Cuando el zoólogo danés Johannes Theodor Reinhardt llegó en 1847 a Minas Gerais, en Brasil, país al que arribó como parte de la misión científica Galathea, recogió algunos peces en los alrededores de Lagoa Santa que le parecieron desconocidos para la ciencia.
Entre estos se encontraba “un pequeño pez notable en varios aspectos”, según lo definió en un trabajo que presentó en su país, ya en 1867. Se trataba de un pez de agua dulce con escamas y varias bandas transversales que pertenecía, según señaló Reinhardt, a un género nuevo.
“Es un pececito tranquilo y confiado: se puede meter un palo en el agua y acercarlo a un par de pulgadas del pez sin que se inquiete, pero huye de inmediato al oír el menor chapoteo”, escribió.
Lo llamó Characidium fasciatum, sin saber entonces que, además de describir una especie nueva para la ciencia, estaba dando inicio a un buen lío taxonómico. Tan es así, que no se percató de que incluso había especies distintas entre los ejemplares que recolectó y asignó a esa única especie.
En nuestra región, a los peces de este género los conocemos como maripositas debido a la forma en que mueven las aletas al nadar, que recuerda al aleteo de esos insectos polinizadores. Desde que Reinhardt publicara su trabajo se han descrito 93 especies en América, con un rango de distribución que va desde Panamá al centro de Argentina, pero hay muchas otras esperando ser descubiertas. A veces, esas especies aún desconocidas simplemente son confundidas con otras por sus similitudes físicas, pero en las ciencias biológicas ya ha quedado establecido en múltiples oportunidades que parecido no es lo mismo.
Eso es justamente lo que muestra un artículo de reciente publicación, firmado por Ezequiel Méttola, Guillermo Terán, Gastón Aguilera y Marcos Mirande, de la Fundación Miguel Lillo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas (Conicet, Argentina); el uruguayo Wilson Sebastián Serra, del Museo Nacional de Historia Natural; Martín Montes, del Centro Científico Tecnológico Conicet (Argentina); Felipe Alonso, de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional Salta (Argentina); Mauricio Benítez, del Instituto de Biología Subtropical (Conicet), y Federico Ruiz, de la Universidad Nacional del Nordeste (Argentina).
En él, no solo describen dos especies nuevas de maripositas para la ciencia (una de las cuales se encuentra en nuestro país), sino que de paso “corrigen” las rayas a unas cebras que se mueven por agua y no por tierra.
Mariposita tecknicolor
Tanto el argentino Ezequiel Méttola como el uruguayo Wilson Serra sentían cierta incomodidad con las maripositas. No por los peces en sí, que son en realidad bastante populares. Se han vuelto comunes en el acuarismo en nuestra región gracias a algunas virtudes físicas y comportamentales; por ejemplo, hay especies que son muy llamativas y tienen características que las hacen ideales para acuarios.
“Hay algunas con aletas naranjas o amarillas, o con pintitas y líneas negras. Además, por su comportamiento resultan visualmente atractivas, porque están siempre activas”, dice Wilson. “Acá en Argentina son muy valoradas por ser nativas y porque por lo general se buscan especies que no sean tan agresivas con otras, es decir, que puedan ser aptas para un acuario comunitario y que además no alcancen un tamaño demasiado grande”, acota Ezequiel.
Lo que incomodaba a ambos en forma paralela, en sus estudios respectivos sobre estos animales, es que algunas especies del género, como la mencionada Characidium fasciatum y especialmente Characidium zebra, tuvieran una distribución tan extensa. Algo en eso les olía raro. Y se debía a que en muchos casos a las maripositas se les terminaba asignando esos nombres tentativos “más por falta de estudios que por otra cosa”, dice Ezequiel. Como apunta su trabajo, la amplia distribución de Characidium zebra “probablemente enmascaró la presencia de linajes que evolucionan independientemente dentro de la cuenca del Plata”.
“Mientras Ezequiel hacía su tesis de grado, paralelamente yo estaba estudiando los mismos animales; me molestaba de igual forma esa distribución tan extensa y había empezado a notar cosas que no cuadraban”, cuenta Wilson. Su instinto y su trabajo metódico ya lo han llevado en el pasado a describir especies nuevas de peces para la ciencia.
Characidium mariposita, la nueva especie de mariposita de Argentina y Uruguay.
