“Si hoy no elegimos apoyarnos en la ciencia, corremos riesgo de ser bastante menos trascendentes en el mundo, por decirlo de manera suave”, dijo el presidente Yamandú Orsi en el lanzamiento de la Secretaría Nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento, en marzo. De forma consecuente con esa visión, el tema de la ciencia, la tecnología y la innovación fue jerarquizado por el gobierno, que en la Ley de Presupuesto remitida al Parlamento propuso la creación de la mencionada secretaría –encabezada por el químico David González–, así como del Programa Uruguay Innova –dirigido por Bruno Gili–, avanzando de este modo en un diseño institucional que permita afrontar desafíos (además de hacer otros cambios a distintos actores públicos del sistema).
Más allá de las buenas intenciones, al Senado le pareció que el ordenamiento institucional del sistema de ciencia, tecnología e innovación (CTI) podría abordarse con más detalle y tiempo que el que permite una Ley de Presupuesto, por lo que agregó un artículo (el número 73) que dice lo siguiente: “Encomiéndase al Consejo Estratégico Ministerial del programa Uruguay Innova, la Secretaría Nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento [Senci] y el Consejo Nacional de Innovación, Ciencia y Tecnología [Conicyt] la elaboración en conjunto de un proyecto de ley integral sobre el diseño institucional del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación”. Para eso les daba un plazo de 120 días, más 60 de prórroga que podrían solicitarse, desde la promulgación de la Ley de Presupuesto. Los plazos están corriendo.
Para hablar de este proceso, de cómo podría ser el proyecto y qué diseño institucional elevará al Parlamento, conversamos con Nicolás Wschebor, presidente del Conicyt, uno de los tres organismos que hoy están dedicando tiempo y energía a cranear un sistema de ciencia e innovación con una mirada a mediano y largo plazo y que permita más y mejor ciencia.
¿En qué está el Conicyt y cómo trabaja para cumplir con lo resuelto por el Parlamento?
El Conicyt es una institución del Estado muy débil. No tiene local, no tiene presupuesto propio y no tiene personal asignado. Hoy cuenta solo con una secretaria que nos presta la Secretaría Nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento. Por otro lado, durante el año pasado estuvo mucho tiempo sin funcionar. Por tanto, lo primero que hemos tenido que hacer fue empezar a hacerlo funcionar. En ese sentido es un éxito, porque venimos reuniéndonos desde diciembre de 2025 hasta ahora, y en todas las sesiones tenemos quórum, hay participación y hemos logrado avanzar en los distintos puntos de discusión, que no son solo este tema que tiene que ver con la ley, sino otras cuestiones que tienen que ver, por ejemplo, con el Pencti [Plan Estratégico de CTI] que se está empezando a discutir.
Si bien el tema que más nos está convocando es el de la ley, hay una cantidad de otros temas que tenemos que abordar porque el Conicyt tiene una agenda propia, en particular con asuntos vinculados con la ANII [Agencia Nacional de Investigación e Innovación].
Más allá de todo lo que el Conicyt debe hacer, la propuesta de ley integral de ordenamiento del sistema científico tiene un peso grande: hay un plazo estipulado y corre una cuenta regresiva. Hay que hacer eso mientras se ordena la casa.
Sí, digamos que tenemos que cambiar las ruedas mientras avanzamos con el auto. Las distintas instituciones que están representadas en el Conicyt, tanto del sector académico como del sector productivo, como del sector gubernamental, están discutiendo los distintos aspectos que tienen que ver con la ley. La inclusión de este artículo 73 en el Presupuesto fue consecuencia de que varios sectores, principalmente el académico, pero no solo, se reunieron con parlamentarios durante la discusión presupuestal para convencerlos. Tuvimos en ese sentido un éxito parcial. El organigrama que estaba propuesto para la gestión de la ciencia, la innovación y la incorporación del conocimiento en las actividades más diversas del país no tenía un buen diseño institucional, pero como había que empezar a andar, los parlamentarios decidieron aprobar el organigrama propuesto en la Ley de Presupuesto remitida por el Poder Ejecutivo con algunas leves modificaciones, pero agregaron este artículo 73 para dar un plazo relativamente corto, de seis meses desde diciembre, para llegar a un diseño que pudiera ser más permanente y que convenciera más a todo el mundo. Ese es el origen de esta discusión, y en eso estamos.
