En el marco de las actividades de sensibilización del Octubre Rosa, la Clínica Doctor Germán Amorím organizó en el Centro Comercial e Industrial de Salto una conferencia denominada “Cuidar en equipo, cuando una enfermedad llega a la familia, cuidar es tarea de todos”, a cargo del psicólogo Erik Ibarra.
La propuesta surgió a partir de su trabajo final de grado, centrado en la oncología y el impacto del diagnóstico de cáncer en el entorno familiar. La experiencia le permitió profundizar en una perspectiva que busca trascender la atención individual del paciente para incorporar a familiares, amigos y cuidadores como parte fundamental del proceso.
Ibarra explicó a la diaria que la combinación de la psicología sistémica y la psico-oncología “permite ampliar la mirada sobre la enfermedad, considerando tanto sus dimensiones biológicas y médicas como sus repercusiones emocionales, familiares y sociales. El sostén familiar y las redes de apoyo son una parte clave, crucial y fundamental de todos los tratamientos”, sostuvo.
En ese sentido, advirtió que “afrontar una enfermedad de estas características resulta más difícil cuando el paciente no cuenta con un entorno favorable”.
Uno de los principales objetivos de la conferencia fue “aportar herramientas para distribuir las responsabilidades del cuidado y evitar que toda la carga recaiga sobre una sola persona”.
El psicólogo señaló que “cuando un familiar asume de manera exclusiva el acompañamiento del paciente, la exigencia sostenida puede provocar un desgaste físico y emocional importante. Si esa situación se prolonga o alcanza una intensidad elevada, pueden aparecer síntomas asociados al denominado síndrome del cuidador quemado”.
Frente a esta realidad, planteó “la necesidad de reconocer y fortalecer los recursos disponibles dentro de cada familia, así como las emociones, los sentimientos y las cualidades humanas que contribuyen a sostener el cuidado”. La intención es que “las familias puedan identificar situaciones en las que es posible mejorar y organizar sus recursos para afrontar colectivamente una realidad inesperada”.
Ibarra señaló que “el diagnóstico de cáncer suele irrumpir en la vida familiar sin previo aviso y obliga a reorganizar las dinámicas cotidianas”. Por eso, consideró necesario “generar espacios de información e intercambio que permitan hablar de cuestiones que muchas veces se evitan”.
Aunque la conferencia estuvo centrada en el cáncer, Ibarra explicó que “los conceptos abordados también pueden aplicarse a otras enfermedades y situaciones complejas”. La psicología sistémica “estudia las relaciones, la comunicación y las interacciones dentro de la familia, entendida como un sistema que se vincula con otros ámbitos de la vida”.
La psico-oncología, en cambio, “incorpora las particularidades que supone atravesar un diagnóstico de cáncer, una enfermedad que no solo involucra aspectos biológicos, sino también representaciones sociales, temores y experiencias personales”.
En ese contexto, el profesional señaló que “cada integrante de una familia vive el diagnóstico de una manera diferente”. Por esa razón, se habla de la familia como un “segundo paciente”, ya que la enfermedad de uno de sus miembros repercute en el conjunto y modifica los vínculos y las rutinas.
El testimonio de quienes atraviesan la enfermedad
La instancia también permitió que los participantes compartieran experiencias y plantearan inquietudes. Entre las intervenciones, Ibarra destacó “el testimonio de una mujer que había atravesado un proceso oncológico y expuso las dificultades que enfrentó durante ese recorrido”.
Según relató, “su intervención puso de manifiesto carencias en el acompañamiento y la necesidad de contar con más herramientas para afrontar estas situaciones, tanto desde los equipos de salud como desde la comunidad”.
El psicólogo consideró que “estas experiencias ayudan a visibilizar problemas que pueden quedar relegados cuando la atención se concentra exclusivamente en el paciente”.
Además de las consecuencias médicas y familiares, “el cáncer puede generar dificultades económicas y comunitarias que requieren respuestas más amplias”. En ese sentido, valoró “los espacios de intercambio como oportunidades para escuchar a quienes viven estas experiencias y reconocer necesidades que no siempre resultan visibles”.
Ibarra hizo hincapié en “la importancia de potenciar los momentos libres de enfermedad, es decir, aquellos espacios en los que la persona pueda concentrarse en otras dimensiones de su vida y no tenga que pensar permanentemente en el diagnóstico y sus consecuencias”.
Como parte de esa propuesta, la actividad contó con la participación artística de Mercedes Dita Carbone, cuya intervención permitió vincular el arte con los procesos terapéuticos y el acompañamiento emocional.
Para el psicólogo, “las expresiones artísticas pueden ofrecer una vía para exteriorizar sentimientos, sensaciones y experiencias que, en ocasiones, resultan difíciles de expresar mediante palabras”. El arte puede convertirse así “en un espacio para proyectar lo vivido y encontrar otras formas de procesar las emociones”.
La propuesta de Ibarra apunta, en definitiva, a comprender que cuidar no significa únicamente atender las necesidades médicas de una persona. “También implica acompañar, distribuir responsabilidades, fortalecer los vínculos y preservar espacios de bienestar para el paciente y quienes transitan la enfermedad a su lado”, concluyó.