estos desayunos anuales, que reúnen a congresistas, diplomáticos, empresarios y líderes religiosos.
La expansión internacional del modelo comenzó tempranamente. En el marco del enfrentamiento ideológico con el comunismo, la promoción de redes de oración entre élites políticas fue concebida como herramienta de influencia cultural y geopolítica. América Latina ocupó un lugar relevante en esa estrategia.
La documentación consultada muestra que, entre fines de la década de 1960 y comienzos de la de 1980, se organizaron “desayunos de oración” en Brasil, en pleno régimen militar. Registros fechados entre 1965 y 1984 evidencian encuentros que reunían a parlamentarios brasileños, empresarios, militares y líderes evangélicos en espacios de oración inspirados directamente en el modelo estadounidense. Incluso el primer evento convocado por el “grupo parlamentario cristiano”, que contó con la máxima autoridad de Brasil, se desarrolló en diciembre de 1967 con la presencia de Artur da Costa e Silva, el segundo presidente de la dictadura militar brasileña. Luego del primer desayuno de oración con el general Costa e Silva, esta estrategia no se detuvo y se desarrolló durante toda la dictadura brasileña.
El análisis de correspondencia interna revela intercambios regulares entre actores brasileños y representantes estadounidenses de este grupo de lobby evangélico. Se promovía explícitamente una teología política que enfatiza la necesidad de “cristianizar” la vida pública y frenar la expansión del comunismo en el continente. La retórica no era estridente; se privilegiaba el lenguaje de la amistad, el discipulado personal y la influencia silenciosa en espacios de decisión. La investigación no sostiene interpretaciones conspirativas simplificadoras, como las que circulan a veces en redes sociales, que asocian el crecimiento evangélico con el apoyo de la CIA, pero sí logra documentar vínculos que mostraran cómo fe, diplomacia y política podían entrelazarse en contextos autoritarios.
Los hallazgos no permiten afirmar que estas redes expliquen por sí mismas el crecimiento evangélico en Brasil ni la posterior consolidación de la bancada evangélica. Sin embargo, sí evidencian que ya durante la dictadura existían articulaciones transnacionales entre sectores religiosos conservadores, empresarios y actores estatales. Doug Coe, líder principal de este movimiento con base en Estados Unidos, señalado como una de las personas más influyentes en la diplomacia discreta norteamericana, viajó por toda la región para instalar el Consejo Internacional de Liderazgo Cristiano.
En Uruguay este intento contó en 1966 con el apoyo del gobierno de Estados Unidos, con cartas de senadores republicanos, militares y la embajada estadounidense. Cuenta con aliados como el embajador Henry Hoyt, evangélico anticomunista, y el padre Richard, del Movimiento Familiar Cristiano (católico), y con la mediación del presidente de Costa Rica, Francisco Olrich. Se invitó al presidente del colegiado Washington Beltrán (católico liberal conservador) a participar en los desayunos de oración, pero no se logró eco. El embajador ya anunciaba a sus compatriotas que el país era el más secularizado y agnóstico de América Latina; 60 años después, el escenario se repite.
El miedo del comunismo, las drogas y el relativismo moral
Con el triunfo de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil como telón de fondo, en Uruguay el 9 de octubre hubo un nuevo intento de instalación del grupo Parlamento y Fe: el encuentro Uruguay Dialoga tuvo lugar en el Palacio Legislativo y en la Torre de las Telecomunicaciones. Esto marca una nueva etapa en la proyección pública de estas redes religiosas transnacionales y su búsqueda de incidencia en la política uruguaya. Esta organización, fundada en Argentina en 2008 por el pastor Luciano Bongarrá, está inspirada en los modelos de lobby evangélico estadounidense –Capitol Ministries y el Consejo Internacional de Liderazgo Cristiano– y tuvo su primer intento de inserción en el Parlamento uruguayo en 2010, cuando el entonces diputado Gerardo Amarilla (Partido Nacional, PN) promovió reuniones de oración y lectura bíblica en el Palacio Legislativo, posteriormente suspendidas por decisión de la presidenta de la Cámara de Diputados, Ivonne Passada (Frente Amplio, FA).
Durante los años siguientes, estas redes consolidaron vínculos con legisladores evangélicos y católicos conservadores, especialmente a partir de las elecciones de 2014. En 2026, Parlamento y Fe retomó su presencia institucional mediante la articulación de legisladores de distintos partidos, entre ellos Álvaro Lima (FA), Silvana Pérez Bonavita (Cabildo Abierto, CA), Álvaro Dastugue y Gerardo Amarilla (PN), con el respaldo del presidente de la Cámara de Representantes, Rodrigo Goñi (PN) y la participación de Lorena Quintana.
Familias e iglesias fuertes con estados débiles
Desde su alejamiento de CA, Lorena Quintana comenzó el desarrollo de una plataforma política y religiosa de cara a las próximas elecciones. Su tema central de agenda es la consolidación de familias tradicionales como factor protector principal frente a las adicciones. Luego del revés electoral de CA –que la llevó como candidata a vicepresidenta– en octubre de 2024, se alejó de ese partido para fundar uno propio, Encuentro Nacional Cristiano, expresar sus valores religiosos.
