Saltar a contenido
Cultura Cine, TV, streaming
Elize.

Elize.

Cuento de hadas roto: la brasileña Elize: sombras de una mujer

Ficción sobre un caso real de gran impacto social.

Nuestro periodismo depende de vos

Si ya tenés una cuenta Ingresá

En un mundo criminal fuertemente dominado por varones, ¿por qué las historias policiales en donde la mujer es la victimaria nos resultan especialmente atractivas? Básicamente, porque hay una ruptura violenta de las expectativas. A lo largo de la historia, las construcciones sociales han asociado lo femenino con el cuidado, la empatía y la protección de la vida; por eso, cuando una mujer asume el rol de perpetradora de un crimen, el impacto es doble, porque no solo rompe las leyes, sino también ese mandato cultural. El contraste genera una tensión que, cuando se vuelca al cine, resulta fascinante ya que el espectador debe desaprender sus propios prejuicios para entender el caso.

Elize: Sombras de una mujer es una ficción dirigida por Felipe Vellas (Cidade inerte, 2020) que plasma esa sensación de quiebre de los mandatos sociales. Retrata el caso real de Elize Matsunaga, uno de los crímenes más sonados de la historia reciente de Brasil por concentrar todos los elementos psicológicos, sociales y mediáticos de la mujer victimaria.

Elize Araújo era una enfermera de origen muy humilde que trabajaba como acompañante cuando conoció a Marcos Matsunaga, un millonario heredero del imperio alimenticio paulista Yoki. Se casaron y tuvieron una hija, pero el matrimonio empezó a romperse por infidelidades de Marcos y dinámicas de abuso y violencia de parte de él. En mayo de 2012, después de seguir a su esposo con un detective privado, Elize confirmó la infidelidad de su esposo y, en su casa, le disparó en la cabeza. Aplicando sus conocimientos de enfermería, desmembró el cuerpo, lo metió en varias valijas y lo tiró en una carretera rural.

El ágil true crime muestra en detalle la construcción, falsamente idílica, de la relación de Marcos y Elize: ella, una mujer pobre con un pasado de violencia familiar que se prostituye y tiene el sueño del príncipe azul que la rescata; él usa su poder y dinero para la “conquista”, la manipulación psicológica y la violencia escudada de salvación. El caso resultó extrañamente fascinante para la sociedad brasileña por el choque de clases y el “cuento de hadas” que se había roto: la opinión pública pasó instantáneamente de contar una historia al mejor estilo Cenicienta (una mujer joven y pobre que se casa con un millonario) a narrar el caso día y noche como una tragedia repleta de traición y violencia, pero sesgada de machismo.

Hay un efecto residual y acumulativo, muy bien narrado, de las consecuencias del abuso en una mujer: Elize fue violentada desde niña por su familia, por un sistema que la empujó a ciertas decisiones, estigmatizada por su clase social y por sus relaciones. La película muestra las señales de abuso psicológico y emocional por parte de Marcos, naturalizadas por su dinámica de poder, la invisibilización como mujer y la presión familiar por la maternidad. A pesar de lo que Elize vivía en su casa, siempre fue vista como una mujer fría y ambiciosa; desde el asesinato, inmediatamente la alejan del rol de víctima y la colocan como una victimaria calculadora. Esta tensión entre la villana sanguinaria y la mujer abusada que reaccionó con violencia extrema convirtió a su historia en un fenómeno mediático masivo.

El gran acierto de esta ficción es mostrar las muchas formas de violencia machista más allá de lo físico: el gaslighting, el menosprecio, la mentira, las amenazas y el abandono emocional son narrados como disparadores de estados mentales graves y de un espiral de depresión, ansiedad y aislamiento que decantaron en tragedia.

Elize expone el diferente tratamiento de un caso policial cuando la victimaria es mujer: ella fue juzgada por la ley, pero lapidada por la sociedad; los medios se centraron de forma obsesiva en su pasado como trabajadora sexual y el hecho de haber desmembrado a su esposo en su casa (donde dormía su hija) se usó mediáticamente para despojarle su condición de madre.

Durante el juicio de 2016, los medios analizaron al detalle la ropa, maquillaje y postura corporal de Elize. Cada lágrima o muestra de impasibilidad era deconstruida: si lloraba, se la acusaba de hacer una “actuación manipuladora”; si era firme, de mostrar “frialdad”. La película logra mucho más que reconstruir un homicidio brutal: expone la fascinación morbosamente selectiva de una sociedad que juzgó a una mujer no solo por romper la ley, sino por romper el molde de la feminidad esperada.

Elize. 93 Minutos. En Netflix.