Durante años, hablar de Asia en clave uruguaya era, casi automáticamente, hablar de China. Los números explican esa inercia: el gigante asiático concentra alrededor del 26% de las exportaciones uruguayas y un porcentaje similar de las importaciones. Pero en lo que va de la presidencia de Yamandú Orsi, la Cancillería intenta ampliar el foco. La consigna no es desplazar a China, sino dejar de pensar que Asia es solo China y darle especial énfasis a diversificar mercados en Asia Pacífico.
La visita de Estado a Pekín en febrero -con una nutrida delegación oficial y empresarial- reafirmó el peso de la relación bilateral. Se firmaron acuerdos en comercio, inversión, innovación tecnológica, cooperación agropecuaria, educación y cultura. Hubo avances sanitarios concretos, como nuevas habilitaciones para productos de nicho, y conversaciones estratégicas sobre la producción de vacunas contra la garrapata bovina. “Seguimos poniendo un granito de arena en una relación que Uruguay cuida mucho por la importancia de ese destino”, dijo a la diaria la subsecretaria de Relaciones Exteriores, Valeria Csukasi.
En paralelo, la diplomacia uruguaya desplegó una agenda inédita en el sudeste asiático y en Oceanía. La adhesión al Tratado de Amistad y Cooperación de la Asean, el avance en el proceso de ingreso al Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) y el anuncio en Shanghái de Orsi del interés por integrarse a la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, el mayor tratado de libre comercio del mundo, firmado por 15 países de Asia-Pacífico) marcan un giro metodológico: priorizar negociar con bloques antes que con países aislados.
“Para un país como Uruguay es más eficiente”, sostiene Csukasi: “Si nos sumamos a un bloque ya existente, negociamos con 10 o 15 países al mismo tiempo. Ir uno por uno implica repetir el ejercicio innumerables veces”. La lógica es de escala y también de previsibilidad, puesto que los textos de acuerdos como el CPTPP o el RCEP ya están escritos. “Uno puede leerlos, evaluar riesgos, identificar dónde hay que adaptar la legislación. En una negociación bilateral desde cero eso no se sabe hasta el final”, explica. La subsecretaria, quien hizo tres giras por los países de Asia y Oceanía, recordó que no había visitas oficiales, propuestas concretas de acercamientos, agendas, ni hojas de ruta y proyectos a la mayoría de esos países desde hacía décadas.
Agrega que para avanzar se trabaja en una mayor coordinación con otros ministerios (Economía, Ganadería, Agricultura y Pesca, Industria, Energía y Minería, y Turismo), la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) y Uruguay XXI.
Para la profesora de Derecho Internacional Público e investigadora del Sistema Nacional de Investigadores, Magdalena Bas Vilizzio, el primer paso es conceptual: “Hay que terminar con esa idea de que cuando hablamos de Asia solo estamos hablando de China”. A su juicio, la actual administración ha mostrado un interés explícito en diversificar hacia una región que, en conjunto, es la de mayor crecimiento económico del planeta.
El sudeste asiático, con más de 600 millones de habitantes, combina expansión demográfica, urbanización acelerada y el surgimiento de una clase media consumidora de alimentos y bienes agroindustriales, justamente el perfil exportador de Uruguay. “Tenemos todo para crecer ahí”, señala Bas a la diaria. Los países de Asia-Pacífico -con excepción de China- aparecen hoy de forma residual en la balanza comercial uruguaya, lo que implica un amplio margen de crecimiento.
La diversificación, además, introduce un matiz geopolítico. “China es nuestro principal socio comercial y tenemos una asociación estratégica, pero hay otros actores en esa región ampliada que pueden darle a Uruguay una nueva perspectiva”, afirma. En un escenario internacional marcado por tensiones entre grandes potencias, ampliar socios es también una forma de balance.
Diplomacia cultural y cooperación
El giro no es únicamente comercial. Bas subraya el “despegue” de la diplomacia cultural en el último año. Más intercambios académicos, becas, cooperación tecnológica, circulación de artistas y exposiciones forman parte de una agenda que busca presentar a Uruguay como algo más que carne, soja o celulosa. “Si le preguntamos a alguien en la calle por Asia, probablemente diga China. Tal vez Japón o Corea. Difícilmente mencione Vietnam, Singapur o Filipinas”, advierte.
El desafío es mutuo, ya que -sostiene- Uruguay necesita conocer mejor esos mercados, pero también darse a conocer. Csukasi coincide en que “en mercados lejanos uno tiene que presentar al país como un todo. No se puede llevar solo la carne; hay que acompañarla con cultura, con educación, con ciencia”. “A veces no entendemos que la diplomacia cultural es una pata fundamental de la política exterior, sobre todo en mercados que están alejados, y más contando con que en la región, países como Argentina, Brasil, Colombia, Perú y Chile “lo hacen muy bien” en la relación con Asia. Para mejorar en esto es que Cancillería trabaja con la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), fundamentalmente, para integrar la oferta cultural como herramienta de diplomacia cultural y aunar esfuerzos, regionalizando la presencia de la cultura uruguaya en países que son muy relevantes.
