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Federico Pereira compitiendo en la 98a edición de la Semana Criolla del Prado. Foto: Nahiara Bentancor / Raíz Criolla Fotografía (archivo, marzo de 2025)

Federico Pereira: “Es algo que siempre quise y soñé; llegar al Prado, para mí, es lo máximo, pero soy joven, sigo con ganas de subir y voy a seguir subiendo”

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Con tan solo 23 de años de edad y el título de campeón en basto oriental en la Criolla del Prado 2025, el joven jinete es una de las nuevas caras que imponen presencia en los ruedos del país.

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Desde que era un niño en su tierra natal, Melo, en el departamento de Cerro Largo, Federico siempre mostró interés y pasión por las jineteadas. Empezó a montar con 16 años y solamente le alcanzaron seis años más para consagrarse campeón nacional y ser reconocido como jinete revelación en la 98ª Semana Criolla del Prado, año en el que participó por primera vez como titular, y en el que se celebraron los 100 años de la primera edición de la tradicional fiesta.

En conversación con la diaria, entre otras cosas, habló del “sueño cumplido” de ser campeón a nivel nacional, de sus entrenamientos y cuidados personales para llevar al máximo su rendimiento, y de cómo vive el cariño y la admiración de aquellos que son más jóvenes que él y que quieren seguir sus pasos.

Para Federico, haber llegado al Prado es “lo más grande”, y compara este lugar con el máximo escenario deportivo del país: “Es como si un futbolista arrancara a jugar en un pueblo como el mío y terminara jugando en el estadio Centenario”.

Con la dedicación, el entrenamiento y el cuidado como banderas, el joven montador es consciente del privilegio y la responsabilidad que significa para él y para otros jinetes llegar a la festividad celebrada en la capital. “Para nosotros llegar al Prado es lo máximo, entonces, si llegás hasta allá y no te vas a cuidar, me parece que es algo ilógico”, enfatizó.

¿A qué edad se te despertó el interés por las jineteadas?

El interés lo tuve siempre, desde chico es algo que me gusta, pero empecé a montar con 16 años. Lo hacía en el campo nomás, porque en las criollas a veces se complica siendo menor, pero igual alcancé a montar en alguna.

En mi familia soy el único que monta y que anduvo en las criollas; desde chico siempre fue tradición en mi familia ir a las jineteadas. Era algo que me gustaba, tenía mis ídolos y era mucho de mirar jineteadas, y después, cuando pude empezar a andar en potro, que fue cuando empecé a domar, eso me despertó las ganas de salir en las criollas.

¿En qué consiste la categoría basto oriental en la que fuiste campeón? ¿Qué la diferencia del resto?

Hay otras categorías, como la crina limpia [técnica de la jineteada gaucha también conocida como “a pelo”, caracterizada por la monta sin montura sobre caballos no domados, donde el jinete solo utiliza una tira de cuero alrededor del cuello del animal para sujetarse, debiendo aguantar el corcoveo durante aproximadamente ocho segundos], que es sin recado [conjunto de piezas que forman la montura del caballo].

La rueda en la que yo monté viene a ser el recado oriental, y se le llama así porque es el recado nuestro. Tiene algunas características como no poder perder un estribo [pieza fundamental del equipo de montura del jinete donde coloca sus pies a la hora de estar sobre el caballo], es con poncho y las espuelas son más grandes. Después hay otras montas que se hacen en el Prado, por ejemplo, el basto argentino, que es totalmente distinto. En Argentina lo conocen como recado completo, pero no montan con el recado uruguayo como hacemos acá. El basto oriental viene a ser el de nosotros y tiene características distintas.

¿Quiénes son tus referentes en todo esto?

En la categoría a pelo tengo varios a los que admiro, como Rodrigo Duret o Agustín Miraballes. En el basto oriental siempre admiré a Yashinton Sasías; para mí es un ídolo, me gusta mucho su estilo y su forma de jinetear; te das cuenta de que es distinto a los demás montadores.

