“Conocí esta sala en noviembre del 2000, cuando Restuccia organizó un homenaje al año de la muerte del Bebe Cerminara”, cuenta la actriz y directora Laila Reyes Silberberg, a días de regresar a las tablas, en el Teatro del Museo, donde se sienta acogida por varios motivos. Su formación artística fue con Teatro Uno, bastión de la dupla Alberto Restuccia-Luis Cerminara. Disciplinas afines al clown fueron encontrando su lugar en la sala del Museo Torres García, gestionada, entre otros nombres conocidos, por una de sus compañeras de aquellos tiempos, Suca Acosta.
“Siento una afinidad. Ahí dirigí Las sillas, de Ionesco, una aventura que empezamos a ensayar en marzo de 2020... Me siento como en casa”, resume Reyes, a punto de estrenar Mundos, una tragicomedia, un asunto de dos pícaros en un tiempo espacio difuso, donde lo que se esclarece es un vínculo, un puente desde el día a día de una soñadora y un músico.
La dramaturga contrapone dos facetas de sus trabajos propios, La importancia de la zanahoria y el dulce trajín del burro, Mención en los Premios Nacionales de Literatura en 1997 y A tu gupa, escrita en 2004 y estrenada en 2005. Se trata de obras que se caracterizan por sus antihéroes, con historias que en general no obedecen a una época determinada o un escenario específico. En este caso, en Mundos, es un descampado frente al mar, pero no se sabe cuál, ni cuándo.
Reyes califica de sustentable la puesta en escena: “Siempre trabajamos con elementos que hayan tenido vida. No construimos escenografías, utilerías. Usamos cosas de la vida real. Entonces, ya cuentan historias de un elemento que fue traído para ayudar a contar esta historia en el acontecimiento teatral”.
Una vez, un viajero, un camino
Reyes y Alexander Riedmüller se conocieron casualmente en un bus a Rocha. Un libro sobre clown despertó la curiosidad mutua y se hicieron amigos. “Él es músico, con formación clásica por un lado y además es licenciado en rítmica en la Universidad de Viena. La rítmica es una disciplina que nace desde la música, pero sobre todo tiene una perspectiva de cómo integrar la música que sale de los cuerpos, que está en los elementos, no solo en los instrumentos, pero no es oposición, es junto”, explica Reyes.
La uruguaya conocía los principios de la rítmica en danza a través de María Bonzanigo, de la compañía Finzi Pasca. Con el alemán, entonces, establecieron un lenguaje común en el que no pesan sus veinte años de diferencia. “En el teatro hay dos cosas que son imprescindibles: el trabajo intergeneracional como algo absolutamente cotidiano, y el trabajo en equipo, en el que el que clava un clavo es tan importante como el actor principal”.
Después de alentarse durante años con hacer un proyecto de los dos, uno en Berlín, el otra en Montevideo, fueron diseñando Mundos a partir de la idea inicial de la uruguaya. Entre videollamadas, “deberes” y encuentros esporádicos en algún viaje, “todo estaba destinado a fracasar”, pero se obstinaron en que ocurriera lo contrario. Como cerrando el círculo, terminaron de escribir la obra en Rocha, con la playa, sus olores y sonidos, cerca, como inspiración. No es extraño que el personaje de Reyes sea “una lugareña con mucho mundo” que establece un vínculo fraterno con un trovador trashumante. La historia transcurre durante una noche y la música forma parte del relato.
“Conquistamos a Verónica Lagomarsino como directora de arte”, apunta la directora, y además obtuvieron ayuda de Cofonte, “y un montón de colaboradores que se fueron enamorando de la obra”.
La diversión y el abismo
“Hace 15 años que no estoy en las tablas como actriz”, advierte Reyes, una cara conocida no solamente para quienes siguen los pasos de Teatro Azur, sino para quienes ven proyectos cinematográficos y series. “Durante todo este tiempo he tenido la suerte de que me han convocado para distintas producciones audiovisuales, en muchísimos cortos de jóvenes, que te permiten un entrenamiento brutal. Después he trabajado en algunas películas, en algunas series, incluso web. Lo último, que todavía no se ha visto, es la tercera temporada de una producción argentina de Amazon, esta serie fantástica que es Porno y helado. Es un humor inteligentísimo; el director es un tipo inteligentísimo. Es una experiencia hermosa trabajar en lo audiovisual. Pero el teatro, claro, tiene el abismo, el precipicio”.
Reyes salta al vacío con las herramientas de Teatro Uno y de la compañía Sunil, donde encontró refugio. Además, cursó la maestría de Teoría e historia del teatro de la Facultad de Humanidades (Udelar). “Quise estudiar profundamente a nivel de teoría lo que sabía intuitivamente. La absurdidad es la incoherencia. Desde la comedia griega aparece la incoherencia, que se le llamó muchas veces en la historia del teatro la absurdidad. Martin Esslin es el crítico inglés que, a partir de 1961, en su libro El teatro del absurdo, comenzó a nombrar así a una serie de autores teatrales. Mis dos maestros trabajaban eso. Uno para la crueldad y el otro para la caricia. No es casualidad que seamos varios compañeros de Teatro Uno, alumnos de Cerminara, que nos enamoramos de Finzi Pasca y de su metodología de trabajo, porque ya veníamos haciendo un teatro que trabajaba eso, lo entrañable, la comunicación y lo vincular. Esas cosas quizás ya estaban en nuestra formación y como generación no sentíamos que teníamos que épater les bourgeois, es decir, cachetear a los burgueses para que reaccionaran”, explica.
“A inicio de los 90, fines de los 80, sentíamos que teníamos que tocar las tripas, hacer que las personas volvieran a sentir. Con Finzi Pasca, ellos tienen su historia y yo tengo la mía, pero buscamos un teatro empático, trabajamos desde un gesto invisible, pero eso ya es una técnica. Nos interesa acariciar al espectador a través de la risa, a través de que se te humedezcan los ojos, a través de la vida o la muerte que es ese instante que es el teatro”, dice Reyes.
Mundos. Viernes y sábados a las 20.30, domingos 18.30 en el Teatro del Museo Torres García (Sarandí 683) Entradas $ 650 en RedTickets . 2x1 para la diaria. Recomendada para mayores de 12 años.