Según el ordenamiento del sistema científico dispuesto por el Poder Ejecutivo en la ley de presupuesto, en 2026 comenzó a funcionar, dentro del ámbito de Presidencia de la República, la Secretaría Nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento. Tal como señala el texto de la ley finalmente aprobada, la nueva secretaría (ya se había creado una Secretaría de Ciencia y Tecnología dentro de Presidencia en 2017, durante el segundo gobierno de Tabaré Vázquez, que con dificultades comenzó a funcionar en 2018 y que fue disuelta al asumir el gobierno de Luis Lacalle) tendrá varios cometidos, ninguno de ellos demasiado sencillo. Entre ellos están “proponer al Poder Ejecutivo políticas, objetivos, estrategias y planes en materia de ciencia, tecnología e innovación de base científico-tecnológica, en función de los objetivos nacionales de desarrollo”, “fomentar la investigación y la generación de conocimiento en ciencia y tecnología” así como promover la “formación de profesionales e investigadores altamente calificados” y su “inserción laboral en instituciones académicas, centros públicos y privados de investigación y desarrollo, así como en otros organismos públicos y en el sector de la producción de bienes y servicios”. También se le pide a la novel secretaría que contribuya a “la transferencia de los resultados de investigación, conocimientos y tecnologías al sector público, los sectores de la producción y la sociedad”, y se deja la puerta abierta con un último inciso que es como un cheque en blanco: “otros cometidos que le asigne el Poder Ejecutivo”.
La creación de la Secretaría, que nace junto al programa Uruguay Innova (y comparten ámbitos; según el presupuesto, por ejemplo, ambos “coordinarán, con las organizaciones correspondientes, la elaboración de la propuesta de un nuevo Plan Estratégico Nacional en Ciencia, Tecnología e Innovación (PENCTI), que será sometido a la consideración del Poder Ejecutivo para su aprobación antes del 30 de junio de 2027” o “el secretario nacional de Ciencia y Valorización de Conocimiento participará de las reuniones del Consejo Estratégico Ministerial del programa Uruguay Innova, en las que actuará con voz y sin voto”), no estuvo exenta de discusiones, idas y venidas y críticas. De hecho, en el Senado se aprobó un artículo en el presupuesto que encomienda “al Consejo Estratégico Ministerial del programa Uruguay Innova y a la Secretaría Nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento y el Consejo Nacional de Innovación, Ciencia y Tecnología la elaboración en conjunto de un proyecto de ley integral sobre el diseño institucional del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación”, dando para ello un plazo de 120 días desde promulgado el presupuesto, con una posible prórroga de 60 días. La propuesta deberá ser remitida al Ejecutivo, que deberá a su vez remitirla al Legislativo dentro de esos plazos. Por tanto, hay cuestiones establecidas sobre la Secretaría, Uruguay Innova y demás arreglos referentes al sistema de ciencia, tecnología e innovación (CTI) que seguramente serán modificados tras el trabajo parlamentario. Lo cierto es que, por el momento, la novel Secretaría existe, funciona y tiene una gran tarea por delante.
David González, investigador de Facultad de Química de la Universidad de la República (Udelar) y director del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba), fue nombrado secretario nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento. Más allá de sus primeras declaraciones tras el anuncio, aquí hablamos con más profundidad sobre los desafíos que le esperan, sus deseos y las expectativas de que esta vez sí a una secretaría en Presidencia se le permita y logre apuntalar nuestra ciencia. Al llegar a la recién estrenada sede de la secretaría, ubicada dentro del Campus de Innovación en predios del LATU (en la oficina contigua funciona el programa Uruguay Innova), David nos espera junto a Silvana Ravía, quien explica que no es subsecretaria (“no se creó ese cargo”), sino que su tarea pasa por una “coordinación operativa dentro del área técnica y administrativa”. Así que hablamos con David y Silvana de lo que se viene, si esta vez la secretaría es tomada en serio por el Ejecutivo. Como bien aclara David, tras explicar que Silvana había trabajado con Eduardo Manta en la Secretaría de Ciencia de 2018 y siguió trabajando en Dicyt durante la administración anterior, “la idea es no refundar nada, sino basarnos en lo que ya hay construido”.