La Universidad de la República ya ha tenido dos instancias de larga discusión del tema en el Consejo Directivo Central [CDC], y el martes aprobó una serie de consideraciones. El Conicyt, ya mismo en diciembre, cuando volvió a funcionar, creó una comisión para trabajar sobre el tema.
¿Cuáles son los principales ejes de discusión respecto de la ley?
Un primer eje de discusión que estamos abordando, que estuvo presente en el marco de la discusión de la Ley de Presupuesto, es la ubicación, integración y roles del propio Conicyt. El planteo del Poder Ejecutivo era el de tener un Conicyt mucho más chiquito, donde la representación no fuera institucional, sino que fueran personas designadas por el Poder Ejecutivo que actuaban a título personal. El planteo del sector académico y del sector de los trabajadores proponía un Conicyt más amplio, con mayores potestades y con mayor nivel de autonomía. Lo que resolvió el Parlamento fue una situación intermedia; no es el Conicyt que había, sino uno un poco más chico, pero manteniendo para casi todos sus integrantes una representación de índole institucional.
Después hay una segunda pata del diseño institucional que tiene que ver con el organismo que ejecuta las políticas de ciencia e innovación, que hoy es básicamente la ANII. Hay un acuerdo general de que la ANII anda bien, tiene un buen funcionamiento, pero la preocupación fundamental que hay es que al no haber un organismo en el Poder Ejecutivo que defina la línea, el organismo ejecutor, que es la ANII, termina definiendo la línea de por dónde ir. Durante muchos años la ANII ha funcionado decidiendo por sí misma, si bien cuando se creó la idea era que fuera un organismo ejecutor que tuviera un organismo político que definiera la orientación. Pero hace muchos años que no tenemos un organismo potente que sea el que defina la orientación. La polémica central hoy es ver cuál va a ser el organismo, a nivel del Poder Ejecutivo, que va a definir la orientación de la ciencia y la innovación.
Y allí aparecen varias propuestas...
Sí, hay varias propuestas, desde la que lanzó Investiga Uy de crear un ministerio del ramo, hasta la propuesta del gobierno, que creó una secretaría en la órbita de Presidencia de la República, que tiene adosada un programa en paralelo, que es Uruguay Innova, que no forma parte de la secretaría y que cuenta con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo con el fondo Uruguay Innova. En la discusión de presupuestos surgieron muchos temas. Una primera discusión es la de si no es mejor tener un único organismo en lugar de dos. Una segunda discusión es si ese organismo tiene que ser un ministerio o una secretaría, o podría ser alguna otra figura de nuevo tipo.
En el documento de la Udelar tratado en el CDC se le hacen varias objeciones a la solución de la secretaría, entre ellas, que la falta de control parlamentario y que la “constitucionalidad” de estas estructuras en el ámbito de Presidencia “ha sido puesta en discusión en reiteradas ocasiones”, ya que las atribuciones de Presidencia “son las definidas por la Constitución y no pueden ser ampliadas por ley o por reglamento”.
El informe de la División Jurídica de la Udelar indica que ubicar ese tipo de estructuras al nivel de la Presidencia no está de acuerdo con la Constitución. No es que eso no haya sucedido ya muchas veces, pero sería mejor que no fuera así, no solo por la razón constitucional, sino también porque esa figura genera una situación de extrema volatilidad. Querríamos tener una estructura de diseño institucional que fuera sólida ante posibles cambios de gobierno. Afortunadamente Uruguay es un país democrático donde hay cambios en el gobierno. Pero cuando cambia el gobierno no se discute si se va a crear o va a dejar de existir el Ministerio del Interior, lo que se discute es la política que va a llevar adelante el Ministerio del Interior.
El gobierno anterior eliminó la Secretaría de Ciencia y asignó parte de sus funciones al Ministerio de Educación y Cultura. Pero lo cierto es que para hacerlo hubo un trámite parlamentario. Y allí puede también tanto cerrarse como crearse ministerios. Por ejemplo, hasta hace poco tuvimos un Ministerio de Deporte, función que hoy cumple una secretaría.
Todo es volátil. Todo puede ser cambiado dentro de lo que marca la Constitución. Cambiar la Constitución es otra historia, pero incluso en Uruguay hemos tenido gobiernos que se llevaron puesta la Constitución. Con voluntad política y mucho peso, todo puede ser cambiado. Sin embargo, hay cosas que son más estables que otras. Y eso va de la mano con otra cosa sumamente importante, que es que no basta solo con lo institucional, sino que es necesario llegar a un gran acuerdo nacional sobre el tema. Y por eso el Conicyt tiene una palabra para decir.
