“Si el castigo por un delito es una multa, entonces esa ley solo existe para la gente pobre”. La pieza de sabiduría popular podría aplicarse a la demanda que enfrenta la compañía de inteligencia artificial (IA) Anthropic, después de uno de los robos de derechos de autor más grandes de la historia.
Anthropic, fundada en 2021 por exempleados de Open AI, tiene al chatbot Claude como producto estrella. Al igual que otros modelos de lenguaje a gran escala, necesita vampirizar textos para su funcionamiento. Para recuperar el tiempo perdido respecto de la competencia, la compañía comenzó a comprar libros al por mayor y escanear página por página para alimentar su modelo de IA.
En 2024, un grupo de autores denunció a la compañía por el robo a gran escala de copias piratas de libros protegidos por derecho de autor. “El modelo pretende lucrar a costa de la explotación intensiva de la expresión y el ingenio humanos que hay detrás de cada una de esas obras”, decía el texto de la demanda. La defensa de Anthropic argumentó que ese entrenamiento se encuentra dentro del “uso legítimo”, que permite el uso limitado de esta clase de materiales con fines de investigación, de enseñanza o para transformar la obra protegida en algo distinto.
En junio del año pasado, el juez federal William Alsup dictaminó que la empresa no infringió la ley con el entrenamiento, amparando la conducta en el uso legítimo, ya que fue “transformativa por excelencia”. En su dictamen escribió: “Al igual que cualquier lector que aspire a ser escritor, los modelos de lenguaje a gran escala de Anthropic se entrenaron con obras, no para adelantarse a ellas y replicarlas o para suplantarlas, sino para dar un giro radical y crear algo diferente”.
Sin embargo, así como Al Capone terminó cayendo por no pagar los impuestos a sus ganancias malhabidas, la compañía todavía tenía que responder por la forma en que adquirió copias digitales de muchos de esos libros, ya que lo hizo desde sitios piratas. “Anthropic no tenía derecho a utilizar copias piratas para su biblioteca central”, agregó el propio Alsup.
Documentos que formaron parte de la demanda probaron que los empleados de Anthropic sabían de la ilegalidad de las obras y lo discutieron en forma interna, antes de comenzar con la compra de las copias físicas y el escaneo tradicional. Alsup dijo al respecto que “el hecho de que Anthropic comprara un libro que anteriormente había robado de internet no la absuelve de responsabilidad por el robo, aunque podría influir en el valor de la indemnización por daños y perjuicios que prevé la ley”.
En total se descargaron más de siete millones de libros con conocimiento de que eran versiones ilegales. En setiembre de 2025, para resolver la demanda colectiva presentada por los autores de los libros, la compañía acordó pagar 1.500 millones de dólares; se llegó a la cifra tras estimar 3.000 dólares por cada uno de los 500.000 libros que están incluidos en el acuerdo.
“Seguimos comprometidos con el desarrollo de sistemas de IA seguros que ayuden a las personas y organizaciones a ampliar sus capacidades, impulsar los avances científicos y resolver problemas complejos”, dijo en su momento la consejera general adjunta de la compañía, Aparna Sridhar. Como parte del acuerdo, Anthropic se comprometió a destruir los archivos de los libros descargados.
Mary Rasenberger, directora da la Asociación de Autores, calificó el acuerdo como “un resultado excelente para los autores, editores y titulares de derechos en general, que envía un fuerte mensaje al sector de la IA acerca de las graves consecuencias de piratear las obras de los autores para entrenar a sus modelos, robando de quienes menos posibilidades tienen”.
De todos modos, cuando se llegó al acuerdo Anthropic estaba valuada en 183.000 millones de dólares y actualmente en casi un billón (1.000.000.000.000).
En las últimas horas, la jueza de distrito Araceli Martínez-Olguín aprobó oficialmente el acuerdo de 1.500 millones de dólares. Un 91% de los libros cubiertos por la sentencia ya tuvieron reclamo de derechos de autor por parte de escritores o de editoriales, a los que ahora les corresponde el dinero.
“Nos complace que el 91% de los autores y de las editoriales incluidos en el acuerdo hayan reclamado su parte del pago, y esperamos poder cerrar el asunto”, dijo Sridhar en un nuevo comunicado.
Mientras tanto, el mes pasado Marc Kearns, un ciudadano inglés de 47 años, fue condenado a 26 meses de prisión, en suspenso durante 18 meses, y 250 horas de trabajo no remunerado, por hacer remixes de canciones conocidas y luego vender CD con los remixes.
“Los productos falsificados o no autorizados debilitan el comercio justo y pueden generar beneficios ilícitos importantes”, declaró una autoridad del condado de Yorkshire del Este. “No dudaremos en adoptar medidas coercitivas contundentes cuando se identifiquen infracciones, y esta sentencia envía un mensaje claro de que este tipo de actividades no serán toleradas”.