Una banda luminosa llega a Uruguay el 27 de junio. Traen un brillo de entrecasa, cultivado en encuentros familiares irradiados a partir de la ineludible figura de Gilberto Gil, pues son su descendencia. Sin embargo, es su propia energía tranquila y venturosa la que hizo que los Gilsons salieran al mundo con un estilo musical reconocible, que este año se consolida a partir del segundo disco de la banda, Eu vejo luz em maior proporção do que eu vejo escuridão (Veo más luz que oscuridad).
Embarcados en la gira mundial de presentación de ese trabajo discográfico, Francisco Gil y João Gil, nietos de Gilberto, confiesan a la diaria que les sorprendió encontrar un público “sensible” la primera vez que vinieron a Uruguay, hace alrededor de un año. “Teníamos dudas de lo que nos íbamos a encontrar. Estamos acostumbrados a un público europeo, hicimos dos giras por Estados Unidos y siempre el público es mayoritariamente brasileño. Buenos Aires tiene una energía de fiesta, pero Montevideo nos sorprendió con un público que nos conocía. Nos gustan ambas cosas”, comenta Francisco, cantante y guitarrista de Gilsons.
“Estamos felices de mostrar el disco porque aprovechamos para incorporar cosas nuevas al show: nuevas luces, pantalla gigante. Y vamos adaptando nuestro repertorio a las presentaciones sudamericanas”, complementa João, también guitarrista de la banda.
Ambos comparten escenario con José Gil, el hijo menor de Gilberto, que está a cargo del bajo. También es baterista, fanático de los Red Hot Chili Peppers, e integró durante años la banda de su padre, incluso como director musical.
Acompaña al trío una alineación que incluye percusión, vientos y bases rítmicas programadas, acaso uno de los sellos contemporáneos que les imprime la nueva generación de músicos bahianos a las tradicionales células rítmicas de origen afro, llevadas al gran público brasileño principalmente por Gilberto Gil, Moraes Moreira y los hermanos Caetano Veloso y Maria Bethânia.
“Tenemos elementos muy fuertes del ijexá, de los afoxés y del samba reggae. Son células rítmicas características de los blocos afro. Al mismo tiempo, incorporamos células de nuestro tiempo, como programaciones de máquinas de ritmo. Gilsons habita en el medio de una conversación de ritmos ancestrales con aspectos contemporáneos, como una Bahía moderna”, explica Francisco.
Traduciendo: ijexá es uno de los ritmos bahianos de raíz afro, surgido de ámbitos religiosos como el candomblé, que se toca en los afoxés o cortejos carnavaleros callejeros y también en los blocos afro, especie de comparsas típicas del carnaval de Bahía. Y el samba reggae es uno de los ritmos bahianos por excelencia, popularizado a nivel internacional por Olodum y definido por el pionero bahiano Gerônimo Santana como “el hijo que nació de un amor entre Jamaica y Salvador de Bahía”.
En este punto, para que no se confunda el carnaval de Bahía con sus tríos eléctricos y su histórica resistencia afrobrasileña ni con Río de Janeiro y sus desfiles llenos de personalidades de Globo bailando por la avenida al ritmo de samba-enredo, les pido a Francisco y João que ofrezcan algunas señas particulares de su cultura.
¿Qué dirían que hace a Bahía tan particular a nivel musical?
JG: Salvador de Bahía está marcada por haber sido la primera capital de Brasil. Por eso fue el primer gran puerto al que llegaron los africanos esclavizados. Hay una herencia muy grande de la cultura africana en Bahía. Río de Janeiro tiene algo de eso, aunque se volvió capital un poco después.
FG: Fuera de África, Salvador es la ciudad del mundo con mayor concentración de personas negras. En su formación, Río de Janeiro pretendía ser más parecida a Portugal.
JG: Cuando la corona portuguesa salió de Europa huyendo de Napoleón en 1808, se instaló en Río de Janeiro, entonces ahí existe una mezcla histórica.
FG: Claro, Río tiene esa herencia del imperio portugués. Pero, al mismo tiempo, tiene una construcción de la periferia, por donde se entiende la historia del samba. En cambio, en Bahía la religiosidad del candomblé se fue expandiendo a través del sincretismo, y sus células rítmicas fueron invadiendo todo. Si vas a las misas de las iglesias cristianas vas a escuchar música de candomblé y se va a mencionar a los orixás.
JG: Todo en Bahía es una gran mistura regida por la afrobrasilidad.
La espiritualidad de origen africano parece atravesar la música bahiana desde su origen hasta el presente. ¿Ustedes también lo sienten así?
JG: La espiritualidad se mezcla con lo cultural y lo musical. La música de candomblé, por ejemplo, tiene una sonoridad muy característica, como los toques de atabaque, que son tambores de terreiro tocados por entidades espirituales en las ceremonias, pero que al mismo tiempo ya están presentes en la música popular de una forma mucho más extendida y son esenciales en nuestro sonido. Eso no quiere decir que la religión esté en el centro, sino que viene como una gran influencia dentro de nuestro repertorio musical. No hacemos música religiosa ni tenemos esa pretensión. Yo, particularmente, me emocioné mucho cuando vine a Uruguay y me encontré una cultura negra fuerte, con manifestaciones populares como el candombe y la propia figura de Ruben Rada. Se siente parecido a lo que experimentamos aquí en Brasil y me di cuenta de que sabemos muy poco, porque pensamos que al sur solo hay gente blanca. Fue una gran alegría conocer esa cultura, y me sentí parte de eso por ser un hombre negro.
