En mayo de 2025, Guillermo Valles Galmés terminó una carrera de 50 años en el servicio exterior. Tocó con todos: estuvo en Japón, China, Bélgica, Luxemburgo, Argentina y ocupó cargos en la Organización Mundial de Comercio. Su último destino fue la embajada uruguaya en Brasilia. La relación de Uruguay con Brasil es un tema que lo obsesiona: dice que hay una “tortícolis informativa” que nos lleva a mirar “esencialmente” hacia Buenos Aires, sin considerar lazos históricos que son profundos.
En varias oportunidades ha dicho que los uruguayos miramos poco hacia Brasil. ¿Cuál es su explicación?
Hay quien ha dicho que somos una cantidad de argentinos en territorio brasileño. Quizás no tenga sentido plantearlo de esa manera, pero como provocación funciona. Los uruguayos venimos de una cultura más hispana y Montevideo siempre estuvo más conectado con Buenos Aires que con Río de Janeiro, San Pablo o Brasilia. Además de la demografía y la geografía política, la lengua es otro factor determinante. También pesa que nuestra cultura es marcadamente más republicana, en contraste con un poder y una estructura de las élites que hasta finales del siglo XIX tuvo como referencia una base monárquica.
Mi cuestionamiento apunta a que en un mundo como el actual, de comunicaciones instantáneas y fáciles, no resulta provechosa esa especie de tortícolis informativa. Nosotros, cuando miramos hacia afuera, miramos esencialmente a Buenos Aires. Es lógico, no está ni bien ni mal. Pero en términos de influencia, sobre todo económica, resulta absurdo que no entendamos mejor cómo funciona Brasil. Somos una punta de lanza entre dos gigantes, pero ¿cuánto entendemos de uno y de otro? Eso sucede a pesar de que el peso económico de Brasil es cada vez mayor. Cuando uno mira los números, no hay discusión posible al respecto.
¿Cuál señalaría como número más impactante?
Brasil es nuestro segundo principal destino de exportación, después de China. Siempre fue primero o segundo a nivel global, pero es el primero en muchos rubros de exportaciones. Un ejemplo: en 2025 le vendimos a Argentina un 25% de lo que exportamos a Brasil.
Esa “tortícolis informativa” engloba todo Brasil, pero también nuestra frontera. En Montevideo sabemos poco de lo que pasa en Rivera-Livramento o en otros puntos de la frontera.
Es cierto, lo primero que desconocemos es nuestra propia frontera. Que no es pequeña, son unos 1.100 kilómetros, la misma distancia que hay entre Francia y Alemania. Pero la población en Uruguay siempre se concentró en el sur y en el litoral oeste. La concentración urbana en el sur es un reflejo de la potencia y el magnetismo de Buenos Aires. El noreste es una zona demográficamente mucho menos densa que la esquina de los ríos Uruguay y de la Plata. Creo que eso se explica por la historia de los puertos y su desarrollo. Fijate que históricamente la conexión con Porto Alegre se daba a través de los módulos de transporte fluvio-lacustres, por las lagunas Merín y de los Patos, pero eso cambió con el advenimiento del transporte carretero.
Alguna vez lo escuché enfatizar que nuestra relación con Brasil siempre ha estado mediada por Río Grande do Sul. ¿Por qué es un punto importante?
Nuestra interlocución con Brasil ha sido siempre más fácil cuando los presidentes son gaúchos. Pienso en João Goulart, Getúlio Vargas, Leonel Brizola; fueron períodos en los que las relaciones tendieron a intensificarse. Mirá esta anécdota: en diciembre de 1961, el presidente del Consejo de Administración, Eduardo Víctor Haedo, visitó de manera oficial Brasilia, que se había inaugurado un año antes. Viajó con el ministro de Transporte y Obras Públicas, Luis Giannatasio, y con el canciller Homero Martínez Montero; fueron primero a Porto Alegre y después a Brasilia. En ese momento el presidente ya era Goulart, porque Jânio Quadros había renunciado. Se vivía un contexto geopolítico de mucha tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética, con militares brasileños que miraban con mucho recelo el crecimiento de la izquierda y temían por una expansión de la revolución cubana al resto de América del Sur. El Che Guevara había estado en Uruguay en agosto y Haedo lo recibió en Punta del Este. En esa reunión conversaron mucho sobre geopolítica y el Che se fue desde ahí para Brasil. Entre otras cosas, la misión oficial uruguaya que fue a Brasilia pidió reimpulsar la conexión con Brasil por la Laguna Merín. ¿Sabés dónde estaba Goulart cuando renunció Quadros? En China, porque en esa época Mao Tse-Tung quería expandir el círculo de reconocimientos internacionales de Pekín como la verdadera capital china, en lugar de Taipei. Es tan fascinante la geopolítica. Los chinos habían invitado a Quadros, pero él decidió mandar a Goulart, que era su vicepresidente. En pleno viaje, Quadros presenta renuncia y se la aceptaron –él no quería eso–, y Goulart tuvo que volver de apuro. ¿Sabés por dónde volvió a Brasil? Viajó a París, después a Nueva York y bajó hasta Montevideo. Fijate si estarán mezcladas nuestras historias. En Montevideo se reunió con Tancredo Neves, que luego sería su primer ministro. Había una idea de que Neves era un nombre más tolerable para el sector militar. Esto fue en agosto de 1961 y Goulart asumió la presidencia en setiembre. Nuestro país tuvo mucho protagonismo en estos momentos clave de la historia de Brasil.
