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Ruben Rada y Yamandú Cardozo.

Foto: Alessandro Maradei

Ruben Rada y Agarrate Catalina presentan Terapia de murga en el Teatro de Verano, con León Gieco como invitado

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Antes del espectáculo del sábado, Yamandú Cardozo y el ídolo del candombe hablan de sus miedos y recuerdan sus comienzos murgueros arriba de un camión.

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Dos conversaciones suceden a la vez con el ritmo y la armonía de unos vecinos en una pulpería. La escena transcurre en medio de una tarde lluviosa en una mesa del fondo del Café la diaria con vista a la calle Buenos Aires y el teatro Solís. Yamandú, uno de los hermanos Cardozo que están al frente de Agarrate Catalina, aprovecha la distracción para revelar la vergüenza que le da tener que dejar un montón de canciones de Ruben fuera del repertorio. “Él insistió para que fuera 50 y 50, real”, subraya, con la gestualidad de una transacción tan ventajosa que requiere discreción. Mientras tanto, Ruben Rada, de pie, se abraza con un admirador e intercambia bromas sobre el paso del tiempo y los achaques del cuerpo. “Yo tengo 82”, dice Rada, “y yo 85”, retruca el hombre. “Ahora vuelvo con Totem”, redobla el músico y cantante, antes de volver a su taza de café y al comienzo de esta charla con la diaria.

“Yo iba a ver a Waston, en la Aduana. Y andaba por acá siempre, mangando”, recordaba Rada antes de entrar al lugar, con los pies en la peatonal, de vuelta en la Ciudad Vieja. “Y cuando conseguíamos plata, porque estábamos en la ruina en ese tiempo, arrancábamos para el bar Tasende. El dueño era un tipo divino. Nos regalaba las pizzas que no había vendido. Ahí yo tendría 13, 14 años”, calcula, y trae la época en la que el Solís estaba reservado casi exclusivamente para conciertos de música clásica.

“De todo lo que yo canto, el 40% viene de la música clásica. No tenemos nada que inventar, pero le buscamos la vuelta para hacer cosas distintas”, reflexiona mientras canta y golpea sus dedos sobre la mesa, en músicas improvisadas que le sirven para explicar por qué Bach es el inventor de los fraseos del jazz, o para demostrar qué parte de “Ayer te vi” puede haber tomado prestada de algún compositor europeo.

Antes de la pausa les había preguntado a ambos por el proceso de amalgama del espectáculo Terapia de murga, que luego de una exitosa gira por España, Argentina y otras actuaciones en Uruguay volverá a presentarse este sábado, con León Gieco como invitado especial. “Es muy emocionante interpretar el repertorio de Ruben. Canciones como ‘Eloísa’, ‘Dedos’ y ‘Candombe para Figari’...”, comienza Cardozo. “La labor de los arreglos musicales demandó un cierto esfuerzo, pero todo fluyó desde el principio”, explicó el murguista.

“Suponíamos que estos dos géneros madre que hacemos –la Catalina desde la murga y Ruben desde el candombe– iban a complementarse sin dificultades, porque son géneros, no sé si decir primos hermanos, porque en realidad es la murga la que toma cosas del candombe”, añade, y trae a cuento el tema de Tabaré Cardozo “El murguero oriental”: “A veces me olvido cuánto me gusta esa canción, que también tiene cosas de tango y que fue escrita para el Canario Luna. Cuando empezamos a probar la canción en los ensayos, a veces Matías [Rada] me decía: ‘Escuchá este arreglo que hicieron ustedes que está buenísimo’, o Tabaré proponía repetir una parte, o probar con otro ritmo o llevada, y así se fue armando el repertorio, de manera muy orgánica”.

Para Rada, que había visto muchas veces a la murga en carnaval, la perspectiva que tenía de la Catalina cambió de manera significativa a partir de que se involucró en la elaboración de este espectáculo. “La verdad es que, ahora que estoy adentro, entiendo mucho más por dónde van sus letras, que son tremendas”, dice. “Antes ‘Soy un gorrión’, de Tabaré Cardozo, me parecía una canción de Palito Ortega, pero nada que ver, va por otro lado. Es una canción que dice cosas, pero que se puede bailar, como ‘Biafra’, o ‘María, María’ [de Milton Nascimento]. María se muere de hambre. Los teatros tiemblan con esa canción, pero el tipo está hablando de la pobre María”.

