Felipe Martín trabaja desde hace 40 años en el transporte, según sus propias palabras. El director nacional de Transporte del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) enfrenta, junto con la cartera e instituciones involucradas, la responsabilidad de cumplir con uno de los compromisos del gobierno de Yamandú Orsi: transformar el sistema de transporte del área metropolitana.
Según documentos divulgados por el MTOP, se estudia la posibilidad de implementar ómnibus articulados (BRT, bus rapid transit) por dos vías: Giannattasio-Avenida Italia y Camino Maldonado-8 de Octubre, que concluyen en 18 de Julio. Otra de las ideas sobre la mesa es la construcción de un intercambiador en Tres Cruces.
Para la circulación, los estudios divulgados evalúan cuatro alternativas principales: la circulación a través de un túnel por 18 de Julio, que es la que más convence al MTOP; por 18 de Julio pero a nivel de superficie; por Colonia y Mercedes, o por 18 de Julio y Colonia.
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En el caso del túnel, que según Martín es la “opción más conveniente”, comprendería desde Tres Cruces hasta la plaza Independencia o desde Fernández Crespo en su versión de mínima.
En entrevista con la diaria, el jerarca afirmó que “hay que tratar de enamorar” a las personas del transporte público, para que “vayamos colaborando en la cultura donde todos terminemos entendiendo que los viajes masivos diarios quizás es mejor hacerlos en servicios públicos de calidad”.
¿Por qué el ministerio decide disponibilizar los estudios que analizan las distintas opciones?
Cuando se hace un anuncio tan importante, que involucra a tanta gente, es una noticia que indudablemente genera interés. Es cierto que la gente no va a tener, seguramente, la lectura de los informes técnicos, un aterrizaje a lo que de alguna manera necesita, pero, de todas maneras, quien pone un poco de interés y de entusiasmo en su lectura se va armando un panorama de lo que esto busca. Lo hacemos de manera abierta, transparente, ya que involucra, indudablemente para el área metropolitana, muy especialmente para la metrópoli, actuaciones muy fuertes en una ciudad consolidada y que requiere estudios a los efectos de amortiguar y atemperar todos los efectos de incomodidad que generan las obras.
Hay una idea matriz de todo lo que debería mejorar el transporte público, dejando, como producto final de todas las mejoras, un tiempo de viaje mejorado, para que pueda tener mejor velocidad comercial, que sea más accesible, más funcional, confiable, saludable, higiénico, que de alguna manera una los puntos de origen y de destino sobre una recuperación también de todo lo que supone la parte urbana –porque también debe contribuir como dinamizadora, mejorar por sus obras hasta la estética de la propia ciudad–.
¿Cuál es el espíritu de las ideas que se manejan?
Estas cosas no son la genialidad de ningún técnico. Estas son cosas que se respiran, que se sienten en los comentarios, en las encuestas. Si bien en las encuestas hoy no es lo que está por encima de todas las otras preocupaciones, nos parece que ha llegado un tiempo en que el transporte requiere, en el área metropolitana, una respuesta de servicio más moderna, más funcional, más ágil y, sobre todo, que se corresponda más con las nuevas realidades urbanas que va teniendo el área. ¿No se ha hecho nada desde hace 40 años a la fecha? No, se hicieron muchas cosas. Pero creo que hoy se impone un salto en calidad.
Hoy esto lo podemos hacer porque tenemos el sistema integrado. Llegamos a los corredores que lo sacaban a uno fuera de los límites departamentales de Montevideo, hacia Canelones-San José, y teníamos ahí las combinaciones metropolitanas. Hoy lo hacemos con esta tarjeta [la STM]. Hay 1.500 ómnibus de Montevideo, cerca de 560 suburbanos, 120 más o menos de Canelones, y unos 20 o 40 ómnibus más de San José en el área metropolitana. Optimicemos esa flota. Pongamos en un corredor, en vez de tres ómnibus para llevar en hora pico a 300 personas, un articulado y llevemos en un solo viaje a la gente. Y esos kilómetros y esos coches distribuyámoslos más democráticamente para los que viven fuera del corredor. Pero para eso hay que cambiar un concepto. Hoy tiene frecuencia de ómnibus quien vive en zonas altamente pobladas, y si no vivís en zonas altamente pobladas, tenés un ómnibus cada menos tiempo. Entonces, busquemos un sistema articulado de los corredores. Pero eso tiene que servirles a todos. Los tiempos de viaje no son para el que se sube en el corredor y se baja en el corredor, porque nadie vive a cinco metros del corredor; se diversifica al sur y al norte. Y ahí es donde tenemos que ser capaces de encontrar los equilibrios para aprovechar esos kilómetros, para aprovechar esos coches, para no desequilibrar el sistema, porque las empresas están dimensionadas, y dentro de las empresas hay gente que está empleada y trabaja.
