Casi 11 años después -fue en agosto de 2015- Nacho Vegas recuerda a Molina y Los Cósmicos como “una banda estupenda”. Esa noche, levemente camuflado, el artista español era uno más entre el público, mientras los músicos liderados por el rochense Nicolás Molina teloneaban su primera actuación en Montevideo.
De esos días, Molina tiene registros de una versión de “El violín de Becho”, interpretadada por Vega, con un coro improvisado de voces uruguayas anfitrionas, y otra actuación del referente de la movida indie hispanohablante, en agosto de 2016, esta vez, con Laura y los Branigan, y Santiago Peralta, en la función de apertura.
En diálogo con la diaria, antes de su tercera presentación en Montevideo, el célebre cantautor asturiano admite que “España tiene una deuda con el rock latinoamericano”: “Me interesa mucho la música, no específicamente el rock, sino la música popular, la música de raíces”, se explaya y deja a un lado a sus compatriotas para seguir adelante con su respuesta. “Tal vez me llevo mejor con Violeta Parra que con el rock chileno, o prefiero escuchar a Atahualpa Yupanqui que rock argentino, o a Alfredo Zitarrosa, sin que eso excluya la posibilidad de escuchar rock uruguayo”, aclara, y avisa: “Espero aprovechar este viaje para conocer a algunos artistas nuevos. Recientemente, aunque no sé cómo se pronuncia, escuché a Mocchi y me parece un artista muy interesante, y también me han recomendado a La Foca”.
En este viaje, Vegas se trae entre manos el noveno y uno de los mejores discos de su carrera solista. Vidas semipreciosas, lanzado en enero de este año, ordena el caos mundial con el ritmo de su poesía, y sigue mezclando experimentos con estribillos de canciones pop y evocaciones sonoras de las tradiciones de su tierra.
En “Tiempos de lobos”, una de sus páginas musicales más memorables, el artista canta: “Me fundo en tu abrazo / Te hago una señal / Uno me mira a los ojos / No es un lobo real / Pensé en las estrellas / Y en los mares y luego en el mal terrenal / El odio disfrazado / Con la piel de un hermoso animal…”.
“Creo que es un ambiente que llevamos viviendo desde hace mucho tiempo, sobre todo después de la pandemia”, dice sobre la inspiración de esa canción. “En ese momento algunos pensábamos que podíamos salir mejor de aquello, pero en realidad creo que fue un momento que aprovechó la ultraderecha para plantear la batalla cultural y ganar mucho espacio”, apunta.
“Ya estaba ganando mucho espacio en Europa y en algunos países de Latinoamérica, pero por ejemplo en el Estado español no estaba tan crecida. Ahora mismo la situación es terrible y el fascismo está a sus anchas con un discurso de odio que se está normalizando”, dice, y enumera fatalidades de la actualidad como “el genocidio del Estado de Israel hacia el pueblo palestino”, la invasión de Venezuela por parte del gobierno de Donald Trump y la convivencia de los líderes mundiales de ultraderecha.
“Los lobos me parecen animales hermosos, pero estos no son lobos con piel de cordero. En realidad son demonios con piel de lobos”, reflexiona y agrega. “La letra del tema habla de estos tiempos muy oscuros y precisamente por eso tenemos que arrojar luz desde la autoorganización y el activismo de la izquierda internacionalista”.
Entre alivios y asombros
Ahora mismo Vegas lleva en su valija de avión dos libros que lee a la vez: un ensayo del español César Rendúeles, Redes vacías: Tecnología catastrófica y el fin de la democracia, y una novela que le regalaron, [Las gratitudes, de la francesa Delphine de Vigan. Y a propósito de dos de las canciones de su último álbum, “Alivio” y “Los Asombros”.
Entre sus lecturas más frescas, menciona a la escritora estadounidense Mary Oliver: “En uno de sus poemas dice: ‘Instrucciones para vivir una vida: Prestar atención / Asombrarse / Contarlo’. Cuando lo leí me inspiró a escribir sobre el asombro. pero creo que esas dos canciones están conectadas”, razona. “Con “Alivio” advierto un poco en que los placeres que encontramos en la vida a veces pueden estar enmascarados y nos pueden terminar anestesiando. El asombro produce un placer que sería contrario al alivio porque implica una parte activa: puedes maravillarte con las cosas hermosas de la vida, o sentir horror ante sus cosas más espeluznantes, y al final las canciones se nutren de esos inversos”, remarca.
Conquistador melancólico
El cantante, guitarrista y compositor uruguayo Federico González, del grupo La Foca, ubica a Nacho Vegas en un tridente iniciático de consumo de rock y pop español, y resalta su figura como el mejor de los escritores de canciones (sobre todo en sus primeros discos) y el más hábil a la hora de crear climas de tensión y emoción, con tan solo una guitarra criolla, o “armado hasta los dientes en formato banda”: “Tiene la máquina de hacer ravioles, o como se diga el dicho en bable”, define Gónzalez, cuya banda está pronta para lanzar un nuevo álbum a fines de mayo.
“Yo descubrí a Nacho Vegas hace 20 años exactamente, gracias al disco que hizo en conjunto con Enrique Bunbury, El tiempo de las cerezas”, cuenta Gonzalo Silva (que acaba de editar su álbum La educación sentimental). “Por ese entonces laburaba en una librería en Portones Shopping y vivía en Millán y Castro, así que tenía una hora de viaje en el 151, en la que podía escuchar esas canciones sin apuro”, rememora, y dice que su puerta de entrada fueron los textos del español: “Me llamaba la atención cómo se animaba a relatar determinadas situaciones con una lírica más parecida a la crónica y que yo no estaba acostumbrado a encontrar en otros músicos, y a retratar situaciones muy íntimas de una forma descarnada y visceral que contradecía un poco con su figura de crooner ibérico elegante”.
La escritora, periodista y cantante Patricia Turnes se refiere a Vegas como un maestro de la canción contemporánea. “Amo esa forma que tiene de narrar a lo Raymond Carver, minimalista”, dice. “Leí que para hacer sus canciones, Nacho siempre necesita tener un referente en la realidad, por pequeño que sea”, aporta, con dos sólidos ejemplos: “Tenés una bien confesional como ‘Ramón In’. La letra homenajea Ramón, una figura clave en la escena nocturna gay y travesti de Gijón. Conjuga muerte con sexo oral y drogas, a la vez que es un canto a la amistad”, detalla, y sigue con “El ángel Simón”, la canción que Vegas le dedicó a la muerte de su padre. “Nacho Vegas está atento a pequeños detalles de la vida cotidiana, a veces sórdidos, pero siempre condimentados por apuntes poéticos que te parten al medio. Hallo mucho valor en el hecho de que Nacho exhiba y saque a relucir sus trapos sucios, las miserias de la vida, la decadencia, todo lo que la mayoría de la gente preferiría ocultar a toda costa”, dice Turnes.
Por último, el italiano de adopción uruguaya, Maxi Angelieri, promotor de la obra del español desde hace al menos una década afirma: “El estilo de Nacho Vegas es inconfundible. Tiene buenas letras y buenas melodías, como se podría decir de muchos otros artistas, pero en su caso, él solo se parece a sí mismo. Aunque tenga canciones, como en su último disco, que arriesga con géneros en los que todavía no había explorado, cada vez que lo vuelvo a escuchar pienso: “Esto suena a Nacho Vegas, y me encanta que así sea”.
Nacho Vegas. Martes a las 20.00 en Montevideo Music Box (Av. Dámaso A. Larrañaga 3195) Entradas a $ 2.400 (generales) y $ 2.900 (Vip lateral) en Redtickets.