Me encanta que el secretario de Ciencia sea una persona que estuvo al frente del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba) y que, por tanto, entiende el valor intrínseco de la ciencia más allá de posibles desarrollos. De hecho, gran parte de las personas que hoy están al frente de empresas biotecnológicas o que crean aplicaciones fabulosas basadas en ciencia realizaron un doctorado en ciencia básica. En todo este mal llamado “ecosistema” de ciencia, tecnología e innovación, si no se empuja la ciencia en general, es raro esperar luego que aparezcan las aplicaciones que generen el valor económico que se procura.
David: El mayor problema es que se trataría de un ecosistema donde todos quieren ser león y nadie quiere ser gacela, pero el ecosistema precisa de ambos para subsistir. Y de pasturas, claro está. Sin fotosíntesis no hay ecosistema.
Si se quiere hablar de ecosistema, la ciencia básica serían los vegetales, los productores primarios, los que transforman la energía del sol en conocimiento y después con ese conocimiento vemos qué hacemos. Ya que venís del Pedeciba, ¿cómo ves esa imagen que quedó, al menos desde lo discursivo, que da a entender que la ciencia está bien como está y que lo único que falta es que se transfiera y genere impacto en la economía, en lo productivo?
David: La ciencia y el conocimiento tienen valor en sí mismos, como la cultura o una obra de arte tienen valor en sí mismas. Entonces, una ecuación diferencial, una molécula, entender cómo funcionan las estrellas tiene valor en sí mismo. Además, en general, el progreso científico, los llamados descubrimientos o inventos eventualmente impactan en la sociedad.
Cuando era estudiante, en el siglo pasado, discutía sobre la ciencia básica o la ciencia aplicada. Esa es una discusión que ya no doy más. Existe ciencia que a veces tiene un horizonte de aplicación cercano y a veces tiene un horizonte de aplicación más lejano, pero, en general, todo descubrimiento científico impacta en la sociedad. Por eso es que los países más desarrollados también son los que más fuertemente estudian los aspectos más fundamentales del conocimiento. Y, por eso, como mencionabas, los creadores de empresas biotecnológicas en Uruguay muchas veces se formaron en ciencias básicas. En otros países las empresas tecnológicas suelen contratar personas que se formaron haciendo su doctorado en temas de investigación de horizonte de aplicación muy lejano, sabiendo que apuestan a personas formadas y no al tema específico que estuvieron estudiando. Esa dicotomía es un tema que ya está, en el mundo no se discute más.
El nombre de esta secretaría es un nombre complejo, con una sigla que desafía la creatividad a la hora de crear una sigla. Tanto es así que, como primicia, te digo que la estamos apodando “Senci”, dejando de lado las otras iniciales porque era imposible crear un nombre ingenioso o pronunciable con todas esas letras. Sin embargo, en el nombre completo está la “valorización del conocimiento” y ese es uno de los objetivos fundamentales de la Senci.
Para nosotros, cuando se habla de valorización del conocimiento se apuesta al derrame social y humano que la creación de ciencia pueda tener. Y eso por supuesto que quiere decir tal vez terminar en emprendimientos económicos, pero no sólo, sino también procurar la mejora de la calidad de vida a través de la salud, en la mejora de la seguridad, en la mejora de las condiciones de vivienda, en la creación de empleo en general y no sólo en empresas tecnológicas. En definitiva, la investigación debe generar un impacto, porque está financiada por la sociedad y entonces está bueno que los investigadores se emocionen frente a la creación de una molécula nueva que nunca nadie antes había fabricado en el universo conocido, pero también está bueno que de alguna manera eso derrame sobre la sociedad.
Puede ser que esa molécula se transforme en un medicamento o puede ser que esa investigadora o investigador se vuelvan mejores docentes debido a que hacen investigación y entonces, de alguna manera, están devolviendo a la sociedad.
No sé desde lo discursivo, desde la compleja discusión presupuestal que se dio, cómo se lee todo esto, pero la idea de la secretaría, trabajando en conjunto con el programa Uruguay Innova, es valorizar la ciencia en ese sentido, en el sentido de que todos los uruguayos se beneficien, de alguna forma, del esfuerzo que se hace en investigación. Y también que busquemos a través de eso la llegada de mayores recursos para la ciencia, porque sin duda que más allá de la institucionalidad, más allá de una dirección, un ministerio o una secretaría, lo cierto es que además de cambios institucionales, lo que precisa Uruguay es más dinero para investigar. Si el presupuesto del Estado está acotado a un espacio fiscal de 140 millones de dólares, para el cual creo que había algo así como 1000 millones de dólares de demanda de los distintos organismos, de ahí no hay recursos para hacer una ciencia grande en este país pequeño. Como dije varias veces hablando del presupuesto de Pedeciba, sus 2,5 millones de dólares son 2,5 kilómetros de carretera. El presupuesto de la ANII son 35 kilómetros de carretera...
