Ninguna planta fue dañada para este espectáculo, salvo un reemplazo, un pobre potus que no resistió en condiciones escénicamente dignas. Ensayaron en un departamento chico y hasta un rascador de gatos con forma de cactus rendía para el contrapunto.
La actriz Romina Menciones aprieta el gatillo del pulverizador de cerca, de lejos, de arriba, de costado, en lluvia abierta. Conversa con las plantas. Les canta. Baila para ellas. Se camufla, se refriega, usa las plantas como un refugio.
Pablo Pedrazzi, o Pabloski, como se lo conoce en el ambiente del slam poético, terminaba su formación en paisajismo y seguía estudiando teatro en Madrid, cuando dio con el estreno de Las plantas, del argentino Pablo Messiez, en 2012. Desde aquel momento le interesó montar ese monólogo femenino, en camiseta y bombacha, copa de vino en mano, con los altibajos de un karaoke casero. Un unipersonal en el que la frondosidad discreta de la escenografía sirve como interlocutor y encaja con naturalidad en el espacio encapsulado de la sala La Incorrecta.
“Estudiar paisajismo me permitió adentrarme en el mundo de las plantas, primero que nada, y después, buscando determinadas flores que se usan en algunas obras de Shakespeare –la mandrágora, las fresias, las pócimas, los venenos– me llevó al texto. Pero lo que realmente me gusta de encontrar lo femenino es esa intimidad a la que yo no puedo acceder. Me intriga mucho más cómo responde ese mundo a algo que me cuestiono. No es lo mismo mi vieja arreglando las plantas, en su momento, que una chica en su soledad, con sus dramas”, dice Pedrazzi.
Además, cuenta, en la versión española era una mujer más adulta. “Eso me llevaba a cuestionarme un poco si podría lograr ese mundo con una actriz más joven”.
Pantone verde animado
Hace tiempo que tenía la obra rondándole, pero no quería abordarla hasta no dar con la actriz correcta. Llegaron a ensayar, a buscarle el tono a Iphigenia in Splott, versión del clásico griego por el galés Gary Owen, pero desistieron. Coincidieron mucho más adelante, en un mutuo período depresivo y de internaciones, que cada uno sorteó como pudo: Pedrazzi le pasó a la actriz el material de Messiez y ella, que se había quebrado una costilla, se tiró en un sillón a leerlo. Entre el desánimo y el verdor reparador, el proyecto avanzó hasta el día del estreno, justo en la fecha de cumpleaños del director. En escena hay 24 plantas.
Pedrazzi ya venía de trabajar sobre monólogos. Había dirigido Clausura del amor, del francés Pascal Rambert, siguió con Sea Wall, del inglés Simon Stephen, con Marcel Sawchik. Quiso meterse más a fondo en la poética del monólogo, así que se conectó con cursos del Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral y del Teatro Cervantes, en Argentina. “Más que nada hacerlo como un recitado de poesía, eso me funciona bastante, porque es la otra pata que tengo: escribo poesía, recito y ahí encuentro una belleza particular”.
Foto: Alejandro Persichetti, difusión
Las plantas se presenta como “un ensayo sobre la soledad” y obró cierta catarsis en la dupla creativa. El subtítulo original del espectáculo era “La carne, la lefa o las razones por las que me voy a levantar mañana” y pasó a ser simplemente “O las razones por las que me voy a levantar mañana”. Aunque ya sin ese preanuncio (lefa en España se usa coloquialmente para semen), quedaron en la pieza los pasajes escatológicos sobre las manchas y los detergentes, que pueden verse como una evolución contemporánea, con humor, de aquello que deja más amarillo el pañuelo que Idea Vilariño describía en “El amor”.
Al mismo tiempo el equipo resolvió hacer una búsqueda musical propia, que amplía el juego del autor, cuando desglosa performáticamente un tema de Nina Simone (lo que recuerda irremediablemente a la saga romántica de Richard Linklater, Antes de...).
El hallazgo del final, reconocer que en las últimas frases el dramaturgo incorpora una poesía de Blanca Varela, expandió el potencial lírico del monólogo y decidieron remarcar los “oh, amado mío, oh, en tu distancia”. “Queríamos intensificar una forma”, reconoce Pedrazzi, que hace que la actriz se cambie a un vestido que remite a la Ofelia de Hamlet.
Si para algunos espectadores eso puede leerse como una condena, para estos creadores alude a un cambio de percepción, a una apertura al universo onírico, que afecta la voluntad del personaje de modo positivo, que lo lleva a salir al exterior, a interactuar, a volver a ser parte del entorno.
A Pabloski lo estimula ahora otro proyecto de soliloquio, porque quedó seleccionado por la Embajada de Francia dentro de la convocatoria Tintas Criollas: el 12 de octubre estrenará, como parte del Festival Internacional de Artes Escénicas, Yo, peso intrínseco, escrito por el haitiano Guy Régis Junior, “un monólogo con Adriana Ardoguein, muy fuerte, muy político, de una mujer que espera detrás de la ventana al abusador de su hija”. El director completará así lo que en su mente arma una “trilogía” junto con Las plantas y El amante de los caballos, un drama rural a partir de un poema de Tess Gallagher, quien fuera pareja de Raymond Carver.
Las plantas. Domingos 16, 23 y 30 de agosto a las 20.00 en la sala cultural La Incorrecta (Gonzalo Ramírez 1595, esquina Lorenzo Carnelli). Reservas: 091 619 056.
