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Ciencia Investigación científica
Zorro de campo en Rocha. · Foto: Shelley Rutkin (NaturalistaUY)

Zorro de campo en Rocha.

Foto: Shelley Rutkin (NaturalistaUY)

Brotes de virus de distemper canino: cuando el precio de no vacunar a tu perro lo paga la fauna silvestre

Investigación de episodio de mortandad masiva de zorros de monte y de campo, realizada por especialistas de Argentina y Uruguay, sugiere que los animales se contagiaron el virus de distemper canino de perros domésticos y marca la necesidad de mejorar los índices de vacunación de las mascotas.

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En una de las tantas fábulas de Esopo protagonizadas por zorros, el león anuncia a los demás animales que se encuentra muy enfermo y que necesita que lo visiten para superar el mal momento. El zorro hace igual que todos y acude al llamado, pero, al acercarse a donde yace el león, decide quedarse a una prudente distancia.

En lugar de entrar a la cueva, le pregunta al rey de los animales, desde lejos, qué tiene y cómo se siente. El león le responde que está muy mal y que por favor pase un momento a brindarle sus respetos, como han hecho los demás.

El zorro, sin embargo, se abstiene, porque nota que muchas huellas entran a la cueva pero ninguna sale de ella. “Haré como usted me diga cuando me explique por qué lugar han salido sus visitas”, le responde, se da vuelta y salva su pellejo.

Si los zorros pudieran aprender de las moralejas de las fábulas que protagonizan con tanta frecuencia, quizá encontrarían provecho en una versión moderna de este relato. En lugar de un león, el protagonista sería un perro enfermo, y aunque el zorro repetiría la misma cautela de la fábula y evitaría acercarse a él, no lo haría para evitar ser devorado, sino contagiado.

Tendría sentido, porque el riesgo principal de los zorros que habitan la región pampeana en la que vivimos no es la astucia de los grandes felinos, sino las amenazas que supone la presencia humana, entre ellas, el contagio de enfermedades por parte de sus mascotas.

Este último punto es justamente el tema central de un reciente trabajo de especialistas de Argentina y Uruguay que, al reconstruir la investigación de un episodio de mortandad masiva de zorros en el área protegida de El Palmar (Entre Ríos, Argentina), se acerca más a una historia detectivesca o a un relato de zombis que a una fábula.

El trabajo, liderado por científicos argentinos de la Facultad de Ciencias Veterinarias, el Instituto de Investigaciones en Producción Animal, el Instituto de Ecología, Genética y Evolución del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (todos de la Universidad de Buenos Aires), cuenta con la participación fundamental de nuestros compatriotas Ruben Pérez, Yanina Panzera, Josefina Escardó y Sofía Grecco, de la sección Genética Evolutiva de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.

Para la investigación utilizaron una metodología de secuenciación genómica desarrollada en Uruguay para identificar al “culpable” del crimen, y el artículo donde publican sus resultados deja en evidencia los riesgos que supone para la fauna silvestre la circulación de perros no vacunados.

Sofia Grecco y Josefina Escardó.

Sofia Grecco y Josefina Escardó.

Foto: Alessandro Maradei

El zombi de El Palmar

Todo comenzó con un zorro extraño. En diciembre de 2017, trabajadores del Parque Nacional El Palmar (Entre Ríos, Argentina) observaron un zorro de monte (Cerdocyon thous) que se movía con dificultad y aparentes problemas neurológicos. El hecho les llamó la atención porque habían notado una fuerte disminución aparente en el número de zorros desde agosto de ese año.

Suponían quién podía ser el culpable por sus antecedentes en esa misma área protegida, en la que causó otras muertes de zorros en 2006 y 2007: el virus de distemper canino, patógeno que afecta a los perros domésticos y que ha demostrado ser devastador para los carnívoros silvestres. Se contagia con facilidad a través de aerosoles (es decir, por las gotitas suspendidas en el aire cuando el animal estornuda, tose o ladra) y por el contacto a través de orina, heces o secreciones oculonasales.

