La uruguaya-argentina Letu Ruibal tiene una trayectoria consolidada con su propuesta musical para la infancia, que apuesta a lo lúdico y a la participación del público en sus espectáculos y que abreva de ritmos y sonoridades diversas y de la rica tradición de la música para niñas y niños del Río de la Plata y de América Latina. Este año llegó con un nuevo disco, Pasean cantando, que acaba de dar a conocer en vivo a su público en el marco de las vacaciones de invierno.
Hace unas semanas presentó una nueva canción, llamada “La memoria” (que se puede encontrar en sus plataformas), que, de forma poética, aborda el tema de la memoria histórica, vinculada con la necesidad de verdad y justicia. Es una grata sorpresa no solo porque es una canción bellísima, sino también porque lleva al repertorio infantil una temática que no suele estar presente.
“En el silencio de una flor, / como margarita que un pétalo perdió, / yo te recuerdo en una canción / que siempre está viva, no se marchitó. / Usa la memoria para no olvidar / que la gente junta se puede ayudar. / Como en una ronda, la fuerza del tambor, / la voz de las niñas y tu propia voz. / Como en una ronda, la fuerza del tambor, / la voz de los niños y tu propia voz”, dice la canción.
“La compuse en días de mucha inquietud interna; a veces tengo esos sacudones de incertidumbre, mezcla de desesperanza y entusiasmo, todo el cuerpo revuelto de emociones. Era fines de marzo, cuando en Argentina se conmemora el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, recordando a las víctimas de la última dictadura cívico-militar. Estoy cursando un postítulo de Infancias y Arte en la UNA [Universidad Nacional de las Artes] y fue muy movilizador escuchar relatos de experiencias con esta temática en aulas con niños y niñas de nivel inicial y escolar. De alguna manera eso quedó resonando”, cuenta Ruibal sobre la génesis de la canción.
Por otra parte, la pone en el contexto de su repertorio: “En algunas de mis composiciones el foco está en el juego, en otras, en el movimiento, y hay otro tipo de composiciones que están atravesadas por las emociones y las cosas que pasan en la niñez, conectando también con mi propia historia. Ya en el primer disco hablo del dolor de una herida en ‘La curita’, de enfrentar los miedos en ‘La fiesta de terror’ o de otras situaciones como la de caerse y levantarse y todo lo que eso implica, como sucede en ‘La bicicleta’ o ‘La bruja Kafufu’. Siento que ‘La memoria’ viene por ese mismo tópico: hablar de la importancia de esto, de qué pasó, de los recuerdos, de lo que no está y cómo se puede continuar con eso que ya no está, que desapareció”.
Ilustración: Valentina Echeverría
La autora destaca la importancia de hablar con las niñas y niños de estos temas “que también son importantes aunque sean muy movilizadores”. Subraya, en particular, la forma de hacerlo, “obviamente sosteniendo la poesía y la metáfora”. “Por más que estemos invadidos de tecnologías, robots y pantallas, hay algo que es esencial: los humanos siempre vamos a vivir con nuestras emociones a cuestas, y creo que para la salud mental ayuda mucho esto de poder decir, de poner en palabras, de nombrar lo que nos pasa, y eso también se aprende desde pequeños. Yo lo puedo hacer con canciones, es lo que me sale, realmente siento que es un momento de sanación para mí y compartirlo es maravilloso: las canciones comienzan a ser parte de la comunidad, nos las apropiamos, construimos identidad y memoria, cultura”.
El proceso de creación de la canción lo transitó junto con Pablo Notaro y Emiliano Cruz, sus compañeros de ruta. Querían que “sonaran muchas voces juntas”, por lo que fue muy importante pensar y decidir a quiénes invitar a cantar con ellos. Entre las voces aparecen Susana Bosch, referente indiscutida de la música para la infancia, exintegrante de Canciones para No Dormir la Siesta que, además, tiene una extensa trayectoria solista en las últimas décadas, y Rubén Olivera, músico y docente destacado y reconocido también por su participación en la lucha por los derechos humanos y como familiar de un desaparecido. A ellos se suman Papina de Palma, Patuco López, el coro Panambí y un coro de niños en el que participan la hija de Ruibal, Laia, y dos de sus amigos, Lena y Milo Carrillón. En el arte de tapa trabajó Valentina Echeverría.
“La memoria”, de Letu Ruibal. En plataformas.