“Ya sin los ecos del bombo, / se habían ido las retiradas; / si no era un húsar de Momo, / sintió de pronto ‘no soy nada’”, canta Gerardo Dorado, mejor conocido como El Alemán, en “Yo quién sería”, la canción que da nombre a su nuevo EP, de siete temas, del que ya hay varios adelantos en plataformas digitales.
Presentará el flamante material el domingo 26 de julio en el Auditorio del Sodre junto a 17 músicos arriba del escenario, con un infaltable coro murguero. Además, marcarán presencia varios de los invitados que participaron en el EP, como Spuntone y Mendaro, Laura Canoura y Héctor Numa Moraes. En entrevista con la diaria, El Alemán habló de cómo nacieron algunas de sus nuevas canciones, incluida una que le llevó “mucha lágrima” y fue como “vomitar un montón de cosas” que sintió.
Lo primero que me llamó la atención de las canciones que venís publicando es el arte: bastante sobrio, en blanco y negro.
En el arte laburó Rodrigo Galván, el bajista de nuestra banda, que también forma parte de la producción musical. Él entendió cómo viene el proceso de todas estas canciones, lo armó sobre esa base y le embocó bárbaro. Yo viví una situación bastante complicada hace unos años, que me hizo replantearme un montón de cosas y decir lo que uno quiere decir en las canciones, de la manera que pueda. A veces, no poder decirlo directamente lleva a que uno esté un poco más oscuro. Todo este proyecto en principio se iba a llamar A veces, oscuro, porque hay canciones que hacen referencia a eso, pero al final fue por otro lado.
¿Podés ahondar en esa situación que viviste?
Fue una cuestión política social. A veces, en la guerra, hay daños colaterales… Uno se entiende como un daño colateral de una situación más grande, entonces, como el bien es mucho más amplio, uno acepta ese lugar, en el que hay que asumir y callar.
¿De dónde nació la pregunta por quién serías?
De un análisis que vi de la canción “Colombina”, de Jaime Roos; me pareció que el punto de vista que se le daba no estaba bueno. Me puse a pensar en el personaje, que se saca la pintura, decide ir, mostrarse como es, y lo escupen. Tiene que ver con que nosotros a veces tenemos una máscara o algo que hacemos, que nos hace ser queridos, respetados y valorados por otras personas –es lo que más queremos todos en este mundo–; en mi caso, creíble, y el miedo a perder esa careta está en todas las personas. Este personaje decide sacarse la pintura, mostrarse como es y, en ese momento, tiene el desaire. Entonces, se va pensando en que no se vaya nunca más ese lugar en el que es lo que es, pero en verdad es un personaje, no él. La canción va por ese lado y el video también: que todas las personas nos encontramos frente al espejo preparándonos para hacer algo que creemos que es lo que colma a los otros, y cuánto este mundo nos exige de eso: siempre cumplir y estar con ese estatus.
¿Te replanteaste artísticamente algo y decidiste salir con estas canciones?
No. Lo que plantea en verdad es la mirada de los otros, el quedar bien con todo el mundo. Es algo que tengo siempre presente, entonces, si alguien piensa que soy medio botón o no sé cuánto, ya me entro a perseguir.
No te quiero espoilear, pero es imposible quedar bien con todo el mundo.
La verdad que sí. Yo quería hacer una canción acerca de eso. Viste que hay un dicho hoy que es “sos todo lo que está bien”... Para mí es peligrosísimo eso. Me lo han dicho, y pienso “qué difícil”. Seguramente, alguna opinión que yo haya tenido, política o lo que sea, hizo que a gente a la que le podría haber caído bien conversando ya no le caiga bien porque en “Mi canción” canto “cuando digo el Che Guevara”. Es ver cómo se les exige tanto a las personas. Se ve ahora con el Mundial: la exigencia permanente y el castigo de las redes sociales. Pará, estamos hablando de seres humanos.
La canción “Yo quién sería” tiene algunas partes electrónicas. ¿Cómo la pensaste estéticamente?
Se basa en la armonía de “Colombina”, arranca con los mismos acordes. Pero “Colombina” está en una tonalidad mayor y, como esta canción tiene un lado un poco más oscuro, está en la tonalidad vecina menor; entonces, parece que va a arrancar alegre pero se va para ese lado más oscuro. Hace tiempo que con Rodrigo venimos buscando sonidos diferentes, nuevos, que convivan con la guitarra, el bombo, el platillo y el redoblante. La murga canción siempre hizo eso, con el bajo presente, llevando la rítmica del bombo, y la parte electrónica viene a enriquecer todo eso.