Más allá de las obras que se definan, ¿los ómnibus articulados están en discusión?
No, no está en discusión porque el articulado va derecho, no tiene que maniobrar. A lo sumo, si el día de mañana –porque esta fue otra de las grandes discusiones– tengo que estructurar un corredor, lo hago con un sistema que lo pueda desviar ante cualquier imprevisto. ¿Dónde elegimos los uruguayos ir a festejar o ir a protestar? Vamos a 18 de Julio. Cuando hay carnaval, se corta 18 de Julio. Hace años que los reguladores de tránsito de las empresas activan el protocolo: los que van por 8 de Octubre van, por ejemplo, por San José o Maldonado. Lo mismo va a pasar el día de mañana con el BRT. Si el BRT va todo soterrado, aparece en Tres Cruces. Lo que vos estás haciendo hoy en 20 minutos, lo vas a terminar haciendo en ocho.
Hay diversas opciones para las obras. Se maneja la idea de un túnel por 18 de Julio, que los BRT vayan en superficie o que vayan por Colonia o Mercedes. ¿Hay alguna opción favorita, alguna que tenga más ventajas que desventajas?
No lo decimos nosotros, lo dicen los estudios, dicen cuál es la opción más conveniente desde el punto de vista de lo que significan los ahorros y el mejor aprovechamiento del espacio público.
¿Sería el túnel?
Bueno, sí, la opción soterrada. Pero está la opción de hacerlo todo soterrado o parcialmente soterrado, o todo superficie; ahí hay que tomar la decisión. Esa decisión es política. Es la decisión que hay que tomar, para bien o para mal.
El intendente de Montevideo, Mario Bergara, no se mostró tan convencido con la idea del túnel. ¿Qué desventajas supone la opción soterrada?
Yo voy a opinar desde el punto de vista del transporte, Bergara va a opinar desde el punto de vista de una responsabilidad más grande que tiene, que tiene la ciudad, por lo tanto, yo esa posición la respeto, porque a lo mejor los tiempos no son los mismos que podemos tener nosotros.
Hay pila de cosas que indudablemente hay que incorporar cada vez que hay una iniciativa de este tipo. El tema es encontrar los equilibrios. Desde el punto de vista de los tiempos, el túnel tiene muchísimas ventajas. Tiene más aprovechamiento urbano, porque despeja de arriba lo que es la circulación de los ómnibus; uno mira el paisaje y en 18 de Julio pasa un ómnibus a cada rato. Todo eso hay que buscar cómo se combina haciéndolo bien, porque acá no se trata de correr a las apuradas, porque, de la decisión que se tome, los resultados tienen que ser buenos.
Pero entonces la desventaja podría ser lo comercial, sobre todo, no tanto la infraestructura.
Bueno, yo no sé. Los organismos multilaterales hicieron un censo acá; no hacen ningún tipo de acción de esta envergadura sin atender los factores de impacto social y ambiental. Se hizo un primer censo de la principal avenida, de las laterales y de las paralelas, para tener más o menos una idea de qué volumen de comercios estamos hablando. La obra es a lo largo, estamos hablando de 32 kilómetros de corredor, o en el otro caso de casi 20. Entonces hay que mirar todo con mucho cuidado y con mucho detalle. Hay lugares en donde hay subtes o metros, hay trenes de cercanía, hay ómnibus, hay BRT y hay comercios. Y la ciudad funciona. Los problemas que ha ido viviendo el Centro no están asociados a un programa de transporte público. Hay una desconcentración de servicios. Lo que es la parte de atracciones y de salidas nocturnas… Antes estaban todas en el Centro; hoy no. Pero el Centro sigue siendo muy emblemático. Pero hay que ir viendo cómo se puede agiornar también con un proyecto de este tipo. Y eso, estoy seguro, es una de las cosas que le preocupan a la intendencia.
El estudio que hizo la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo se refiere a un sistema de transporte público basado en líneas de alta frecuencia para el área metropolitana, ¿en qué consiste?
