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Ignacio Ingold, Sabrina Siniscalchi y Matías Verges de la Cooperativa Codice. Foto: Ignacio Dotti

Emprender en colectivo: tres cooperativas colonienses apuestan a otra forma de producir tecnología

Coopnet, Codice y Scooglo reúnen a jóvenes profesionales que eligieron el cooperativismo para desarrollar proyectos tecnológicos e innovar desde el trabajo colaborativo.

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Tres emprendimientos cooperativos impulsados por jóvenes profesionales de Colonia participan este año en el proceso de incubación de Incubacoop, que acompaña la creación y consolidación de nuevas cooperativas. Aunque desarrollan proyectos diferentes –desde servicios tecnológicos hasta plataformas para fortalecer el propio movimiento cooperativo–, Coopnet, Codice y Scooglo comparten una misma convicción: que el cooperativismo puede ser una herramienta para innovar, emprender y generar nuevas formas de trabajo.

Coopnet: de las aulas compartidas al proyecto cooperativo

Cuando Nahuel Pajes y Alexis Araújo comenzaron a estudiar juntos en la carrera de Analista en Sistemas que se dicta en la sede rosarina del Centro Tecnológico de Colonia (CTC), difícilmente imaginaran que un encuentro casual que tuvo uno de ellos no solamente terminara definiendo el rumbo de su proyecto de tesis, sino también la forma en que concebían el trabajo profesional. Los dos jóvenes –Nahuel, de Juan Lacaze, y Alexis, de Rosario– compartían prácticamente todos los trabajos de la carrera. En 2022 ya funcionaban como un equipo consolidado y, cuando llegó el momento de desarrollar la tesis, buscaban una idea que les permitiera resolver un problema concreto. La oportunidad apareció de manera inesperada.

Mientras Alexis trabajaba en una farmacia de Rosario conversando sobre programación con un colega, un cliente escuchó la charla y les comentó que integraba una cooperativa de vivienda que necesitaba ayuda para organizar su documentación. Esa organización manejaba cientos de formularios, balances, expedientes y registros en papel, una situación que hacía cada vez más compleja la administración cotidiana. Aquella conversación terminó convirtiéndose en el punto de partida de un proyecto que hoy aspira a transformar la gestión cooperativa mediante herramientas digitales. Y aquello que inicialmente iba a ser apenas una base de datos fue creciendo a medida que ambos comenzaron a reunirse semanalmente con los directivos de la cooperativa.

“Empezamos a descubrir que prácticamente toda la gestión era manual. Había planillas de Excel, papeles archivados por todos lados, información dispersa. Nos dimos cuenta de que el problema era mucho más grande que una simple base de datos”, recuerdan en diálogo con la diaria.

Durante más de un año trabajaron junto a los cooperativistas relevando necesidades, corrigiendo procesos y entendiendo el funcionamiento interno de una organización cooperativa. Esa etapa de aprendizaje fue tan importante como el desarrollo del software. “No conocíamos absolutamente nada del cooperativismo. Sentimos que el cooperativismo vino a nosotros; no fuimos nosotros quienes lo buscamos”, resume Nahuel.

Ese descubrimiento terminó siendo decisivo. Mientras desarrollaban la plataforma comenzaron a comprender la lógica democrática que caracteriza a las cooperativas: la búsqueda de la transparencia de la información, la rotación de responsabilidades, el acceso igualitario a la documentación y la participación de los socios en las decisiones.

De ese modo, comprendieron también que un sistema pensado para una empresa tradicional no podía responder a esas necesidades. “Una cooperativa no funciona como un comercio cualquiera. Acá cada socio tiene derecho a acceder a la información. Todo tiene que quedar auditado y ser transparente. El desafío era democratizar el acceso a los datos y que no dependiera solamente de quienes integran la directiva”, explica Alexis.

Esa comprensión terminó moldeando el propio diseño del software. La plataforma que crearon permite administrar documentación, balances, gastos, ingresos, actas, votaciones y distintos procesos administrativos, pero siempre respetando la lógica horizontal propia del movimiento cooperativo. Cada integrante accede según su rol, mientras toda la información queda registrada y disponible para los socios.

