Si uno viajara a 2006, año en que las primeras ediciones de la diaria asomaron por debajo de la puerta de las casas de sus suscriptores, sería imposible aventurar cómo sería 2026. Cambios en todos los ámbitos sobre los que uno pueda pensar –e incluso algunos que entonces eran inimaginables– transformaron, para bien o para mal, la forma en la que nos relacionamos, informamos y hacemos comunidad.
Es así que la diaria conversó con cuatro jóvenes de 20 años de edad para ahondar en los grandes hitos que marcaron su generación, los principales problemas que atañen a sus vidas, los espacios que hacen a sus comunidades y, en suma, qué significa construir en colectivo para ellas y ellos.
El auge del feminismo entre las mujeres jóvenes como un hito fundamental
En muchos casos hay coincidencias. Para las mujeres, una de las grandes claves del pensar comunitario de las últimas dos décadas es el avance del pensamiento feminista. Malena Lizarazú reveló el valor que tuvo el movimiento en sus años formativos, al que tuvo un primer acercamiento en 2018, durante el “pleno auge” del movimiento en Uruguay y los países vecinos.
Según narró, “la primera parte” de su adolescencia estuvo fuertemente marcada por el fenómeno, que “caló muy profundo”. “En ese momento también como que empezábamos a descubrir lo que era salir a marchar, pelear por nuestros derechos, y demás”, reflexionó.
Lizarazú rememoró su primera marcha de la diversidad, entre 2018 y 2019, y recordó que “fue el día en que más libre, más cómoda y más cuidada” se sintió. “Me puse a pensar que lo sentí porque, sin saberlo y sin quererlo, todas las personas que estábamos ahí nos estábamos sosteniendo y cuidando a la vez”, añadió después. Dijo que a partir de ello pudo “generar una trinchera y una comunidad muy linda”. “Creo que no puedo asociar ningún recuerdo ni ninguna otra cosa tan linda como esa sensación de aquel día”, aseveró.
“Yo sé que antes de ser de izquierda o de derecha, o lo que sea, yo soy mujer” es una de las frases que utilizó Matilde Corbo para describirse a sí misma. Como Lizarazú, Corbo forjó lazos con el feminismo en su preadolescencia, alrededor de 2017. Contó que este proceso no estuvo exento de dificultades, en una época en la que “había mucha polarización”, algo que la llevó a aprender cómo defender sus convicciones.
“No fue algo que me hayan impuesto en mi casa”, comentó. Según dijo, el feminismo significó para ella “la primera causa”, algo que la “diferenció” y cobró un rol “identitario” en su vida. Todo esto en pleno ingreso a la educación secundaria, sumado a todas las dificultades que conllevan los primeros momentos de la vida adolescente, agregó.
“Encontrar un refugio e identificarse con un movimiento, con un grupo gigante de mujeres, para mí fue algo que no quiero romantizar diciendo ‘me salvó’, pero por lo menos me sirvió como puntapié para ir construyendo una identidad. Siento que eso me abrió las puertas a decir ‘esto pienso yo, y voy a estar orgullosa y no lo voy a cambiar’”, valoró.
Volver a las raíces: el relacionamiento con el barrio y las comunidades locales
Pero también está presente el rol de las comunidades locales: los grupos de vecinos o clubes de barrio, sobre los que varios de los entrevistados se detuvieron. Lizarazú recordó un evento ligado a su barrio de origen, La Teja, del que resaltó su fuerte arraigo de movimientos y clubes sociales y deportivos. “Ahí en el barrio fue donde viví mis primeras expresiones comunitarias”, dijo, y contó un momento en el que diferentes vecinos se juntaron en el estadio Abraham Paladino, del club Progreso, para pintar las tribunas en anticipación a un posible ascenso del club de la segunda división del fútbol uruguayo.
“Éramos hinchas que fuimos con la pintura que nos sobraba en nuestras casas y tuvimos ahí una buena jornada de limpieza, de refaccionar algunas cosas, medio con lo que teníamos y lo que podíamos”. “Fue una de las primeras veces que me di cuenta de la potencia que tienen las personas cuando se juntan, y cuando queremos un bien común y hacemos algo para lograrlo”, ilustró.