¿Cómo se entrena en estas disciplinas para alcanzar determinados niveles y para poder llegar a donde llegaste vos?

Primero que nada, hay que tener condiciones, es algo con lo que se nace, y de la mano de eso van muchas cosas más, es algo a lo que le tenés que poner dedicación. En mi caso, cuando fui al Prado el año pasado, estaba bien físicamente, trabajaba en la construcción, también jugaba al fútbol, corría, y a veces hacía ejercicios con una banda, que es una goma en las piernas.

Después, siempre ha sido muy importante cuidarme, por ejemplo, en la semana del Prado no salí ni un día, no tomaba alcohol, me cuidaba y dormía bien. Para mí no es lo mismo cuidarme que no hacerlo, conozco mi cuerpo, entonces siempre me cuidé al máximo.

Por lo que decís, se requiere un importante nivel de profesionalismo.

Exactamente, al menos en mi caso. Sé que necesito tener un poco de concentración, si no, sé que no voy a rendir lo mismo, sobre todo cuando llegás a un nivel como el del Prado, que para los uruguayos es lo más grande. Es como si un futbolista arrancara a jugar en un pueblo como el mío y terminara jugando en el estadio Centenario. Para nosotros llegar al Prado es lo máximo, entonces, si llegás hasta allá y no te vas a cuidar, me parece que es algo ilógico.

Se requiere mucho cuidado y entrenamiento. No te digo que no me gusta salir o ir a bailar, pero hay momentos en los que tenés que sacrificar esas cosas porque elegiste otras. No tiene sentido salir, no cuidarse y tirar todo por la borda, y después que al otro día no seas el mismo. Creo que siempre que uno se cuide le va a ir mejor, si estoy bien físicamente y bien cuidado es otra la seguridad, al menos en mi caso.

Ahora vengo de una lesión, en octubre del año pasado se me cayó un gallo arriba y me quebró la tibia, y tuve que pasar un par de meses enyesado. Ahora, hace un tiempo empecé a caminar y trato de cuidarme, de entrenar y caminar todo lo que puedo, traté primero de recuperar el músculo, y ahora sé que tengo que cuidarme el doble.

Foto: Gianni Schiaffarino

Cuándo empezás a montar, ¿cómo se afrontan las primeras veces y cuáles son las rutinas de entrenamiento para poder ir mejorando?

En mi caso, el conocimiento que tengo del caballo lo adquirí siempre domando, todo el tiempo andaba en potros y ahí uno le fue agarrando la mano. Después, algo que para mí nunca está de más, es cuidarse, entrenar, correr y estar bien físicamente.

Cuando empecé a montar los primeros caballos siempre fui de tener muy buena vista, y creo que eso es algo muy importante y que ayuda un montón. También estoy seguro de que hay gente, como a mí, que también me pasó, que cuando monta un caballo luego no se acuerda de lo que hizo, y eso tiene que ver con la adrenalina del momento, en el que muchas veces no te das cuenta de lo que hacés, pero después con el tiempo ya va siendo más fácil y ahí es otra la concentración.

Con nada más que 22 años lograste el título de campeón. ¿Qué significa para vos este logro?

Es importante, yo siempre quise llegar al Prado. Ser campeón es algo que siempre quise y soñé; llegar al Prado para mí es lo máximo, es algo que ya está cumplido, pero soy joven, sigo con ganas de subir y voy a seguir subiendo.

En algunos momentos me pongo a pensar y siento que ya llegué a lo máximo, pero es difícil dar un paso al costado. Hay que seguir porque es lo que a uno le gusta.

Dejando un poco de lado las jineteadas, ¿hacés otras actividades además de todo lo que venís contando?

Trabajo diariamente. El año pasado estaba trabajando en la construcción, pero me sentía algo saturado en el pueblo, entonces me vine de vuelta para campaña y ahora estoy alambrando con mi padre y con mis hermanos.