Tenemos que llegar a un diseño institucional tal que sea quien sea que gobierne el país en los futuros años, haya un acuerdo de que la ciencia, la tecnología y la innovación se gobiernan de cierta manera. Después podemos discutir cuáles son las políticas que se llevarán adelante, cómo se vinculan con el modelo de desarrollo, o con el desarrollo del conocimiento o cómo eso puede tener impacto en el bienestar de la gente y de la producción. Todo eso lo podemos discutir, pero tenemos que tratar de establecer en este tema reglas de juego institucionales que no sean volátiles. Siempre puede venir alguien que cambie completamente las reglas del juego, pero una de las fortalezas que tiene Uruguay es que tiene gobiernos que a pesar de los cambios gubernamentales, saludables en un régimen democrático, tienen una continuidad institucional mucho más sólida que la de otros países de la región. Pero no en este tema. En lo que refiere a la ciencia y la innovación, Uruguay en cada gobierno tiene un diseño institucional diferente, y a veces más de uno en un mismo gobierno. Y eso es un problema. ¿Quién quiere discutir la institucionalidad de la ciencia, de la investigación o de la innovación? Te puedo asegurar que nadie. Todos consideramos que es un embole esta discusión. Todos queremos estar discutiendo el Pencti, o la política de becas, o cómo tiene que ser el llamado del fondo Ida Holtz. Esas son las cosas que queremos estar discutiendo, pero perdemos un tiempo loco con cada gobierno en discutir nuevamente el diseño institucional. Entonces tenemos que llegar a un nuevo diseño institucional suficientemente articulado y consensual, o por lo menos ampliamente mayoritario, de tal manera que cuando haya un cambio de gobierno, sea de la misma orientación política o de otra, se discutan las líneas políticas pero no nuevamente el diseño institucional. Es decir, es necesario un diseño institucional que sea mínimamente robusto.
Que quede claro que no se trata de las personas que están en cada lugar...
Tenemos muy buena relación con David González, con Álvaro Brunini, con Bruno Gili, todos han tenido el mejor diálogo con el Conicyt. No es esa la discusión. La discusión es si el día de mañana, cuando estén otras personas que quizás no se lleven tan bien con el Conicyt, o no se lleven bien entre ellas, las cosas podrán seguir siendo funcionales. No podemos permitirnos perder lo acumulado, esa es la preocupación. ¿Cuál es el diseño preciso? Bueno, hay distintas opiniones y no hay consenso por ahora acordado ni resoluciones tomadas en el Conicyt, ni siquiera en la Udelar. Podría llegar a suceder que los distintos organismos tuvieran distintas opiniones y que lo que llegue al Parlamento sea una propuesta con más de una opción en algunos temas. De hecho, hoy hay unas tres opciones sobre la mesa.
Estamos en una especie de Estado cuántico: la organización institucional del sistema científico hoy es una nube de probabilidades. Pero cuando se eleve un proyecto de ley eso tiene que colapsar en un Estado solo, ¿no?
No. Eso sucederá cuando lo apruebe el Parlamento. El proyecto de ley podría mantener la superposición. Podría, por ejemplo, acordar una cantidad de temas: cómo es la integración del Conicyt, cuál es el vínculo entre el Conicyt y la ANII, cómo es el vínculo entre la ANII y el organismo del Poder Ejecutivo, y al mismo tiempo decir que sobre el organismo del Poder Ejecutivo no nos pusimos de acuerdo y tenemos estas tres opciones y que los parlamentarios, sobre esa base, hagan la ley que consideren mejor.
Uno supondría que Uruguay Innova y la Senci defenderán el diseño actual. Y en algún momento, entre los tres, tendrán que ver qué proyecto elevan. ¿Cómo pensás que va a ser ese momento?
Hemos tenido varias reuniones con estos organismos y tenemos prevista una reunión la semana que viene, de la Comisión Conjunta, ya para empezar a armar un texto de ley. Hay buen clima de trabajo, hay un buen diálogo, y creo que hay una cantidad de cosas en las que nos vamos a poner de acuerdo. ¿Nos vamos a poner de acuerdo en todo? No lo sé, pero no es necesario. Si hay temas en los que no estamos de acuerdo, explicitaremos nuestras discrepancias y capaz que tenemos distintas opiniones. Incluso esas discrepancias podrían tener lugar en el seno de la Udelar o en el seno del Conicyt, puede ser que ya el propio Conicyt formule una propuesta con alternativas. Eso no está descartado.