No es la única: Diego de Mello, oriundo de Casarino, recordó cómo en su quinto año de escuela participó en una jornada de pintadas del mobiliario público. Él y sus compañeros pusieron brocha en mano y pintaron las dos paradas más cercanas al recinto educativo, acción que derramó solidaridad de otros actores locales. “Me acuerdo que no solamente fuimos nosotros pintando la parada, sino un vecino que se acercaba y como era temprano, nos traía un vaso de agua, el almacenero que nos traía alfajores, y cosas así”, compartió.
Mauro Saldivia, por su parte, contó que encontró refugio en la música muy tempranamente, y que eso lo llevó a dos hitos comunitarios diferentes, pero “entrelazados entre sí”. Saxofonista desde los seis años, hoy “multiinstrumentista y un par de cosas más”, remarcó cómo eso lo llevó a “conocer una cantidad de músicos” en “un momento que los vas a seguir viendo y cruzando toda la vida”. “Al fin y al cabo, aprendés de ellos y un par de años después estás tocando con ellos, o mismo dando clase o compartiendo con ellos”, notó. Algo similar le pasó con el mundo del carnaval: empezó en Carnaval de las Promesas y hoy va por su segundo año en el Concurso Oficial de Carnaval.
Dudas, cansancio y las preocupaciones de la juventud de cara al futuro
Consultados sobre los temas que cada uno de ellos conversa en los grupos que frecuentan, los entrevistados manifestaron una diversidad de preocupaciones de cara al futuro, que van desde cansancio a la duda.
Corbo dijo que, dentro de sus grupos de amigos, “todo va un poco” en torno a “lo que le pasa a Uruguay y lo que nos pasa como sociedad”. Agregó que percibe cierto “cansancio”, si bien dijo que mantiene la “esperanza” y “sus motivaciones siguen”. Sin perjuicio de ello, admitió sentirse por momentos “abrumada”, en particular al “volver a ciertos discursos” vinculados a los derechos de las mujeres, en los que continúan “envueltas”.
Por su parte, y en tanto estudiante universitaria próxima a recibirse, Lizarazú dijo que las principales discusiones que atañen a su círculo social se desarrollan alrededor de la vivienda y el trabajo. Acotó que las charlas en torno a este último tema son “recurrentes”, e incluso reveló que la preocupación es tal que ahorra desde los 16 años. Aun así, se mostró satisfecha ante el hecho de poder conversar con sus pares, “democratizando” las “estrategias” así como las “cosas” que piensan sobre el futuro, que tildó de “indispensable”.
Con respecto al percibido cansancio de los jóvenes traído a la mesa por Corbo, consideró que eso “responde a un sistema y paradigma de la información” en el que hoy por hoy es posible acceder “a todo lo que está pasando en el mundo”, como también a “la sensación de que tenemos que volver un poco a las raíces para ver cuáles son las cosas importantes”.
“En mi grupo estamos a veces craneando estrategias básicas y cotidianas como para no perder ciertas sensibilidades”, reveló. Y concluyó: “Ahí también está la chispita de ‘sí, estamos cansados, pero seguimos haciendo algo’, que tampoco sé si es cansancio, es como más bien que todo es abrumador”.
Si bien aclaró que los círculos que integra son “bastante distintos”, Saldivia encontró un símil en las palabras de Lizarazú sobre cierta “angustia” relacionada con circunstancias similares como el trabajo y el estudio. Mientras tanto, De Mello se refirió casi exclusivamente a dificultades propias de la búsqueda de espacios comunes en el día a día, lo que de cierta manera condiciona el relacionamiento. “Vernos, por lo menos, un rato más de lo habitual”, ilustró.
Radio, televisión y redes sociales: informarse para “no caer en la indiferencia”
En el encuentro, los entrevistados también intercambiaron sobre el vínculo que guardan con los medios de comunicación y cómo se mantienen informados. Saldivia manifestó un vínculo con la televisión como un medio de entretenimiento, más que informativo, algo que en su lugar atribuyó a las tecnologías de la información. “Creo que como otra herramienta, bien o mal utilizada, tenemos el celular”, evaluó.
Tampoco faltó mención a la radio: Lizarazú dijo tener presente “la voz del periodista” en sus primeros años, dado que era el medio que consumían sus padres cada mañana, si bien la televisión también “estuvo súper presente” durante su infancia. De todas maneras, también la asoció al entretenimiento, y agregó que empezó a informarse ya “más de adolescente”, cuando entendió que era algo necesario si iba a “participar de ciertas charlas” sin “quedar atrás en las conversaciones”. Destacó el rol de redes sociales como Youtube y X, hasta cierto punto, aunque reconoció que “cuesta mucho, después de haber consumido tanta boludez, decir: ‘Bueno, ahora le doy el espacio a la información de verdad’”.