En el evento de Parlamento y Fe, Quintana hizo referencia a la visita del vicepresidente de El Salvador, Félix Ulloa, y afirmó que “todos hablan ahora del modelo de seguridad de [el presidente salvadoreño, Nayib] Bukele, pero se olvidan de lo más importante: de que fue Dios el que le dio la estrategia para revertir los problemas de inseguridad de ese país”. Asimismo, afirmó: “No tengo dudas de que es Dios el que nos va a dar la estrategia para revertir los problemas de salud mental y adicciones que tenemos en nuestro país. Porque esta es una batalla política, es una batalla cultural y de las ideas, pero también es una batalla espiritual”. Luego de fuertes aplausos del público, unas 40 personas presentes en la sala Idea Vilariño de la Torre de Antel, agregó que “este llamado del Parlamento de Fe es un llamado a todos” y que es preciso “convocar a todos –cristianos, católicos, evangélicos, judíos– a pedir por nuestro país”.
Su experiencia territorial y desarrollo político como directora del programa Familias Fuertes, creado en el Ministerio de Salud Pública (2022-2025), le permitió dejar instalada una red de colaboradores: “Hoy nos encontramos trabajando para fortalecer a las familias desde la sociedad civil. Más de 200 personas, y acá las que tienen el corazoncito naranja las van a ubicar, son talleristas del programa”.
Sobre el origen del programa, Quintana afirmó que fue escrito en la Universidad de Iowa. Dijo que trabaja con “adolescentes de 10 a 14 años y con sus padres, a la misma vez cambia el comportamiento” y aseguró que, aunque no use la Biblia explícitamente, “está basado en los principios cristianos, y los principios cristianos funcionan”. “Hemos podido ver cómo se acerca el corazón de los hijos al corazón de los padres, luego de pasar siete semanas por este programa. Creo que esa es la política pública que Uruguay necesita”, expresó.
Luego de otras exposiciones, entre ellas la del organizador del evento, el senador suplente Gerardo Amarilla, el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Goñi, y otros referentes políticos y religiosos uruguayos y argentinos, tomó la palabra el nacionalista Álvaro Dastugue –yerno del fundador de la Iglesia Misión Vida y los hogares Beraca, Jorge Márquez–, que tiene una amplia experiencia en estas redes del cristianismo conservador y, al igual que Amarilla, ha participado en este espacio y en otros similares, como el Congreso Iberoamericano por la Familia y por la Vida, en los que la agenda moral contra la perspectiva de género está en el centro.
Acompañándose de unas cuantas citas bíblicas sobre el llamado a ayudar a los pobres, destacó que sus palabras no se dirigían al Estado, sino a la Iglesia y que esa distinción no era en defensa de un Estado laico, sino que más bien apuntaba a que es la Iglesia la que tiene el mandato de la acción social y que Uruguay “tiene un Estado muy paternalista”. Y contó una anécdota de la campaña electoral: “Una consultora política decía: ‘Por favor, no critiquen al Estado, si no la gente se enoja porque se siente hija del Estado’”.
En este sentido, mencionó como ejemplo lo que está pasando en Argentina: “El presidente claramente habla del Estado de una forma que no es muy padre, ¿no? La tarea de la Iglesia es imprescindible en nuestras sociedades, con Estado o sin Estado”. La simpatía por la derecha libertaria del pastor no solo tiene que ver con el vínculo familiar –la pastora Nadia Márquez, sobrina del apóstol Márquez, es senadora por La Libertad Avanza en Neuquén–, sino que ambos le prestaron el templo a comienzos del año pasado para la participación de líderes libertarios como Agustín Laje y Nicolás Márquez en la primera edición de La Derecha Fest en Uruguay.
De todos modos, el diputado aclara que no se opone a la cooperación del Estado con las iglesias y organizaciones sociales. “Al contrario, considero que es importante porque multiplica o amplía la tarea que llevamos adelante. ¿Dependencia del Estado de nuestra tarea social? No”. En este sentido, afirmó: “Nosotros debemos respetar, fortalecer la tarea que lleva a cabo la Iglesia en territorio. Si tenemos la posibilidad de conveniar con el Estado, fantástico, y si no tenemos, tenemos que seguir haciendo la obra de Dios”.
Al cierre del evento tomó el micrófono Luciano Bongarra, presidente internacional de Parlamento y Fe. Compartió que ha recorrido decenas de países orando por gobernadores y llevando la palabra de Dios a lugares de poder e influencia política. Comenzó hablando de las muertes como consecuencia de la aplicación de las leyes de salud sexual y reproductiva en Argentina y de que “el Estado financia el aborto con millones y millones y millones de dólares”. “El año pasado murieron en la Argentina por esta ley 70.000 niños que no pudieron nacer”, sostuvo.
El presidente de este ministerio evangélico afirma que, junto con Amarilla y el equipo local de Parlamento y Fe, planean organizar un congreso de capacitación en cada departamento del país. Su esquema de influencia, siguiendo una interpretación del apóstol Pablo, es que a “cada lugar donde iba, buscaba hablar con la autoridad. ¿Por qué? Porque él creía que influenciando la autoridad iba a influenciar a la comunidad”, en un esquema de arriba hacia abajo.
El pastor cerró la mañana con una oración. Con el público de pie y dirigiendo las manos hacia el cielo, pidió “perdón porque nos metimos dentro de los templos” y agregó: “Te pedimos que tú bendigas ahí en Beraca a todos esos muchachos que se están recuperando”. Asimismo, oraron por el presidente, los legisladores y por que “ese espíritu de rechazo a lo espiritual en este país sea quebrado por hombres y mujeres como los que estamos aquí, dispuestos a entregarnos enteramente en tus manos”.
Las oraciones, la guerra espiritual, la defensa de los valores y la familia tradicional forman parte de un repertorio simbólico que abreva de los relatos fundacionales de nuestra matriz judeocristiana. En un contexto de miedos y relatos apocalípticos, es un desafío para la política recuperar narrativas de esperanza y de futuro posibles e inclusivos.