Entonces precisamos demostrar que la ciencia le sirve a la sociedad para que la sociedad invierta más, tanto el sector público como el sector privado, tanto las empresas privadas como las públicas y los ministerios. Por ejemplo, el Ministerio de Salud debe percibir que la investigación en salud es beneficiosa para los uruguayos, y apoyarla. Todo eso implica valorización del conocimiento.
Silvana: Creo que a veces cuando se habla de valorización de conocimiento se termina hablando de un producto, una aplicación, de una tecnología o de una empresa, y no se toma en cuenta al asesoramiento científico, el tomar el conocimiento justamente como evidencia para diseñar políticas públicas que permitan resolver desafíos nacionales. La toma de decisiones acudiendo a evidencia que se generó en una facultad o en un instituto también es una pata importante de la valorización del conocimiento para que no quede sólo en un artículo científico, sino que eso que está allí termine siendo utilizado por un político, un funcionario público o un director, para tomar decisiones, que el conocimiento pueda dar respuesta a problemas que enfrentamos, como pueden ser problemas epidemiológicos que enfrenta el Ministerio de Salud Pública, problemas en el desarrollo de una política pública, problemas que enfrentan el Ministerio de Turismo o de Ambiente cuando tienen que resolver afectaciones causadas por las cianobacterias o por coliformes en las playas
David: Tuvimos hace unos años una polémica durísima entre la Intendencia de Maldonado e investigadores de la Facultad de Ciencias por el impacto que tendría una rambla en el balneario San Francisco. Entonces, yo pensaba cómo podía ser que eso fuera un conflicto. La política de promoción del turismo, del cuidado de, tal vez, una de las mejores playas de Uruguay, debería basarse en el aporte de la ciencia y no en ver a esos investigadores como un enemigo que quiere sabotear el desarrollo turístico de Maldonado.
Al leer la ley de presupuesto, parecería que a nuestra ciencia hubiera que ponerle esteroides para que valorice más lo que genera... pero, por ejemplo, evidencia sobre qué, cómo, cuándo y por qué se generan grandes floraciones de cianobacterias ya tenemos y, sin embargo, pocas medidas se toman al respecto basadas en eso. ¿Debe la ciencia valorar el conocimiento que genera o lo de la valorización va más a tratar de que quienes no están en el sistema científico valoricen lo que ya se produce?
Silvana: Quizás la responsabilidad es más nuestra, de quienes estamos en la órbita de la Administración Pública, o en ministerios, o en secretarías que al momento de pensar en políticas públicas para resolver determinados desafíos que tenemos en el país no llamamos a quienes pueden suministrar la evidencia. Si nos sentamos a hablar de problemas de seguridad, ¿por qué salimos a buscar consultores extranjeros?, ¿por qué no logramos llamar a quienes están trabajando? Creo que a veces es por falta de conocimiento de que en Uruguay hay investigación que está abordando diversos temas. Creo que quienes estamos trabajando en estas otras líneas públicas, o en instituciones, no llamamos a quienes deberían justamente asesorarnos o darnos la evidencia, y no que la responsabilidad sea únicamente del sistema académico o científico. Tal vez sea compartida, pero yo creo que es más un deber nuestro el decir que si vamos a trabajar en un PENCTI en el que vamos a definir cuáles son las estrategias y desafíos nacionales que tiene el país en temas de ciencia, tecnología e innovación, no puede hacerse puertas para adentro, sino que hay que llamar a quienes están trabajando, generando conocimiento en esos desafíos, sentarlos en la mesa, como pasó con el GACH [Grupo Asesor Científico Honorario]. Creo que, en la secretaría, si busca valorizar el conocimiento, si vamos a hablar de desafíos nacionales, tenemos que poder sentar en la mesa a quienes tienen el conocimiento, la evidencia generada a través del desarrollo de la investigación, para que nos digan cuál es el estado del arte de lo que Uruguay ha investigado y lo que se sabe. Quizás haya que investigar más, y habrá que focalizar los recursos para que se generen nuevas líneas focalizadas en estos desafíos que hasta el día de hoy no tenemos tan desarrollados. Pero lo que ya está hay que tomarlo para poder resolver y definir efectivamente cómo abordar esos problemas. Creo que desde este lado tenemos el desafío de que no se sigan definiendo cosas sin escuchar a quienes generan el conocimiento y la evidencia.
