Saltar a contenido
Ciencia Investigación científica
Vampiro (_Desmodus rotundus_) en Maldonado. · Foto: Agustina Medina (NaturalistaUY)

Vampiro (Desmodus rotundus) en Maldonado.

Foto: Agustina Medina (NaturalistaUY)

Afectar al pastizal da rabia al ganado: desentrañan la relación entre vampiros, rabia, vacunos y cambios de uso del suelo

Modelo desarrollado por biólogos uruguayos muestra cómo podría haberse producido el salto del virus al ganado y ayuda a entender cómo la fragmentación de los pastizales influye en la circulación de la rabia en Uruguay.

Cualquier uruguayo que haya sido mordido por un perro antes de la década de 1990 recordará el miedo latente al virus de la rabia y la obligada visita al hospital para vacunarse contra la enfermedad. Había motivos de sobra para preocuparse, porque hasta 1983 hubo casos de rabia canina en Uruguay, enfermedad que llegó a adquirir dimensiones críticas entre los perros de Montevideo y Canelones.

Solo entre 1964 y 1966 se registraron 540 casos de rabia en perros en Uruguay, sumados a 107 en gatos y seis en vacas, además de contagios aislados a otros animales, según una investigación liderada en esa década por el doctor Antonio Turnes.

1966 fue también el año en el que se produjo la última muerte de seres humanos por rabia en nuestro país, al menos comprobada. Su víctima fue un niño de 9 años no diagnosticado ni tratado a tiempo, y que llegó incluso a ser calificado de “histérico” debido a que entraba en crisis cuando lo querían atender.

La terrible descripción de los síntomas colaboró bastante en el pavor ante el virus. El doctor Fernando Mañé Garzón recordaba que ese último caso fue el “más dramático” que le tocó vivir en su carrera profesional, porque, como el niño comenzaba a gritar y experimentaba convulsiones cuando alguien se le acercaba, murió sin que se le pudiera suministrar ayuda alguna.

Ante este panorama, es comprensible la preocupación que provocó la reaparición de la rabia en el norte de Uruguay en 2007, esta vez en forma de la llamada rabia paresiante o paralítica. Las circunstancias, hay que aclararlo, fueron muy distintas al problema de la década del 60: los animales domésticos que enfermaron de rabia en esta ocasión eran vacas, no perros, tras haber sido contagiadas por murciélagos vampiros (Desmodus rotundus). Además, la variante de la rabia transmitida por murciélagos es muy distinta a la que afectó a humanos en Uruguay a través de los perros, con una sintomatología mucho menos violenta aunque también mortal (se la llama rabia paralítica o “tranquila”, porque produce una parálisis ascendente que se distribuye desde el sitio de la mordedura hacia el sistema nervioso central).

El brote de rabia canina de los años 60 surgió debido a varios factores, según la investigación de Turnes, como el desmantelamiento del Instituto Antirrábico y el crecimiento descontrolado de las poblaciones de perros y gatos en entornos urbanos. Pero ¿qué había ocurrido en 2007 para que la rabia volviera a aparecer en Uruguay?

Esa es justamente la pregunta que rondaba la cabeza del biólogo Germán Botto, especializado en el estudio de los murciélagos, cuando decidió estudiar el papel de estos animales en la diseminación de la rabia.

Vampiro (_Desmodus rotundus_) en Tacuarembó.

Vampiro (Desmodus rotundus) en Tacuarembó.

Foto: Rafael Tossi (naturalistauy)

Botto a Botto

Al igual que la pelota busca al jugador, parecería que el virus buscó a Germán, porque el brote de rabia en vacas de Rivera fue detectado solamente dos días después de que firmara contrato con la Facultad de Veterinaria para trabajar en un proyecto de monitoreo de rabia en poblaciones urbanas de murciélagos insectívoros. Fue natural que su interés derivara rápidamente a los vampiros y el contacto con el ganado, tema al que dedicó su doctorado.

Lo que Germán intentaba comprender era por qué había surgido un brote de rabia en el ganado en esa zona y en esa fecha, y por qué prácticamente no se movió de allí durante algunos años. Si bien este tipo de fenómenos tienen cierto componente aleatorio, no se trató de una casualidad; los brotes del virus continuaron en el norte desde ese año hasta 2017, cada vez más esporádicamente a medida que el ganado era vacunado contra la enfermedad.

Para Germán quedaba bastante claro que algo había cambiado en esa región como para provocar por primera vez un brote semejante. Era muy improbable que en un país ganadero como el nuestro se hubiera producido una afectación de este tipo antes sin que nadie se hubiera dado cuenta.

