la diaria Ciudad

Durante el montaje de Vieja y querida, en el Museo Histórico Nacional.

Foto: Martín Varela Umpiérrez, Museo Histórico Nacional

Lo que cuenta el casco antiguo (y no está necesariamente en el circuito turístico)

Cómo va a ser Vieja y querida. Historia y memorias de la Ciudad Vieja, una exposición dedicada a recorrer las transformaciones del barrio desde sus orígenes hasta la actualidad.

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Este sábado a las 12.00, en Casa Rivera (Rincón 437 esquina Misiones) quedará inaugurada Vieja y querida. Historia y memorias de la Ciudad Vieja, con la curaduría de Ana Cuesta, Lucía Mariño y Clara von Sanden, del Museo Histórico Nacional, y María José Bolaña, del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, como invitada. Ese día habrá una intervención musical a cargo de integrantes de Candombe Aduana.

Se trata de una exposición temporal montada en un espacio del museo que se ha dedicado más que nada a incorporar etapas más recientes del siglo XX. “Nuestras colecciones, por cómo se han ido gestando, tienen esa debilidad, que en realidad, de 1950 para acá, tenemos mucho menos documentación de archivo”, explicó a la diaria la historiadora Clara von Sanden. “Entonces, desde hace tiempo proponemos incorporar en estas balconadas de Casa Rivera –las que miran desde la planta alta hacia los patios– temas y piezas que vienen más acá en el tiempo. En este caso también tiene que ver con nuestro interés de relacionarnos más con el barrio, con Ciudad Vieja, donde está la mayoría de las casas del Museo Histórico Nacional”. El complejo museístico comprende ocho casas, seis de ellas en ese entorno, donde la institución trabaja la integración desde el área educativa.

Felisberto Ferraro Ruggiero en el conventillo ubicado en la actual Casa Ximénez. Montevideo, año 1934 - 1935. Colección particular de Renée Ferraro Gómez.

La muestra es ambiciosa desde el título, si bien, como continúa Von Sanden, “en principio toca varias perspectivas que no son exhaustivas ni abarcan todos los aspectos posibles de la historia de la Ciudad Vieja”. “Son algunos que nos parecen interesantes para pensarla, porque es el lugar de nacimiento de la ciudad y luego se va incorporando, con la expansión, como un barrio más, que es cada vez menos el centro que fue en otro tiempo: administrativo, comercial, gravitatorio de la ciudad”. El proyecto aspira a despertar la curiosidad.

Esas cuadras nacidas como fortaleza militar del imperio español, en el siglo XVIII, devinieron luego en ciudad colonial portuaria y, tras la demolición de las murallas en 1829, en un barrio. Entre paneles y objetos, la selección que propone el museo aborda su relación con el puerto, la llegada de inmigrantes, la diversidad social y cultural, los espacios de encuentro, las formas de habitar y las transformaciones urbanas que modificaron su paisaje y la vida de sus habitantes.

En los diferentes ejes planteados en el recorrido será posible encontrarse con colecciones de mapas y planos y ver qué evolución tiene en el diseño de ciudad la península del casco histórico: “Al inicio era básicamente la ciudad y luego se va volviendo cada vez más chiquita en la representación de Montevideo”, observa la curadora. “Después tenemos otra parte que piensa en las formas de habitarla y en la vivienda, no solamente en las residencias (en general, en la exposición estuvimos tratando de salir de los caminos más corrientes, como los recorridos turísticos, los edificios históricos más reconocidos) para ir más bien a una vida social y cómo se ha ido transformando. Cómo se vive en los diferentes subbarrios o zonas, dónde estaba el bajo de la Ciudad Vieja, dónde era lo que llamaban el Centro. Había varios comercios que se llamaban La Ferretería del Centro, El Hotel Central en la parte central de la península, mientras que las periferias hasta el día de hoy tienen otra vida y cómo fueron cambiando. A su vez, queremos observar también cómo varias de estas casas señoriales del siglo XIX pasaron en el XX a ser conventillos, y también lo sabemos porque algunas terminaron siendo museos. La casa Ximénez es un ejemplo de eso; de hecho, entrevistamos a una señora que en su infancia vivió en esa casa que hoy es parte de este complejo museístico”, señala acerca de los cambios en los espacios y las formas de apropiarse de estos. “Nos interesaba ahondar en dónde se ubicaban los distintos sectores sociales, cómo eran sus viviendas, cómo era su forma de vivir, cómo es hoy”, agrega. En ese sentido, se analiza tanto el pasado como la actualidad del área; por ejemplo, que hoy hay casi 30 cooperativas de vivienda en Ciudad Vieja.