David: Tenemos un montón de ejemplos exitosos de valorización del conocimiento. Todo el mundo inmediatamente va a la pandemia, porque quienes sabían cómo usar un aparato de PCR eran los estudiantes de posgrado de ciencias biológicas que se dedican a eso que a veces se llama “ciencia basada en la curiosidad”, que es un nombre que no me simpatiza. Pero sobran ejemplos. Tenemos los años de investigación en energía eólica en la Facultad de Ingeniería, que fueron cruciales para la transformación energética que se produjo cuando se dieron determinadas condiciones: se puso a un científico a cargo de la Dirección de Energía, la crisis en el mundo hizo que los aerogeneradores chinos estuvieran a un precio muy razonable, el petróleo estaba muy alto, etc. Un montón de cosas ocurrieron, pero Uruguay estaba preparado porque tenía años de investigación en eso. El naciente grupo de pequeñas empresas biotecnológicas es un ejemplo exitoso de los años de formación de magísteres y doctores en Química, Biología y otras ciencias básicas. También tenemos el ejemplo de los marcapasos. Todas esas cosas fueron producto de ciencia que maduró, que llevó años de crecimiento y que, eventualmente, impactó en la sociedad.
¿Por qué piensan que esta secretaría de ciencia va a ser distinta a la Secretaría de Ciencia y Tecnología de 2018? ¿Qué condiciones ven, humanas, políticas, del sistema, para que esta experiencia esta vez sí sea satisfactoria?
David: Creo que la diferencia fundamental, y por eso se apuraron las cosas lo más posible, es que estamos al comienzo de un período de gobierno, aunque es cierto, ya pasó casi un año.
Silvana: La vez anterior la secretaría de ciencia se creó por decreto en 2017, junto con la Ley de Transformación Productiva y Competitividad, cuando ya iban dos años de gobierno, y a Eduardo Manta lo nombraron secretario en abril de 2018.
David: Creo que si la secretaría anterior y Transforma Uruguay no hubieran sido desmantelados, eran buenos proyectos que venían creciendo. Se necesitaba una nueva ley de presupuesto en la que se le asignaran recursos a la secretaría, y Transforma Uruguay tenía un montón de planes que fueron sustento de cosas que se hicieron después. La administración que vino después decidió hacer las cosas de otra manera, fortaleció la Dirección de Ciencia y Tecnología, la Dicyt, que estaba dentro del Ministerio de Educación y Cultura, devolviéndole algunas atribuciones, y la Dicyt hizo toda una serie de estudios y consultorías en las que llegó a determinadas conclusiones. Todo eso fue conocimiento acumulado. Esta administración no tira por la borda ni Transforma Uruguay, ni los diagnósticos de la Dicyt, ni el Innovation Hub creado anteriormente. De hecho, la secretaría y Uruguay Innova funcionan en el edificio donde estaba el Innovation Hub, que nació con algunas características en su gobernanza y en su funcionamiento que lo mantenían un poco alejado de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), y que ahora quedó mucho más integrado a la agencia.
Además de esto del tiempo hay otro factor. A veces uno dice que el Uruguay no cambia, pero el Uruguay va cambiando a su ritmo, y hoy se ha alcanzado una madurez en la forma de investigación en el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE), en el Instituto Pasteur, en la Udelar, en la UTEC y también en las universidades privadas, que hacen que la situación sea más fermental de lo que era en 2018 a la hora de crear una institucionalidad que acerque el mundo académico al no académico y tratemos de tener frutos de ese acercamiento que enriquezcan y fortalezcan nuestra sociedad.
Si la mejor forma de hacerlo era crear una secretaría, o era un ministerio, o era seguir trabajando dentro de la Dicyt, son opciones políticas. El Poder Ejecutivo hizo una propuesta, el Parlamento la modificó en parte y, además, dejó la puerta abierta, a través del artículo 73, al encomendarle a la secretaría, al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicyt) y al Consejo Estratégico Ministerial del programa Uruguay Innova proponer un proyecto de ley integral sobre el diseño institucional del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación en un plazo de 120 días más 60 de prórroga. En eso estamos.