Como presidente del Conicyt tengo que velar por intentar representar voces muy variadas. Sobre muchos de estos temas tengo una opinión, pero dado que el Conicyt es un organismo deliberativo, no quiero coartar la discusión interna. Quiero que la gente en el Conicyt discuta, exprese su opinión, intercambie, sin sentir que el presidente del organismo ya flechó la cancha, más aún cuando no son temas fáciles en los que uno diga que hay una visión correcta y otra incorrecta. Creo que hay argumentos variados y me gustaría que la gente y las instituciones que representan, se involucraran en el tema. La idea de todo esto es que haya discusión, que no sea un tema que se discuta a puertas cerradas.
Dentro del escenario de probabilidades lo que ves más factible es que se elabore un documento que al Legislativo le diga determinadas opciones para resolver el diseño institucional de la decisión de política en el Ejecutivo. De ser así, va a haber después un debate parlamentario que deberá resolver esta incertidumbre.
Quienes tienen que escribir y votar las leyes son los parlamentarios. Lo que nosotros debemos hacer es actuar sin sectarismo, tenemos que escuchar todas las campanas, dialogar y entender que muchas posiciones pueden ser de buena fe aunque uno discrepe con ellas, y después detallar que las distintas propuestas que hay de diseño institucional tienen sus ventajas e inconvenientes.
Por ejemplo, nosotros querríamos que la política de la ciencia y tecnología sea una política transversal a todo el Estado, que no sea una política encapsulada en un único organismo. Podría suceder que si creamos un ministerio, todos los otros entes del Estado y ministerios digan que este es un asunto de este ministerio, y piensen que ya no tienen que ocuparse del tema. Esa no es la idea. Creo que nadie defenderá la idea de un ministerio si eso lleva a encapsular el tema. Si logramos tener un diseño de ministerio que logra permear sobre todo el resto del Estado, eso ya es algo más interesante.
Así como esa sería una posible desventaja, ¿cuál sería la ventaja de un Ministerio de Ciencia?
La ventaja evidente del ministerio es que es una organización más sólida y más fácil de entender en el organigrama general del Estado uruguayo. Todo el mundo sabe lo que es un ministerio y es algo que tiene un nivel de robustez y continuidad institucional bastante sólido en Uruguay. Pero existe el peligro de que se transforme en un coto de caza de la partidocracia, que sea un tema entre otros que quede fragmentado y que nadie se ocupe de él salvo el ministro correspondiente. Ese es un peligro. Tener una secretaría tiene la ventaja de que los ministros no ven al secretario como alguien que les hace mella. Es alguien con un rol un poco transversal, que no se entiende muy bien dónde está, y que si tiene apoyo de Presidencia puede llegar a tener ese rol percolante que nos gustaría. La gran debilidad de la secretaría es que resulta extremadamente volátil. Es mucho más fácil de cambiar, y de hecho ha cambiado muchísimas veces.
Hablaste de una posible tercera opción. ¿Cuál sería?
Los diseños institucionales que están propuestos no son 18.000, son tres. Uno es el de la secretaría, y ahí está el tema de que si la secretaría no está ubicada en Presidencia, por el problema de los impedimentos constitucionales, no está muy claro dónde ubicarla, más aún si se busca que no dependa de un ministerio de los existentes. Tenemos algunos informes legales que dicen que está la posibilidad de hacerla pertenecer al Poder Ejecutivo sin estar en un ministerio ni en Presidencia, pero ese camino implica cierta habilidad legislativa. El otro diseño posible es de un ministerio. Es una figura más canónica y más clara en nuestro ordenamiento.
Luego hay algunas ideas que se han manejado, que implican una figura del tipo de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto [OPP], una figura que tenga rango ministerial, pero que sea algo más transversal a todo el Estado. Pero no está muy claro, desde el punto de vista del diseño institucional y de los márgenes constitucionales que existen en Uruguay, en qué medida eso se podría hacer y cómo. Hay que tener en cuenta que no todo lo que a uno se le ocurre es algo que la Constitución permite hacer.
Por ahora esas serían las tres alternativas que se están manejando. Después tendríamos que ver, en cada una de ellas, en qué medida hay posibilidad de interpelación parlamentaria, cuál es su músculo operativo, en qué medida hay transversalidad con el resto del Estado, en qué medida es algo que se transforma en un coto de caza de la política partidaria, en qué medida hay posibilidad de armar equipos permanentes que le den continuidad a la temática en el mediano y largo plazo. Cada una de las opciones tiene sus debilidades y sus fortalezas, y vamos a tener que definirlas.