¿Por qué destaca todos estos acontecimientos?
Lo que quiero ilustrar es que en esa época Uruguay miraba más hacia Brasil, pero ellos también nos miraban más a nosotros. O sea que no siempre existió esa mirada “con tortícolis”. Eso también pasaba porque nosotros representábamos otra cosa. Por otra parte, el peso político de Rio Grande do Sul en Brasil también ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Hoy los centros de poder en Brasil han cambiado.
¿Cuáles son hoy los principales centros de poder en Brasil?
Además del crecimiento económico, un gran cambio que experimentó Brasil es el fuerte desarrollo de la minería y de la agricultura. El desarrollo costero de Brasil se trasladó hacia el interior del país, hacia el Cerrado, ha sido una revolución de la agricultura tropical. Un dato para graficarlo: actualmente, los estados de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul exportan más granos que toda la Argentina. Esa explosión de la producción se dio en este primer cuarto del siglo XXI. Es un fenómeno “nuevo”, entre comillas, que sucede acá cerca, pero que desde Uruguay miramos poco. ¿Qué significa que Brasil se haya convertido en el primer exportador neto de alimentos para el mundo? ¿Qué significa para el desarrollo de China y el sudeste asiático? Es un factor geopolítico mayor, ya sin comillas de ningún tipo. Todo esto cambió la representación del poder dentro de Brasil. Nunca advertí que desde Uruguay estuviéramos siguiendo ese proceso de cerca, más allá de algunos centros académicos o personas específicas.
Hace algunos años, si un presidente de Uruguay viajaba a Brasil, tenía como obligatoria la reunión con la Federación de las Industrias del Estado de Sao Paulo (FIESP). ¿Dejó de ser un poder tan hegemónico?
Eso ha cambiado radicalmente debido a los cambios que recién contaba. En términos relativos, los centros de poder han cambiado. Ponía recién los ejemplos de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, pero pasó lo mismo en Goiânia, capital del estado de Goiás, que vivió un boom de los oleaginosos. Estos cambios “tectónicos” en el territorio brasileño han pasado inadvertidos para Uruguay. La FIESP sigue siendo la FIESP, pero su control y su influencia sobre los estamentos de gobiernos ya no son tales. Hoy está siendo fuertemente disputada por otras representaciones. Es un debate muy actual, porque estas representaciones se trasladan luego a los electorados que disputan el bolsonarismo y el Partido de los Trabajadores (PT).
¿Cómo analiza la posición de Lula ante este escenario?
Lula es un sindicalista metalúrgico que hizo su carrera sindical en San Pablo. Es hijo de la industria metalúrgica y suburbana de Brasil. Pero ahora tenemos otro poder: el agronegocio. Bolsonaro no proviene ciertamente de ese sector, pero es quien mejor lo representó durante su gobierno. O se podría decir que se capturaron mutuamente. La palabra correcta es agronegocio, que es algo diferente al ruralismo extensivo del sur de Brasil. Es la industria agroexportadora, intensiva por naturaleza.
Siguiendo con nuestra “tortícolis rioplatense”: sería algo más parecido al empresario argentino Gustavo Grobocopatel que a la Asociación Rural.
Podría ser. O por lo menos una síntesis de ambas. Ellos están nucleados en la Confederación de Agricultura y Ganadería de Brasil (CNA), que es la impulsora de las medidas antidumping contra la leche en polvo de Uruguay. Es un gran problema para nuestro país, pero en clave brasileña hay que interpretarlo también como una puja por la representación de los intereses de un sector, algo que se agudiza en un año electoral. Siempre digo que cuando se juntan cuatro cosas, nosotros como Uruguay seguramente marchemos: baja de los precios internacionales de la leche, baja de los ingresos a los pequeños productores lecheros de Brasil (en particular los más ineficientes), suba de los precios de los insumos y año electoral. Cuando esos cuatro factores se juntan, marchó Uruguay. Porque se necesita un chivo expiatorio y lo que hay detrás es una puja política. “Pará que yo te defiendo, necesito tu voto”. Porque la CNA quizás tenga cierta afinidad con la dinámica de Uruguay, pero también necesita configurar una escenario como este para que esos votos no se vayan a otro lado. Esas dinámicas están en juego y nosotros terminamos pagando el pato.