Alta frecuencia es eso, que el corredor esté asistido por una línea de alta frecuencia porque pasa más tiempo, pasa más rápido. Tuvimos una experiencia en una misión técnica que hicimos a Medellín [Colombia] y a México. Yo me quedé con la mejor impresión de México. No quiero decir que acá lo vayamos a hacer igual, pero donde uno se mete a través de un molinete, se mete en el lugar que lo va a llevar hasta donde va a tomar el ómnibus, pero cuando el ómnibus abre la puerta, yo ya validé el boleto. No hay que emplear tiempo en eso. Además, a eso le agrego que tengo un corredor exclusivo con una protección física que impide que se meta ninguna otra persona. Yo agarro velocidad comercial porque no tengo obstáculos, no porque maneje más rápido. Porque cada 300 metros voy a tener que volver a parar. Pero si además yo conecto para que [el ómnibus] tenga la vía verde favorable, también voy a estar incidiendo para mejorar los tiempos.
En el caso de México, pasa cada 45 segundos. Cuando entré a la estructura donde esperan el ómnibus, que no son tres, son 30, miraba adentro y decía “qué increíble que no hay un grafiti, un rayón”. Uno puede decir que la gente se apropia y cuida, pero como a los 45 segundos pasa el otro ómnibus, entre que llegás ahí, bajás y se fue no tenés el tiempo de pensar una maldad. O sea, todo lo que tenga que ser rigurosamente cronometrado y ordenado para lograr la velocidad comercial sin riesgos. Y haciéndolo sobre la base de una gobernanza de los equipos técnicos que tienen las ciudades para facilitar que el ómnibus pueda tener la preferencia que necesita. Esa es la única manera de volver a enamorar a la gente para que viaje en ómnibus. Porque si yo tengo que pensar en un karma cada vez que me tomo un ómnibus, me compro la moto.
¿Bajaron los autos en México? Siguen estando. Pero vos mirás y están todos en fila india, y lo que vos hacés en 20 minutos en ómnibus, ellos lo hacen en 40. El BRT va expreso.
Los documentos publicados destacan también que el sistema pueda ser sustentable y que los articulados, al ser eléctricos, ayuden a bajar las emisiones de CO2. Sin embargo, ¿cómo puede suceder eso cuando tenemos la misma cantidad de autos?
Bueno... Esto es un proyecto de transporte que se tiene que ir haciendo simultáneamente con otros programas. El 4 de marzo se presenta el programa de eficiencia energética que están impulsando una serie de ministerios. Ahí cada uno, en el orden que le toca, va colaborando. Nosotros estamos haciendo un esfuerzo muy grande para que las nuevas unidades, las que pueden ser eléctricas, sean eléctricas. Hay unidades que todavía no pueden ser eléctricas porque hay problemas de autonomía.
O sea, hay limitaciones aún para hacer que la flota sea 100% eléctrica.
Hay limitaciones. Primero de recursos económicos, porque mientras vos comprás un gasolero por 170, el otro sale 240, 340, sale el doble. No tenés el tema de la autonomía. Al gasolero lo parás ahí, le ponés un pico, en un ratito tenés los 100 litros, el tanque lleno. El eléctrico, con un sistema rápido, son tres horas. La batería, mientras el vehículo es nuevo, te da la autonomía. Lo que pasa es que el ómnibus no lo vas a poder cargar tres veces por día. Primero porque el beneficio de cargar en horario valle es de las 0.00 a las 6.00. Si cargas más allá de las 6.00, olvidate, te tenés que casar con el dueño del Banco República para que te pague la factura, porque es impagable.
Hay que tener una logística en patios de carga para que puedas cargar tu flota y para que uno pueda contar con los tiempos. También hay que hablar con UTE. Porque la potencia que necesita un ómnibus para cargar es la que necesita una casa durante todo el día. Por lo tanto, dicen “no, espere; si usted me pide que haga un patio de carga, yo lo que tengo que hacer es aumentarle potencia a la subestación”, y si le aumentás potencia a la subestación, UTE te hace colocar una garantía.
¿Se va a abrir licitación para adquirir los BRT?
Por supuesto, todo es con licitación. Todo lo que nosotros estamos haciendo con el banco, con las multilaterales de crédito, se tiene que hacer con llamados.
¿No hay conversaciones ya, por ejemplo, con la empresa Cutcsa, a la que le puede interesar?
El tema es que los BRT no van a ser de Cutcsa. Los BRT van a ser de la Agencia [del Sistema de Transporte Metropolitano], y la agencia va a decidir, de acuerdo a cómo participa cada uno en el corredor, cómo los van a operar.
No van a ser privados, van a ser públicos...
En principio, sí.
¿Y qué ventaja tiene?