Con el proyecto de tesis ya terminado, decidieron recorrer cooperativas de vivienda de Colonia ofreciendo la herramienta. Recorrieron Rosario, Juan Lacaze y Nueva Helvecia mostrando el sistema, conversando con integrantes de esas cooperativas y escuchando nuevas necesidades. Ellos todavía no eran una cooperativa ni sabían demasiado sobre los requisitos legales para constituirse como tal. “Éramos solamente nosotros dos y ni siquiera sabíamos que para formar una cooperativa necesitábamos cinco socios”, recuerdan entre risas.

Sin embargo, mientras avanzaban en esas primeras presentaciones, algo comenzaba a cambiar. Los valores cooperativos empezaron a interpelarlos. “La horizontalidad, que el voto de uno valga exactamente lo mismo que el del otro, que todos seamos socios... todo eso coincidía bastante con nuestra manera de pensar”.

A partir de allí, comenzaron a vincularse con la Federación de Cooperativas de Viviendas de Propietarios (Covipro), donde presentaron públicamente el proyecto ante decenas de organizaciones. Aquella instancia significó un punto de inflexión. “No esperábamos encontrarnos hablando frente a treinta cooperativas. Fue un debut enorme”.

El interés despertado por la plataforma hizo que nuevas organizaciones comenzaran a sumarse como experiencias piloto y, al mismo tiempo, les abrió las puertas de distintos espacios del movimiento cooperativo nacional. Fue allí donde conocieron de cerca el funcionamiento del sector, participaron en el Encuentro Nacional de Cooperativas y comenzaron a relacionarse con referentes de todo el país.

También ingresaron al proceso de incubación de Incubacoop, donde actualmente trabajan en la profesionalización del emprendimiento, el desarrollo del plan de negocios y la futura conformación formal de la cooperativa de trabajo.

Hoy Coopnet está integrada por cinco jóvenes profesionales con perfiles complementarios: desarrollo de software, diseño, inteligencia artificial, infraestructura y gestión tecnológica. Todos provienen del ámbito de las tecnologías de la información, pero encontraron en el cooperativismo una manera distinta de construir empresa.

“En el mundo del software la competencia suele ser muy dura. Acá pasó exactamente lo contrario. Otras cooperativas tecnológicas nos ayudaron, compartieron experiencias, nos abrieron puertas. Descubrimos que cooperar genera mucho más valor que competir”.

Ese espíritu también atraviesa el modelo de negocio que buscan consolidar. Mientras otras empresas desarrollan soluciones genéricas de gestión, ellos eligieron construir una plataforma específica para cooperativas, adaptada a su legislación, a sus formas de funcionamiento y a sus procesos democráticos. Incluso proyectan mantener costos accesibles para facilitar que organizaciones pequeñas puedan incorporar tecnología sin que ello represente una barrera económica.

“La idea no es solamente vender un software. Si una cooperativa necesita una mano, queremos poder ayudarla. Ese espíritu de ayuda mutua fue algo que aprendimos dentro del movimiento cooperativo”, sostienen. Actualmente, trabajan con varias cooperativas de vivienda, aunque ya comenzaron a adaptar el sistema para cooperativas de trabajo y de producción mediante módulos específicos.

El objetivo de Coopnet es construir una plataforma flexible capaz de responder a las distintas realidades del cooperativismo uruguayo. Mientras avanzan en ese proceso, continúan desarrollando nuevas versiones del sistema, renovando la identidad visual del proyecto y preparando futuras aplicaciones móviles.

Para Nahuel y Alexis, sin embargo, el mayor logro no es tecnológico. Después de tres años de iniciado ese proceso en el mundo cooperativo, ninguno de los integrantes de Coopnet vive del emprendimiento. Algunos mantienen otros empleos; otros cuentan con el respaldo de sus familias mientras consolidan el proyecto.

