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Carísima

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Carísima, primera aventura en microepisodios de Caro Pardíaco

Netflix apuesta al humor progresista argentino.

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Cualca! (2012-2014), el microprograma de sketches protagonizado por Malena Pichot, Julián Lucero, Charo López, Julián Kartun y Sebastián Furman, marcó un antes y un después en la comedia rioplatense. No fue solo un programa viral, en un inicio como un segmento de Duro de domar para luego tener su propio universo, sino que resultó un absoluto quiebre de paradigma que cambió la forma de hacer reír en la televisión abierta argentina.

Cualca! ubicó al feminismo, el antifascismo y la deconstrucción en el centro del humor. En lugar de reírse de los oprimidos, el blanco pasó a ser el opresor: el varón cis hegemónico, los ricos con culpa de clase, la homofobia. Fue un enorme semillero y demostró que se podía hacer humor inteligente, políticamente incorrecto para el statu quo y, a la vez, empático con los que hasta ese momento no se veían representados. Uno de sus personajes más exitosos fue Caro Pardíaco, interpretado por Julián Kartun (también cantante de la banda El Kuelgue): una parodia brillante de una chica de clase alta de San Isidro, catalogada bajo el estereotipo de las milipilis: influencer hija de empresarios, superficial, obsesionada con las marcas y el diseño y amante de la comida saludable, los viajes y los boliches. El personaje reapareció hace un par de años en el canal de streaming Olga y su humor absurdo, la incomodidad y la parodia de situaciones cotidianas ahora vuelven con la serie Carísima, una coproducción entre Netflix, Labhouse y Olga.

En diez capítulos breves se narra, en formato “thriller ansioso” o drama psicológico, la crisis de los 30 años de Caro. Para lidiar con ella, la chica organiza “la fiesta más zarpada de su vida”. Este frágil ecosistema de diversión, vivos de Instagram y apariencias se rompe cuando un crimen altera drásticamente el mundo de Caro.

Un variado universo de participaciones especiales (Gastón Pauls, Zoe Gotusso, Darío Sztajnszrajber, Migue Granados, Damián Betular, Gimena Accardi, Benjamín Amadeo y nuevamente Pichot-Lucero-Charo) se suma a una hermosa galería de personajes secundarios nacidos en redes y stream: Alex Pelao (coprotagonista), Iara Portillo como Ana, su fiel asistente, Anita B Queen y la comediante uruguaya Evitta Luna. Todos contribuyen a que Carísima resulte una serie genuinamente divertida y absurda.

Con infinidad de referencias a Clueless (1995) y Legalmente rubia (2001), el eje central de la historia expone los vínculos tóxicos y de dependencia emocional y la cara más triste de la cultura digital: la obsesión por aparentar una vida perfecta en redes, la ansiedad por los likes y el pánico al envejecimiento. También se satiriza la cultura progre chic: los que toman matchas y café de especialidad, se rigen por el tarot y comen solo si es gourmet. Hay una inteligente crítica al postureo, y el blanco de la burla ya no es solo la clase social o la superficialidad frívola, sino la tiranía del algoritmo y la validación digital, de la que Caro es presa.

Como las nuevas formas de consumo, más rápidas y adictivas, cada capítulo sabe cómo engancharnos para el siguiente y demuestra que el humor es una herramienta necesaria para dar cuenta de un presente muchas veces distópico. Sin embargo, su tono humorístico, repleto de absurdos bizarros, puede funcionar como un filtro para los no iniciados: es una producción pensada fundamentalmente para el nicho de personas habituadas al código del personaje y que buscan un sinsentido llevado al extremo.

Carísima. 10 episodios de 9-15 minutos. En Netflix.