Hace 20 años, un grupo de jóvenes provenientes de zonas rurales del interior que estudiaban en Montevideo decidió transformar una experiencia personal en una propuesta solidaria. Así nació Proyecto Puentes, una organización que trabaja con comunidades rurales principalmente al norte del río Negro, con especial atención en niños y jóvenes.
Juan Manuel Echagüe, uno de sus referentes, recordó en diálogo con la diaria que la iniciativa surgió cuando estudiaba Ciencias de la Comunicación y coincidió en la facultad con otros jóvenes provenientes de zonas rurales. “La intención inicial era realizar alguna actividad solidaria en los pueblos de los que veníamos”. Sin recursos económicos, comenzaron juntando libros para formar bibliotecas en escuelas y liceos rurales.
Durante cuatro años recorrieron distintas facultades de Montevideo, recolectando libros que luego eran destinados a centros educativos rurales. Con el tiempo las necesidades fueron cambiando y el proyecto amplió sus objetivos, incorporando el trabajo con niños, abuelos rurales, mujeres rurales y jóvenes que llegan a Montevideo para estudiar.
En los últimos días, Proyecto Puentes volvió a estar presente en Salto. La organización realizó una entrega de juguetes para los niños de Puntas de Valentín por el día de la niñez y posteriormente llevó artículos deportivos al liceo rural de Rincón de Valentín. Los materiales habían sido solicitados tiempo atrás, y finalmente pudieron ser entregados para las clases de gimnasia y los momentos de recreación.
Actualmente, Proyecto Puentes apadrina a 123 niños y desarrolla tres campañas durante el año. La primera corresponde al inicio del año lectivo y consiste en entregar artículos escolares. La segunda es la campaña de invierno, que incluye botas de lluvia, paraguas y bufandas. La tercera se desarrolla por el día de la niñez y contempla la entrega de juguetes.
La respuesta de las comunidades es uno de los principales estímulos para continuar. Echagüe contó a este medio que los niños reciben las entregas con enorme entusiasmo y que el vínculo se extiende a las familias y docentes. “Quedan chochos, siempre”, resumió.
En otras oportunidades, los integrantes de Proyecto Puentes permanecieron varios días en las localidades donde desarrollaban actividades. Para Echagüe, “el agradecimiento de los niños, sus padres y las maestras es una de las partes más gratificantes” de una tarea sostenida fundamentalmente por voluntarios.
Casas para estudiantes del interior
El crecimiento de los niños que comenzaron a ser acompañados hace años generó nuevas necesidades. Muchos, al terminar el liceo, deben trasladarse a Montevideo para continuar sus estudios y se encuentran con el elevado costo de vivir en la capital. “Los lugares en Montevideo son bastante costosos”, explicó Echagüe. La situación es “especialmente compleja para jóvenes provenientes de familias vinculadas al trabajo rural, que muchas veces no pueden afrontar un alquiler ni las garantías exigidas”.
Ante esa realidad surgió la idea de tener casas para estudiantes del interior. Después de varios años de gestiones, el año pasado lograron concretar el objetivo y actualmente cuentan con dos viviendas. Una alberga a siete jóvenes. La otra, ubicada cerca de la Facultad de Veterinaria, es mixta y allí viven también algunos estudiantes provenientes de Salto. “La intención es ofrecer un ambiente de hogar, con espacios amplios y cómodos, y no una pensión donde los jóvenes estén hacinados”. Una de las casas cuenta además con un fondo donde próximamente “comenzarán a trabajar en una huerta”.
Proyecto Puentes no cuenta con patrocinadores permanentes. Su principal fuente de financiamiento son los padrinos, generalmente profesionales jubilados provenientes del interior que conocen las dificultades que enfrentan los jóvenes que deben trasladarse a Montevideo. Estos colaboradores realizan aportes mensuales y también participan durante las campañas.
Sin embargo, mantener una casa implica más gastos de los previstos. Echagüe señaló que el último recibo de electricidad de una de las viviendas alcanzó los 17.000 pesos. “Eso es lo que nos tiene un poco a maltraer”, reconoció, aunque aseguró que la intención “es mantener las casas” porque consideran que prestan un servicio fundamental.
Los voluntarios también tienen un papel central. Al comienzo de cada año recorren los hogares estudiantiles municipales de los distintos departamentos para explicar la propuesta y sumar jóvenes. Muchos colaboran durante un tiempo y luego, por las exigencias de los estudios, reducen su participación, pero mantienen el vínculo. Cuando regresan a sus localidades de origen, continúan colaborando y participan en las entregas de materiales. Para Echagüe, esa huella que queda en los jóvenes voluntarios es uno de los principales logros de estos 20 años.
Un balance y nuevos desafíos
“Estoy chocho con los logros”, afirmó Echagüe al hacer un balance de estas dos décadas. El proyecto que comenzó con bibliotecas rurales hoy incluye campañas destinadas a niños, apoyo a comunidades rurales, trabajo con adultos mayores y mujeres rurales, además de las casas para estudiantes.
Para celebrar los 20 años, Proyecto Puentes prepara una actividad para diciembre en la casa ubicada próxima a la Facultad de Veterinaria. Pero mientras prepara el festejo, enfrenta otro desafío. Las lluvias y la humedad provocaron filtraciones en la casa de Maroñas, por lo que necesitan pintura e impermeabilizante para reparar el techo.
Para conseguir unos 25.000 pesos, se propusieron vender 50 ejemplares de Chocolate bailable, el tercer libro editado por la organización, que reúne cuentos, mitos y leyendas del campo, además de recetas rurales. Quienes quieran colaborar pueden comunicarse con Proyecto Puentes a través de sus redes sociales o al teléfono 094 886 914.