“Creemos en lo que estamos haciendo. Queremos demostrar que desde el interior también se puede desarrollar tecnología de calidad y que el cooperativismo puede ser una forma de construir empresas innovadoras. Nosotros empezamos desarrollando un software para cooperativas y terminamos convirtiéndonos en cooperativistas”, concluyen.

Codice, una apuesta cooperativa al desarrollo del territorio

Siete profesionales formados en Rosario y con experiencia en empresas tecnológicas internacionales decidieron crear una cooperativa para acercar innovación a cooperativas, industrias y empresas del interior. “El éxito no pasa solamente por ganar más dinero, sino por generar impacto donde vivimos”, sostienen en entrevista con la diaria.

Matías Verges, Sabrina Siniscalchi e Ignacio Ingold relatan que durante años desarrollaron software para grandes empresas internacionales. Algunos trabajaron para bancos, otros integraron equipos tecnológicos de compañías estadounidenses y europeas, mientras la mayoría construía carreras altamente especializadas en uno de los sectores con mayor demanda laboral del mundo.

Sin embargo, cuando comenzaron a reunirse nuevamente en Rosario apareció una pregunta que terminó cambiando el rumbo profesional de varios de ellos. “Nos mirábamos en los asados y decíamos: ‘Mirá el equipo que somos. Si hiciéramos algo juntos sería muy difícil encontrar una empresa que lograra reunir todas estas capacidades’”, recuerda Ignacio.

Así comenzó a gestarse Codice, una cooperativa integrada por siete profesionales especializados en ingeniería de software, inteligencia artificial, análisis de datos, diseño de productos e ingeniería de procesos, economía, todos con una extensa trayectoria en compañías tecnológicas internacionales y casi todos formados en el CTC de Rosario.

Pero el origen del proyecto no fue solamente profesional, sin que también fue una búsqueda de otra manera de trabajar. A eso se sumaba el deseo de pegar la vuelta, e instalarse nuevamente en el terruño que los vio nacer.

Durante buena parte de sus carreras, los integrantes de Codice vivieron en Montevideo o trabajaron para empresas radicadas en el exterior. Como ocurre con buena parte del sector tecnológico uruguayo, el camino profesional parecía conducir inevitablemente hacia grandes corporaciones internacionales.

Sin embargo, varios comenzaron a regresar al departamento de Colonia buscando otra calidad de vida. “La pandemia aceleró muchas decisiones. Nos dimos cuenta de que nuestro estilo de vida no era la gran ciudad. Volvimos, alquilamos primero y a los pocos meses ya estábamos comprando casa”, cuentan Sabrina y Matías, que, además de ser socios en esta cooperativa en gestación, conforman una pareja afectiva.

Ese regreso les permitió mirar el territorio desde otro lugar. Descubrieron que existía un enorme potencial productivo –especialmente en el cooperativismo agropecuario–, pero también una brecha tecnológica considerable. “Encontramos organizaciones enormes, muy importantes para el desarrollo regional, que tecnológicamente estaban atrasadas. Había muchísima información disponible, pero nadie la estaba aprovechando”, relatan.

Fue entonces cuando comenzaron a trabajar junto con cooperativas instaladas en los departamentos de Colonia y Soriano, como Colaveco y Cadol, desarrollando herramientas para analizar grandes volúmenes de datos productivos, mejorar procesos e incorporar inteligencia artificial a la gestión.

Aunque Codice trabaja con software, inteligencia artificial, automatización y hardware, sus integrantes insisten en que el verdadero desafío no es vender tecnología, sino que apuntan, primero, a comprender los problemas que viven los potenciales clientes.

“Muchas veces la solución no es hacer un programa nuevo. Hay empresas que ya tienen tecnología instalada y simplemente no la están utilizando bien. Ahí aparece la ingeniería de procesos, la organización del trabajo y recién después el desarrollo tecnológico”. Por eso prefieren definirse como “socios tecnológicos” antes que como desarrolladores de software.

