Este jueves, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, organizaciones e instituciones de distintos países desarrollan actividades para sensibilizar sobre la importancia de hablar sobre el tema, pedir ayuda y acompañar a quienes atraviesan situaciones de sufrimiento.
En Salto, el Grupo Departamental de Prevención del Suicidio realizó una jornada en el liceo 3, donde desde hace varios meses se trabaja en la formación de adolescentes como promotores de salud.
En diálogo con la diaria, la adscripta Juana Monzón explicó que la experiencia comenzó a partir de un trabajo de concientización junto con el grupo departamental. Durante tres meses se desarrollaron charlas y actividades de formación que permitieron preparar a los primeros adolescentes promotores de salud de Salto.
Este año, la propuesta continúa y comenzó a implementarse también en el liceo 6.
La iniciativa apunta a que los propios estudiantes puedan reconocer cambios de conducta en sus compañeros y detectar posibles señales de alerta. Los jóvenes recibieron formación de profesionales que integran el grupo departamental, que abordaron temas como suicidio, violencia en el noviazgo y alimentación saludable.
Según Monzón, la experiencia viene siendo “muy buena” y permite que los estudiantes cuenten con herramientas para acompañar a sus pares. “Se forman para poder ayudar y detectar a otros compañeros cuando los ven mal, aislados, y buscar la forma de integrarlos nuevamente”, señaló.
La adscripta explicó que, cuando aparecen situaciones vinculadas a depresión, consumo problemático de sustancias o señales de riesgo suicida, la intervención queda en manos del equipo multidisciplinario de la institución, integrado por psicólogos y asistentes sociales.
A partir de allí, “se tejen redes con las demás instituciones públicas, se llama a los padres, conversan con los alumnos y hacen un monitoreo durante todo el año”, sostuvo Monzón.
Un liceo atravesado por las realidades del barrio
Monzón señaló que al liceo 3 concurren estudiantes de zonas como los barrios Artigas y Ceibal, por lo que la institución recibe una población proveniente de un territorio amplio y con distintas situaciones de vulnerabilidad.
En ese contexto, el liceo procura brindar respuestas que van más allá de lo estrictamente educativo. La adscripta destacó que este año también se incorporó la alimentación en el comedor de la institución y que los estudiantes cuentan con actividades y espacios de acompañamiento antes de regresar a las aulas.
“Muchas veces los conflictos que traen los estudiantes son situaciones que viven en el barrio”, explicó Monzón. Según relató, cuando esos casos son derivados a la trabajadora social o al psicólogo, con frecuencia se trata de problemas que tienen su origen fuera del ámbito liceal.
A pesar de esas dificultades, consideró que el panorama a esta altura del año es positivo. “Se ha trabajado mucho y están bastante contenidos”, afirmó. Para Monzón, uno de los principales aprendizajes de la experiencia es que hablar del suicidio y de la salud mental entre adolescentes puede ayudar a detectar situaciones antes de que se agraven.
En el liceo los estudiantes ya identifican a los jóvenes que cumplen el rol de promotores de salud y pueden recurrir a ellos cuando advierten que un compañero no está bien. “Lo más importante es que los jóvenes se animen a hablar”, resumió Monzón. La experiencia, según contó, ya permitió detectar distintas situaciones que luego fueron abordadas por el equipo de la institución.