¿Ve a la cancillería atenta a estos fenómenos?
Muy atenta, me consta. Y también al presidente. A los cinco días de ser electo, Yamandú Orsi fue a visitar a Lula y hablaron del tema. Fue una decisión atinada. En una reunión en la embajada se habló sobre este tema [las medidas antidumping contra Uruguay] y se planteó con la gravedad que tiene. Se le transmitió al gobierno de Brasil que esto significaba un problema para el Mercosur; también ante parlamentarios, gobernadores, ministros, gremiales. Es interesante comprender cómo dos centros de poder, sin realmente quererlo, pueden llegar a generarle un gran daño a Uruguay: la CNA, que es más conservadora pero cercana al sector agroindustrial uruguayo y que comparte nuestro espíritu aperturista en lo comercial, y el gobierno, liderado por una coalición de izquierda cercana al Frente Amplio [FA]. Son dos polos de poder importantes, que sin querer dañan a Uruguay. Pero repito, para entender las razones de fondo, hay que entender mucho más a Brasil.
La relación con Mujica
“Yo estaba en Ginebra y José Mujica vino como ministro de Ganadería a una reunión de la Organización Mundial del Comercio. Me impactó su pragmatismo y su rapidez para entender qué se ponía en juego durante las negociaciones de la fracasada Ronda de Doha. Brasil, con Celso Amorim a la cabeza, quería armar una gran coalición en defensa de los intereses agrícolas de los países en desarrollo, o sea, India, China, Egipto, los países del Mercosur. Los objetivos geopolíticos eran tan determinados que no guardaban mucha relación con nuestros intereses concretos. ¿Qué intereses comunes podíamos tener con China? China es comprador nuestro, la India era competidor nato. En un momento, Mujica me mira y me dice: “Valles, no entiendo nada. ¿Qué hago sentado acá?”. Pasó como una hora y estamos ahí aburridos, porque eran intereses que no eran convergentes. Entonces le digo: “ministro, me llamó el ministro de Agricultura de Nueva Zelanda, que quiere reunirse con nosotros”. Era un crack, un productor ovino, y Mujica agarró volando. Nos fuimos a la embajada y terminamos a la medianoche la reunión, porque teníamos mucho más para hablar ahí, había intereses comunes. Hago el cuento porque Mujica era un hombre muy pragmático, que priorizaba los intereses del país. Lo natural, por cuestiones políticas, era estar al lado de Celso Amorim, pero él sabía que los intereses del país estaban más alineados con lo que se podía hablar con los neozelandeses”.
¿La sintonía política entre el PT y el FA podría ayudar a resolver este problema que afectaría a la producción láctea de Uruguay?
No siempre pasa eso, porque es más fácil echarle la culpa a un tercero de afuera que asumir el problema. El problema de Brasil con la leche en polvo es el mismo problema que ha tenido Uruguay: tecnificación, abandono de tambos, migración rural. En Uruguay implicó mucho sacrificio enfrentar esa situación. Imaginate lo que eso significa a escala de Brasil, que es el cuarto mayor productor mundial de leche, con más de 1,1 millones de productores remitentes, de los cuales dos tercios no son competitivos. La transformación social, industrial y de inversión que deberían hacer es monstruosa, y todavía no la han hecho. La hicieron con la agroindustria y la forestación, pero no con la producción lechera (donde es mucho más difícil). Son decenas de miles de productores ineficientes, es una producción de sobrevivencia, sobre todo en el norte y en el nordeste de Brasil. Esto también se desconoce en Uruguay. Y sí será relevante comprenderlo: a Brasil le vendemos el 25% de nuestra producción láctea, sobre todo leche en polvo.
¿Qué otro centro de poder de Brasil está poco visibilizado desde Uruguay?