Foto: Alessandro Maradei

El músico Jorge Trasante dice que ahora las baterías de las murgas que salen en carnaval suenan muy candombeadas, que se perdieron el sonido y el ritmo grave del bombo, y que eso conspira contra la sonoridad natural de la murga. ¿Qué opinan?

Cardozo: A mí me encanta esa visión de él.

Rada: A mí también. Y además Jorge es tremendo percusionista. Lo que pasa es que hoy no podés tocar todo el tiempo como las murgas de antes.

Cardozo: Creo que lo que te permite la murga es que en un momento tengas ese sonido más grave, y en otros, que vayas a otra cosa de mayor cadencia, o algo más candombeado, más agresivo. Y después hay que aceptar que hay distintas formas de tocar, y no hay por qué oponerse a ninguna tendencia, porque, además, de repente, como ya ha pasado, se vuelve a tocar como antes. Me imagino que hay tantas sonoridades de murga como tocadores. Me consta que, como pasa con Trasante, o Lolito Iribarne, que saben muchísimo, hay gente más joven que está muy interesada en investigar los ritmos de la murga. O mismo Martín Ambrosio, Dustin Scotto y, por supuesto, Humberto Samanta Orique [integrantes de la batería de Agarrate Catalina] se preocupan muchísimo por escuchar cómo se tocaba antes. Eso está recontra vivo.

Lo que hacen con Terapia de murga sería como una evolución del género.

Rada: No sé si hay que evolucionar tanto. Cuando escucho una murga que toca como una banda de rocanrol, no me gusta. No podés pegarle de esa manera al tambor, porque eso no es murga, es rocanrol. Yo me quedo con la batea más tradicional.

Hablando de Lolito Iribarne, él me pasó la formación de La Nueva Milonga de 1961. Ahí aparecés vos, Ruben, y, entre otras leyendas, Ruben Molina. ¿Cómo recordás a ese personaje?

Rada: Molina fue la tercia más hermosa que escuché en mi vida. El Tito Pastrana se iba de los ensayos a buscarlo, porque se había ido con los Patos Cabreros.

En la batería, por ejemplo, estaba el Negro Mario en el redoblante.

Rada: Ese fue el que me dejó el redoblante en un desfile por 18 de Julio. Me agarró de pinta y me dijo: “Usted anda muy bien, zapatito”, y tuve que cargar con el redoblante hasta el Obelisco.

Cardozo: Según el Canario Luna, Molina era el Gardel de la murga.

Rada: La dulzura que tenía Molina era impresionante. No forzaba nada para hacer murga. Y para mí el Canario fue el mejor artista del carnaval. Nunca vi una persona que se enfrentara al público como lo hacía él. Molina era medio metido para adentro, pero era un señor. Yo tenía 16 años y él ya tendría 40 y pico. Me decía: “Usted cuídese la voz, no vaya en el camión cantando”.

¿Cómo eran esos viajes en camión de tablado en tablado?

Rada: Manejaba el Tito [Pastrana], un desastre. ¿Sabés lo que era cruzar Propios y Avenida Italia a todo lo que da? Si alguien le tocaba bocina, lo puteaba, o igual se agarraba a las piñas. Por eso le decían el loco Pastrana. Arriba del escenario del Teatro de Verano nos decía: “Vamos a cantarles a estos ladrones que siempre nos roban”. Puteaba al jurado.

¿La Catalina también arrancó en camión?

Cardozo: Y mirá las cosas que nos juntan... Ruben hablaba del Tasende, y yo la primera vez que comí esa pizza al tacho fue porque nuestro camionero, el Manzana Montemurro, padre de Gustavo Montemurro [actual tecladista de Rada], nos traía al Tasende y nos pagaba la cena de su propio bolsillo, en la época de nuestros primeros tablados. El Manzana era chofer de parodistas. Llevó a Los Gabys, Los Klapers y Los Walkers. Había ganado 14 primeros premios. Tenía un Morris viejo, y cuando se retiró se había comprado un Volkswagen para hacer un reparto. Y retomó de chofer con la Catalina en Murga Joven. En nuestro primer carnaval, el Pinocho Sosa, que lo conocía al Manzana de la época de Los Walkers, se enteró de que estaba activo y que nos estaba llevando a nosotros. Y ahí arrancó: “Manzanita, Manzanita, me tenés que llevar a los Zíngaros”. Y le ofreció 300 tablados. Y el Manzana dijo: “Yo voy a salir con mi murguita”. Y a partir de ahí la razón social de la cooperativa de la Catalina es Cooperativa del Manzana. Nosotros toda la vida salimos en camión, hasta que se murió el Manzana. Hacía feria de día y tablados de noche con la Catalina.

