“¡Vamo Uruguay!”, gritó un señor desde una camioneta blanca, quizás embebido por la euforia mundialista, al ver flamear la bandera uruguaya que sostenía un muchacho en la plaza Independencia en la tarde de este martes. Hasta allí se acercaron una veintena de personas en el marco de Uruguay Se Manifiesta, un movimiento que se define –según la proclama que se daba para firmar entre los presentes– como “autoconvocado, apartidario e independiente”, por “la defensa de las libertades, la transparencia institucional y el bienestar de quienes viven, trabajan y contribuyen honradamente al desarrollo de Uruguay”.
En el piso de la plaza estaban dispuestas varias pancartas, que se podían tomar a gusto, como si fuera un tenedor libre de consignas. Algunas decían “gobierno ausente”, “gobierno vendepatria”, “no al doble discurso”, “no a Casupá”, “basta de impuestos”, y así. En una palmera había un cartel pegado, mirando hacia la Torre Ejecutiva, dedicado al presidente de la República: “Orsi: ocupate o renunciá”.
Guillermo Colina, que publica videos en Tiktok sobre cuestiones coyunturales, afirmó que Uruguay Se Manifiesta “solo representa a la gente común y corriente”. Señaló que la suba del precio de los combustibles los motivó a movilizarse, así como “la inseguridad que hay”. Dijo que vive en la Curva de Maroñas y que lo quisieron robar, y resaltó que los manifestantes no iban a cruzar hacia la Torre Ejecutiva “para que no sea confrontativo”. “Que esto sea pacífico: ellos en su lugar, nosotros en el nuestro”, apuntó. Y agregó que “se necesita un verdadero cambio” porque saben que el país “está siendo mal administrado”.
Dijo que para atacar la inseguridad se podría, “en vez de abrir tantas cárceles, abrir una y ponerla para la gente que vive en la calle”. “O sea, se puede dividir: a la gente que vive en la calle, ponerla como en un hogar, y a la otra, como en un centro de rehabilitación. Entonces, vas levantando a toda la gente que consume y ya estás eliminando la venta de droga. Es algo muy sencillo, que se puede hacer”, señaló. Por último, dijo que “la gran mayoría de los que están en la calle son adictos, y están siempre a la expectativa de una reja abierta, un cable que se puedan llevar o un auto mal estacionado”.
A su vez, una señora señaló que estaban reclamando sobre todo por la inseguridad y “por la basura en los barrios, que no se puede más”, así como también por “la falta de iluminación”. “Yo iba a trabajar y me pusieron un revólver en la cabeza y me robaron lo que tenía: el celular y los documentos”, contó, y dijo que la forma para mejorar la seguridad es “cambiando al ministro” del Interior, Carlos Negro. La señora también recalcó que es apolítica, y adelantó que en las elecciones siguientes no votará a nadie porque no la convence ninguno. “Para votar lo que se presenta hoy, ninguno; anulado”, expresó.
La proclama que firmaron los presentes tenía 14 puntos. El primero reclamaba justamente por la seguridad pública y marcaba “la creciente preocupación de los ciudadanos con respecto a la inseguridad y la necesidad de fortalecer las políticas de prevención, combate al delito y protección efectiva de las personas y sus bienes”. El segundo punto estaba relacionado con el “costo de vida y presión económica”, debido al “aumento sostenido del costo de vida, el incremento de combustibles y otros costos que repercuten directamente en los precios de bienes y servicios esenciales para las familias uruguayas”.
En la proclama también se reclamó por el “poder adquisitivo de trabajadores, jubilados y pensionistas”. “La pérdida de capacidad de compra de amplios sectores de la población frente al aumento de los precios, generando dificultades crecientes para cubrir necesidades básicas”. Otro de los puntos de la proclama –que fue leída por una señora, micrófono en mano, conectado a un petit parlante– versaba sobre “la necesidad de promover soluciones habitacionales que permitan a más familias acceder a una vivienda digna y adecuada”.
En un momento, tres blandengues cruzaron hacia la plaza Independencia para el evento protocolar diario de bajar el pabellón nacional. La misma señora que unos minutos después iba a leer la proclama, que andaba corneta en mano y la hacía sonar de vez en cuando, dijo, sobre los tres militares: “Pensé que venían a vernos a nosotros”, y se rio.