El Conicyt, con su nueva integración, empezó a funcionar y nombraron una comisión que empezó a trabajar sobre ese tema. Nosotros estamos en contacto con el Conicyt e incluso propuse que discutamos esto juntos, porque si dos grupos de personas discuten por separado, la probabilidad de que lleguen a conclusiones similares es más baja que si lo hacen juntos. Ellos tienen su primera reunión ahora a principios de febrero. Asimismo, la secretaría cuenta con un grupo interesante de personas valiosas. Algunos vienen de la Dicyt, otros han venido de otros organismos del Estado. En la secretaría hoy somos 11 personas.
¿11 personas son suficientes para los objetivos planteados para la secretaría?
David: ¡Es un 400% más que la anterior secretaría! [risas] Muchas de las tareas que heredamos de la Dicyt, y que llevaban mucho esfuerzo, las vamos a llevar adelante en conjunto con la ANII, como administrar el Centro Latinoamericano de Biotecnología (Cabbio) o administrar el fondo Carlos Vaz Ferreira. O sea que también tenemos apoyo de allí en la medida en que nos aproximamos entre las distintas instituciones. Así que tenemos 11 personas en la secretaría, colaboramos en equipo con Uruguay Innova y compartimos recursos.
Silvana: En Uruguay Innova van a ingresar cinco personas más, por lo que va a estar en torno a las diez personas, todas profesionales de distintas disciplinas. Todas las funciones que vienen desde la Dicyt en lo relativo a cooperación de ciencia las está gestionando Uruguay Innova, con la definición política del secretario. Luego, lo que es la Unidad de Valorización del Conocimiento la estamos trabajando con Uruguay Innova, el desarrollo del nuevo PENCTI lo haremos en conjunto con el Conicyt y Uruguay Innova. Hay varias líneas en las que a los profesionales de la secretaría se suman profesionales de mucha experiencia en el sistema que están trabajando en Uruguay Innova.
David: Tenemos un total de unas 20 personas y las incorporaciones nuevas son muy pocas, entre seis y ocho tal vez. ¿Por qué? Porque si los recursos son tan pocos, lo que no podíamos hacer era crear una gran institución con un departamento jurídico, un departamento contable, una unidad ejecutora, una división de recursos humanos que se tragara el dinero que hay para la ciencia. Tratamos de maximizar lo que llega realmente a los investigadores. Creo que con muy pocos recursos, más en los gastos de funcionamiento y los recursos humanos, estamos en condiciones de poner esto a andar. Especialmente porque agrupamos cosas, estamos ubicados en este lugar, en el Campus de Innovación del LATU, cerca de la ANII.
Silvana: El personal está dedicado al diseño de políticas científicas. Como somos una unidad dependiente de Presidencia y no una unidad ejecutora, no precisamos tener gente destinada a la gestión de recursos humanos, gestión financiera, porque de todo eso se encarga Presidencia. De esa manera, quienes trabajamos en la secretaría estamos abocados a trabajar en el diseño y evaluación de políticas públicas y no en otras tareas.
David: No quiero entrar en una polémica al respecto, pero eso era una de las contras de crear un ministerio. Está bárbaro un Ministerio de Ciencia, pero es muchísimo más caro porque tiene determinados costos asociados. Tiene que tener un ministro, un subsecretario, un director general, direcciones, un montón de cosas. La secretaría no. Es cierto, la secretaría tiene menos poder. Y es cierto que el Parlamento no puede llamar a sala a un secretario. Pero ser una institución chica tiene algunas ventajas.
Capaz que, porque somos un diario cooperativo, pero concibo la ciencia como una actividad colaborativa y colectiva. Presidencia en ese sentido es un ámbito donde se llevan adelante políticas de gobierno, pero da la sensación de que las políticas de Estado se construyen más en el Parlamento, donde están representadas todas las fuerzas políticas que hablan en nombre de sus votantes. Que la política de CyT se defina en una secretaría y un programa de Presidencia no imposibilita, pero tal vez aleja un poco la idea de tener una verdadera política de Estado al respecto.