Hace tiempo que no veo una visita de Estado a Brasil. Alguien puede decir: “Guillermo, no seas antiguo”. Yo creo que una visita programada con tiempo, preparada colectivamente, tiene otro valor simbólico. Una visita que incluya determinados estados. ¿Estamos haciendo un seguimiento sobre cómo funcionan los diferentes estados de Brasil? ¿Cuántas veces el empresariado uruguayo o Uruguay XXI han visitado Mato Grosso, Mato Grosso do Sul o Goiás? Nombro esos tres, pero podrían ser otros. Una cosa es ir a Florianópolis en Turismo y otra cosa es conocer Santa Catarina. Nuestro conocimiento sobre Brasil es turístico y costero. ¿Cómo nos vinculamos mejor con Embrapa [Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria]? Es la gran usina brasileña de investigación y tecnología agropecuaria. Tenemos proyectos, hay visitas, el INIA [Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria] tiene contactos con Embrapa. Pero hablo de relaciones intrínsecas, relaciones de poner un foco común. También deberíamos saber más sobre qué está pasando en Brasil con el desarrollo portuario.
Los proyectos para la hidrovía en Laguna Merín
Recién dijo que la delegación uruguaya que visitó Brasilia en 1961 planteó la importancia del transporte fluvial por Laguna Merín. ¿Por qué llevó tanto tiempo concretar la idea?
Seguramente haya muchas razones. La Comisión Mixta de Laguna Merín se creó en 1963 y originalmente se privilegiaron, con toda lógica, los usos múltiples del agua: control de las inundaciones y aprovechamiento desde el punto de vista agronómico, para evitar la salinización del canal de San Basualdo y de la Laguna Merín. El foco estuvo en la agricultura. No en vano estos proyectos fueron impulsados desde un macroproyecto de la FAO [Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura]. Se trataba de un manejo sustentable de las aguas para permitir la producción de una de las mayores producciones mundiales de arroz en torno a esa cuenca. Uruguay se benefició con eso. En paralelo, se desarrollaron las vías terrestres y no se privilegió la opción del transporte fluvial. Hasta que en 2012 se firmó un acuerdo binacional para la explotación de la navegación.
¿Hay ahora alguna posibilidad de concretar?
Desde ya, hoy estamos en un punto al que nunca habíamos llegado. Brasil adjudicó la licitación para el dragado y el balizamiento de la Laguna Merín. El canal natural existe, las obras son para el sangrador del canal, San Gonzalo, en el norte de la laguna.
¿Qué puede significar esta obra para Treinta y Tres y Cerro Largo?
Esto significa una gran oportunidad para el desarrollo del este y el noreste del país. Punto. Con esto puede cambiar la matriz productiva del país y significa un cambio de paradigma: en Uruguay siempre pensamos que nuestra producción tiene que salir por puertos uruguayos. A tal punto que existieron muchos proyectos para construir un puerto de aguas profundas en La Paloma. ¿Cuánto costaría un proyecto de ese tipo? Se estima que unos 2.000 millones de dólares. Yo me pregunto: ¿la Laguna Merín no tiene salida al Atlántico a través de un puerto magnífico como Rio Grande? Si yo hago un círculo con centro en Melo y mido las distancias por vía fluvial y lacustre, estamos a 220 kilómetros de Rio Grande. Es uno de los puertos más importantes de Brasil, con 14,5 metros de profundidad. No muchos lo tienen en cuenta, pero Pelotas también es un puerto. Por carretera, de Melo hasta Montevideo son más de 400 kilómetros, el doble de distancia. Y serían vías de transporte con mucha menor huella de carbono y, sobre todo, mucho más baratas. También sería una posibilidad para potenciar las tierras de esta región. No son tierras como las del litoral, pero el Ministerio de Ganadería las califica como aptas o muy aptas para la agricultura. En estos departamentos hay zonas que hoy están siendo legítimamente explotadas, pero con ganadería extensiva o forestación, cuando podrían ser explotadas para agricultura. Los cálculos optimistas señalan que hay un millón de hectáreas que podrían convertirse a la agricultura; otros hablan de 750.000 hectáreas. Esto significa una actividad económica como la que tenemos en el litoral, trasladada hacia la frontera con Brasil. Revitalizaríamos una zona de nuestro país, como una especie de Paraguay, dándole salida al mar. Es un territorio con enorme potencialidad, que no ha sido desarrollado por estos problemas de infraestructura en el transporte. Y por nuestra tortícolis.
La figura de Lacarte Muró
“Julio Lacarte Muró fue un gran uruguayo, tal vez el mejor diplomático que tuvo el país. Un verdadero maestro. En 1946, con menos de 30 años, fue secretario en la conferencia sobre comercio y empleo en La Habana; fue uno de los constructores del GATT, la OMC y el sistema de solución de diferencias. Ayudó a la reconstrucción del mundo de posguerra, pero siempre poniendo por delante los intereses uruguayos. Fue un gran obrero del sistema internacional y al mismo tiempo un gran defensor de los intereses uruguayos. Demostró que no son cosas contradictorias. Nos unía el afecto y un profundo resquemor a que nos digan que somos un país pequeño”.
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