El resultado de sus investigaciones fue una serie de trabajos que recolectan evidencia para intentar responder este enigma. El último de ellos no podría llegar en mejor momento, porque fue publicado poco antes del Día Mundial de la Lucha contra la Rabia, que se conmemora el 28 de setiembre. Está firmado por el propio Germán Botto, de la Sección Virología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (Udelar) y el Departamento de Modelización Estadística de Datos e Inteligencia Artificial de Centro Universitario Regional del Este (CURE, Udelar); Richard Detomasi, del Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales (Udelar); Lucía Moreira, también de la Sección Virología de la Facultad de Ciencias; Daniel Streicker, de la Universidad de Glasgow (Escocia), y Raina Plowright, de la Universidad de Ithaca (Estados Unidos).

En él, nos muestran una vez más cómo la irrupción humana en los ambientes naturales está modificando la circulación de los virus y, aún más importante, qué podemos hacer para vigilar la rabia y minimizar los riesgos de contagio a los animales domésticos y los seres humanos.

Vampiro (_Desmodus rotundus_) en Maldonado.

Vampiro (Desmodus rotundus) en Maldonado.

Foto: Santiago Ramos (NaturalistaUY)

Ver la rabia y no el bosque

En el primero de sus trabajos derivados de esta línea de investigación, Germán mostró que lo ocurrido en 2007 no se debió a que el virus de la rabia apareció por primera vez en vampiros en Uruguay en esa fecha, sino a que comenzó a circular distinto. “Mostramos que tampoco se dio porque los vampiros hubieran llegado hace poco a esa zona, y que el virus no lo trajo alguna otra especie de murciélago migratorio que contagió a los de Uruguay”, cuenta Germán.

En sus publicaciones posteriores, recolectó evidencia que le permitió formular una hipótesis tan novedosa como fascinante. Tras analizar los reportes de casos y brotes de rabia entre 2007 y 2017, la distribución del ganado, la distribución de pastizales y la evolución de las áreas forestales entre 2000 y 2011, entre otros factores, concluyó que el brote de rabia coincidió en el espacio y el tiempo con la fragmentación de los pastizales nativos debido a la forestación.

¿Qué relación tiene eso con los cambios de circulación del virus? Mucho, porque el ganado vacuno es una de las principales fuentes de alimento para los vampiros. Y si los murciélagos infectados con el virus de la rabia tienen que desplazarse más de lo que lo hacían para conseguir su alimento, debido a que la fragmentación de los pastizales concentra el ganado en menos puntos, aumenta la posibilidad de encontrarse con ejemplares de otras colonias y contagiarlos.

La hipótesis de Germán y sus colegas postula que, con mayor conexión, hay más persistencia del virus y, con más persistencia, más posibilidades hay de que se produzca el salto de la rabia a las vacas, como finalmente ocurrió en Uruguay.

El trabajo mostró justamente que la densidad de los brotes de la rabia fue mayor en paisajes más fragmentados, donde el ganado se concentra en unos pocos parches separados. Pero había otros pasos para testear a fondo esta hipótesis. El más obvio era demostrar que efectivamente los brotes son causados por la fragmentación de los pastizales.

El porqué de esta dificultad también es evidente. No queda bien salir a mover animales en el campo para experimentar con uno de los virus más temidos en el mundo. “Y aun si dejáramos todas las consideraciones bioéticas y de bioseguridad de lado, desde el punto de vista logístico es un experimento ecológico irrealizable por su dimensión”, advierte Germán.

Pero otro paso muy necesario en sus trabajos era probar que una mayor conexión entre las colonias de murciélagos, como se postula en este caso, favorece la persistencia del virus, y eso es justamente lo que hace su trabajo más reciente. Es en esta parte de la historia donde entran a jugar parte los modelos matemáticos.

Modelo para armar

En su nuevo trabajo, Germán y sus colegas usaron modelos matemáticos para demostrar que, si hay conectividad de las colonias de vampiros en Uruguay, aumenta la persistencia del virus y por lo tanto la posibilidad de que salte a otras especies, como las vacas. Pero a ese modelo había que alimentarlo con datos reales, lo que les implicó salir a capturar vampiros en el país, como unos Van Helsing criollos armados de redes y tubos de muestra en vez de ballestas.

