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Rafael Rivera y Laura Recalde, de Sansueña Café Vivero.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Sansueña, un café y vivero en el microcentro de Malvín

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Apuntan a ser un espacio de reunión barrial; a medida que suman elementos, nutren su carta y su agenda cultural.

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Conservar la anacahuita de más de medio siglo que sobrevivía en el fondo de la cochera fue casi la única condición para alquilarles el lugar. El árbol estaba apestado por la cochinilla cerosa, pero nadie quería deshacerse de él; tampoco los recién llegados, ya que justamente iban a instalar un vivero. En realidad, como explican Rafael Rivera y Laura Recalde, desde el principio se trató de conjugar dos negocios en un mismo escenario: las plantas, junto a algunos insumos de jardinería, y la cafetería, que en el correr del año quieren extender hasta la noche, con cocina mediterránea.

Pero el germen del proyecto Sansueña, el emprendimiento de una pareja que buscó inspiración durante sus viajes a Argentina, a España y a Italia, por ejemplo, fueron las plantas que reproducían en el fondo de su casa en Malvín. Rivera, que es barista y jardinero, a quien se puede seguir semanalmente como columnista del programa Ciudad viva, de TV Ciudad, y Recalde, que trabaja en el área de la comunicación, entendieron que la necesidad de reconectar con la naturaleza fue un síntoma positivo de la pandemia, cuando comenzaron con la venta digital de ejemplares. Los verdes se retiraban en su casa, pero a medida que aumentaba la cartera de clientes, que también sumaban en distintas ferias, crecía la necesidad de recrear esa ciudad mítica a la que cantó Eduardo Darnauchans.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Nadie pensó que fuera sencillo transformar aquel depósito oscuro que encontraron disponible en el microcentro barrial de la calle Orinoco. Y aunque no lo fue, desde 2024 hasta ahora los vecinos se lo han ido apropiando. Como reza un cartel entre el follaje: “La primavera es inexorable”. Ingresar a Sansueña es ir pasando por tres sectores: las plantas de exterior, al frente, con sol pleno, custodiadas por el colorido mural que encomendaron a Mikele, una artista argentina que justo vive cerca; las de necesidades intermedias, bajo la parte de techo de policarbonato; y luego las interiores, en el área que refuerza la malla sombra, que conviven con las mesas, hasta llegar finalmente a la barra, que reivindican como una de las primeras en despachar café de especialidad en la zona.

Hubo que cargar entre cinco personas la puerta de metal con vitrales y encontrar, con fanatismo y empeño, los diferentes elementos comprados en remates. De esa forma, capa a capa, como en un bosque en el que cada cual ocupa el terreno que le es más propicio, a lo largo del local los seres vivos alternan con souvenirs, artesanías de factura propia, como el pequeño caserío de madera que Recalde remató con corteza de pino y adorna una pared, y los sombreros de paja que Rivera usa y colecciona (y excepcionalmente accede a vender). Aparte de algunos complementos básicos, como macetas, tierra, tijeras, suplementos sanitarios y rociadores, la venta se redondea con el debido asesoramiento y un servicio de paisajismo a domicilio para quien lo requiera.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Otro tiempo

Cuentan que hicieron cierto estudio de mercado antes de apostar con todo y vieron que, si bien en esas cuadras abundan los edificios, no deja de haber un aire de balneario, de casas con jardín. Primero abrieron el vivero, en junio de 2024, y en abril del año siguiente empezaron a atender las mesas e implementaron promos cruzadas: por compras superiores a 1.000 pesos en el vivero, se accede a una bebida caliente gratis, y por el mismo monto desembolsado en la cafetería, aplican un 10% de descuento en la tienda.

Pueden recibir a unas 50 personas en busca de cafés calientes y fríos (incluyendo un affogato de la casa), un latte Baileys, smoothies, exprimidos, limonadas, espirituosos, medialunas, sándwiches, tostones y “cositas dulces”. Claro que si hay una coffee rave, esa clase de evento diurno y fundamentalmente analcohólico y joven que está en boga, pueden reunir a unas 300 almas orbitando a un DJ. En rigor, la programación cultural fue surgiendo por iniciativa de los habitués. “Si agarrás el plan de negocios, lo primero que dice es que Sansueña es un lugar de encuentro. Y por encuentro entendemos esto: las artes y las personas, sobre todo, pero la manera en que nos encontramos es haciendo cosas”, dice Rivera. “Acá el boca a boca funciona”, agrega su pareja.

De ese modo, en diálogo con músicos, escritores, sociólogos, educadores, científicos, y en alianza con la librería lindera y otros comercios de esa avenida, la grilla se va armando y el arco de público se extiende. Lo curioso es cómo los niños se interesan por las plantas, asegura el viverista, y son ellos quienes muchas veces terminan eligiendo qué llevar. “La conexión de los chiquilines es esperanzadora”, observa la dupla sobre las nuevas generaciones, “porque si vos no conocés la naturaleza, ¿cómo la vas a cuidar?”. Así como hay niños chicos tan enfrascados en el tema que incluso les acercan brotes, van adultos jóvenes que buscan cómo “levantar” un ambiente con un poco de verde y al mismo tiempo están los que necesitan un cambio energético en su cotidianidad, algo que, más allá de las creencias, es inherente a cualquier planta. Por eso, en definitiva, el consumo no presenta tendencias –salvo que, como en otros rubros, el pico de ventas es el Día de la Madre– y las preferencias van desde las aromáticas, como lavanda o romero, hasta la costosa, por lo lenta que es su reproducción, Monstera variegada.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Rivera asegura que respeta las razones de sus clientes. “Pero como siempre digo, si el árbol de jade diera dinero, yo sería millonario. Entonces, las plantas sí tienen un poder y eso es real, que es el poder de transformarte. Cuando estás rodeado de plantas, está comprobado, si venís loco de la calle, con un estrés cósmico, en 15 minutos te baja el cortisol, y ni hablar si te ponés a trabajar la tierra, a regarlas, a podarlas. Enseguida entrás en otro tiempo”.

Esa vibra desacelerada es la que promueven en la cafetería, donde se alegran cuando la comunicación se da entre mesas, haya o no un conversatorio pautado, una noche de jazz o una celebración contratada. En la carta puede leerse la aclaración: “Todos nuestros productos están hechos con IA (inteligencia artesanal)”. Trabajan, dicen, para crear comunidad y para que la calle Orinoco, que hace pocos años encontraban “un poco chaucha”, ahora tienda a ser un circuito que, además de servicios, establezca puntos de conexión.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Sansueña (Orinoco 4968, esquina Río de la Plata. 094 025 870) abre el café de 17.00 a 21.00 durante el verano, de martes a domingo; el vivero funciona desde las 12.00 hasta las 21.00 de martes a sábados y los domingos de 12.00 a 14.00 y de 17.00 a 21.00. La merienda completa para dos cuesta $ 990. El espacio es pet friendly.

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