La Foca suele presentarse como una rareza en la escena musical uruguaya, pero sus más de tres décadas de trayectoria impiden limitarse a tildarlos de fenómeno curioso. Lo que una vez empezó como un grupo de amigos con fuertes lazos con la costa rochense y una vocación por cruzar el humor con el rock fue derivando en un proyecto indie, melancólico y uruguayo por demás.
Con una impronta nostálgica que, en sus propias palabras, ha sabido pecar de depresiva, La Foca esgrime una gran identidad cinematográfica. Su música fue banda sonora e incluso inspiró el largometraje La vida de alguien, del director argentino Ezequiel Acuña, pero más allá de la incursión literal en el séptimo arte, sus canciones suelen construirse desde las imágenes y las atmósferas, expandiendo las dimensiones de lo exclusivamente auditivo.
En Submarino, su noveno álbum de estudio, esa tendencia alcanza una nueva profundidad. Desde la portada a las comunicaciones en redes, todo el material gráfico que acompaña el disco se basa en fotografías registradas por el ROV SuBastian durante la expedición científica Uruguay Sub200. Incluso sin ese estímulo visual, la musicalidad asume un concepto que invita a sumergirse en aguas desconocidas.
“Las letras” abre el álbum con arpegios dulces y una melodía que flota, como suspendida en el agua. En el estribillo, Federico González canta: “El mundo está bien”, una afirmación bastante utópica para los titulares del último tiempo. ¿A qué mundo se refiere? Quizás al suyo, a ese universo de La Foca que se vio recientemente trastornado con la salida de Gustavo Compagnone, miembro fundador y guitarrista hasta 2024.
Los cambios de formación siempre son sacudones, y en una banda orgullosa de presentarse como un grupo de amigos, aún más. Pero el adiós fue en buenos términos, y este primer disco con Sebastián Lluberas en las seis cuerdas respalda el nuevo camino: las guitarras son las verdaderas protagonistas, que construyen las texturas que aplacan el silencio del fondo del mar.
Allí aparece también la producción de Andrés Ameijenda, nuevo colaborador de la banda, que encuentra el difícil equilibrio entre la amplitud y la cercanía, y que termina de lograrse con la mezcla y el mastering de Juan Stewart. Entre caras nuevas y conocidas, La Foca acepta el cambio y explora un nuevo equilibrio.
“Canciones como moños”
Al igual que la apertura, “La vida al revés” tiene como invitado a Banin (Los Pilotos, Los Planetas), aunque se trate de temas radicalmente diferentes. En “La vida al revés”, el pulso se acelera con un guiño pospunk que corta la serena melancolía, invitando a la tensión y hundiendo el submarino de golpe, desestabilizando la presión.
La canción que da nombre al álbum es también una de sus cumbres. Nicolás Kramer, referente histórico de la escena independiente argentina desde bandas como Jaime Sin Tierra y El Robot Bajo el Agua, introduce una voz espectral que dialoga desde la lejanía y construye un aura contradictoria. El submarino avanza silencioso mientras ilumina todo el aire que queda, o el que ya no queda.
En este escenario, el “corazón del mar” sería “Dos semanas”. La voz de Lucía Aguirre aporta una dulzura necesaria entre pasajes ásperos y convierte la canción en refugio momentáneo al llevarlo a la intimidad al plano compartido. La calma, sin embargo, dura poco y “Aplanadora” suma a Pedro Dalton para devolver la rugosidad al primer plano, en una de las canciones más contundentes del álbum.
“Suspiro” despide Submarino combinando algunos de sus principales recursos: arpegios envolventes, letra dialogada y una instrumentación in crescendo que incorpora distorsión, como si se acercara el esperado ascenso a la superficie.
Con este disco, La Foca consigue cambiar sin perder identidad. Submarino abraza lo mejor de la identidad de la banda y experimenta sin abandonar lo que los identifica, lo que resulta en un disco con más colaboraciones que temas en solitario, que pone las guitarras en el centro de la escena y que escapa al cliché de lo conceptual para construir una experiencia.
Inevitablemente, en un álbum de escucha tan inmersiva, aparece la incógnita de su traslado al vivo. ¿Cómo se lleva al escenario la experiencia de descender lentamente a la profundidad de los climas, silencios y texturas? El 25 de julio, La Foca asumirá el desafío en la nueva sala Rondeau. Las entradas ya se encuentran a la venta en Redtickets.
Submarino, de La Foca. LBR & Ultrapop, 2026. En plataformas.