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King & Conqueror.

King & Conqueror.

Como Game of Thrones, pero basado en la historia de Inglaterra: King & Conqueror

La miniserie de la BBC aborda la lucha de los anglosajones contra los vikingos.

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Empecemos por un poco de contexto histórico. Es aceptado de forma unánime que el primer rey que unió todos los reinos independientes que constituían Inglaterra durante la Edad Media fue Alfredo el Grande allá por el año 886. No solo logró repeler las hasta entonces imparables hordas de vikingos que habían optado por la isla como opción para un tiempo compartido, sino también organizar detrás de sí a los reinos de Wessex (de donde provenía), Mercia y Northumbria y luego avanzar bastante en los territorios daneses, que eran conocidos como Danelaw (literalmente “bajo ley danesa”), donde los vikingos habían instalado sus colonias.

Alfredo reinó hasta el 899 y es considerado el primer rey de todos los anglosajones. Cuando comienza King & Conqueror, sin embargo, su nombre es apenas un recuerdo. Su labor ha sido continuada por su hijo Eduardo el Viejo y completada por su nieto Athelstan, a menudo considerado el primer gobernante del reino de Inglaterra. En el medio, hay un nuevo interinato vikingo a cargo del danés Canuto el Grande en 1016, que se sostiene hasta su muerte en 1035. Es entonces que comienza este relato.

Cuando la casa Wessex vuelve al trono logra concentrar nuevamente en una persona todos los reinos independientes. Esa persona es Eduardo el Confesor (maravilloso Eddie Marsan), un beato insoportable, un casto fanático religioso que no dejará –para sorpresa de nadie– heredero alguno.

King & Conqueror es, en esencia, la historia de la amistad/enemistad entre Harold Godwinson, de Wessex (James Norton) y William el Bastardo, de Normandía (Nikolaj Coster-Waldau), dos de las principales figuras históricas que supieron ser aliados hasta que... bueno, hasta que ya no. Harold era sajón de pura cepa, heredero directo de los condes que habían regido Wessex y se consideraba el único capacitado para regir los destinos de la complicada Inglaterra de su época. William, en cambio, se había criado en Francia y, a pesar de su origen inglés, no había pisado la isla más que casualmente; por ejemplo, para asistir a la asunción de su primo, Eduardo el Confesor. Con la muerte de este en 1066 comienza lo que los historiadores llamaron “el año de los tres reyes” o “el año de las tres batallas”.

Lo primero, porque al enfrentamiento entre Harold y William se suma Harald Hardrada, el último rey vikingo, autoproclamado heredero de Canuto el Grande. La cosa desemboca en tres grandes batallas: la de Fulford (la invasión vikinga a cargo de Hadrada), la de Stamford Bridge (Harold vs. Hardrada) y la de Hastings (Harold vs. William), que ocurren en un lapso de pocas semanas y que terminaron dirimiendo el destino histórico de la isla.

¿Cuánto de toda esta densa historia se aprecia en la serie de la BBC que tenemos a nuestro alcance gracias a Universal+ y los servicios de cable como TCC Vivo? Para empezar, la miniserie creada por Michael Robert Johnson no teme nunca desenvolverse de manera lenta y paciente, sin que esto implique algo negativo, pero evidentemente no es una serie “de consumo rápido”. Eso le permite definir a los dos rivales (por mucho que se sume al final, el vikingo es apenas un accesorio), sus decisiones y sus errores, a pesar de lo mucho que tratan de encaminarlos sus respectivas esposas (Clémence Poésy como Matilda, esposa de William y Emily Beecham como Edith, esposa de Harold, en dos grandes coprotagónicos) hasta llegar al punto de no retorno, que será el año 1066.

Con todo, la narración debe sortear algunos escollos. Primero, cierto apuro en su recta final, en la que los protagonistas se vuelven más tontos de lo que habían sido. Segundo, a pesar de lo que puede indicar el elenco protagónico, que incluye a dos Game of Thrones (Coster-Waldau fue el inmortal matarreyes, mientras que Norton participa hoy día de House of the Dragon), no estamos ante una producción de HBO, por lo que algunas batallas se ven algo cortas de presupuesto, y falta algo de vuelo épico. Esto se compensa, sin duda, con el trabajo actoral, tremendamente adecuado también en los secundarios.

King & Conqueror se torna así la adaptación audiovisual de un pedazo de la historia de Inglaterra que estaba llamado a ser ficción y logra –sin volar quizá tan alto como podría– ser muy buena televisión, en la senda de Vikings o la española El Cid, y demuestra que no solo aprendemos historia en los salones de clase.

King & Conqueror. Ocho episodios de 50 minutos. En Universal+.