El trabajo comienza mucho antes de escribir una línea de código. Primero analizan cómo funciona la organización, identifican cuellos de botella, revisan los datos disponibles y recién entonces diseñan una estrategia tecnológica que pueda implementarse gradualmente, explican. “Nos interesa construir relaciones de largo plazo. No queremos vender un software e irnos. Queremos acompañar el desarrollo tecnológico de las organizaciones”.

¿Por qué resolvieron una cooperativa?, les preguntó la diaria a los integrantes de Codice, y la respuesta surgió casi naturalmente. Los siete integrantes eran amigos desde hacía décadas. Habían estudiado juntos, trabajado juntos y, en muchos casos, se habían recomendado mutuamente para ingresar a distintas empresas internacionales, de modo que la confianza ya existía. Sin embargo, a esa barra de amigos le faltaba encontrar una forma de organizar ese trabajo colectivo.

La idea terminó de tomar forma durante uno de los tradicionales asados que el grupo realiza varias veces al año. Allí comenzaron a discutir qué tipo de empresa querían construir. “Nos dimos cuenta de que entre nosotros compartíamos absolutamente todo menos los problemas económicos que podíamos llegar a tener, que no nos animábamos a compartir ese tipo de situaciones. Si alguien necesitaba ayuda para cualquier cosa estábamos todos, pero cuando el problema era económico parecía que había una barrera invisible, porque no nos animábamos a conversar sobre ello”, recuerdan. Ese razonamiento los llevó a estudiar el modelo cooperativo. “La lógica de una cooperativa nos cerraba desde todos lados: democracia, gobernanza, bienes comunes, participación. Todo tenía sentido”, subraya Matías.

El camino cooperativo

La asamblea constitutiva se realizó el 10 de enero de este año, aunque el proceso de formalización recién comenzará en los próximos meses, tras haber transitado el proceso de incubación desarrollado en Incubacoop.

Los integrantes de Codice coinciden en que el cooperativismo les mostró un mundo completamente diferente al que conocían dentro de la industria tecnológica. “El ecosistema tradicional de las startups es extremadamente competitivo. Muchas veces hasta tóxico”, comentan.

En cambio, relatan que desde el primer contacto con federaciones e instituciones cooperativas encontraron disposición para abrir puertas, compartir contactos, generar redes y construir proyectos conjuntos. “Esa lógica de cooperación entre cooperativas realmente existe. Nos sorprendió muchísimo”. Ese acompañamiento fue clave para comenzar a trabajar con cooperativas agropecuarias y organizaciones productivas del interior del país.

Más allá del modelo empresarial, hay otra motivación que atraviesa todo el proyecto: la pertenencia al territorio. Los tres entrevistados crecieron en Rosario y observan con preocupación la transformación económica de la ciudad durante las últimas décadas. “Cuando éramos adolescentes había muchas industrias. Hoy buena parte de ese trabajo desapareció”. Por eso hablan incluso de una “deuda generacional”.

“Siento que nuestra generación recibió muchísimo de Rosario. Nos formamos acá, estudiamos acá y después la mayoría terminamos desarrollando nuestras carreras en otros lados. Si algún día logramos que exista una gran empresa tecnológica instalada en Rosario, que genere trabajo de calidad desde acá, vamos a sentir que devolvimos una parte de todo lo que recibimos”, dice Ignacio.

Esa aspiración explica por qué, pudiendo concentrarse exclusivamente en clientes internacionales mucho más rentables, decidieron apostar por el desarrollo tecnológico del departamento de Colonia. “No queremos solamente ganar más dinero. Queremos mirar alrededor y ver el impacto de lo que hacemos. Que una cooperativa mejore su funcionamiento, que una industria produzca mejor o que una empresa local pueda crecer gracias a la tecnología termina teniendo un efecto directo sobre la comunidad donde vivimos”, expresan.

Scooglo: una plataforma para unir al mundo cooperativo con el sistema empresarial

Los integrantes de Scooglo buscan construir una plataforma que permita conectar a las cooperativas de trabajo existentes con empresas que necesitan contratar personal o servicios, facilitando un vínculo que, pese a la larga tradición cooperativa del país, todavía resulta difícil de concretar.