David: Me gusta lo que decís sobre lo de venir de un diario cooperativo y de que la ciencia es una actividad colectiva. Pero creo que esas cosas tienen mucho que ver con la impronta de la gente que las lleva adelante. En el ámbito más ejecutivo se puede tener una impronta colectiva y de diálogo, o en el ámbito parlamentario se puede decir, como me dijo un senador en 2021 –en plena pandemia–, cuando fui a la Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado a pedir plata para el Pedeciba, que era hora de que la ciencia dejara de pedir y empezara a demostrar. Me quedé de cara, pero eso muestra que hay que hacer un permanente esfuerzo comunicacional y también hacer énfasis en cómo ser una sociedad del conocimiento nos hace una mejor sociedad. Eso es parte también de lo que la secretaría intentará hacer.
Volviendo a si la gente es suficiente, sería muy lindo que ya existiera una cierta infraestructura andando y que los 11 que somos acá más o menos ya supiéramos que Juan está en tal tema, María está en tal otro, pero eso hoy está en construcción. También hay algo lindo en las cosas de construcción. 11 personas es un grupo suficiente para llevar adelante cosas y también suficientemente chico para poder tener una reunión semanal de seguimiento, de ver cómo anda. De alguna manera, Uruguay Innova y esta secretaría son startups de apoyo a la ciencia y la innovación.
No está claro, porque no consta en ningún lado, cuánto va a durar el programa Uruguay Innova. Más aún, te escuché decir en una entrevista que, como se trata de un programa, no se sabe cuánto va a durar, pero, por otro lado, venís de estar al frente de un programa exitoso, el Pedeciba, que lleva prácticamente tantos años como la democracia, porque se creó en el primer gobierno de Julio María Sanguinetti.
David: Pedeciba es una gran creación, es una política de Estado y es un ejemplo de cogobierno en un organismo de gestión científica, porque es un programa cogobernado. Es realmente una estructura que si se la conociera mejor, tal vez se la imitaría más.
Por tanto, un programa no necesariamente es efímero, pero tampoco tenemos la certeza de que Uruguay Innova vaya a seguir, ni siquiera que abarque todo este período de gobierno. Y en este diseño actual, la innovación quedó un poco divorciada de la ciencia, ya que hay un programa para una y una secretaría para la otra.
David: Me llamó mucho la atención que Gonzalo Tancredi dijera que se crea una estructura bicéfala. El programa Uruguay Innova y la secretaría son un equipo, funcionan literalmente uno al lado del otro tratando de apoyarse mutuamente. Creo que esa idea del divorcio entre uno y otro es más bien no ver la fortaleza de la colaboración y del equipo.
Pero, dado que no sabemos hasta cuándo va a estar el programa Uruguay Innova o cómo se inserta definitivamente en una institucionalidad que represente una política de Estado, esa complementariedad que hoy está mañana puede desaparecer al terminar el programa. Y lo que dice el papel es que hay atribuciones que tiene Uruguay Innova que no competen a esta secretaría.
David: Decía un poco en broma que esto es una startup. Pero la verdad es que esto es algo que está naciendo y que seguramente va a tener una evolución rápida cuando se apruebe la ley que ordene el sistema de ciencia, tecnología e innovación en el Parlamento, que puede implicar cambios importantes o cambios pequeños. Lo que el programa Uruguay Innova va llevando adelante, en la medida de que sea exitoso y útil, se irá incorporando a la secretaría, que es de ciencia y valorización del conocimiento. No pienso esto como una cosa estática, sino como un punto más en una larga evolución del Uruguay construyendo su sistema de ciencia e innovación. Hoy tenemos esta forma organizacional que se va a rediscutir este año y le vamos a hacer los ajustes que sean necesarios. Tendremos otra, que tampoco va a ser definitiva, porque como la vida o como el universo, las estructuras no son estáticas, cambian y evolucionan.
Silvana: Capaz que en la práctica no se termina viendo, pero cuando nosotros trabajamos en conjunto con Uruguay Innova, hay aspectos que tienen que ver con beneficios fiscales, aspectos regulatorios, temas aduaneros, startups que no tienen que ver directamente con la generación del conocimiento, y que en la secretaría no estamos tan involucrados, porque justamente nuestra idea es pensar políticas de desarrollo científico, valorización del conocimiento. Hay toda una serie de temas que Uruguay Innova sí está trabajando y que no tienen por qué ser de la secretaría, por eso es que trabajamos en conjunto.
