Fin de semana Infantiles

Natalia Goldberg y Lili Ramos.

Foto: Alessandro Maradei

Piú Música Viajera presenta Rolando, un espectáculo para la primera infancia

Música, juego y movimiento en la sala Valle Inclán.

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El gerundio alude a una de las acciones que se ponen en juego en esta propuesta que Piú Música Viajera estrenaron en julio en la sala Rondeau y llevan ahora a la remozada sala Valle Inclán, en el Centro Gallego (San José 870), donde estará los domingos de octubre. Rolando se dirige a un público un poco mayor al habitual de la dupla conformada por Natalia Goldberg y Lili Ramos: en este caso convocan a niñas y niños de 1 a 3 años y sus familias, porque se trata de una propuesta que involucra el desplazamiento.

“Es el sesgo que elegimos porque, al ser una propuesta en movimiento, está bueno que sean bebés, niños, niñas que estén ya parados, por caminar o con un estar parado estable, con cierta fuerza. No es necesario que caminen, porque para las partes de desplazamiento invitamos a los adultos a acompañar el movimiento, es parte del código que instalamos en un inicio: una propuesta de juego y música en movimiento, y cuando salimos a colonizar el espacio entre todos, invitamos a ese movimiento”, cuenta Goldberg a la diaria, y agrega: “El material en esta oportunidad son unas tarrinas de 20 litros, como las de pintura, que tienen un tamaño que permite muchas cosas: arrastrar, rolar, subirse”. “El objeto como mediador del juego es súper importante tanto para el bebé como para los adultos: es contenedor, es dinamizador”, destaca.

Los materiales son fundamentales en la propuesta de Piú. Surgen de una investigación denodada y proveen el hilo conductor de la propuesta escénica. “El hilo está determinado por el material y sus posibilidades lúdicas. Nos gusta elegirlos, explorar las posibilidades de juego y de transformación que nos dan y que sean accesibles, cotidianos”, define Goldberg. “En este caso elegimos una tarrinas más grandes porque la puesta tiene que ver justamente con un objeto voluminoso y un tipo de juego más aventurero. En un inicio son tambores, después jugamos con la canción del camión, que es una clásica, y se transforman en unos camiones con los que empezamos a avanzar y a andar en el espacio. También nos sentamos, jugamos con el movimiento: correr, saltar, girar y sentarnos. Rolan, los dejamos pasar, nos hamacamos, nos subimos. Después los unimos todos y hacemos puentes a los que subimos y que atravesamos. Es un momento muy lindo, muy lúdico y en el que pasa algo diferente en el orden de la información: sorprende”, adelanta.

La propuesta de Piú excede lo musical: el acento está puesto en brindar una experiencia significativa, con el juego en el centro. “Nosotras somos dos voces y una guitarra. El espectáculo no está centrado en la banda, en que el deslumbre sea eso que suena, sino en que eso que suena tenga la calidad, la calidez y la potencia necesarias para facilitar el juego. Quizás hay un juego que necesita una vuelta más de canción porque está pasando algo que está bueno, quizá hay un llanto que empezamos a leer y derivamos hacia otro lado. Siempre las propuestas tienen la posibilidad de acortar, de estirar, de modificar; el espíritu es que tengan la suficiente guía y apertura”, sostiene.

Goldberg continúa explicando la centralidad de lo lúdico en su propuesta: “Es una edad en la que el juego está bastante claro: qué es lo oportuno. No son canciones simplemente de escuchar y disfrutar de lo que te da la poesía en sí misma, sino que en nuestra identidad está que tenga la intención de invitar a un juego compartido”, afirma, y agrega con respecto a Rolando: “El juego y las canciones guían todas estas posibilidades de avance, y el juego en el espacio. Todos quedamos entreverados ahí, y la experiencia de lo que hemos vivido tiene una cosa que para nosotros fue un desafío y siempre lo es: romper la ronda y pasar al movimiento en el espacio. Se amplía el área de acción que en otras propuestas se circunscribía a tu entorno, en el que te podías parar y sentar, pero no te mezclabas con esas 80 o 90 personas en el espacio”.

Goldberg subraya el carácter participativo de la propuesta: “Cada encuentro es un grupo que se encuentra”, define. “Hay familias que rompen el hielo, y enseguida se suman otras y se arma algo precioso cuando se involucran y se apropian del espacio y de la propuesta, que es nuestra intención. Se forma algo que tiene que ver con la experiencia grupal compartida, que es súper potente, con un plus que tiene que ver con el disfrute y con lo que empieza a pasar con otros”, describe, y señala: “Cuando el adulto se siente cómodo para jugar, es divino. Es lo que más nos convoca. Si bien, obviamente, nuestro público objetivo es la primera infancia, tenemos una mirada en relación con las experiencias en los primeros años de vida que está totalmente ligada al lugar y al rol y al modo de estar del adulto en esa experiencia”.

“Nuestra mirada sobre la infancia tiene que ver con de dónde venimos: de la musicoterapia”, afirma Goldberg. Al respecto, desarrolla: “Esto tiene que ver con qué son las experiencias significativas en los primeros años de vida, tiene que ver con el mundo de lo afectivo. No es la experiencia en sí misma. Nosotras no somos educadoras musicales. Elegimos la música porque es un canal directo a los afectos, que conmueve, que convoca, es un puente de conexión muy efectivo y fácil. Sentimos y pensamos que ese es un buen lugar de iniciación en las artes; las experiencias artísticas que ofrecemos van por ahí: que antes que nada sean una experiencia positiva, de encuentro y donde lo que circule sea un estado afectivo amoroso”.

Encontrar una sala adecuada a su propuesta es un desafío, y la sala Valle Inclán fue un hallazgo después de una búsqueda intensa: “Venimos en una búsqueda, desde hace rato, de salas que tengan características que se adecuen a la propuesta que vamos a hacer, que es a nivel de piso y de juego en el piso. No se trata solo de estar sentados en una ronda o de jugar con los materiales, como siempre hacemos, sino que hay desplazamiento. Para eso necesitamos que el piso del espacio tenga determinadas características. En este caso es un piso de madera hermoso, es un lugar súper amplio y tiene una iluminación adecuada, que se dirige a la platea, para generar esta cosa inmersiva, en la que todos somos parte”, destaca.

Aunque observa que persiste una mirada adultocéntrica con respecto a las artes, reconoce que ha habido cambios desde su primera vez en la sala Delmira Agustini, en 2015, cuando por primera vez el Solís abría sus puertas a un público de estas edades, al mismo tiempo que en la letra chica decía “recomendamos no asistir a los espectáculos con menores de 3 años”. “Fue todo un movimiento en cuanto a cómo era la venta de entradas, que se entienda que ingresa un adulto por niño, cuáles eran las características de la propuesta, que los niños pagan. Eso es un dato también, porque se suele considerar que el niño va a upa porque es chiquito o no ocupa lugar: no, el protagonista es el bebé, el niño, la niña y quien va con él. El espectáculo está creado para ellos”.

Rolando, de Piú Música Viajera. Domingos de octubre a las 16.30 en la sala Valle Inclán (San José 870). Entradas por Redtickets.

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