Detrás de la iniciativa hay un equipo interdisciplinario integrado por un veterinario con especialización en gestión empresarial, una contadora, una psicóloga especializada en gestión de personas, un profesional del área comercial y un desarrollador informático. Todos llegan desde recorridos laborales distintos y ninguno hizo del cooperativismo su primera experiencia profesional. Sin embargo, compartían una inquietud común: utilizar sus conocimientos para construir una herramienta colectiva que fortaleciera a otras organizaciones.

“Nos conocíamos desde hacía muchos años. Cada uno venía con una profesión diferente y en un momento de nuestras vidas sentimos que podíamos dedicar tiempo a crear algo en conjunto”, recuerda el veterinario Hermann Quiring en diálogo con la diaria. La confianza previa entre los integrantes fue uno de los factores que permitió dar el paso hacia una forma de organización que, según añade la contadora Tali Román, también implicó aprender nuevas maneras de tomar decisiones y compartir responsabilidades.

El origen de Scooglo no estuvo, sin embargo, en una plataforma digital. La idea inicial apuntaba a conformar una cooperativa que pudiera brindar servicios de tercerización de personal. Durante ese proceso comenzaron a recorrer dependencias públicas, conversar con referentes locales y organizaciones buscando cooperativas que pudieran responder a demandas concretas de empresas. Fue allí donde apareció el verdadero problema.

“Si una empresa necesitaba cinco personas para trabajar en Colonia o en San José durante algunos meses, era muy difícil saber qué cooperativa tenía disponibilidad o incluso cómo contactarla”, explica Quiring, que está radicado en Nueva Helvecia. La información estaba dispersa, muchas organizaciones no contaban con canales de difusión y tampoco existía un espacio donde pudiera visualizarse la oferta de trabajo cooperativo disponible en el país.

Ese diagnóstico terminó modificando por completo el rumbo del proyecto. “Nos dimos cuenta de que crear una cooperativa solucionaba el problema para cinco o diez personas, pero no resolvía el problema de fondo”, resume. En lugar de constituir una organización más, decidieron desarrollar una herramienta capaz de fortalecer a todas las demás.

Así nació Scooglo –acrónimo de Sinergia Cooperativa Global–, una plataforma que busca transformarse en un punto de encuentro entre cooperativas y empresas. La propuesta permitirá que cada cooperativa registre sus datos, describa los servicios que ofrece, informe la disponibilidad de sus socios y mantenga actualizada esa información. Del otro lado, las empresas podrán publicar necesidades específicas o buscar directamente organizaciones capaces de responder a determinados requerimientos.

Pero el proyecto pretende ir bastante más allá de un simple buscador. La plataforma incorporará mecanismos de validación de las cooperativas, procesos de capacitación, sistemas de evaluación y acompañamiento permanente para generar confianza entre quienes ofrecen y quienes demandan servicios. La idea es disminuir uno de los principales obstáculos que, según advierten sus impulsores, todavía enfrentan las cooperativas de trabajo: “La desconfianza de muchas empresas privadas”.

Román explica que numerosas cooperativas cuentan con buenos equipos técnicos, pero encuentran dificultades para desarrollar el área comercial o acceder a nuevos clientes. “Muchas veces el problema no es el trabajo que hacen, sino llegar al mercado”, sostiene. Scooglo busca convertirse precisamente en ese puente, reduciendo además los costos de intermediación respecto a las empresas tradicionales de tercerización, de manera que una mayor parte del ingreso permanezca en manos de los propios trabajadores.

El funcionamiento previsto combina herramientas tecnológicas con un acompañamiento humano permanente. Si una empresa necesita personal para una zafra o un servicio puntual, podrá cargar esa demanda en la plataforma. Si todavía no existe una cooperativa disponible para cubrirla, el equipo de Scooglo realizará la búsqueda y el proceso de articulación. Paralelamente, las cooperativas podrán mantener actualizada la disponibilidad de sus integrantes, de forma que el encuentro entre ambas partes deje de depender de redes informales o contactos personales.