Foto: Wilson Serra
“A raíz de estos estudios paralelos decidimos hacer un trabajo en conjunto para intentar resolver este problema: lo que tenemos acá en Argentina y en Uruguay, ¿es realmente zebra? Porque el conflicto principal estaba con esa especie, descrita hace más de un siglo para la zona de Guyana, en el norte de Sudamérica. Sería raro que un pez tan pequeño, que difícilmente pueda tener una gran capacidad de dispersión, esté distribuido prácticamente en toda Sudamérica, y que acá, en el extremo sur, sea exactamente lo mismo que en ambientes muy distintos en el norte”, explica Ezequiel.
A raíz de esa curiosidad conjunta surgió este trabajo rioplatense que terminó descubriendo una mayor diversidad para el género que la que se conocía en nuestra región. O, como dice el título de su investigación, que terminó “quitando rayas a la zebra”. Porque, tal cual sospechaban, en muchos casos la zebra no era tal zebra.
El equipo zebrita
Para hacer este trabajo se metieron tanto en las colecciones científicas de los museos como en los propios ríos, redes en mano, para recoger y analizar con detenimiento los ejemplares de maripositas que encontraron allí.
Mientras Wilson aprovechó su participación en las campañas de relevamiento de diversidad de peces en el río Uruguay para capturar maripositas, Ezequiel y sus colegas se centraron en Misiones, región de gran diversidad de peces en Argentina.
De ese modo, entre estas campañas y material que ya se encontraba en las colecciones, pudieron acceder a 73 ejemplares de especies tradicionalmente identificadas como Characidium fasciatum o Characidium zebra (o afines a esta especie) de las cuencas del bajo y medio Paraná y del bajo Uruguay. Para dirimir si realmente los ejemplares correspondían a estas especies o a otras, realizaron un minucioso análisis morfológico y otro genético.
Sus sospechas resultaron estar bien fundadas, porque tanto el estudio genético como el morfológico les permitieron descubrir que entre esos ejemplares había individuos de especies nuevas para la ciencia, que estaban más emparentadas genéticamente con otras maripositas que con Characidium fasciatum y _ Characidium zebra_.
Los resultados mostraron que “el material previamente asignado” a esas dos especies de las cuencas baja y media del Paraná y baja del Uruguay comprende al menos dos linajes evolutivos distintos”, señala el trabajo. De hecho, mostraron que Characidium zebra ni siquiera está presente en el sistema bajo Paraná-Uruguay.
Como ha quedado claro, estos peces llevan confundiendo a los investigadores durante más de un siglo por el gran parecido que tienen entre sí, pero el ojo entrenado puede distinguir diferencias externas, además de muchos otros rasgos no apreciables a simple vista. En este caso, por ejemplo, las nuevas especies mostraron algunas particularidades en el número y ubicación de sus escamas, y diferencias en la característica línea longitudinal que tiene este género, que va desde el hocico al origen de la aleta caudal, explica Ezequiel.
Juvenil de Characidium mariposita.
Foto: Wilson Serra
A la nueva especie que encontraron en la cuenca media y baja del Paraná en Argentina, registrada en las provincias de Corrientes y Misiones, la llamaron Characidium koerberi, en honor a Stefan Koerber, el ictiólogo alemán más argentino del mundo, por sus contribuciones al conocimiento de los peces sudamericanos. Uruguay también tiene para agradecerle, como ya descubrimos en un artículo publicado en esta sección.
Es una especie de color amarronado, de menos de siete centímetros de largo, cuyo holotipo (ejemplar con el que se describe la especie) fue hallado en el arroyo Tabay, en una zona bordeada por remanentes de bosque ribereño paranaense, pero con una de sus márgenes degradada por la presencia de un camping.
Una característica de esta especie es que la clásica línea longitudinal de los peces de este género “está ausente o muy poco desarrollada; incluso en algunos ejemplares adultos se ve como una bandita plateada”, dice Ezequiel, lo que lo convierte en un buen rasgo para identificar esta especie en la región. La otra especie nueva que describieron nos toca más de cerca, porque se encuentra en varios departamentos de nuestro país.
Río de las maripositas pintadas
Quienes tienen problemas para recordar los nombres científicos de las especies, a menudo complicados, no tendrán dificultad alguna con la nueva mariposita registrada para Uruguay, porque sigue directamente a su nombre común: le pusieron Characidium mariposita.