David: Hace años que la comunidad científica dice que necesitamos algún tipo de beneficio fiscal para la compra de insumos científicos. No lo hemos podido resolver porque los que lo saben resolver no son investigadores, son gente de otro palo, son profesionales que están acostumbrados a diseñar arquitecturas económicas para que las cosas salgan adelante. Es otra habilidad. Voy a decir algo que además es casi pecaminoso aun para un ateo como yo. No toda la innovación sale de la investigación. Por ejemplo, al que se le ocurrió poner la instalación eléctrica con cables por fuera de la pared, así no hay que picar la pared cada vez que tenés que cambiar los cables, produjo una buena innovación. No hay ciencia ahí, lo que hubo fue alguien con una idea. Creo que deberíamos cada uno reconocer el valor de lo que el otro hace. Si nosotros logramos romper con la dicotomía de una i versus la otra, de investigación versus innovación, y logramos una sociedad donde se diga que hay espacio para colaborar, pienso que tenemos bastante para ganar.
Silvana: Por ejemplo, tenemos el caso de Ceibal, que fue una innovación que surge con temas tecnológicos y hoy en día Ceibal piensa en cómo enseñar en el sistema educativo público, primario y secundario con nuevas formas de hacer enseñanza. Eso es innovación en la educación. Y es desarrollo, crecimiento del país, y no estamos hablando ni de un producto, ni de una aplicación, ni de un proceso manufacturero.
David: El objetivo de Ceibal para este año es retener más muchachos y muchachas dentro del sistema educativo, porque uno de nuestros grandes problemas es que los perdemos.
Como proclamado judithsutziano, el tema central es conectar las demandas de conocimiento para resolver problemas del país con quienes son capaces de responder con evidencia a determinadas interrogantes, así que celebro lo que dicen. Tal vez la innovación social sea hoy tanto o más urgente que la directamente asociada al crecimiento económico. Pero, volviendo a la pregunta, cuando Uruguay Innova no esté, ¿qué pasa con la innovación basada en conocimiento?
David: Cuando Uruguay Innova no esté, ya sea porque el programa cumplió sus objetivos o por la razón que fuera, la institucionalidad científica, hoy llamada Secretaría Nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento, habrá crecido y madurado como para poder incorporar esas funciones.
¿O sea que Uruguay Innova sería como la cianobacteria que empezó a hacer la fotosíntesis y la Secretaría Nacional de Ciencia sería la célula eucariota que la engulló y luego de incorporarla a su citoplasma, se convierte en la célula vegetal que hoy se lleva todos los aplausos sobre la fotosíntesis?
David: Algo así.
Silvana: Por eso hay unidades que surgen en conjunto, como la de Cooperación de Ciencia y Tecnología, la Unidad de Evaluación y Monitoreo en lo que tiene que ver con Ciencia, Tecnología e Innovación, hoy en día surge y se gestiona a través de Uruguay Innova, pero trabajándolo en conjunto y bajo el diseño de las políticas de la secretaría.
El presupuesto también creó “un Consejo Asesor Científico Honorario con el cometido general de asesorar al Poder Ejecutivo en materia científico-tecnológica, aportando evidencia y metodología científica a la toma de decisiones de alto nivel”, que estará integrado por “el secretario nacional de Ciencia y Valorización de Conocimiento y otros siete miembros que actuarán a título personal y serán designados por el Poder Ejecutivo por un período de dos años, renovable por una única vez, entre personas con un destacado desempeño académico en el país y en el exterior”. ¿Qué se siente ser el secretario de Ciencia sabiendo que hay un consejo de siete asesores científicos honorarios allí también opinando e incidiendo en los temas?
David: Me parece que siempre son más valiosos los equipos que las personas individuales. No me imagino las personas que estén ahí como el Consejo de Ancianos o los Siete Sabios de Grecia. Me imagino más bien un equipo hecho con personas que, de repente, ya han logrado muchos de sus objetivos y tienen ganas, mientras siguen participando a veces en su tarea, de aportar sin remar para su molino, sino procurando aportar al sistema y a los que uno les puede pedir una opinión. Leo, decime cómo está el tema del periodismo científico en Uruguay, está creciendo o se estancó. Pienso en personas que puedan dar ese tipo de aportes y que estén dispuestas a escuchar y a trabajar con el de al lado. Por supuesto que, dentro de lo que ese pequeño número permite, tiene que haber diversidad. No pueden ser todos ingenieros, no pueden ser todos biólogos. Se está pensando en personas que ya estén consolidadas en la investigación.