Csukasi, quien fue embajadora en Malasia, dice que en Uruguay tendemos a agrupar el mundo en regiones o conceptos, pero al vivir en una región tan variada como es Asia-Pacífico, “se descubre que ningún país es igual al otro, que ninguna cultura es igual a la otra, que las religiones pesan diferente en uno u otro mercado, y entendés también a respetar mucho lo diferente”. Agrega que muchas veces tenemos prejuicios y preconceptos sobre lo que es una religión, una cultura o un clima diferente, “y estando ahí la realidad te lleva puesta y te das cuenta de que hay muchas coincidencias”. “Empezás a tomar conciencia de que no podés tener una estrategia única para Asia-Pacífico, tenés que tener tantas estrategias como países existen, y también entendés la importancia de conocer y entender para diseñar políticas”.
El factor empresarial
Desde el sector privado, la estrategia es vista con buenos ojos. Nicolás Potrie, presidente de la Cámara de Comercio Uruguay-China y cónsul honorario de Indonesia (que con más de 280 millones de habitantes es el cuarto país más poblado del mundo y la decimosexta economía más grande del planeta), destaca que la relación con Pekín es el resultado de “25 años de trabajo estructurado, organizado y a largo plazo”. Uruguay cuenta con una embajada y cinco consulados en distintas regiones chinas, una red que combina Estado y sector privado, que incluye oficinas del Instituto Nacional de Carnes (Inac) y de Conaprole.
“Hoy unas 300 empresas uruguayas exportan a China y 3.000 importan. Pero hay mucho más para hacer en servicios y asociatividad empresarial”, sostiene. Potrie entiende que replicar el modelo chino en países de la Asean es clave, aunque reconoce limitaciones, como embajadas con personal reducido y recursos escasos. Las barreras no son solo arancelarias, sino que la logística y la distancia pesan. La reciente habilitación de cítricos para Filipinas, por ejemplo, enfrenta el desafío del costo de flete. En Indonesia, de mayoría musulmana, además de los requisitos sanitarios, se exigen certificaciones halal. “Hay mucho potencial, hay mucha complementariedad en los productos que nosotros exportamos y se está trabajando en no solo la apertura de nuevas embajadas, sino de habilitaciones religiosas, sanitarias y fitosanitarias para poder entrar en esos mercados que tienen complejidades. Antes de vender hay que conocer”, resume.
Bas afirma que son destinos que requieren un aprendizaje para el empresariado, “no solo por la forma de hacer negocios, que cambia, sino probablemente por algunos factores culturales que implican que se requieran pequeñas modificaciones en los productos que enviamos”.
El ingreso a megabloques como el CPTPP o el RCEP implica un salto regulatorio. Bas advierte que no se trata solo de firmar: “Se requieren políticas públicas para sostener esos acuerdos y neutralizar posibles efectos negativos. No podemos empezar a discutirlas el día que entren en vigor”.
La experiencia del acuerdo Mercosur-Unión Europea dejó lecciones. El movimiento sindical expresó reparos y reclamó mayor información. Para Bas, cualquier negociación internacional debe ir acompañada de un debate público transparente. “No es adelantar estrategias, es mantener a la sociedad informada. Eso incluye a sindicatos y movimientos ambientales”.
Csukasi comparte la necesidad de diálogo y recuerda que Uruguay ha tenido intercambios con la central sindical en procesos anteriores. La clave, dice, es prepararse para que no haya “perdedores” en la liberalización comercial.
Una estrategia de largo plazo
Asia ya no es un destino lejano en el mapa, sino un eje estratégico en la política exterior uruguaya. El acercamiento a Asia Pacífico aparece en el plan estratégico de la Cancillería para el quinquenio. La decisión de avanzar en bloques responde tanto a la búsqueda de escala como a las limitaciones de una diplomacia profesional pero acotada en número. “Negociar en bloque nos permite avanzar más rápido y no desgastar a nuestras misiones”, concluye Bas.
En un mundo donde los movimientos se dan crecientemente en clave multilateral -desde la Asean hasta el Consejo de Cooperación del Golfo-, Uruguay ensaya una inserción más compleja y diversificada. No se trata de reemplazar un socio por otro, sino de ampliar el mapa. La apuesta es ambiciosa: combinar comercio, inversión, cooperación tecnológica y educativa y diplomacia cultural; fortalecer la presencia estatal y privada y, al mismo tiempo, abrir el debate interno sobre los costos y beneficios de cada paso. El desafío, señalan diplomáticos y especialistas, no es solo abrir nuevas puertas comerciales, sino sostener en el tiempo una estrategia que combine comercio, cooperación y presencia cultural, y que logre traducirse en resultados concretos.