“Precisábamos entender cómo se reproducen, cuántos son, dónde están y qué estacionalidad tienen, es decir, como varía su actividad a lo largo del año, porque queríamos que el modelo fuera válido a nivel local. Muchas veces se usan datos publicados en otros lugares, pensando que son un buen reflejo de lo que pasa en Uruguay. Y teníamos ciertos indicios de que no era así”, cuenta Germán. Ya veremos cuán acertada fue esa suposición.

Capturaron vampiros con redes de niebla y redes de mano en 15 colonias de la región este de Uruguay y una en el norte. Identificaron sexos, detectaron ejemplares preñados, obtuvieron muestras de sangre, suero, saliva y piel, y los liberaron en el punto de captura. Hay que aclarar que su objetivo no fue buscar rabia directamente en estos murciélagos, ni medir la distancia de todas las colonias de la especie en Uruguay, un trabajo prácticamente irrealizable por los desafíos y esfuerzos que implicaría.

Germán Botto.

Germán Botto.

Foto: Gonzalo Gómez Gaggero

Con los datos obtenidos, más algunos de países cercanos para rellenar huecos, pudieron obtener información valiosa como la composición por edades y sexos de las colonias, su éxito reproductivo, la estacionalidad de nacimientos, la tasa de natalidad, la tasa de mortalidad y otros factores, lo que les permitió alimentar el modelo para estimar cómo se transmitiría el virus en Uruguay a través de colonias conectadas.

La información sobre la estacionalidad de los nacimientos, por ejemplo, es fundamental, porque para la circulación de virus no es lo mismo contar de golpe con 100 individuos susceptibles de ser infectados que tenerlos repartidos a lo largo de todo el año.

Hasta ahora la bibliografía asumía, también para Uruguay, que el vampiro es una especie no estacional; es decir, que puede tener crías en cualquier momento del año, pero Germán y sus colegas sospechaban, con base en lo que observaban en sus salidas de campo, que no era así. Y su trabajo mostró que tenían razón.

Su investigación reveló que en Uruguay los murciélagos tienen una estacionalidad bastante marcada, probablemente producto de la influencia de las temperaturas (nos encontramos en el límite sur de su distribución, con temperaturas desafiantes para esta especie en invierno). “Estimamos que el pico de partos se da sobre finales de noviembre. O sea, la mayoría de los nacimientos ocurren en un período relativamente corto, a pesar de que también se producen en otros momentos del año”, dice Germán. Ahí ya hay, entonces, un primer aporte valioso del trabajo al conocimiento que teníamos sobre esta especie. Pero volvamos a lo que la investigación nos cuenta sobre la transmisión de la rabia en el país.

Una vez que armaron el modelo matemático con estos datos, los científicos pudieron estimar qué ocurriría si en una colonia hubiera o se introdujeran unos pocos individuos infectados con el virus y estos entraran en contacto con los de otros refugios, como es de esperar en un contexto de fragmentación de los pastizales, con el ganado concentrado en parches separados.

La marcha de la rabia

“Los resultados de este modelo nos permitieron ver varias cosas. La primera y más grande es que si las colonias de vampiros tienen contacto entre ellas, el virus persiste mucho más tiempo. Los cálculos indican una persistencia de 12 años si consideramos a Uruguay como un sistema cerrado y sin tener en cuenta reinfecciones de otros países, algo que naturalmente ocurre porque los murciélagos no reconocen fronteras”, dice Germán.

En otras palabras, muestran que, si la fragmentación del paisaje modifica la conectividad de los murciélagos infectados, la rabia puede propagarse y persistir, lo que “es compatible con los patrones observados en Uruguay”. De hecho, el modelo revela que de este modo se producirían pequeños brotes a lo largo del tiempo, con ocasionales infecciones al ganado, tal cual ocurrió en el norte del país a partir de 2007.

“Esto tiene un efecto súper importante en pensar cómo vamos a monitorear la rabia, porque si el brote está solo activo unos pocos días y en unos pocos murciélagos, y se va moviendo de colonia a colonia, es muy difícil ir a un refugio y capturar justo un individuo que dé positivo al análisis”, aclara Germán.

Pero el modelo muestra que hay una vigilancia epidemiológica mucho más útil que esa, que es la de detectar anticuerpos en ejemplares de las colonias, es decir, individuos que tuvieron en algún momento el virus de la rabia, aunque ya no tengan síntomas ni den positivo.

“Lo que vemos es que se necesitaría una muestra pequeña de animales en una colonia cualquiera del sistema para mostrar si hay circulación o no en todas las colonias conectadas. Ese es uno de los resultados prácticos más interesantes del modelo, porque nos muestra una forma relativamente sencilla para salir a vigilar la circulación de rabia. Eso es algo que podemos hacer hoy en día y es una decisión importante basada en evidencia”, agrega. Ahí tenemos, entonces, otro aporte fundamental del trabajo, que nos permitiría monitorear la posible emergencia de brotes de la rabia.