Es causante de una enfermedad llamada comúnmente “joven edad”, que provoca fallos a varios niveles en el organismo. “Es un virus multisistémico. Hay afectación neurológica, como pasa con la rabia, pero también provoca problemas respiratorios y afecciones gastrointestinales, por ejemplo. Cuando la sintomatología nerviosa aparece en animales silvestres significa que se producirá su muerte”, explican Josefina Escardó y Sofía Grecco, dos de las autoras del trabajo, en la Facultad de Ciencias.

Aunque esto es probablemente lo que ocurrió con aquel zorro, no hubo forma de comprobarlo porque el animal desapareció poco después de haber sido avistado. Pero, como en el inicio de una película de zombis, aquel zorro infectado resultó ser solo el primer aviso de un brote en ciernes. Pocos meses después, otro ejemplar de la especie fue encontrado arrastrándose cerca de un camino y con los mismos síntomas, ya moribundo.

Esta vez, el equipo de investigadores liderado por Ricardo Gürtler y Danilo Bucafusco pudo hacerse con los restos del zorro para investigar la causa de su enfermedad. Mediante un test de PCR, técnica de detección de virus que conocemos bien gracias a la pandemia de covid-19, confirmaron sus sospechas: el zorro estaba infectado con el virus de distemper canino. El caso, sin embargo, estaba lejos de cerrarse.

La aparición de estos zorros enfermos planteó varias preguntas a los investigadores. En primer lugar, querían confirmar si efectivamente estaba ocurriendo una baja en el número de zorros en El Palmar que pudiera relacionarse con la circulación del virus. En segundo lugar, se proponían descubrir cómo se habían contagiado los zorros. Para responder lo primero, recurrieron a varias líneas de evidencia. Para lo segundo, trabajaron junto con el equipo de Uruguay.

Zorro de monte en Maldonado.

Zorro de monte en Maldonado.

Foto: Ernesto Fernández Polcuch (NaturalistaUY)

Desaparecer en el otro monte

El equipo entrevistó a veterinarios de ciudades de la región, incluyendo localidades muy cercanas, para solicitar información sobre brotes locales de CDV en perros y reportes de mortalidad de zorros. Tal cual sospechaban, corroboraron que en 2017 hubo varios brotes de la enfermedad en ciudades cercanas al parque, incluyendo Ubajay, donde hay una gran población de perros sueltos y un basurero a cielo abierto.

También entrevistaron a personal del parque involucrado en recorridas de campo y a 18 cazadores que trabajan en el control de especies invasoras exóticas en el parque, con el objetivo de conocer sus impresiones sobre la abundancia relativa de zorros, y saber si habían observado perros sueltos en la zona, así como zorros enfermos o muertos.

Además, recurrieron a la información del monitoreo sistemático de fauna que el propio parque El Palmar lleva desde 2006, y los datos de cámara trampa que han colocado desde 2017.

Los resultados de estos métodos complementarios de investigación les permitieron confirmar que en El Palmar se había producido un colapso en las poblaciones de zorros de monte y también de zorros de campo (Lycalopex gymnocercus) en 2017-2018, aunque con más gravedad entre los primeros, que son más abundantes allí.

Zorro de campo en Lavalleja.

Zorro de campo en Lavalleja.

Foto: Francisco Liguori (NaturalistaUY)

Dicho colapso fue “un evento de mortalidad masiva (definido como una reducción superior al 50% en los índices de abundancia en el plazo de un año) muy probablemente asociado al virus de distemper canino”, señala el trabajo.

Esta mortandad pasó inicialmente inadvertida, pero la investigación posterior permitió ir poniendo las piezas del puzle en su lugar y comprobar que algunas evidencias ya estaban allí, antes incluso del avistamiento del primer zorro aparentemente enfermo. Todos los datos obtenidos coinciden: la aparición de múltiples cadáveres de zorros con síntomas típicos de virus de distemper canino, y la caída fuerte en los índices de presencia de zorros constatada en los distintos monitoreos hechos en esas mismas zonas.