Hablando de terapia, ¿tienen alguna fobia?

Rada: Esa es una palabra que aprendí de grande. Fobia no sé, pero me da miedo olvidarme de las letras de las canciones. Yo antes no leía nada. Tenía como 30 discos y no precisaba nada. Ahora tengo que ponerme el teleprónter ese, y aparte tengo la mala suerte de que las letras se me cruzan. Tengo dislexia.

¿Y cómo lo resolvés?

Rada: De alguna manera, la memoria lo soluciona. Está llegando el momento de “no te vas a morir…” y de golpe te aparece la letra.

Cardozo: Es cierto, ese instante es terrible. Estás ahí arriba del escenario pensando “no me voy a acordar de mi parte, no me voy a acordar de mi parte”, y ¡pum!, es como una sensación de frío. A veces sueño que estoy actuando, pero digo cualquier cosa, y también me da miedo estornudar en una actuación. Como fobia, los días como estos, me da un poco de miedo la gente que te pasa cerca con los paraguas. Debo estar todo loco.

¿Qué significa en este espectáculo la presencia de León Gieco?

Cardozo: Para la murga significa, y estoy seguro de que para Rada también, poder contar con su obra increíble, con su enorme cantidad de canciones que están recontra instaladas en el corazón de nuestros pueblos. Que esté León en este show significa una emoción enorme, grandísima, y un disfrute total. Pensalo así: está León, está la Catalina, está Rada, está la figura de Tabaré, está la banda de Rada, están los tambores, está la batería de la Catalina, está la banda del Taba, que hace de banda de León. Es prácticamente un festival.

Ruben, no te puedo dejar de preguntar por Totem.

Rada: ¿Y qué hice yo?

Largaste la noticia del regreso.

Rada: Bueno, la intención es juntarnos para hacer Totem, tal vez a fin de año, y vamos a ensayar mucho. Queremos hacer algo bien organizado, y ahora estamos buscando un buen productor y empresas que colaboren en el proyecto. Matías va a tocar la guitarra y estamos pensando en alguien que pueda ocupar el lugar del gordo [Enrique] Rey. Tiene que ser un tipo que esté metido en el rocanrol. También me gustaría poder invitar a alguna cantante. Sería maravilloso. Ya hablé con Lobito Lagarde, que va a estar, y Santiago Ameijenda, que no está tocando mucho la batería, pero seguro se va a sumar en unos cuantos temas.

Tienen en común el humor y la salida repentista. ¿A quién salieron?

Cardozo: En nuestro caso, se ve que enseguida entendimos –de ver murgas, de escuchar– que a veces era necesaria la realidad intervenida, no para negarla, sino para enfrentarla y darle pelea. Intervenir la realidad con humor, con poesía, con un intento de –aunque suene naíf– belleza. Yo creo que me vinculo con el arte desde ahí. Siempre me fascinó lo que leí, lo que escuché, de lo que me reí, las primeras cosas que veía de las murgas. Esto de establecer una lógica para romperla, de que una cosa dicha puede querer decir otras cosas; eso siempre me pareció fascinante.

Rada: Yo pienso en mi hermano, Martín. Un genio. Para entrar al estadio Centenario hacía como que le habían dado una trompada y pedía ayuda, y al final entraba en coche por la tribuna América. O entraba en un bar, con mi madre y mi tía, pedía dos pizzas y una fainá y una bebida grande. Cuando terminaban de comer le decía al mozo: “¿Me trae el cambio?”. “¿Qué vuelto si tú no has pagado?”, le decía el mozo. Y mi hermano, con el bar lleno, le hacía un escándalo: “¡Nos discriminan porque somos negros, nunca más volvemos por acá!”. De esas mil.

Terapia de murga. Sábado 18 a las 21.00 en el Teatro de Verano. Entradas desde $ 1.200 a $ 3.200 en Tickantel.

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