Mientras desarrollaban la plataforma, sus integrantes comenzaron además un relevamiento de las cooperativas de trabajo existentes en Uruguay. Hoy el sitio web del proyecto ya permite consultar un mapa con organizaciones de todo el país clasificadas por departamento, sector de actividad y tipo de cooperativa. La información proviene de registros públicos, aunque el objetivo es que cada organización pueda ingresar posteriormente para completar sus datos, incorporar formas de contacto y actualizar la disponibilidad de sus servicios.

Detrás de ese desarrollo tecnológico existe también una reflexión sobre el lugar que ocupa el cooperativismo dentro del mercado laboral. Para Quiring, hoy la mayoría de las empresas visualiza solamente dos alternativas cuando necesita incorporar trabajadores: contratar personal dependiente o recurrir a empresas de tercerización. Scooglo pretende instalar una tercera opción.

“Queremos poner sobre la mesa la posibilidad de contratar cooperativas”, afirma. La apuesta consiste en demostrar que las organizaciones cooperativas pueden brindar servicios competitivos, con altos estándares de calidad y menores costos de intermediación, al tiempo que generan formas de trabajo más equitativas para sus socios.

Los impulsores del proyecto saben que ese cambio no se producirá únicamente mediante una plataforma informática. También exige modificar percepciones construidas durante años. Reconocen que muchas empresas aún desconfían del funcionamiento de las cooperativas de trabajo, mientras que numerosas cooperativas tampoco poseen experiencia en relacionarse con clientes privados de gran porte. Por eso insisten en que será necesario construir confianza a través de experiencias exitosas.

“Tenemos que lograr una, dos, tres experiencias que funcionen. Después vendrá el boca a boca. Somos un país chico; cuando una empresa vea que el sistema funciona, otras también se van a animar”, sostiene Román.

En ese recorrido también apareció otra preocupación. Durante el relevamiento del sector observaron que muchas cooperativas sociales lograron generar puestos de trabajo, pero permanecen atrapadas en condiciones de gran precariedad y con escasas posibilidades de crecimiento. Para el equipo de Scooglo, fortalecer su inserción en nuevos mercados puede convertirse en una herramienta para mejorar esa realidad.

“Hay cooperativas que hicieron un enorme esfuerzo para organizarse, pero después les cuesta muchísimo vender sus servicios. Otras quedaron limitadas a trabajar siempre por el salario mínimo. Ahí sentimos que también podemos aportar”, explica Román.

Mientras diseñan una herramienta destinada a fortalecer otras cooperativas, sus propios integrantes reconocen que todavía están aprendiendo qué significa trabajar bajo ese modelo. La participación en Incubacoop ha sido, en ese sentido, “una escuela”, destacan.

Quiring recuerda que, al comienzo, los cinco querían decidir absolutamente todo en conjunto. “Éramos tan cooperativistas que discutíamos cada detalle entre todos. En Incubacoop nos dijeron: ‘Dejen de dar tantas vueltas y empiecen a organizarse’”. Fue entonces cuando comenzaron a distribuir responsabilidades, asignando a Román la coordinación cotidiana del proyecto mientras el resto asumía funciones específicas según su formación profesional.

Ese aprendizaje excede los aspectos administrativos. Los talleres y tutorías les permitieron incorporar herramientas para gestionar conflictos, construir liderazgos compartidos y comprender que una cooperativa necesita tanto buenos vínculos internos como un modelo de negocios sostenible. “Nos dimos cuenta de que el éxito depende tanto de la idea como de la forma en que nos relacionamos entre nosotros”, resume Quiring.

Actualmente, Scooglo atraviesa la etapa de incubación y prepara sus primeros planes piloto. La intención es realizar experiencias concretas con distintas cooperativas de trabajo y empresas antes de habilitar plenamente la plataforma. En paralelo, continúan perfeccionando el modelo de negocio, ajustando el funcionamiento del sistema y ampliando el relevamiento nacional de cooperativas.

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