Como caso detectivesco, parecía bastante claro: tenían los cadáveres, la escena del crimen, la confirmación de la causa de muerte y los más que probables sospechosos, pero necesitaban evidencias. Es allí donde entra en escena el equipo de Genética Evolutiva de la Facultad de Ciencias.

CSI Facultad de Ciencias

“Danilo Bucafusco nos contó que querían saber cuál era el origen del virus, si era un linaje que se estaba transmitiendo entre los zorros o podía provenir, por ejemplo, de los perros domésticos de la zona”, cuenta Josefina.

Para descubrirlo había que analizar con detalle el genoma del virus detectado en el zorro enfermo. Y en eso, justamente, el equipo de Genética Evolutiva se ha convertido en un referente en la región.

Desde 2018 la Facultad de Ciencias cuenta con una plataforma genómica, un conjunto de equipos que permiten obtener la secuencia completa del genoma de muchos organismos (incluidos virus), y que fue de gran provecho durante la pandemia. Los integrantes de la sección Genética Evolutiva la han usado con gran habilidad desde entonces. Lograron desarrollar una metodología que bajó los costos de secuenciación y les permitió obtener genomas completos a partir de cargas virales muy bajas, como ocurre a menudo con muestras de tejido muy deterioradas, explica Sofía.

Gracias a este avance, el grupo pudo comenzar a estudiar con mucho más detalle los virus que circulan en la fauna silvestre, cuyas muestras se obtienen frecuentemente de animales muertos en proceso de descomposición. Sus trabajos nos han permitido entender mejor algunos enigmas locales, como la llegada y transmisión del virus de la gripe aviar a Uruguay y la circulación del parvovirus (otro virus que afecta a perros y fauna silvestre, igual que el distemper canino), pero también a resolver varias investigaciones hechas en otras partes de América Latina. Una prueba de la relevancia de esta innovación local es que integrantes del equipo de Genética Evolutiva viajaron a México meses atrás para capacitar a integrantes de la Universidad Nacional Autónoma de México en el uso de su metodología.

En este caso en particular, el trabajo uruguayo fue fundamental para entender de dónde y cómo pudo llegar el virus de distemper canino a los zorros a El Palmar, con los resultados devastadores que ya conocemos.

Y corran, perros

Las investigadoras obtuvieron el genoma completo del virus, a partir de ácido nucleico extraído de un trozo de tejido cerebral del zorro, y realizaron un análisis comparativo con otras 67 cepas de distemper canino extraídas de diversos organismos provenientes de varias regiones, disponibles en la base de datos pública GenBank. Su objetivo fue comparar los parentescos entre estos linajes virales.

“Lo que pudimos observar en este análisis es que la cepa del virus hallada en el zorro enfermo estaba mucho más relacionada con las que circulaban en perros domésticos en la misma región que con los genomas aislados del virus en otros zorros y perros de países vecinos”, explica Sofía.

Este patrón, señala el trabajo, sugiere en este caso un contagio de perro a zorro. Además, el análisis de las demás cepas incluidas en la base GenBank y los antecedentes de investigaciones anteriores muestran que no es un episodio aislado. También se ha constatado esta afinidad entre cepas de virus en zorros de campo y de monte en Brasil y Uruguay con las que circulan en perros domésticos en esas zonas. Eso apunta a “varios eventos independientes de contagio de perros a zorros dentro de estos países”. Estos resultados concuerdan con trabajos que han mostrado que la probabilidad de que las cepas de distemper canino salten de perros domésticos a carnívoros silvestres es tres veces mayor que lo inverso.

En otras palabras: en el contacto entre perros domésticos y zorros, son los zorros los que tienen más que perder. Y no es un problema solo de ellos. Una investigación recién publicada, en la que participa también el equipo uruguayo, mostró el probable contagio de parvovirus de perros a mano peladas (Procyon cancrivorous).

“Es posible que el virus esté circulando entre los zorros silvestres, pero el caso en estudio revela infección por cepas emparentadas con las que circulan en perros. Son los perros domésticos los que parecen estar actuando como reservorio principal de estos virus que luego se transmiten a la fauna silvestre”, agrega Josefina.

