Como su propuesta no terminaba de encajar en un género musical en particular ni dentro de ninguna de las corrientes más visibles del under argentino —como la movida indie, el rock barrial, el noise o el dreampop—, la artista argentina Barbarita Palacios se inventó su propio territorio escénico para salir a tocar. “Estuvimos siete años en la peña de La Catedral de Almagro y después empezamos a hacer una Peña Eléctrica e itinerante. Así empezó mi vínculo con la autogestión”, cuenta Palacios a la diaria.
En ese entonces, relata, tocaba chacareras con una guitarra eléctrica en su primera banda, Semilla, como las que se escuchan en el álbum homónimo de 2007, y otros experimentos bailables, entre ellos la festiva y temeraria “Hoy quema”, que anticipa la actitud y el singular talento de la cantante y versátil instrumentista. Su público inicial, recuerda, se parecía a ella y a los músicos de su banda: “Nos empezamos a juntar los que nos sentíamos afuera de todas las escenas”.
Con un pedigrí más pesado que un bombo legüero a cuestas —hija de la célebre actriz y cantante Egle Martin—, buscaba hacerse camino con voz propia, aunque sin renunciar a su estilo. Y, como si fuera poco, apunta, “estaba haciendo folclore sin ser de tierra adentro”. ntes de comenzar su carrera solista, Palacios fue parte del dúo Las Huevas, los grupos Terraplén y Tiento, y de los proyectos Paisanas y Trenzadas.
Hay algo de orgullo generacional en su devoción por el grunge rock de los noventa, el de Nirvana, Pearl Jam y Alice in Chains. “También me marcó PJ Harvey”, afirma sobre una artista que ha teñido muchos momentos de su carrera musical. Otra porción de amor incondicional se la entrega a Kim Gordon: “Me encanta su último disco. Lo vine escuchando camino hacia acá. Estoy a muerte con lo que está haciendo”, se la juega, y agrega a Violeta Parra dentro de una lista que pronto toma la dirección de las colegas de influencia fundamental en su etapa formativa.
En 2015 publicó su primer álbum solista, Si va. Es el más rockero de todos, el más rutero y melancólico. El rasgueo de su guitarra lleva adelante historias introspectivas para volver a levantarse en canciones como “Podés” y la nocturna “Más allá”, ideal para una película del lejano oeste. También hay lugar para el folclore más directo y para pasajes casi noise sobre los versos de “Hombre sereno”.
En su segundo álbum, Criolla (2021), el inusual abordaje de la percusión sorprende desde “Amor secreto”. Con apariencia engañosa, la música de carrusel que suena en “Sin llorar” se asemeja al acompañamiento de una crooner romántica e incluso convoca imágenes de melodrama mexicano. El clima cambia en “Ángel en guerra”, junto a Fernando Ruiz Díaz, y vuelve a instalarse en folclores de uno y otro lado de los Andes. En ese sentido, el oyente puede continuar la escucha con Homenaje a De Ushuaia a La Quiaca (En Vivo), el disco que la cantante dedicó al emblemático trabajo de sus colegas León Gieco y Gustavo Santaolalla, que la han acompañado a lo largo de su carrera.
Patria y familia
“Cómo voy a hacer / para poder / con lo que soy”, se pregunta Palacios al comienzo de “Vivir así”, la canción que abre Vivir así, el tercero de sus discos solistas, que tendrá su presentación montevideana el viernes 12 de junio en Sala Zitarrosa, como parte del ciclo Marea (Mujeres y Disidencias de la Música y el Audiovisual), en una fecha compartida con el grupo uruguayo Ninguna Higuera.
Su banda estable está integrada por Javier Casalla en guitarra eléctrica, teclados, programación, violín y viola; Nicolás Rainone, en bajo eléctrico, sintetizadores, programación y cello; y su hijo, Lucero Carabajal, en batería, percusión y bombo legüero. Junto con Palacios, los tres asumieron además la producción artística del álbum.
En Vivir así, lanzado en diciembre de 2025 y nominado a los premios Gardel en la categoría Mejor Álbum Canción de Autor, participan León Gieco, Ricardo Mollo, Gustavo Santaolalla y Daniel Melingo, entre otras luminarias amigas. Junto a Barbi Recanati canta a dúo “Arriba el amor”, un tema de pop electrónico elegido como banda sonora de la última Marcha del Orgullo en Buenos Aires. “La plaza llena con el alma en la voz / no somos pocos los que andamos por vos”, reza el estribillo.
“Este es un disco de resistencia”, dice Palacios. “En un momento en donde la derecha avanza por todos lados, y también en Argentina, lo que nos sale tiene que ver con todas las injusticias que están pasando, con el rescate de la identidad y de la diversidad”, subraya, y menciona en particular la canción “Baguala desesperada”.
“Es un disco muy inmediato”, cuenta la artista. “Lo pensamos y lo produjimos de forma muy independiente, con la misma lógica con la que hacemos cada cosa: pensando en un mundo en el que entremos todos”. Palacios define su música como “de raíz”, incluso cuando dialoga con el rock o con sonoridades más cercanas al trap y al dubstep que aporta Carabajal. Una condición que radica menos en los estilos que en el proceso creativo de confección casera, sin intermediarios y basado en el trabajo en equipo.
En “Besos en la memoria”, una de las mejores canciones del disco, tanto por la interpretación vocal como por la elección de los arreglos de guitarras y sintetizadores, Palacios canta: “Vamos al mundo que queremos salvar / vamos al mundo que nos quiere olvidar”.
Barbarita Palacios / Ninguna Higuera, en el ciclo Marea. Viernes 12 de junio a las 21.00 en Sala Zitarrosa. Entradas a $700 en Tickantel.