También Corbo, que dijo que vivió toda su vida con la radio de fondo, expresó: “La realidad es que crecí con una familia que de repente consumía radio, televisión e informativo”, si bien, como Lizarazú, notó que le fue necesario informarse más. También problematizó el rol de las redes sociales, aunque llamó a “no demonizarlo”. “Siento que mi pensamiento termina super distorsionado en el algoritmo y los likes, en el discurso que otra persona da”, lamentó.
Contrario a los demás, De Mello identificó en la televisión el rol que quizás no tuvo para otros. Dijo haber “crecido” con el aparato, al punto de llegar de la escuela y pasar por el rito de ver el informativo con sus padres. De igual manera apuntó a X, una red social con la que guarda “una especie de relación amor-odio”, y dijo que esto lo lleva a “no caer en la indiferencia” y aunar esfuerzos para mantenerse informado, algo que Lizarazú compartió.
El vínculo entre lo colectivo y lo político y la necesidad de dialogar
¿Cómo conjugan estas realidades con el mundo de lo colectivo? Al respecto, Saldivia matizó que “cada círculo es como un mundo diferente”, por lo que el integrar múltiples lleva a formar “ciertas opiniones diferentes” y distintos grados de involucramiento, a veces “desde un lado que capaz socialmente no está más adecuado a la situación”, y que por momentos pasa por cierta indiferencia.
“Me pasa de formar parte de grupos que no es que estemos cerrados a ‘esto está salado y no lo vamos a seguir porque está salado’, si no que pasa más por decir: ‘Lo conversamos, nos afecta’, porque nos damos cuenta de cosas que pasan en la vida cotidiana que son repercusiones de muchas cosas que pasan en el mundo; pero dentro del margen del podemos o no podemos hacer algo”, sintetizó.
De Mello resaltó tanto el valor como la necesidad de “buscar distintas miradas para construir un conjunto” e ir más allá de las opiniones individuales. “No solo opinar, sino organizarse, pensar por qué es eso, discutirlo desde varios puntos”, caracterizó. Saldivia retomó la idea y notó cómo muchas veces “formar una opinión propia es escuchar y conocer opiniones ajenas” como “parte de estar seguro uno de si piensa lo que piensa”. “Para mí es esencial encontrar también grupos diferentes o personas diferentes que piensen cosas diferentes de forma sana, no extrema”, consideró.
Continuó Corbo, y dijo que eso es algo que la “define” a sus 20 años. Valoró como parte necesaria del proceso “darse cuenta que opinamos diferente, que hay una discusión”. “La Matilde que sale después de eso es una Matilde más segura de lo que piensa, con ganas de informarse, seguir discutiendo”, dijo, y llamó a pensar las cosas por fuera de una “dualidad blanco-negro, sino de, bueno, estar segura”. “Lo que me enriquece ahora es estar en un colectivo y, como lo que sucede, afecta, tener un espacio para discutirlo y para hablarlo, y poder convivir con estar conflictuada”, notó.
Ya sobre lo político, Lizarazú admitió su curiosidad frente a “determinadas cosas”, en el entendido de que “hay como un algo más global, un proceso de retroceso en algunos temas, sobre todo sociales; más allá de algunas salvedades y de que estamos en Uruguay, y acá medio que todavía estamos contenidos de algunas cosas”.
También llamó a trabajar en el relacionamiento con la realidad. Dijo que cree que hay “un gran debe” entre los movimientos, “sobre todo, pensando en colectivos de disidencia”, que entiende están “en una posición de estar respondiendo todo el tiempo a lo que está pasando, porque están pasando tantas cosas a la vez y de tantos temas, y no hay una sola disciplina que pueda responder a un problema concreto”.
“Y medio que o nos olvidamos o no hay espacio –eso no lo tengo todavía tan claro– de proponer, de volver a marcar agenda”, acusó, y evaluó que “de repente” es necesario “ir un poco más profundo para saber [...] qué están queriendo, capaz, estos sectores que ahora quedaron como más marginados”.
“Si yo no tuviese un otro para dialogar o para escuchar, para que me escuche, yo no sé si podría ser capaz, en esta sociedad o cualquiera, de que me afecten las cosas o que me interese algo”, por lo que lo tildó de necesario. Y concluyó, “aunque sea con personas que no piensen lo mismo; ese es mi motor, también”.