La salud mental y la prevención del suicidio sumaron un nuevo respaldo institucional en Salto. En sesión extraordinaria, la Junta Departamental declaró de interés departamental el Plan Departamental de Salud Mental y la Mesa de Prevención del Suicidio, una articulación que reúne a organismos públicos, la intendencia, instituciones educativas, prestadores de salud y organizaciones sociales con el objetivo de coordinar acciones de prevención, promoción y acompañamiento en el territorio.
La red está integrada por actores como el Ministerio de Salud Pública (MSP), ASSE, la Universidad de la República, la Universidad Católica del Uruguay, ANEP, UTU, INAU, Mides, Inefop, la Jefatura de Policía y diversas organizaciones comunitarias, entre otras.
El reconocimiento del Plan Departamental de Salud Mental y Drogas como de interés departamental por parte de la Junta de Salto fue definido por la coordinadora del equipo de diseño del plan del MSP, Valeria Peyró, como “un paso histórico” para el departamento. Durante su intervención, sostuvo que la declaración trasciende el plano institucional y representa “el compromiso colectivo de asumir que la salud mental es un derecho humano fundamental y una responsabilidad compartida entre el Estado, las instituciones y la comunidad”.
Peyró explicó que el plan es el resultado de más de un año de trabajo territorial, durante el cual se realizaron recorridas por barrios, localidades rurales e instituciones educativas y sociales. Además, se mantuvieron encuentros con prestadores públicos y privados de salud, organismos estatales, universidades, organizaciones sociales y vecinos. “Este plan nace desde la escucha”, resumió.
Según señaló, el reconocimiento aprobado por la Junta no pertenece únicamente al equipo técnico que impulsó la iniciativa, sino también a quienes participaron en el proceso de construcción colectiva.
Mencionó especialmente a docentes que plantearon la necesidad de contar con herramientas para acompañar a sus estudiantes, familias atravesadas por consumos problemáticos, adolescentes y jóvenes afectados por situaciones de bullying y discriminación étnico-racial, trabajadores rurales afectados por las pérdidas productivas, policías, mujeres que sostienen solas la crianza de sus hijos, personas víctimas de violencia y trabajadores que diariamente acompañan a otros en situaciones de sufrimiento. “La salud mental atraviesa la vida cotidiana de nuestra comunidad. No distingue edades, profesiones ni territorios. Habita nuestras escuelas, nuestros lugares de trabajo, nuestras familias y nuestros barrios”, afirmó.
Peyró destacó algunos de los principales resultados del diagnóstico participativo que dio origen al plan. Más del 70% de las personas consultadas manifestó haber vivido de manera personal o cercana alguna situación vinculada a la salud mental; el 91,5% consideró necesario hablar con mayor apertura sobre el suicidio y el 82,9% identificó el consumo problemático de alcohol y otras drogas como uno de los problemas más graves de la comunidad.
No obstante, advirtió que muchas personas todavía desconocen dónde buscar ayuda o cómo actuar cuando alguien cercano atraviesa una situación de sufrimiento psíquico.
La coordinadora sostuvo que el estudio también dejó una conclusión central: la salud mental no comienza en el consultorio. “Empieza mucho antes”, dijo, aludiendo al acceso a un trabajo digno, a la posibilidad de construir vínculos, al sentido de pertenencia comunitaria y a la existencia de instituciones capaces de responder a tiempo.
En ese sentido, señaló que el relevamiento recogió preocupaciones vinculadas a las demoras para acceder a la atención, el desempleo, la precariedad laboral, la soledad de las personas mayores, el sufrimiento silencioso de adolescentes y jóvenes y el estigma que todavía rodea a los problemas de salud mental.
Cinco ejes para una política departamental
Pese a ese escenario, Peyró afirmó que Salto cuenta con importantes fortalezas para desarrollar una política pública en la materia. Destacó el compromiso de las instituciones, la capacidad técnica de los equipos de trabajo, la presencia de organizaciones sociales activas y el aporte de las universidades.
Sobre esa base, indicó que el plan propone construir un modelo departamental sustentado en cinco principios: garantizar una salud mental accesible, cercana y descentralizada; priorizar la promoción y la prevención desde la infancia; fortalecer comunidades más solidarias y menos estigmatizantes; consolidar el trabajo interinstitucional y comunitario, y abordar los determinantes sociales que inciden en la salud mental.
También planteó que uno de los principales desafíos será mejorar la accesibilidad a los servicios, especialmente para quienes viven en zonas rurales o enfrentan mayores desigualdades sociales. “No alcanza con que existan servicios si no llegan oportunamente a quienes los necesitan”, sostuvo.
Para la psicóloga, otra condición indispensable será abandonar las respuestas fragmentadas. “Ninguna institución, por sí sola, puede dar respuesta al sufrimiento humano”, afirmó, y llamó a fortalecer la articulación entre salud, educación, cultura, deporte, desarrollo social y organizaciones comunitarias para construir “una verdadera red departamental de cuidados”.
Transformar el dolor en cuidado
En el tramo final de su exposición, Peyró destacó que el diagnóstico mostró una comunidad dispuesta a involucrarse. “Los jóvenes quieren ser escuchados, los docentes desean capacitarse, las familias reclaman herramientas para acompañar y las instituciones han manifestado su voluntad de trabajar juntas”, señaló.
A su entender, el desafío no pasa únicamente por incrementar recursos, sino por modificar la forma en que la sociedad responde al sufrimiento. “Prevenir un suicidio, acompañar un duelo, contener una crisis emocional o fortalecer los vínculos comunitarios también es hacer política pública”, expresó.
Como cierre, recordó una reflexión de la psicóloga Alicia Stolkiner, referente latinoamericana en salud mental comunitaria, quien sostiene que la salud mental no puede pensarse separada de los vínculos sociales, los derechos y las condiciones de vida. En esa línea, Peyró concluyó que el Plan Departamental de Salud Mental constituye, ante todo, “un compromiso ético con la vida, con los vínculos y con el futuro del departamento de Salto”.