“Se le puso este nombre básicamente porque con este trabajo comprobamos que esta especie de Characidium es la más común y ampliamente distribuida a nivel regional en Uruguay y Argentina, y porque el nombre más utilizado por acuaristas y pescadores en estos países para denominar a los Characidium en general es mariposita. Tiene el beneficio de que si usás un nombre que ya está circulando y que es fácilmente asimilable, trasciende más fácilmente lo académico, y eso facilita mucho conectar con el resto del público”, apunta Wilson.
La distribución de esta especie abarca la cuenca baja y media del río Paraná y la cuenca baja del río Uruguay, en Argentina y Uruguay. En Uruguay fue registrada en los departamentos de Artigas, Paysandú, Río Negro, Rivera, Salto y Tacuarembó.
Suele encontrársela descansando sobre fondos arenosos, en ambientes someros, usualmente cerca de plantas. Se alimenta principalmente de larvas y ninfas de insectos acuáticos, pequeños gasterópodos y también un poco de algas. En general, los peces de este género se quedan quietos, apoyados en el fondo sobre las aletas pectorales y pélvicas, y esperan a que pase una presa.
Con esta nueva descripción, Uruguay tiene registradas ya siete especies de maripositas, algunas de las cuales andaban escondidas no entre las plantas macrófitas, sino en las confusiones de identidad.
“Lo de Characidium zebra o fasciatum fue una especie de agujero negro que iba tragando todo lo que lo rodeaba. En Uruguay una y otra vez se los mencionaba de esa forma, porque antiguamente no existían herramientas para diferenciarlos de otras especies. Ahora, décadas más tarde, con mucha más información, con otras herramientas, y otras posibilidades de cooperación internacional, fue posible desglosar mejor estos animales, que usualmente son bastante complejos de reconocer”, explica Wilson.
Pero por muy similares que parezcan externamente a otras, reconocer estas especies nuevas es fundamental para saber más de la biodiversidad que nos rodea y aprender a cuidarla.
Nuestra, solamente nuestra
“Para este grupo también aplica la clásica frase que dice que, para conservar, primero hay que conocer. Destaco mucho la importancia de conocer la biodiversidad que tiene cada país, para tener una línea de base que permita tomar políticas y medidas de conservación. Si no investigamos y descubrimos qué especies tienen nuestros ríos, corremos el riesgo de terminar perdiendo especies que ni siquiera conocemos. Esta clase de trabajos es un tipo de ciencia fundamental que sirve justamente como base para proteger los ecosistemas y nuestras áreas naturales”, reflexiona Ezequiel.
Describir estas especies nuevas de maripositas es reconocerlas como organismos únicos, modelados por los avatares de millones de años de evolución y, por lo tanto, irrepetibles. También nos confiere una responsabilidad.
Río Cuareim, donde se registró la presencia de la nueva especie de mariposita.
Foto: Wilson Serra
“Más allá de su importancia para la gestión de recursos biológicos, también hay una cuestión de generación de identidad. Si lo que tenemos acá es lo mismo que hay en otros lados, podemos pensar que no vale especialmente la pena. En la medida en que vamos conociendo nuestra propia diversidad, de que nos damos cuenta de que es distintiva de este lugar y que en otros lados no vamos a encontrarla, adquiere también un valor social. Sentir que vale la pena esforzarnos por conocer esta diversidad, por protegerla, por gestionarla de forma coherente porque, entre otras cosas, es nuestra genera un sentido de identidad local que puede llegar a repercutir de muchísimas formas”, dice Wilson.
Trabajos recientes han mostrado el deterioro de la calidad del agua del río Uruguay en las últimas décadas. Un pececito puede resultar a priori un embajador poco impresionante para un país, pero quizá tenga un par de cosas importantes para contarnos sobre un ambiente tan preciado y amenazado en la región como los ecosistemas de agua dulce.
Artículo: Removing stripes from the zebra: Two new species of Characidium (Characiformes: Crenuchidae) from the Paraná and Uruguay River basins
Publicación: Acta Zoológica Lilloana (junio de 2026)
Autores: Ezequiel Méttola, Guillermo Terán, Wilson Serra, Gastón Aguilera, Martín Montes, Mauricio Benítez, Felipe Alonso, Federico Ruíz y Marcos Mirande.