Que las empresas no se hagan cargo de comprar toda esta inversión, porque es mucha plata. Si van a ser BRT, sale un millón de dólares. Una formación de BRT sale un millón de dólares.
¿Está previsto que haya un cambio en el modelo de negocios, de la venta de boletos?
Para ser mucho más democrático y que los servicios lleguen a todos lados, lo que tiene que tener el servicio es cubierta su sustentabilidad. Hoy la pelea es por el boleto, porque lo que hoy financia es el boleto. Es una guerra que no conduce a nada, porque encarece los costos, distorsiona la circulación. Si yo tengo cuatro coches, ¿cómo los pongo en la hora? Pongo uno y cuarto, uno y media, uno menos cuarto y otro en punto. Ahora, si pasan todos y 20, van a quedar 50 minutos todos esperando que pase. ¿Cuál es el sistema más racional? Si vos llevás diez pasajeros y llevás 50, el costo está cubierto, porque lo que importa es que la gente viaje y viaje bien. Es lo que se llama cubrir el kilómetro. Todo lo que se vende viene a una bolsa. Va a llegar un momento en que todo se va a recaudar, como hace hoy Curitiba; va a una cámara compensadora y se verifican los kilómetros que hace cada uno. Como las máquinas son inteligentes, tienen todo. O sea, tienen los sistemas GPS y, por lo tanto, se sabe dónde están, si salen, si no salen. Y el que no prendió el GPS, a llorar al cuartito.
En el final del camino, debería buscarse, como solución final para la democratización, que todos los servicios sean iguales, independientemente de dónde yo viva; un mecanismo que se financie mediante el sustento del kilómetro.
Hablabas de lograr que más gente se enamore del transporte público. ¿Esto puede apuntar a reducir la cantidad de autos? ¿Se van a limitar las zonas en las que puedan circular?
Bueno, ahí no es jurisdicción del ministerio. Yo quiero ser realista. Estas medidas son para que el sistema no deje de ser alternativa. Porque si da lo mismo andar en forma individual que andar en ómnibus, vamos a tener en poquito tiempo un infarto generalizado en la ciudad, porque es imposible que todos circulemos al frente de un vehículo: 70 personas ocupan una cuadra y media, y 70 personas que van, capaz, en un solo ómnibus ocupan la superficie que tiene la parada. Entonces, eso es lo que hay que buscar, democratizar el espacio público. Hoy por hoy, ¿por qué hay congestionamiento? “Ah, los ómnibus”. No, los ómnibus no. Vengan a la Interbalnearia los domingos. ¿Quién produce el congestionamiento? Los vehículos individuales. El ómnibus está, de alguna manera, también influido por el congestionamiento. Hay que tratar de enamorar para que terminemos entendiendo que los viajes masivos diarios quizás es mejor hacerlos en servicios públicos de calidad, confiables, buenos, seguros, para que el área metropolitana recupere la salud que va perdiendo, porque es como el cuerpo humano: si tiene las venas bloqueadas, pierde la salud, porque necesita la circulación. La ciudad también la necesita.
¿Qué es lo más certero hasta ahora respecto de la reforma?
Primero, el diagnóstico, coincidimos todos, eso es lo primero; coinciden las autoridades que regulan y coinciden los operadores que nos prestan los servicios. Los estudios que se vienen haciendo son bastante confirmatorios de que hay actuaciones que requieren obras de gran porte. Y lo que hay que tomar es la decisión: ¿vamos a hacer cruces a nivel o no? Porque hay que hacer en función de las necesidades y la plata. ¿Vamos a hacer todo soterrado o no? Ahí juegan dos factores: la plata y las incomodidades que toda obra genera en una ciudad que está consolidada. Porque hay que trabajar las estructuras de las seis estaciones, que va a haber paradas. Entonces, esas son las decisiones que aguardan algunos trabajos que todavía están por entregarse.
¿Se va a avanzar en la definición este semestre?
Debería. Se hace mucho más rápido con los créditos otorgados por los multilaterales [BID y CAF], porque nosotros estamos trabajando con fondos, pero no estamos utilizando un solo peso de lo que está asignado al proyecto. Todo esto son fondos de preinversión. No estamos gastando todavía nada. Son todos estudios de la cooperación internacional que fueron aprobados por los tres multilaterales. Te diría que estamos bastante bien en ese sentido. Esto que vamos a hacer es para impedir que se siga yendo gente del transporte público, apostando a que después, si el resultado es bueno, podamos empezar a traer gente.