En el caso de El Palmar, el contagio se produjo probablemente por el ingreso de perros infectados al parque, algo observado por los guardaparques, aunque “los contactos entre perros y zorros también pueden ocurrir fuera del parque o en la interfaz urbano-rural y llegar al parque a través de zorros en dispersión”.

Los nuevos trabajos que el equipo de Genética Evolutiva está haciendo en Uruguay, en proceso de publicación, muestran la misma tendencia: las variantes de este virus halladas en zorros de nuestro país están estrechamente emparentadas con las de los perros domésticos de Uruguay. El riesgo de que se produzca una mortandad de este tipo aquí –si es que no ha ocurrido ya y pasó inadvertida– es alto, pero la clave para evitarlo no está en los zorros.

Más vale prevenir que ladrar

“Una de las conclusiones del artículo es la importancia de hacer hincapié en la vacunación de los perros, no solo por ellos, sino también por la fauna silvestre. Hay un tema de fondo de tenencia responsable, de dar las vacunas correspondientes a las mascotas a su debido tiempo”, explica Josefina.

En las conclusiones del trabajo, los autores manejan la hipótesis de que los brotes de distemper canino en zorros se repiten en sintonía con los ciclos de este virus en poblaciones caninas mal vacunadas, y advierten sobre los efectos que estas mortandades pueden ocasionar en los ecosistemas e incluso en la dispersión de semillas y las tasas de germinación de algunas especies de plantas nativas, una función que los zorros cumplen eficazmente.

El mascotismo es otro factor que puede propiciar estos brotes, algo que pasa con zorros con cierta frecuencia en Uruguay. “Es importante recordar que el animal silvestre no es doméstico y que su ambiente está en la naturaleza, no en una casa”, advierte Sofía.

Por detrás de este tipo de episodios hay otro elemento que conocemos bien, o que al menos aprendimos a la fuerza debido a los efectos de la pandemia de coronavirus.

“Hemos visto a nivel mundial los efectos de la invasión del ser humano de los ambientes que habitan los animales silvestres, que provoca que haya mayor interacción entre ellos y los animales domésticos y los humanos. Las alteraciones que generamos son las que propician este acercamiento y aumentan las posibilidades de contacto y, por lo tanto, de contagio”, dice Sofía.

La intrusión humana en ambientes silvestres ya fue postulada como causa de la reaparición del virus de la rabia en 2007 en Uruguay, en ese caso por la perturbación sufrida por las colonias de murciélagos vampiros a raíz de la expansión de la forestación. Para los zorros, animales que se adaptan bien a los entornos semiurbanos, las posibilidades de un contacto cercano con personas y sus perros es mucho más alta.

Vacunar zorros o impedir que se acerquen a las poblaciones humanas es inviable, en especial porque somos nosotros los que estamos expandiendo nuestra presencia en los ambientes donde históricamente habitaron los zorros.

Por eso, para evitar episodios como los ocurridos en El Palmar, los investigadores hacen hincapié en la prevención: vacunar a los perros, aislar a aquellos que estén enfermos y no tener mascotas sueltas en ambientes naturales, algo que Uruguay tiene en el debe.

Como en la fábula del principio, mantener la distancia puede ser para los zorros la diferencia entre la vida y la muerte, pero la responsabilidad de aprender la moraleja, en este caso, es cosa enteramente nuestra.

Artículo: A mass mortality event of crab-eating foxes (Cerdocyon thous) and Pampas foxes (Lycalopex gymnocercus) linked to a canine distemper virus outbreak in a protected area of Argentina
Publicación_ European Journal of Wildlife Research (marzo de 2026)
Autores: Ricardo Gürtler, Yanina Panzera, Gabriela Nicosia, Josefina Escardó, Sofía Grecco, Lucía Rodríguez, Ana Bratanich, Andrea Marcos, Aristóbulo Maranta, Ruben Pérez y Danilo Bucafusco.