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Picaflor negro en Montevideo.

Foto: Marcos de Campo (NaturalistaUy)

Investigadores argentinos de la uruguayísima Facultad de Ciencias son parte de valioso trabajo publicado en la revista Science

5 minutos de lectura
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La dupla argentina Nicolás Adreani y Lucía Mentesana, que integra el Departamento de Biología de nuestra Facultad de Ciencias y desde hace años estudia a los horneros, fue parte del valioso trabajo publicado en Science acerca de cómo distintas aves desarrollaron dietas altas en azúcar.

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Los alimentos altos en azúcar, como refrescos, dulces, yogures y demás, están detrás de buena parte de los problemas de peso que afectan a gran parte de la población con dietas occidentalizadas a lo largo y ancho del globo. También son factores de riesgo de las enfermedades no transmisibles, como la diabetes del tipo 2.

Obvio es, para las políticas de salud pública, que es necesario disminuir el consumo de estos alimentos ultraprocesados ricos en azúcar, y en diversas partes se han adoptado diversas medidas, como los octógonos negros que indican exceso de azúcar en Uruguay, o impuestos a las bebidas azucaradas en Reino Unido, por mencionar algunas. Aun así, ver cómo otros animales lidian con estas dietas pasadas de azúcar podría aportarnos información relevante. El asunto es que en el reino animal solo un puñado de especies incluye naturalmente tanta azúcar como los humanos del siglo XXI. Algunos de ellos tienen plumas.

Justamente las aves con dietas altas en azúcar fueron el tema central de una investigación publicada a fines de febrero. Titulado algo así como Cambios genómicos convergentes y específicos de los linajes dan forma a las adaptaciones en las aves consumidoras de azúcar, el trabajo dado a conocer en la prestigiosa revista Science tiene varios puntos de interés. Por un lado, traza el origen y los cambios producidos en picaflores, loros, pájaros mieleros y nectarinos que se han especializado en dietas ricas en azúcar, algo que es relevante para saciar la curiosidad aquí y en cualquier parte. Más aún cuando, como señalan en el trabajo, “la base genómica de las adaptaciones a dietas tan ricas en azúcar” en esas aves “es en gran medida desconocida”, algo que tal vez podría derivar en conocimientos para resolver algunos problemas metabólicos humanos.

Por otro lado, entre sus más de 30 autores, hay dos oriundos de Argentina, Lucía Mentesana y Nicolás Adreani, a los que conocemos bien por su maravilloso proyecto Hornero, que arrojó luz sobre la construcción de los nidos de barro de esas aves. E incluso más de cerca nos toca: si bien esta participación de ciencia rioplatense ya nos debería llenar de satisfacción, la cosa se hace aún más interesante de este lado del charco porque desde hace un par de años ambos forman parte del Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.

Así que con todos estos ingredientes, vemos un poco qué reportan en su publicación.

Cuatro emplumados consumidores de azúcar

Como señalan en el artículo, “entre las aves, varios grupos, como los colibríes, los nectarinos y muchos mieleros y loros, se adaptaron de forma independiente a alimentarse principalmente de néctares y frutas ricos en azúcar”. Agregan que “el néctar proporciona azúcares, principalmente sacarosa, glucosa y fructosa, pero contiene poca proteína o grasa, un desafío que las aves superan” recurriendo a la ingesta de “insectos o polen”. Pero esto que hacen estos cuatro grupos de aves sería terrible para nosotros.

Foto: Sin dato de autor

“En los humanos, el consumo excesivo de azúcar es un factor de riesgo importante para la diabetes mellitus tipo 2, una enfermedad caracterizada por la incapacidad de los órganos para regular la captación y producción de glucosa en respuesta a la insulina”, consigna el trabajo. Como siempre es bueno ver en qué son buenos los demás para entender las limitaciones propias, el artículo señala que “las aves que se alimentan de néctar han desarrollado mecanismos fisiológicos para tolerar dietas ricas en azúcar sin desarrollar trastornos metabólicos”. El trabajo se centró entonces en rastrear cómo surgieron tales cambios, ver si aparecieron en forma independiente en los cuatro grupos de aves (lo que se denomina convergencia, es decir, una solución similar que apareció en grupos de animales no cercanos evolutivamente, como las alas para volar en las aves y los murciélagos) o si fueron seleccionados en los distintos linajes.

Más allá de la curiosidad, que de por sí justifica el trabajo, saber cómo surgieron estas adaptaciones, qué genes están involucrados y demás tiene también un interés que nos toca más de cerca. Como dicen los autores del artículo, “comprender las adaptaciones morfológicas y metabólicas que permiten a las aves nectarívoras prosperar con su dieta rica en azúcar puede proporcionar conocimientos que podrían aprovecharse para la terapia de enfermedades metabólicas humanas”.