Foto: Alessandro Maradei
A esta altura, el sonido puro de la murga canción está en todos lados.
Totalmente. En la música siempre se da esta discusión acerca de sostener la raíz y de agiornar ciertas cosas. Siempre tiene que venir algún purista a decirte “me parece que eso que estás haciendo no está bueno”, y siempre tiene que venir alguien que se pasa de moderno a decirte “estás haciendo lo mismo que hacían Los Olimareños en Todos detrás de Momo [1971]”. Entonces, está bueno buscar, ser hijo de una época. Mirá lo que hace Milo J, que mete un montón de cosas propias, de su época, y está buenísima la manera en la que lo hace. Para mí esa discusión tiene que estar siempre, porque es la manera en la que se evoluciona bien y se cuida un género, discutiendo musicalmente.
Otra de las nuevas es “Canción para agradecer”. ¿Qué querés agradecer?
Habla de esas personas que están en los momentos en los que no todo el mundo está, partiendo de esto que sucedió que te contaba. Yo tengo 44 años y he pasado cosas feas, familiarmente he tenido algunas cuestiones, pero son cosas para las que la vida te va preparando, y vas entendiendo, pero hay golpes que son recontra inesperados; a eso me refiero. Me tocó vivirlo y aprendí mucho de eso, a agradecer a ciertas personas. Entonces, esa canción, bien simple, bien básica, justamente trata de agradecer a esas personas que están en esos momentos. Era una necesidad que tenía, fue una canción que salió bastante rápido.
En la última canción que sacaste, “Ofertas para curarse”, grabada con Spuntone y Mendaro, cantás: “El muro desborda de empatía y mañana policía”.
Sí, hay como un desborde de lo empático, de palabras que se empiezan a poner de moda, y todo este montón de ofertas para curarse que hay. La otra vez tuve una discusión muy linda con un compañero, porque esto nunca es faltarle el respeto a la gente que trabaja, por ejemplo, con las constelaciones, con cuestiones del alma, con creencias que a veces no son tangibles. Yo no creo mucho en nada, porque, como decía Protágoras, los temas de la vida son tan complejos que no me da el tiempo, pero a veces te das cuenta de que no hay una cuestión realmente sentida en querer ayudar a otra persona, sino que es un negocio o hundir a otras personas, una cosa hasta violenta en algunos casos. También está no preguntarse las cuestiones materiales de las realidades de las personas, esto de “a vos te va mal en la vida en verdad porque no estás vibrando alto”.
“Si sucede, conviene”, y así.
Claro, es no entender que realmente hay una historia de lucha de clases que sigue estando presente. Es complicado no prestarle atención a eso y culpar a las otras personas porque están en una situación compleja. Es una canción que me llevó mucho tiempo, y también mucha lágrima, es muy sentida. En resumen, uno entra al muro o lo que sea, y está lleno de cosas por las que podés llegar a alcanzar tal cosa o a salvarte de tal cosa. Si hay tanta oferta es porque curarse es una demanda, y estamos en un mundo en el que parece que hay que estar curándose permanentemente. Si escuchás la canción y le querés tratar de dar una explicación, no la tiene, fue como vomitar un montón de cosas que fui sintiendo.
¿Y lo de “mañana policía” a qué se debe?
Porque hay un juzgamiento a primeras, sin lugar a la duda. Vamos de claro a oscuro de la nada.
En tu anterior disco de estudio, Construcciones (2019), incluiste la canción “Maestro”, dedicada a Óscar Washington Tabárez. ¿Cómo viviste todo lo que pasó luego con él? Lo echaron como director técnico de la selección, y en los dos mundiales siguientes, Qatar 2022, con Diego Alonso, y el de ahora, con Marcelo Bielsa, ni siquiera pasamos de fase.
Bielsa es uno de los mejores técnicos que hay en el mundo, pero Tabárez hizo todo un estudio y lo escribió. Es un tipo que vive acá y que además es docente, conoce mucho la idiosincrasia de los gurises de acá. Escribió todo un proyecto, lo llevó y pidió que se lo aceptaran de tal manera, es decir, no fue “contratame”, como si fuera un técnico más. Eso es recontra valorable, y no podés perderlo con algo tan simple como decir “tengo que cambiar de técnico”.