¿Ya está la lista con los siete nombres que les gustaría que dieran su asesoramiento? ¿Los propone la secretaría, Uruguay Innova, Presidencia? En el Presupuesto sólo se dice que el “Ejecutivo definirá el procedimiento de selección de los integrantes” de ese Consejo Honorario.
David: Estos asesores los vamos a ver junto con Uruguay Innova, sin duda, y finalmente los designa el Poder Ejecutivo. No tenemos la lista conformada, más allá de que hay gente en la que estamos pensando.
Silvana: Los miembros que defina el Ejecutivo serán a propuesta de lo que veamos con Uruguay Innova.
David: Diría que antes de que termine el verano tenemos que tener armado ese equipo. Eso sí, el verano termina el 22 de marzo.
Transportémonos al final de este período de gobierno. ¿Qué sería una gestión que los deje satisfechos al frente de esta segunda etapa de una secretaría de ciencia en Uruguay?
David: Me dejaría satisfecho si logramos que el sistema articule y colabore entre sí. Que los distintos institutos de investigación y las universidades estén realmente interrelacionados, cooperando y compartiendo investigadores y estudiantes. Que tuviéramos un sistema de apoyo a los investigadores que tomara desde nuestras becas de grado y posgrado, nuestro casi inexistente sistema de posdocs, hasta nuestro Sistema Nacional de Investigadores, y todo eso estuviera integrado en un sistema único de apoyo a la carrera de investigación, y no como sucede ahora, que quienes investigan en Pedeciba tienen tal cosa, si son del IIBCE tienen tales otras, si son de la Udelar tienen dedicación total y así.
¿Algo como el sistema de Argentina, por ejemplo, donde quienes investigan están bajo el paraguas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet)?
David: El Conicet es muy denostado últimamente, pero creo que tiene muchas cosas buenas y por algo, salvo este último gobierno muy destructivo, ha persistido, al igual que el Pedeciba, a lo largo de muchas administraciones. Creo que eso es algo que el sistema uruguayo precisa. Nuestro dinero para investigación es poco y si bien precisamos que sea más, también tenemos que administrar mucho mejor el que tenemos. Si no tenemos becas de doctorado y de posdoctorado que signifiquen una cosa medianamente atractiva para los estudiantes, no va a crecer el sistema de investigación. Si no logramos insertar a nuestros egresados fuera de la academia y además no ofrecemos buenas becas, entonces los muchachos y muchachas no van a incorporarse a la investigación. Y sin estudiantes no hay investigación. Los institutos de investigación que no incorporan estudiantes de posgrado o de posdoctorado en sus plantillas se burocratizan y decaen.
En gran parte, y no es sólo en Uruguay, son los estudiantes los que empujan el conocimiento científico.
David: Eso es clarísimo. Son los estudiantes los que empujan el conocimiento. Hay veces que uno lee una noticia en la que, para destacar a una investigadora o investigador, se dice que ya en su tesis doctoral había realizado tal y cual cosa. ¡Pero ese es precisamente el momento de hacer las mejores cosas! Ser estudiante de doctorado es una de las mejores etapas de la vida. Y eso los centros de investigación lo saben. El IIBCE renació gracias a su interacción con la Facultad de Ciencias y al incorporar estudiantes de posgrado. El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) tuvo la misma percepción y por eso fortalece su vínculo con las universidades.
Silvana: Que la gente con formación de doctorado sea más valorizada tanto en el ámbito privado como en el ámbito público sería algo para estar satisfechos con la secretaría. Que sea un valor el que se haya hecho un doctorado. En otros países las empresas y organismos públicos van a buscar a la gente que está terminando el doctorado para que se incorpore. Eso hoy en día no ocurre en Uruguay como debería. Que tanto para implementar nuevos productos en una empresa o para decidir cuál va a ser el programa de control de plagas en un ministerio se genere demanda de gente con esa formación, con esa manera de pensar. Porque no se trata sólo del conocimiento específico que tiene alguien con un doctorado, sino de la forma de pensar y abordar problemas utilizando el método científico. Procurar que esa forma de pensar sea más demandada sería un objetivo que, de ocurrir, nos dejaría satisfechos.
David: Por último, esperamos ser un lugar donde los prejuicios mutuos, o los problemas de poder y la relación conflictiva entre la investigación académica, la administración de gobierno y la innovación empresarial puedan confluir en forma positiva y constructiva. Si logramos eso, será una gestión más que satisfactoria.