Por fuera de estas diferencias, debe de haber temas en los que hay ciertos niveles de acuerdo, ¿no?
Sí, hay varios temas en los que hay amplio acuerdo. Por ejemplo, todos los actores dicen que, sea cual sea el organismo que haya en el Poder Ejecutivo, tiene que ser complementado con algo así como un gabinete interministerial. Es decir, puede haber un secretario, puede haber un ministro, pero además tiene que haber algo que reúna a un conjunto importante de ministros vinculados a la temática. No está muy claro cuál es el borde de eso, capaz que podría haber un núcleo duro de ministerios involucrados y otros que se inviten ocasionalmente, pero es necesario ese espacio para que la política de ciencia e innovación no quede focalizada en un ministerio o en una secretaría, sino en el conjunto del Estado. De hecho, la Ley de Presupuesto creó un gabinete de ese tipo, donde participa el secretario de Ciencia, pero una de las cosas que nos parecen mal es que la persona que está encargada de llevar adelante la temática, que es el secretario de Ciencia y Valorización del Conocimiento, participa en ese gabinete pero no tiene voto. Eso no puede ser.
¿Cuándo se haría la síntesis entre lo que analice el Conicyt, Uruguay Innova y la Secretaría de Ciencia para llegar a ese documento único con una propuesta integral sobre el diseño institucional del sistema de ciencia e innovación?
Queremos cerrar las discusiones generales en abril, y querríamos usar mayo para redactar lo que sería ya el proyecto de ley. Tenemos plazo hasta mediados de junio, dado que ya decidimos aplicar la prórroga de 60 días.
A mediados de junio tendría entonces que haber humo blanco, por lo menos en una propuesta que contemple cierto menú de opciones, y partir de ahí empezaría el debate parlamentario. ¿Termina allí el trabajo de ustedes?
No. Nuestro papel no termina ahí, nosotros vamos a vender el producto, pero después vamos a hacer también el servicio de posventa. Desde el Conicyt vamos a seguir reuniéndonos con los parlamentarios para hablar del tema, y también lo hará la Udelar, porque cualquier proyecto de esta naturaleza, según la Constitución, no puede ser aprobado sin haber consultado a la Udelar. También el Conicyt tiene que ser consultado, por lo que seguramente nos reunamos con los parlamentarios para tener diálogo e intercambios al respecto.
Sea cual sea, de estos tres caminos, el que se termine adoptando en el Parlamento, ¿podríamos estar en condiciones de decir que la bicefalía actual de tener por un lado la ciencia –con la Senci– y por otro la innovación –con Uruguay Innova– tiene los días contados?
Ese es otro tema muy importante, el del vínculo entre la investigación y la innovación, es decir, el vínculo entre la investigación y su influencia en la sociedad. La opinión de la Udelar, por lo menos, es que tendría que tener un nivel de unidad institucional que permitiera que las dos cosas tuvieran un único organismo de Estado. Eso no quiere decir que si creás una secretaría o un ministerio, en ellos no haya un programa específico para el fomento de cada una. Cuando creás un instituto, dentro podés tener subdivisiones, pero pensamos que tiene que haber una unidad bajo una única institución. Si uno le pregunta al secretario David González, él dice que ya tienen esa unidad porque la Secretaría de Ciencia y Uruguay Innova trabajan codo a codo, funcionan en el mismo local y la oficina de uno está al lado de la del otro. Y eso es verdad, hoy en día funciona así, pero institucionalmente no. El día de mañana esa unidad, esa sintonía, puede no estar porque no hay nada que diga que esa unidad existe. La posición de la Udelar respecto de esto es muy clara. Por lo que hemos venido hablando en el Conicyt, por más que aún no hay una definición formal al respecto, también me parece que la idea es ir hacia una cosa más integrada, que sea un único organismo.
Estamos entonces en plena discusión y en una etapa fermental. Si todo sale bien, este proceso va a redundar en un sistema científico más robusto, más consensuado, pensado para durar y, de ser posible, protegido de los vaivenes de los ciclos electorales.
Sí, eso me parece que es un mensaje importante. Queremos una cosa discutida colectivamente, porque eso también da cierta consolidación. Cuando las cosas se discuten en una mesa chica, hay menos gente involucrada. Lo ideal es que haya el mayor número posible de actores que hayan sentido que por lo menos pudieron expresar su voz y dar su punto de vista.