la diaria Teatro y danza

Correo.

Foto: Difusión, s/d de autor

Las cartas que sí llegan: la obra chilena Correo

A partir de un archivo de correspondencia, Paula Aros Gho propone una experiencia participativa.

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Hasta hace unos años, redactar una carta de puño y letra era todo un acontecimiento de comunicación e intención. Era incluso un reducto de belleza. El arte de las estampillas, las letras manuscritas, la poesía que hilvanaban las palabras... Ese universo epistolar es el que traerá la directora, actriz e investigadora chilena Paula Aros Gho, quien brindará dos funciones de su Correo en el Festival Internacional de Artes Escénicas, el 14 y 15 de octubre en la sala Delmira Agustini del Solís.

“El proyecto Correo surgió en 2016 a partir de una pregunta personal acerca de cómo nos estamos comunicando. Hace diez años ya teníamos mail y chats; una década después, estas vías se ampliaron un montón. La investigación consistió en una recolección de cartas de diversas épocas y temáticas: amor, amistad, política, de suicidio, familiares, etcétera. Buscamos que fueran tanto de personajes conocidos como de personas anónimas. Entonces empezamos a hacer una clasificación por año y por temática. Luego, con todo este material, fuimos probando las cartas con improvisaciones, a ver qué emergía escénicamente de cada una de ellas”, explica Aros.

Las cartas son objetos, son trozos de memoria, son documentos. Hay en ellas valor de archivo, material de análisis sociocultural. “Todas las cartas que usamos son reales y, en función de dónde vayamos a representar la obra, las adaptamos al territorio y al contexto temporal. Hay dos cartas específicas que leemos, una es de política y la otra es sobre educación. La carta política que seleccionamos para Chile es una que hace referencia a la dictadura y habla de la temporalidad, de cómo hoy día se vive ese pasado, presente, futuro, y las consecuencias que ha tenido en el territorio y en la sociedad. La carta sobre educación es de Gabriela Mistral porque ella sostuvo un montón de relaciones en torno a esa temática, sobre todo en Latinoamérica”.

Escribir cartas hoy es una forma de evadir la inmediatez en la que estamos inmersos, una forma de ralentizar o relativizar el tiempo. Es un acto de resistencia ante el sistema, un acto revolucionario, según la artista: “Toda mi carrera ha estado marcada por la investigación de la copresencia entre espectadores, artistas y obras. Además, suelo representar en sitios específicos.

En esta obra, que se estrenó en el edificio patrimonial del Correo Central en Santiago de Chile, tomé la decisión de la participación efectiva y activa, concreta, del espectador. Trabajo mucho desde las estéticas de lo performativo, entendiendo la performance como un acto, como un hacer y, en este caso, la performatividad implícita es escribir, es leer. Durante la obra, le pido a cada espectador que se escriba una carta al futuro a sí mismo, y yo se la envío un año después por correo postal. Entonces, activamos la temporalidad del dispositivo carta. No me importa tanto que la persona no recuerde tal o cual escena o actuación. Lo que me importa es que recuerde la experiencia de haberse relacionado con el género epistolar desde una acción concreta corporal”.

“Cuando tú le pides a alguien que haga el ejercicio de detenerse a escribir en un papel para alguien o para sí mismo, es como otorgarle un tiempo que hoy día pareciera estar un poco olvidado. Y pasan cosas súper bonitas, súper potentes. En todo este tiempo he mandado más de 3.000 cartas al futuro y me han devuelto un montón de experiencias a propósito de esto”, dice Aros.

Posdata

Paula Ares Gho suele escribir cartas, por ejemplo, para los cumpleaños, y considera que es, además de un gesto importante, la posibilidad de acceder a una temporalidad lenta, a conectar con la estética de la paciencia.

“He sido siempre una persona muy coleccionista de papeles”, dice, y agrega: “Creo que la carta es un cuerpo vivo; no solo material por el papel, sino que hubo una mano que escribió en él y, de alguna manera, esas células cayeron sobre ese papel y te llegan a ti, por eso guardamos esos objetos. Todo lo que tiene que ver con lo material toma la preponderancia de la experiencia, de lo vivo y encarnado, frente a las virtualidades, que hoy día dominan nuestro cotidiano. Las cartas son escritos de la intimidad. El nivel de omisión o de edición, en una persona que escribe una carta, no está relacionado con lo público. La carta es un material de archivo para conocer lo que estaba pasando en el contexto en que fue escrita, desde una intimidad y hacia otra intimidad. Quien escribe va dando un contexto de dónde está y, en el futuro, genera una lectura de lo que ocurría en el pasado. Entonces, son súper ricas para los historiadores. Es bien importante seguir escribiendo para registrar la historia desde un lugar menos manipulado”.

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