El dramaturgo y psiquiatra chileno Marco Antonio de la Parra tiene más de 80 títulos traducidos a varios idiomas, entre piezas teatrales, novelas, libros de relatos y ensayos. En 1978, en plena dictadura trasandina, la Universidad Católica censuró su pieza Lo crudo, lo cocido, lo podrido. Marx y Freud, Tarzán y Mandrake, Neruda y Dostoievski, Shakespeare y Cervantes, Pinochet y George Bush son algunas de las figuras que ha puesto a dialogar apelando tanto a la tragedia griega como al formato de los reality shows.

El surgimiento de La madre tiene otros mecanismos: fue un encargo de la uruguaya Leonor Svarcas. La actriz, con más de tres décadas de trayectoria en el teatro independiente, varias veces invitada por la Comedia Nacional, con amplia experiencia en el medio cinematográfico (Gigante, Mr. Kaplan, El cuarto de Leo, Cruz del Sur, entre otros), había leído La familia, del autor chileno, y se había enamorado de uno de sus personajes: la madre.

“Yo venía haciendo el unipersonal No más flores, de Naomi Ackerman, y tenía muchas ganas de trabajar nuevamente en un unipersonal. Lo busqué en Twitter y le dije que era una actriz uruguaya que quería hacerle una propuesta. Me dio su mail y le propuse que me escribiera una obra solo para ese personaje. Le mandé un boceto que yo había escrito con su texto, para mostrarle cuál era mi idea. Le gustó y aceptó”, cuenta la actriz.

Svarcas ya había estado en conversaciones con la directora Marianella Morena y el productor Diego Sorondo por otro proyecto que no había avanzado. De pronto, se encontraron con que había un hueco en la agenda del teatro El Galpón: los viernes de mayo. Volvieron a hablar. El desafío era enorme, dado que tenían poco tiempo para el trabajo de laboratorio que suele implementar Morena, que incluye extensos ensayos. Svarcas y Morena intercambiaron pareceres sobre cómo debía ser aquella madre. Querían que fuera vista en tanto continente, “no solo como rol o figura, sino como territorio, como espacio simbólico donde habita lo amoroso, lo contradictorio, lo luminoso, lo oscuro y tanto más”, dice Svarcas. Morena aceptó dirigirla con el apoyo de Sorondo y el proyecto comenzó a andar.

La actriz quiso correr la maternidad del ideal, mostrarla como un espacio de tensión y contradicción y abrir una conversación más honesta sobre el tema. La madre, dice, es una disección íntima de la experiencia de ser madre y, a la vez, la condensación de lo vivido por mujeres en una sola, enfrentadas a la imagen tradicional de cómo debería ser una madre.

La obra no está dirigida solamente a otras madres. “En un momento el personaje dice: ‘Vivir es incómodo”, y me interesó compartir esa idea con los espectadores, reírnos de esa incomodidad, aceptarla y, por un rato, sentir juntos que quizás vivir mejor tenga que ver con moverse con cierta levedad dentro de esa incomodidad universal e inevitable”, cuenta Svarcas.

Quienes han trabajado con Marianella Morena suelen elogiar su comprensión y respeto hacia los actores. “Ella viene de allí. Propone y a la vez habilita”, sostiene la actriz. “Acepta tu propuesta, la potencia y abre nuevas posibilidades para que lo escénico se expanda. Su modalidad te obliga –de una manera hermosa– a jugártela por lo que después vas a tener que defender en escena frente al público. Siento que entre las dos fuimos haciendo mucho más que poner un texto en escena. En la obra hay mucho surgido del proceso de ensayo. Fuimos sumando nuestras miradas y aportando puntos de vista, sangre, sudor, lágrimas y carcajadas, hasta llegar a lo que pronto se va a completar con el encuentro con el público”, agrega.

Ambas creadoras aspiran a que la obra funcione como agente liberador para quienes vean a su madre imperfecta. “La maternidad aparece como un territorio común donde conviven el amor, el cansancio, la culpa y el deseo de seguir siendo una misma, y también la dificultad de amar siempre de forma saludable”, dice. Están allí también los excesos, los desbordes, la propia necesidad que invade y es invadida: un viaje emocional, un recorrido de estados, situaciones y vínculos que expone lo que muchas veces se esconde.

La madre. Viernes de mayo a las 20.30 en la sala Atahualpa del teatro El Galpón. Entradas a $ 780 en Redtickets. Apta para mayores de 18 años.