Puerta de la Ciudadela montada sobre la entrada sur de la Escuela de Artes y Oficios.

Foto: Museo Histórico Nacional / Colección

El visitante se topará con piezas históricas que datan de los inicios de la ciudad, pero también con otras más cercanas, como el traje de la murga de Nos Obligan a Salir y el de la comparsa Lonjas de Ciudad Vieja y las camisetas de los clubes deportivos que tuvo el barrio. “El desarrollo deportivo implicaba también habitar distinto, porque, por ejemplo, había una chata en la bahía que se utilizaban para practicar waterpolo, nado, remo y otras cosas que hoy día no se pueden hacer”, adelanta Von Sanden. “El puerto también es una parte importante del recorrido; algunas piezas sirven para observar su historia y el desarrollo comercial y administrativo, así como para entender la migración como una realidad del pasado y del presente, que se puede observar también en asuntos relacionados con lo lingüístico”. En este sentido, sumaron la participación de La calle se pobló de voces, un proyecto de investigación financiado por el Fondo Maggiolo (CSIC/Udelar-IM) en 2024, enmarcado en el Instituto de Lingüística de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República, que trata el paisaje lingüístico como expresión de la migración y de la convivencia de distintas grupos.

A lo largo de la exposición se alude a la valoración del patrimonio en diferentes aspectos, a la patrimonialización de los espacios, de los edificios y de diferentes elementos que tienen que ver con la discusión en torno a la conservación y la transformación: “Si vale la pena hacer tabla rasa y tirar todo lo viejo abajo o si más bien se trata de rescatar, y qué rescatar, con qué sentido”.

Carroza en el desfile de Carnaval por el barrio Ciudad Vieja de Montevideo. Año 1907. Colección Cubela.

La curaduría propone como ejemplo específico la Puerta de la Ciudadela, que tuvo un sentido militar en su momento y cuando las murallas se tiraron abajo ese espacio pasó a ser el mercado y la puerta fue trasladada. Finalmente, en 1959 fue restituida al lugar actual y “se reconstruyó como un símbolo de la historia”.

Asuntos como ese podrán repasarse desde lo que planteaba el Grupo de Estudios Urbanos. Tal como apunta Von Sanden, “fue muy valioso para el rescate de parte de la Ciudad Vieja a fines del siglo XX, a partir del llamado de atención sobre la transformación edilicia que estaba llevando adelante con cero conciencia de esa conservación”. El recorrido incorpora el audiovisual Ciudad sin memoria, producido por el colectivo que comandó Mariano Arana y que integraron otros arquitectos y estudiantes. “Es un audiovisual muy interesante para observar también cómo se veía esa Ciudad Vieja de los 80, que había empezado a ser también objeto de muchas demoliciones, y cómo se planteó esa idea”.

“Una cosa que vimos en las discusiones durante la preparación de esta exposición es el proceso de gentrificación, la transformación de la población de la Ciudad Vieja y cómo sucede en otros cascos históricos de otras ciudades. La Ciudad Vieja sigue teniendo su vida comunitaria, sigue teniendo un montón de pobladores que viven aquí desde hace mucho tiempo, y la instalación de las cooperativas de vivienda se destaca como un elemento valioso en esta generación de comunidad en distintos sentidos, incluso en la valoración y la patrimonialización de algunos sitios”, concluyó.

Foto: Martín Varela Umpiérrez, Museo Histórico Nacional

El objetivo del recorrido es invitar a plasmar los lugares significativos del visitante en el plano de la Ciudad Vieja, con la intención de que se superpongan capas de lectura, para “pensar en un barrio que está vivo y que tiene mucho más para mostrar que simplemente intereses turísticos o centros administrativos, como en otro tiempo”, remata la curadora.

Esta muestra se construye en gran parte con el acervo propio del museo, que es muy amplio e incluye imágenes, mapas, planos, documentación manuscrita, la biblioteca. Se recurrió también a colecciones privadas y a otras instituciones, como los clubes de barrio que funcionaron en Ciudad Vieja y mantienen pequeños museos o pequeñas colecciones, igual que las murgas y comparsas locales, el aporte del Museo del Carnaval, del Centro de Fotografía de Montevideo y diferentes instituciones amigas y socias para exposiciones, que han cedido piezas en préstamo. Más adelante, amén del Día del Patrimonio, se ofrecerán visitas guiadas, comentadas con el equipo de curaduría y en ocasiones con miembros de la academia y de la sociedad civil.