En Salto, la Cooperativa de Vivienda de la Comunidad LGBT+ continúa avanzando en un proyecto que busca transformar una necesidad concreta en una oportunidad colectiva: acceder a una vivienda digna. Con la firma del contrato con el Instituto de Asistencia Técnica (IAT) ya concretada, el grupo se prepara para dar un nuevo paso en su formalización: la obtención de la personería jurídica, prevista, según las estimaciones actuales, para dentro de aproximadamente un mes.
En diálogo con la diaria, Alexa Pereira, presidenta y fundadora de la cooperativa, destacó la importancia de los avances alcanzados y el trabajo que hay detrás de una iniciativa que apuesta a la organización colectiva como herramienta para ampliar derechos y generar oportunidades.
La firma del contrato con el IAT constituye uno de los hitos más importantes de esta etapa, ya que permite seguir desarrollando el proyecto cooperativo y avanzar hacia el objetivo de construir viviendas para sus integrantes. El próximo paso será obtener la personería jurídica, un logro que marcará un momento significativo en la consolidación de la organización.
Pero el camino recorrido hasta ahora no se limita a los trámites y las gestiones institucionales. Detrás de cada avance hay meses de reuniones, aprendizaje, organización y compromiso compartido, explicó. En ese proceso, Pereira destacó la conformación del grupo humano que sostiene la iniciativa. Se trata de personas que, con responsabilidad, perseverancia y solidaridad, trabajan para hacer realidad un proyecto común.
La cooperativa surgió de la necesidad de generar alternativas para el acceso a la vivienda de personas de la comunidad LGBT+, e incorpora también a madres y jefas de hogar que enfrentan dificultades para acceder a una vivienda propia.
La propuesta parte de una convicción: explicó que el derecho a una vivienda digna debe ser una posibilidad real para todas las personas, independientemente de su identidad de género, orientación sexual o situación familiar.
En ese sentido, la iniciativa que impulsa Pereira busca dar respuesta a una problemática habitacional, pero también construir un espacio de pertenencia, acompañamiento y solidaridad. La apuesta va más allá de conseguir un techo propio: supone fortalecer los vínculos entre sus integrantes, generar redes de apoyo y demostrar que la organización colectiva puede abrir caminos frente a dificultades que muchas veces se afrontan en soledad.
Desde su creación, quienes integran la cooperativa han asumido, además, el desafío de formarse en los principios del cooperativismo. La participación democrática, la autogestión, la ayuda mutua y la responsabilidad compartida son pilares de un proceso que requiere tanto compromiso individual como trabajo colectivo.
El acompañamiento del movimiento cooperativo y de las instituciones vinculadas al proyecto también ha sido importante para consolidar sus bases y sostener los avances en el departamento.
Con el contrato con el IAT firmado y la personería jurídica cada vez más cerca, la Cooperativa de Vivienda de la Comunidad LGBT+ de Salto continúa dando pasos hacia su objetivo.
Para sus integrantes, el desafío no consiste únicamente en construir viviendas, sino también en generar oportunidades, fortalecer la inclusión y reivindicar el acceso a una vida digna. Un proyecto que nació de una necesidad y que, a través de la organización y la solidaridad, busca convertir un sueño compartido en una realidad.