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Daniel Melingo. Foto: Alessandro Maradei (archivo 2022)

A los 68 años, murió el argentino Daniel Melingo, pionero en la mezcla de tango y rock

Fue miembro de Los Abuelos de la Nada y de Los Twist.

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“Soy porteño. Nací en Barrio Norte y vivo desde hace 20 años en Villa Ortúzar, el barrio de Osvaldo Pugliese. Es un barrio muy tanguero; queda entre Colegiales, Villa Urquiza, Chacarita… Un barrio medio oculto; en los boliches de la esquina todavía se discute entre los viejos si Piazzolla es o no es tango. Se palpa el tango en ese barrio. A una cuadra de mi casa está la cantina de don Chicho, que era un lugar obligado a la salida –tipo cuatro o cinco de la mañana– de la radio El Mundo. Iban a bolichear todos ahí: el Polaco, Di Sarli… Era una parada obligatoria”, contaba Daniel Melingo a la diaria en 2010 en la previa de una de sus incontables visitas profesionales a Montevideo, que incluyeron, como solista, una mítica actuación inicial en 2001 en el desaparecido boliche El Ciudadano.

En la mañana del martes se conoció la noticia de la muerte del cantante, músico y compositor argentino. Tenía 68 años y atravesaba una enfermedad respiratoria por la que recibía cuidados paliativos, aunque se mantenía activo y preparaba la regrabación de su disco Tangos bajos (1998), con participaciones de Fito Páez, Andrés Calamaro y Pity Álvarez, entre otros. Preparaba un show de presentación de ese álbum previsto para el 21 de setiembre en el teatro Coliseo y trabajaba en un documental sobre los orígenes. A comienzos de junio, además, se lo vio disfrutar de una “reunión cumbre” junto con sus colegas Charly García, Billy Bond, Pablo Lescano y el productor Pelo Aprile.

“Vengo de una familia criada en Parque Patricios. De chico mamé todo eso: mis tíos eran poetas, bailarines e integrantes de la Academia Porteña del Lunfardo. Por el lado de mi padre había músicos europeos y mi abuela era cantante de ópera. Todo eso forma parte de mi ADN musical”, contaba hace apenas unas semanas en una de sus últimas entrevistas, publicada por el medio porteño Indie Hoy.

Sobre el trascendente Tangos bajos, agregaba: “Fue un disco que creció de boca en boca y gracias a él empecé a trabajar de manera sostenida en Europa y en distintas partes del mundo”. El álbum es una pieza clave para la revitalización del tango gracias a una combinación de lenguaje tradicional y actitud rockera, del que son buen ejemplo los temas “Narigón” y “Angurrienta”.

“¡Adiós, Melingo! Un tipo talentoso que juntaba tantas cosas. Músico, compositor, clochard, tanguero, rockero, cantante, clarinetista”, escribió en su cuenta de X el escritor Pedro Mairal.

Mucho antes de convertirse en una figura a destiempo del tango, Melingo hizo música con Milton Nascimento y vivió el destape cultural de su país como protagonista de la escena rockera argentina de comienzos de los años 1980. Integró los célebres Los Abuelos de la Nada, junto con Miguel Abuelo y un entonces desconocido Andrés Calamaro, y también Los Twist, la banda de Pipo Cipolatti y Fabiana Cantilo, con la que grabó el legendario álbum La dicha en movimiento.

En 1986 se fue a España. Tocó con Los Toreros Muertos y formó su propia banda, Lions in Love, con la que editó dos discos. A mediados de los 90 volvió a encontrarse con Willy Crook en su banda de funk y soul y, poco después, inició su definitivo romance con la música de arrabal, una etapa que se extendió a lo largo de diez álbumes.

“Para mí la música es pura intuición, y la intuición trasciende el tiempo”, afirmaba Melingo en el ciclo de entrevistas Fonograma. “Es lo que pasa con los años, de alguna manera; es una vivencia simultánea, cuántica. Siempre están pasando muchas cosas al mismo tiempo; creo en eso y la música me lo confirmó. Siempre tengo presente una máxima de una profesora de armonía que me decía: ‘Melingo, improvise y después analice’. En nuestro oficio hay muchos componentes para el alma, por eso nos da tanta satisfacción”, aseguraba Melingo.

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