A las 7.00, la luz azul de las pantallas ilumina los rostros de decenas de jóvenes que caminan hacia las aulas o viajan en ómnibus por las calles de Rivera. En la era del algoritmo, el teléfono móvil se usa para casi todo: chatear en Whatsapp, mirar reels en Instagram, estudiar o pedirle a ChatGPT que resuelva una duda en segundos.
Esa misma paradoja fue la que impulsó a un grupo de estudiantes del Liceo N 6 Carmen Andrés de Rivera a poner en marcha el proyecto Charruacybers. La pregunta era simple: ¿qué tan seguros navegamos realmente en la frontera?
El equipo, integrado por los estudiantes Santiago Rubio, Carlos Portuguez y Álvaro Boné, junto a la docente orientadora Paola Meneses, tomó como impulso su participación en el Club de Ciencias (categoría Churrinche, área de Ciencias Sociales), representando a su centro educativo con una investigación de fuerte impacto local.
Durante meses, el equipo combinó la rigurosidad estadística con el trabajo de campo. El primer paso consistió en desmenuzar las “letras chicas” de las políticas de privacidad en las plataformas líderes del mercado: Whatsapp e Instagram.
Mientras Whatsapp asegura el cifrado de extremo a extremo en sus mensajes, no duda en recopilar la dirección IP, lista de contactos, datos del dispositivo y la ubicación del usuario para compartirlos con la empresa Meta. Por su parte, Instagram financia su modelo de negocio mediante publicidad personalizada alimentada por cada me gusta, interacción e interés publicado.
Lo más revelador de este análisis fue comprobar que los textos legales y condiciones de uso de ambas aplicaciones ocultan o no explicitan mecanismos cruciales de protección, como la verificación en dos pasos o el cifrado en la mensajería directo, relegándolos a páginas secundarias de ayuda que casi ningún usuario consulta.
Posteriormente, el relevamiento aplicado a estudiantes de los Planes 2009 y 2012, así como a docentes del centro educativo, confirmó algunas hipótesis. 88,9% de los encuestados pasa varias horas al día conectado a internet, con un claro dominio de plataformas como Whatsapp (78,9%), Instagram (72,2%) y TikTok (33,3%). “Pero al indagar en las defensas digitales, la coraza se desmorona rápidamente”, aseguró la profesora Paola Meneses. Apenas 54,4% de los participantes comprende con claridad el término “ciberseguridad” y un 76% de las personas admite reutilizar su contraseña siempre o algunas veces en múltiples servicios, muestra el estudio.
El equipo de Charruacybers coincidió que “es el equivalente a usar la misma llave para abrir la casa, el auto, el cajero automático y el casillero de la biblioteca. A esto se suma que solo un 58,9% cuenta con la verificación en dos pasos activada en sus cuentas, dejando al resto a merced de hackeos, phishing o estafas digitales”.
“Existe una brecha clara entre el uso intensivo de la tecnología y la adopción de medidas mínimas de seguridad”, advierten en sus conclusiones los jóvenes investigadores. Una brecha que la ingeniería social y los ciberdelincuentes aprovechan a diario mediante la suplantación de identidad y el fraude, explicó la profesora Paola Meneses ala diaria.
IA cotidiana: entre fascinación, deepfakes y la transformación laboral
El estudio de Charrúacyber no se detuvo en las redes sociales. En un contexto donde la Inteligencia Artificial (IA) irrumpió con fuerza en las rutinas académicas y laborales, el proyecto indagó sobre su adopción mediante encuestas y entrevistas en profundidad.
El resultado reflejó una adopción casi total considerando que 88,9% de la comunidad liceal utiliza herramientas de IA, un ecosistema liderado ampliamente por ChatGPT (85,6%) y Gemini (53,3%), seguidos a menor escala por Meta AI (18,9%) y Copilot (5,6%).
Los estudiantes emplean estos sistemas principalmente para crear imágenes (62,2%), buscar información (58,9%) y apoyar sus actividades de estudio (52,2%). Sin embargo, este uso masivo viene acompañado de grandes interrogantes éticas y operativas.
El equipo de alumnos y docente anunciaron la urgencia de construir una mirada crítica sobre estas herramientas.
“La inteligencia artificial está transformando la forma de trabajar, pero su uso irresponsable o sin conocimientos expone a las personas a riesgos serios como los deepfakes, la desinformación masiva y la entrega involuntaria de datos personales sensibles”, explicaba el equipo a la diaria.
Esta visión reflexiva sobre el futuro tecnológico coincide con la percepción de la propia comunidad escolar: el 75,6% de los encuestados coincide en que la IA transformará los empleos en los próximos años. Pese a la incertidumbre que esto genera, un 56,7% evalúa su impacto global como mayoritariamente positivo, planteando la necesidad imperiosa de desarrollar nuevas competencias y habilidades adaptativas desde la educación secundaria.
La misión comunitaria del Club de Ciencias
Charrúacyber nació en un salón de clases, pero su meta última es la comunidad. Para complementar la investigación, el equipo coordinó una visita técnica al Departamento de Inteligencia Artificial de la UTEC, donde interactuaron con especialistas en control, automática y ciberseguridad sobre dilemas éticos y protección de datos.
Además, el proyecto agendó instancias de formación directa con la Policía Comunitaria para abordar la prevención de delitos de alto impacto en adolescentes, tales como el grooming, la sextorsión, las estafas virtuales y las manipulaciones mediáticas asociadas a la identidad digital. “La ciberseguridad y el juicio crítico frente a la inteligencia artificial no son asignaturas pendientes para el futuro ni temas exclusivos de ingenieros informáticos”, aseguran.
A partir de estos hallazgos, el equipo de estudiantes junto a su tutora, asumieron un rol activo como educadores pares u orientadores.
Hoy ya han preparado y dictado talleres interactivos de ciberseguridad e inteligencia artificial dirigidos a estudiantes del Liceo 1 Departamental de Rivera y el Liceo 1 de Tranqueras, publican materiales de interés en sus redes y están a las órdenes para charlas informativas.