Lo que pasó en la conferencia, cuando el técnico de la selección [Bielsa] habló de las características de los jugadores uruguayos, que no podían prestar atención, me dolió, no me gustó. Yo lo estaba escuchando en ese momento y me pareció doloroso, porque es algo que ni siquiera yo podría decir públicamente de los estudiantes del liceo tal y cual en el que trabajo, que no pueden estar atentos porque están con el celular... Sucede con los adolescentes en el liceo y también con los adultos. Pero no me gustó que a mis compatriotas jóvenes les diga eso, y no creo que hable bien de él que, cuando terminó, se vaya con eso. “El muro desborda de empatía y mañana policía”. El discurso de todo el mundo hace unos años era “nuestra generación es retrógrada y los jóvenes vienen mucho mejor que nosotros”, blanco o negro. Ahora decimos “los gurises no pueden prestar atención, los gurises votan a los fachos”...
Foto: Pablo Vignali
Después, futbolísticamente, hay mil cosas para decir: pienso que en un país de tres millones no podés decir “juego con tres arriba y no doy el brazo a torcer”, porque somos poquitos. Entonces, si hay un mediocampista como [Lucas] Torreira, que está jugando a nivel clase A, y no te dan los números porque tenés demasiados mediocampistas, y no lo citás, es raro. Hay que citar a los tipos que están a mejor nivel. Pongo el ejemplo de República Checa, que tenía a [Jan] Koller, que mide 2,02 metros, jugaba en el Borussia Dortmund, y lo citaban. Le tiraban centros, porque no podés decir “yo quiero jugar por abajo” si el mejor que tenés en tu país juega por arriba. Creo que un técnico de selección, y más de un país en el que no hay tantas herramientas porque es chico, debe adaptarse a lo que tiene. A no ser que estés en Francia, en donde hay jugadores para tirar para arriba en todas las posiciones, entonces, podés hacer lo que quieras.
Capaz que hay gente que no sabe que de muy joven estuviste en Los Fatales, a principios de los 2000, antes de los 20 años. ¿Qué recordás de esa etapa?
Fue un momento muy lindo y también complicado: mi hermana se tuvo que ir a Estados Unidos por la crisis y yo tenía que empezar a laburar, porque en las familias humildes tenés poco margen. Al principio, no estaba muy copado con la idea, por el prejuicio que había, más allá de que cuando yo era chico escuchaba Karibe con K y en el barrio se escuchaba mucho la música tropical, y mi viejo también. Después, mis hermanas trajeron otro tipo de música a casa y yo empecé irme por ahí, un poco porque me gustaba y porque la pose también era escuchar rock, tenés como más onda; o tenías, porque ahora también la cumbia volvió a tener un lugar.
Ahora el rock es como el jazz.
Claro. Las cosas pueden tener más o menos onda, pero en verdad ahí había músicos increíbles; yo me di cuenta, al llegar, de que había tipos que tenían un talento espectacular. Ensayaban todos los días. Los trompetistas se levantaban de mañana a hacer ejercicios.
Una disciplina que ningún rockero tiene.
Sí, tampoco los murguistas, porque a veces los murguistas también nos paramos a señalar. Yo aprendí a cantar a cualquier hora, porque cantaba en Durazno a las cuatro de la mañana, volvíamos a Montevideo y a las ocho de la mañana terminábamos en un boliche. Y cantar delante de una banda es muy difícil, bancar todo ese monstruo ahí atrás, de ocho músicos; aprendí un montón. A nivel de lo que quería decir estaba limitado: yo le llevaba canciones al Fata [Delgado] y el loco me aceptaba casi todo, pero había algunas que no, que tenían cuestiones políticas.
“Una cumbia para el Che Guevara” no daba.
Claro, no pintaba. Pero una vez hice una canción sobre el dólar, que en ese momento era una de las cosas que estaban complicando bastante, y me la bancó, la cantamos, pero no la escuchó nadie. Era como una pachanga, se llamaba “Mr. D baja y sube”.
El Alemán presenta Yo quién sería. Ddomingo 26 de julio a las 21.00 en el Auditorio del Sodre. Entradas en Tickantel desde $ 800 a $ 2.500.