Otra conclusión relevante es que el lugar donde comienza el brote es importante y que por lo tanto hay que tenerlo en cuenta al analizar los posibles riesgos. Si surge en colonias cuyos individuos están muy conectados con los de colonias cercanas, puede propagarse más rápidamente y contribuir a la persistencia de la rabia.

Pero quizá lo más interesante del trabajo es lo que nos dice sobre el futuro y lo que deberíamos tener en cuenta de aquí en más, para evitar que la alteración de los ambientes se vuelva un búmeran que nos pegue en la nuca al darnos vuelta.

Voy a cambiar la receta por esta vez

Tal cual reconocen los autores de la investigación, lo que falta aún en este puzle que busca entender cómo y por qué reemergió la rabia en Uruguay es una medida para evaluar eficazmente y en campo la conectividad de los vampiros entre colonias. Eso quizá pueda lograrse en el futuro con el anillado de ejemplares, seguimiento por GPS y sensores de proximidad, aunque es el desafío más grande de las investigaciones.

Vampiro (_Desmodus rotundus_) en Maldonado.

Vampiro (Desmodus rotundus) en Maldonado.

Foto: Santiago Ramos (NaturalistaUY)

Sin embargo, las conclusiones a las que llega este reciente trabajo, en conjunto con los anteriores, ya nos permiten hacer algo al respecto. “Para empezar, nos dice cómo vigilar la rabia, que no es menor, tal cual se sugiere con la búsqueda de anticuerpos. Pero, además, si podemos modelar cómo la fragmentación impacta la rabia, también podemos modelar escenarios donde la rabia no sea un problema”, asegura Germán. ¿Qué significa esto? Que antes de plantar árboles, soja o lo que sea que implique una fragmentación de los pastizales y el movimiento del ganado que pasta en ellos, podemos tener en cuenta cuál será su impacto en la circulación del virus.

“Podemos utilizar este criterio como uno más para la planificación territorial. Si el problema es la fragmentación, eso es relativamente fácil de mapear y predecir. Entonces, así como desde el Ministerio de Ambiente hoy se mide la distancia de los cultivos o los feedlots a los cursos de agua para decidir si los autorizan, porque se sabe que hay un impacto sobre la calidad del agua cuando llegan los efluentes, podría hacerse lo mismo con una plantación en particular si sabemos su posible impacto en la emergencia de enfermedades. Es decir, lo que plantea esta línea de trabajo es que podemos incorporar las enfermedades infecciosas dentro de los criterios de planificación territorial”, resume Germán.

En resumen, si creamos modelos cada vez más ajustados, que nos ayuden a entender cómo los cambios en el uso del suelo afectan la transmisión de las enfermedades, podemos tenerlos en cuenta a la hora de plantar árboles, soja o cualquier otro cultivo. “Así como hoy en día pensamos en las enfermedades infecciosas a la hora de elegir dónde poner el caño emisor del saneamiento, lo mismo podríamos hacer con estas otras actividades”, reflexiona Germán.

Estudios previos, por ejemplo, ya han mostrado que es necesario planificar cómo se foresta en Uruguay para garantizar una mayor conexión entre parches naturales, algo fundamental para muchas especies de mamíferos que habitan este territorio.

Este nuevo trabajo nos brinda un motivo adicional para repensar la forma en que intervenimos los ambientes y para entender, una vez más, que no estamos separados de la naturaleza que nos rodea: la salud ambiental, animal y humana está interconectada. Lo vimos claramente con la pandemia de covid-19 y lo seguiremos observando con frecuencia, más aún si no aprendemos de las lecciones a las que nos sometimos dolorosamente.

Numerosos estudios vienen advirtiendo sobre estos problemas, pero también ofreciendo posibles caminos a explorar para minimizarlos, como es el caso de esta investigación. El mayor riesgo, tal cual ocurrió con aquel niño infectado por rabia en los años 60, sería que creamos que estas advertencias de la comunidad científica son solo un síntoma de histeria.

Artículo: Vampire bat rabies in changing landscapes: how land use-induced changes in population connectivity affect the risk of rabies virus spillover
Publicación: Ecological modelling (setiembre de 2026)
Autores: Germán Botto, Richard Detomasi, Lucía Moreira, Daniel Streicker y Raina Plowright.