Algo que también me gusta hacer es salir de caza, tengo varios perros y me gusta salir al campo con ellos a cazar.

Volviendo a tu actividad principal, ¿sentís que ser una persona tan joven te da un valor especial que te otorgan la gente y los jurados a la hora de competir, o, por el contrario, se puede generar algún tipo de subestimación hacia vos?

Pienso que el tema de la edad da lo mismo, aunque capaz que hay gente que puede tener cierto asombro porque uno tenía 22 años.

La modalidad basto oriental requiere un montón de cosas, y no son cosas que te vengan de un día para el otro. Por lo general, en la rueda de basto, siempre monta gente mayor; en la rueda de a pelo capaz ves algún muchacho de 19 o 20 años, pero en el recado esto es algo muy difícil, tienen todos de 25 años para arriba, son pocos los que montan con tan poca edad. Esto puede generar un poquito de asombro, como diciendo “pah, es tan joven y qué bien que lo hace”, pero en general es lo mismo si sos joven o si sos más grande, y es lo mismo también al momento de evaluar los jurados.

Parece ser algo que está bueno el hecho de que no se fijen en tu edad, ni para bien ni para mal, y que te tomen como un participante más.

Me parece que realmente es así, es algo a lo que no se da mayor importancia.

¿Qué desafíos y competencias te esperan para 2026, una vez que logres superar del todo la lesión?

Comprometido con alguien en este momento no estoy, tuve muchos compromisos, pero al haberme lesionado ya no puedo cumplir con ellos. Me han hablado, pero como no he vuelto a montar no me he comprometido con nadie. No tengo nada oficial en vista, pero sí estoy tratando de mejorar y de estar bien físicamente para estar a tiro.

Hay jineteadas grandes por todos lados en las que, por ahí, me dan ganas de subir, entonces voy y subo. Gracias a Dios ya estoy bastante bien y no siento mucho dolor de la quebradura. Para el resto del año siempre hay que estar medio pronto porque jineteadas hay casi todos los fines de semana; solo en invierno es que se detiene un poco la temporada, pero después hay jineteadas buenas casi todo el tiempo.

Y de acá a unos años ¿cómo te ves en tu carrera? ¿Qué nuevos logros te gustaría alcanzar?

Antes de lesionarme estaba como suplente en Jesús María [festival nacional de doma y folclore, uno de los eventos de música popular y tradición gaucha más importantes de Argentina y Latinoamérica], y creo que lo que me gustaría es llegar a esa fiesta. También me gustaría que se me diera la suerte de ganar la Patria Gaucha un año; dos años entré en los premios, pero salí segundo. Sé que tengo que trabajar para prepararme, tener suerte e intentarlo.

Tengo 23 años y dos lesiones. En 2022 me quebré el tobillo y el peroné, ahí me operaron. Ahora, hace poco me quebré la tibia. Creo que es como todo, hay que correr con suerte, si sigo sano pienso que hasta los 30 o 30 y algo me veo bien.

Después me gustaría dar un paso al costado, pero solo el día en que el cuerpo no dé más.

Teniendo una edad tan corta como la que tenés, ¿sentís que podés ser un referente para que otros jóvenes se animen a seguir tu camino y competir a nivel nacional como vos?

No es que sienta que soy un referente, sino que me lo hacen sentir. Es muy común que me escriban gurises más nuevos de lo que yo soy pidiéndome consejos o alguno pidiéndome una mano. Me escriben mensajes alentadores, por ejemplo, “cuando sea grande quiero ser como vos”, y cosas así. Es algo que realmente pasa y me da felicidad que me admiren.

También me gusta mucho ayudar, y ojalá un día a algunos de los que recién empiezan les sirva algún consejo de los que les doy. Nadie nace sabiendo, pero en el andar y en el camino hay muchas cosas que uno va aprendiendo, y si le doy a alguien un consejo que le sirva, entonces quedo re feliz y me enorgullece.

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