Para “investigar la base genómica de las adaptaciones a dietas ricas en azúcar en colibríes, loros, mieleros y nectarinos”, los autores secuenciaron los genomas de “cinco aves que consumen néctar o fruta y cuatro especies de grupos externos”.

Los emplumados adictos al azúcar, que se alimentan de néctar y frutas, secuenciados y a los que realizaron transcriptomas fueron el picaflor negro (Florisuga fusca), que habita algunas regiones de nuestro país pero que para este trabajo se secuenció su genoma a partir de un ejemplar de Brasil; el colibrí de Ana (Calypte anna), a partir de un ejemplar de Canadá; un loro arcoíris (Trichoglossus moluccanus), especie nativa de Australia pero secuenciada a partir de un ejemplar de Tenerife; una cacatúa ninfa (Nymphicus hollandicus); un mielero empenachado (Ptilotula penicillata), y un mielero de Nueva Holanda (Phylidonyris novaehollandiae), los tres de Australia.

La participación de las aves de nuestro país, entonces, estuvo en las secuencias de las cuatro especies que no eran consumidoras de grandes cantidades de azúcar que sirvieron de control.

El hornero que controla

Las cuatro especies de aves secuenciadas como control, es decir, aves en las que los genes y adaptaciones para tolerar y metabolizar grandes cantidades de azúcar no estarían presentes, fueron un vencejo (Apus apus) de Alemania, una acantiza parda (Acanthiza pusilla) y un diamante cebra (Taeniopygia guttata) de Austrialia y... un maravilloso hornero (Furnarius rufus), del que se extrajo una muestra de sangre colectada “siguiendo los permisos del comité de ética de uso de animales de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (Nr. 186) y del Ministerio de Ambiente de Uruguay (Nr. 138/6)”.

Convergentes y no tanto

“Los análisis genómicos comparativos entre especies azucareras revelaron cambios evolutivos convergentes en muchas de las mismas regiones codificantes y reguladoras de proteínas de genes involucrados en el equilibrio energético, el metabolismo del azúcar, la señalización de la insulina e incluso la regulación de la presión arterial, lo que sugiere que la adaptación a dietas ricas en azúcar requiere cambios coordinados en múltiples sistemas fisiológicos”, señalaron los investigadores, si bien algunas adaptaciones se conservaban en linajes particulares.

Foto: Difusión

Por eso, reportan que “muchas de las adaptaciones más convincentes” que observaron “fueron compartidas entre los cuatro clados”, y entre ella destacan el ejemplo de “una repetitiva selección positiva” en MLXIPL, “un factor de transcripción que regula el metabolismo de la glucosa y la lipogénesis”, o formación de grasas, y que está involucrado en la homeostasis energética.

Más aún, en el caso del MLXIPL fueron más allá: al introducir “el MLXIPL de colibrí en una línea celular humana”, observaron que mejoraba “la respuesta del azúcar en las células, destacando su papel adaptativo en dietas ricas en azúcar”.

“En general, nuestros resultados sugieren que las adaptaciones a dietas ricas en azúcar en aves requieren modificaciones en un conjunto limitado de funciones del organismo, incluyendo vías directamente involucradas en el metabolismo, así como vías previamente no detectadas, como la regulación de la presión arterial, para afrontar las consecuencias fisiológicas del alto consumo de azúcar”, finaliza el trabajo.

El hornero entonces, con su nido distintivo y una dieta sin grandes cantidades de azúcar, gracias a la ciencia de Nicolás Adreani y Lucía Mentesana, de la Facultad de Ciencias, aportó su granito de arena para entender cómo evolucionó la capacidad de algunas aves para tolerar y prosperar con dietas extremadamente azucaradas.

Artículo: Convergent and lineage-specific genomic changes shape adaptations in sugar-consuming birds
Publicación: Science (febrero de 2026)
Autores: Ekaterina Osipova, Meng Ko, Konstantin Petricek, Simon Yung, Thomas Brown, Sylke Winkler, Martin Pippel, Julia Jarrells, Susanne Weiche, Mai Mosbech, Fanny Taborsak, Chuan Wang, Orlando Contreras, Remi Olsen, Philip Ewels, Daniel Méndez, Andrea Gaede, Keren Sadanandan, Gabriel Weijie, Amanda Monte, Ninon Ballerstaed, Nicolás Adreani, Lucía Mentesana, Auguste von Bayern, Alejandro Rico, Scott Edwards, Carolina Frankl, Heiner Kuhl, Antje Bakker, Manfred Gahr, Douglas Altshuler, William Buttemer, Michael Schupp, Maude Baldwin, Michael Hiller y Timothy Sackton.

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