Balada ijexá
El término que surgió como síntesis del estilo musical de Gilsons es balada ijexá, que pone en relieve el ritmo afro con su cualidad bailable, ya patente en el primer disco de la banda, Pra gente acordar (Para que despertemos, de 2022). De ahí se desprende el hit “Várias queixas”, versión de la canción original de Olodum y punta de lanza de su popularidad dentro y fuera de fronteras, cuando solo era un single que acumulaba reproducciones en plataformas musicales desde 2018.
Para un disco debut, su primer trabajo tuvo una repercusión tal que los llevó a hacer dos giras por Estados Unidos y concentrarse más en las presentaciones en vivo que en apurarse a seguir grabando. Eso determinó que el segundo disco se tomara su tiempo, llegando para reforzar la identidad musical de Gilsons y permitiendo algunas exploraciones sutiles.
“Por primera vez usamos el sample, no para extraer el sonido de un instrumento, sino que tomamos una pista de la banda bahiana Rumpilezz para hacer la canción ‘Zumbido’. También incluimos en dos canciones la guitarra bahiana como nueva sonoridad, un instrumento de Salvador que es como una mandolina eléctrica. Pero quizás la mayor innovación sea la participación de la artista africana Sona Jobarteh”, comenta João.
Sona es oriunda de Gambia y es la primera tocadora profesional de kora, un dulce instrumento de cuerda africano que combina características de arpa y laúd, y cuya ejecución hasta el momento estaba reservada a hombres pertenecientes a familias tradicionales de griots o maestros de la tradición oral de África.
“Ampliamos el universo sonoro trayendo un instrumento tradicionalmente africano a cargo de una de las primeras mujeres en tocarlo. Como señal del cambio de los tiempos, Sona logra bancar este rol con la autonomía que le otorga pertenecer a una familia tradicional africana”, agrega.
Nieta del maestro griot gambiano Amadu Bansang Jobarteh, Sona toca la kora en la última pista del disco, “Se a vida pede”, pero no es la única invitada. De hecho, las colaboraciones son otro de los aspectos distintivos del disco nuevo, con destaque para Arnaldo Antunes y la familia Veloso (Caetano y sus hijos Moreno y Tom) y también para artistas contemporáneos como Júlia Mestre y Narcizinho de Olodum.
“Tenemos canciones muy animadas, como ‘Beijo na boca’, ‘Bem me quer’ o ‘Nó na cuca’. Al mismo tiempo, algunas son más contemplativas, no tan atadas a la guía de la percusión, como ‘Minha flor’, donde el beat entra recién en la mitad de la canción, algo que nunca habíamos hecho. Creo que logramos permanecer en nuestro universo y al mismo tiempo expandir la gama sonora que traíamos”, agrega João.
Consultados por algunas influencias de músicos actuales, Francisco menciona como intérpretes contemporáneos de la herencia musical afro a artistas de Bahía como Luedji Luna, BaianaSystem o Raquel Reis. Sin embargo, como fijaron domicilio en Río de Janeiro, también se cruzan referencias de la escena cultural carioca.
“Bebemos de muchas fuentes. Estamos felices de tener como colaboradora a Júlia Mestre y siempre tenemos cerca a Dora Morelenbaum y a las propias Duda Beat y Marina Sena”, dice Francisco.
João, por su parte, no quiere olvidar a Ana Frango Elétrico ni Ana Claudia Lomelino, conocida artísticamente como Mãeana, de quien dicen que su trabajo Mãeana canta JG (álbum que tiende un puente de 60 años entre la bossa nova de João Gilberto y el forró bailable del pernambucano João Gomes) tiene “la misma matemática” que la que practican los Gilsons.
Así las cosas, resta el último misterio por revelar: “veo más luz que oscuridad”. Así reza el título del disco que Gilsons presentará en Montevideo, un álbum que trata de apartar la bruma para ver el sol, luego de que la cantante y productora Preta Gil, hermana de José, madre de Francisco e hija menor de Gilberto Gil, muriese de cáncer hace un año.
Evidentemente, la noticia caló hondo en toda la tradicional familia de artistas. Preta también se destacó como presentadora de televisión y actriz, además de grabar seis discos de estudio; la familia Gil incluso tiene una serie de televisión con dos temporadas, Em casa com os Gil y Viajando com os Gil, que también fueron proyectos impulsados por Preta.
“No es un disco de luto. Las canciones vinieron antes. Pero el disco permeó ese momento: comenzó a grabarse antes de la partida de mi madre y lo terminamos después. Con el tiempo, fuimos cambiando nuestra mirada y nos dimos cuenta de la relación que las canciones fueron creando con la situación. El disco fue nuestro compañero en ese período y todo está condensado en el título. Para tener una cosa no se puede renunciar a la otra. Solo existe luz porque existe el vacío”, afirma Francisco.
Gilsons. Sábado 27 de junio a las 20.00 en Sala del Museo del Carnaval (Maciel 218). Entradas a $ 1.880 en Redtickets.